7.1 Crítica al idealismo y a la fenomenología: realismo radical
Zubiri reclamaba la necesidad de constituir una lógica de la realidad que fuera más allá de una mera lógica de los razonamientos. En 1962 publicó Sobre la esencia, obra en la que estudió la esencia, que concibe como estructura la realidad, pero no como un mero momento lógico de ésta, sino físico y que posee un carácter entitativo individual. Es esencia de la sustantividad, no de la sustancia de Aristóteles. Partiendo de este enfoque de la esencia descubrió que, bajo este concepto, se ha forjado una tradición filosófica que ha dificultado la comprensión verdadera de lo real. Para superar estas dificultades abordó el estudio de las nociones de ser, realidad y esencia. Esta posición se basaba en la fenomenología y en la tesis de Husserl de ir a “las cosas mismas”, pero Zubiri declaraba que la fenomenología es insuficiente, ya que se limita a ser mera descripción.
Según Zubiri, que admiraba profundamente a Heidegger, ser y realidad se unifican en cuanto que el ser es la actualización de la realidad, razón por la que, en oposición a Heidegger, consideró una prioridad ontológica de la realidad sobre el ser: no es el ser lo primario, sino la realidad. Ésta no es un modo del ser sino, al contrario, el ser es una manifestación de la realidad que, de esta manera, es verdaderamente lo fundamental. El ser es el momento de actualidad de lo real, y lo real, que es lo que es “de suyo”, trascendental, es captado por el hombre como realidad sentida (como inteligencia sentiente). Además, reprocha al último Heidegger su primacía de lo útil y su vitalismo fundamental (su nihilismo), inspirándose en la metáfora de la luz de Platón (la idea del Bien como “más allá de la esencia”). Su doctrina quiere ser un realismo radical, que se eleva al descubrimiento del sentido y de las ultimidades, que finalmente desembocarán en la afirmación de la religación del hombre, vinculado sustancialmente a lo real, y a la “fuerza de lo real”.
7.2 La religación del hombre y de la realidad
En su obra Naturaleza, Historia, Dios estudió especialmente el tema de la religación y desarrolló una filosofía de la religión en la que sustentó que estamos obligados a existir porque estamos directamente religados a la divinidad. El hombre es un ser abierto a las cosas, lo que muestra la existencia de éstas, pero también es un ser marcado por la religación, lo que muestra la existencia de la divinidad. Por la primera característica el hombre aparece como un animal de proyectos, cuyo sistema constituye el mundo humano; por la segunda característica se muestra la dimensión constitutiva del hombre: su religación con Dios a través del todo.
Rechazando las vías tradicionales de la existencia de Dios, Zubiri utiliza el método fenomenológico para poner en evidencia el “presupuesto” de toda afirmación o de cualquier negación de Dios. Tradicionalmente se ha pensado que el hombre es una substancia, las cosas son otra y Dios otra, que está “además” de estas realidades. Pero ni Dios ni el hombre están “además” de las cosas, o como una cosa más entre otras. Es necesario situarse en el corazón mismo de la experiencia total de la realidad, y entonces vemos que el hombre está “implantado en la existencia real”, con las cosas y con los otros hombres. Y lo que le trae a
la existencia y le empuja a vivir es un “algo” interior a la entraña de la realidad; y ese algo es Dios, que nos “hace ser”, lo queramos o no. El hombre está incardinado en “el poder de lo real”, de forma que existe en todos los seres una “religación” o vinculación con Dios. Por eso el hombre no tiene religión como algo añadido a lo que es, sino que en su misma esencia humana consiste en religación o vinculación, de modo que estamos esencialmente relacionados con Dios. El ateísmo es un vano intento de religación,pues el ateo no puede dar cuenta de su existencia ni de la de la totalidad de la realidad: “La religación religatum esse, religio, religión en sentido primario es una dimensión formalmente constitutiva de la existencia. Por tanto, la religación o religión no es algo que simplemente se tiene o no se tiene. El hombre no tiene religión, sino que, velis nolis, consiste en religación o religión. Por esto puede tener, o incluso no tener, una religión, religiones positivas. Y, desde el punto de vista cristiano, es evidente que sólo el hombre es capaz de Revelación, porque sólo él consiste en religación: la religación es el supuesto ontológico de toda revelación. Los escolásticos hablaron ya de cierta religio naturalis; pero dejaron la cosa en gran vaguedad al no hacer mayor hincapié sobre el sentido de esta naturalidad. La religación no es una dimensión que pertenezca a la naturaleza del hombre, sino a su persona, si se quiere a su naturaleza personalizada. La pura naturaleza con el simple mecanismo de sus facultades anímicas y psicofisicas, no es el sujeto formal de la religación. El sujeto formal de la religación es la naturaleza personalizada. Estamos religados primariamente, no en cuanto dotados naturalmente de ciertas propiedades, sino en cuanto subsistentes personalmente. Por esto, mejor que de religión natural, hablaríamos de religión personal”
7.3 Sobre la esencia
A su aspiración a la objetividad, en busca de la realidad, consagra su libro Sobre la esencia, donde se cuestiona sobre el objeto clave de la metafísica (la ousía). La esencia fue utilizada por Aristóteles en una acepción parcial, la de substancia, es decir, de “substrato” o soporte de los accidentes; este reduccionismo se da en tres ámbitos: a) reducción de lo esenciable a la naturaleza (physis); b) la primacía de la substancia, fundada en la subjetividad; c) y la inadmisible preponderