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V. Efficient reliability-constrained structural design optimiza-

5.5 Composite top-hat stiffened panel structural design

La catedral de Córdoba fue dotada desde la conquista cristiana de importantes privilegios y bienes, que se multiplicaron en el Medievo con nuevas donaciones y compras. Hacia 1470, la mesa capitular había acu-

2 Una síntesis de gran número de modelos interpretativos sobre la aparcería, en Colin (ed.) (2003), pp. 21-46. Me limitaré al contraste entre tipos de contratos y formas de gestión. Evitaré la alternativa entre cultivo directo o indirecto, pues las imperfecciones en los merca- dos y barreras psicosociales limitaron el cultivo directo en los cortijos de Córdoba a una esca- la irrelevante hasta la Revolución liberal. Tampoco compararé el cultivo al tercio con la explo- tación familiar con aprovechamientos más intensivos, ni en cuanto a la eficiencia (social) del sistema de explotación —base de las propuestas de sucesivos reformismos agrarios—, ni por sus resultados potenciales como estrategia de gestión global por los grandes propietarios del Antiguo Régimen, que en la comarca rehuyeron por sistema esa alternativa.

mulado con esas adquisiciones y numerosas permutas un patrimonio de alrededor de 14 000 ha., integrado muy mayoritariamente por grandes fin- cas de cereal, que habían sido escasas en la dotación inicial aportada por los reyes. También disponía de percepciones y privilegios fiscales y de más de 450 casas, tiendas u otras instalaciones (mesones, molinos, carnicerías,

hornos...).3 Desde entonces, la incorporación o permuta de fincas fue

menor y fruto de donaciones testamentarias, preferentemente de preben- dados del cabildo, y de compras como la del cortijo Casillas en la prime-

ra mitad del sigloXVIy la de medio cortijo Luís Díaz en 1804.

El cuadro 1 muestra una aproximación a la composición y evolución de las rentas de la mesa capitular, expresando su valor en fanegas de pan terciado (dos de trigo por cada una de cebada). En tiempos del catastro de Ensenada, en el que he comprobado que sus ingresos rústicos se registra- ron con muy leve ocultación, el ingreso bruto del cabildo equivalía a una cuarta parte del montante anual de todo el diezmo eclesiástico de la dió- cesis en 1750-1759. Unas rentas cuantiosas en las que tenían un peso reducido antiguos tributos cedidos por la Corona, como el almojarifazgo o diezmo de la aduana de Córdoba y su término, y el grueso de las insta- laciones comerciales e industriales que desde el Medievo ejercieron en régi- men casi monopólico: la venta de productos de alfarería, los mesones y el gran número de tiendas y molinos que antaño pertenecieron a la mesa

capitular.4

3 Parto de Sanz (2000), pp. 252-257, que enumera las 30 fincas mayores. Las medi- das que aporta de 29 de ellas hacia 1470 (575 yugadas y 563 aranzadas) equivalen a unas 13 170 ha; no indica las del cortijo del Chanciller (510 ha en el sigloXIX) ni de las fincas menores (olivares, viñas, hazas y huertas). Junto a los cortijos, los inmuebles urbanos fue- ron el segmento del patrimonio con mayor incremento, acelerado en épocas de hundi- miento demográfico. De 1380 a 1440 el cabildo pasó de poseer 247 a 448 casas, tiendas y mesones, y su número siguió creciendo. Véase también Vázquez (1987), pp. 9-22, Moya (1978), pp. 243-246, Nieto (1979) y Ladero (1999), p. 210.

4 Las vicisitudes terminales del almojarifazgo y el monopolio de la alfarería, en Moya (1978), pp. 249-250. Hacia 1750 sólo restaban 2 de los 10 molinos de harina y 4 de los 33 mesones que poseía en el sigloXV, y 1 taberna, 1 horno de pan, 7 carnicerías y 2 mata- deros. López Ontiveros (1990), pp. 101, 114 y 151-153; Muñoz (1988), p. 380.

CUADRO 1

APROXIMACIÓN A LAS RENTAS DE LA MESA CAPITULAR,1746-1826 (renta bruta convertida a fanegas de pan terciado a precios corrientes)5

Años 1746-1750 1805-1807 1811-1816 1822-1826 Cortijos 19 306 41,4 % 12 376 36,1 % 9 426 38,7 % 10 325 39,5 % Hazas 321 0,7 % 1 019 3,0 % 22 0,1 % 321 1,2 % Olivares 76 0,2 % 26 0,1 % 23 0,1 % 36 0,1% Huertas 1 117 2,4 % 783 2,3 % 155 0,6 % 177 0,7 % Casas 8 512 18,2 % 5 093 14,9 % 3 514 14,4 % 5 568 21,3 % Molino 1 719 3,7 % — — — — — — Censos y juros 575 1,2 % 210 0,6 % 120 0,5 % 179 0,7 % Situados 2 324 5,0 % 1 239 3,6 % 1 343 5,5 % 1 030 3,9 % Diezmos 8 035 17,2 % Carnicerías 4 703 10,1 % Diezmos+carnicerías 12 956 37,8 % 9 547 39, 2% 7 804 29,9 % Aniversarios… — — 564 1,6 % 201 0, 8% 678 2,6 % Total 46 670 34 266 24 351 26 118

Desde 1746-1750 los ingresos de la mesa capitular conocieron osci- laciones moderadas que les condujeron a un nivel superior a fines del

siglo XVIII. Principalmente por el ascenso del diezmo, que obtuvo en la

diócesis uno de sus mejores registros en la década final del sigloXVIII, y

en que el trigo y la cebada creció más en la campiña próxima a la capital, en la que el cabildo percibía una mayor proporción de él. Pero también la renta de sus cortijos en 1790-1796, incluidas las hazas en que se parcela-

5 A.C.C., legajos 2747, 3162, 3184; la información sobre cortijos del cabildo empleada en este estudio se concentra en A.C.C., legajos 2023 a 2024, 2359 a 2373 y 2481 a 2483, Muñoz (1988), p. 392 y López Ontiveros (1990), pp. 101, 114 y 151- 152. Reemplazo los precios del grano de las cuentas originales, muy infravalorados según práctica iniciada siglos atrás (Vázquez, 1987), p. 447. Tomo los precios de Pon- sot (1986), pp. 517-521 y 531-532, completando sus vacíos con precios de conventos de Córdoba; para las décadas de 1810 y 1820 adopto los precios mensuales que pro- porcionó la mesa capitular al Ayuntamiento de Córdoba, y precios compilados por éste en adelante. En 1746-1750 no cuento con el desglose anual del diezmo, y evito con- versiones a partir de promedios quinquenales. Al aplicar el precio del grano de la fuen- te para convertir las rentas en metálico de 1746-1750, se incrementa levemente el ingre- so bruto y el peso relativo en él de casas y carnicerías. La corrección en la valoración de los granos mejora las cuentas originales, aunque por su origen parafiscal podrían incluir otras infravaloraciones.

ron dos de ellos, superaba la percibida en 1746-1750, con un leve ascen- so en pan terciado, cuya capacidad de compra en otros bienes y servicios se acrecentó. Por ese mismo motivo, la renta de sus numerosísimas casas descendió una tercera parte (en pan terciado), por el gradual ajuste a la inflación conforme se renovaban sus contratos, de renta fija y muy larga duración en general. En conjunto, los ingresos del cabildo fines de siglo superaban los de 1746-1750. En 1793-1797 se repartían a sus prebenda- dos por diezmos y rentas alrededor de dos millones de reales, que no pue- den compararse de modo directo con los datos expresados en el cuadro, pues falta añadirles los gastos generales de la institución y corregir la infravaloración de los granos, que formaban gran parte de lo distribuido

a los prebendados.6

Desde los años del cambio de siglo se inició un brusco descenso en los ingresos del cabildo, por el hundimiento de las rentas decimales prin-

cipalmente. A fines del sigloXVIIIel diezmo había alcanzado un máximo

muy por encima de los niveles considerados en el cuadro 1, pero el siglo concluyó con la detracción del noveno por el Estado y la posterior ero- sión del diezmo. Además, en la década posterior a 1826, fecha en que concluye el cuadro, el diezmo se hundió mucho más que el resto de los ingresos. Por otro lado, hay descensos en otras partidas, debidos al hun- dimiento de las rentas decimales capturadas por el cabildo. El situado era un pago fijo satisfecho por el marquesado de Priego a la mesa capitular por lo que correspondía a ésta en el diezmo del término indiviso de Aguilar, Montilla y otros pueblos, percibido por entero por el marqués. Su cuantía fue objeto de conflictos y concordias en el pasado, y media-

do el sigloXVIIIconsistía en 2000 fanegas de pan terciado y 2000 duca-

dos, que se vieron reducidos a la mitad en el primer cuarto del sigloXIX:

1000 fanegas de pan terciado y poco más de doce mil reales al año, y con algún impago. Mayor pérdida supuso el final del privilegio que eximía de diezmar al patrimonio rústico de la mesa capitular. La exención se tra- ducía en la percepción de unas rentas más elevadas por sus predios, en las que se incluía el diezmo, que el cabildo no repartía con otros per-

6 Lo repartido en 1793-1797, la mitad de ello por diezmos, en Muñoz (1988), pp. 365-366, 390-391, 398 y 403-406. Los gastos generales sumaron 337 605 rs. anuales en 1805-1807. A.C.C., legajo 3162. Moya (1978), pp. 248-249, para las casas.

ceptores. Pero desde 1797 sus labradores debieron pagar todo el diezmo a la administración, que lo aplicó desde 1801 a la extinción de vales rea-

les.7 Este aspecto se visualiza en el cuadro 1 como un descenso de la

renta de sus tierras, que ese factor redujo en alrededor de una cuarta parte, aunque no de inmediato gracias a los elevados rendimientos de 1797-1802.

Mayor aún fue el declive del único monopolio medieval que pro- ducía elevadas rentas hacia 1750. El producto de las carnicerías de Cór- doba cayó hasta el último tercio de siglo a poco menos de la mitad en términos nominales, y se hundió tras las primeras etapas del liberalismo: en 1822-1826 sólo alcanzaba un 4,4 % de su valor en el quinquenio

1746-1750 (en pan terciado).8 En cambio, la renta de los inmuebles

urbanos siguió afectada por el tardío ajuste de sus contratos a la evolu- ción de los precios, y la deflación posterior a 1812 permitió recuperar el

nivel de renta (en pan terciado) de mediados del sigloXVIIIhacia 1820;

en 1830 era un tercio superior, y después comenzó a descender al cesar la deflación, desamortizarse algunas casas y perderse otras por insufi- ciencias en las reparaciones, dada la inseguridad de la mesa capitular en preservar su titularidad.

La renta de los cortijos experimentó un intenso descenso. Un hito clave fue la pérdida del diezmo desde 1797, pero se produjo además un declive desde el máximo alcanzado hacia 1745-1760, con una fase de bonanza en los años noventa por buenas cosechas y efímeras innovacio- nes en sus contratos (el pegujal de los ministros). Las malas cosechas de 1804 y otras, y la Guerra de la Independencia con sus requisas, pertur-

7 Sí diezmaban los cortijos considerados casa excusada: Aborroz (pila de la catedral), Camarero (parroquia de Montoro) y Monteruelo Alto y Bajo (San Pedro), y eran fuente de conflictos entre el cabildo y Hacienda por motivos que la contabilidad permite aclarar: en 1766 la cosecha bruta de Monteruelo Bajo fue de 1212 fanegas de pan terciado y el diez- mo se limitó a 94 fanegas (7,76 %), por restar el cabildo su renta (2/9) antes de diezmar. A.C.C., legajos 2363 y 2365, años 1765 a 1769. Muñoz (1984), Sanz (1995), p. 87, y Váz- quez (1987), p. 442.

8 68 900 rs. de media en 1746-1750; 36 275 rs. de media en los años de fines del siglo, citados por Moya (1978), p. 250; 26 987 rs. en 1808, un tercio menos en 1811 ó 1815, y 6 552 rs. en 1822-1826. A.C.C., legajos 3162 y 3184, y Archivo Municipal de Córdoba (en adelante A.M.C.), caja 1723.

bación en los mercados y baja en las rentas por decreto, provocaron un

fuerte descenso.9A partir de ahí, las fluctuaciones se harían alrededor de

ese nivel muy inferior, alcanzándose un nuevo mínimo en los años trein- ta. En 1835-1838 la renta anual de los cortijos equivalía a 7 283 fanegas de pan terciado, menos de la mitad que en 1797-1802, siendo irrele-

vantes los cambios en la composición de esas fincas.10El descenso de la

renta de las huertas, olivares y hazas se debió por el contrario a la precoz venta de las fincas en cultivo más intensivo al desamortizarse el séptimo eclesiástico. Así, tras un fuerte ascenso en la renta de las hazas debida a la parcelación de dos cortijos en Castro del Río en 1761-1770, su desa- mortización hundió la renta de las hazas de Castro y Córdoba, de 51 371

reales anuales en 1805-1807, a sólo 1335 reales en 1811.11

En suma, los ingresos de la mesa capitular conocieron desde 1797 un profundo declive debido en gran medida a las circunstancias políticas. A pesar de todo, las pérdidas en su patrimonio rústico fueron moderadas, lo que junto a sus numerosos inmuebles urbanos hizo del cabildo cordobés,

9 Una rebaja de la cuarta parte de la renta fue decretada el 27-VI-1811 por el conde de Montarco, comisario general y regio en Andalucía de la Administración bona- partista. La guerra implicó otras severas pérdidas al cabildo: 2,5 millones de rs. saque- ados por las tropas francesas en sus oficinas, un préstamo de dos millones y un donati- vo de uno a la Administración josefina (Vázquez, 1993), p. 138. Expulsados ya los franceses, por 15 meses de contribución extraordinaria de guerra (X-1812 a XII-1813) se liquidó al cabildo 1 225 136 rs. por sus rentas y la masa decimal de la diócesis. (A.M.C., caja 1504). Los pagos extraordinarios citados, que no son todos los satisfe- chos, y alguno no gravó en exclusiva a la mesa capitular, equivalen a la renta neta del cabildo en el «quinquenio» 1805-1807 y 1815-1816. El potencial contributivo impu- tado al cabildo se advierte en el reparto de 796 acciones de 1000 rs. entre la élite local (4-X-1811) para evitar apremios militares a la ciudad por sus atrasos. Al cabildo le toca- ron 80 acciones, por 115 al conjunto de la nobleza titulada —excepto el marqués de la Vega y algún otro, que tenían incautados sus patrimonios por su militancia antibona- partista—, 15 al obispo o 12 a la principal casa mercantil y bancaria (Ochaita y Pari- za). A.M.C., caja 1722.

10 Se incorporó en 1804 medio cortijo Luís Díaz (176,3 ha) de la obra pía de Bea- triz Victoria Páez de Guzmán, de la que fue patrono el duque de Alba, adquirido en 1804 por 319 332 rs.; y en la desamortización del séptimo eclesiástico se perdió el cortijo Mag- dalena de D. Leopoldo (183,6 ha), que adquirió por 300 000 rs. el marqués de Benamejí (2-IV-1808).

11 A.C.C., Manuales de Cortijos de años diversos, y legajo 3162; Muñoz (1984), p. 128.

conforme avanzaba el hundimiento del diezmo, uno de los más ricos de

España.12

Como titular y administrador directo de ese patrimonio, el cabildo cordobés no afrontó el cultivo directo de sus cortijos, y el olivar o la viña alcanzaron menor peso entre sus bienes que en los restantes cabildos béti- cos. El predominio de las grandes explotaciones cerealistas no se debió a las donaciones recibidas, y sí a su estrategia de permutas y compras en el Medievo y a su nula participación en las importantes inversiones en plan- tación de olivar —y construcción de molinos— que emprendieron otras instituciones eclesiásticas vecinas, incluida la mesa episcopal, en La Guija-

rrosa, Alameda del Obispo, Adamuz, Montoro, etc.13La gestión patrimo-

nial del cabildo de Córdoba se redujo por ello a la cesión en arriendo de sus tierras, pero en esa faceta alcanzó una pericia muy destacada.

2. Los contratos a esterilidad o la vigencia de rentas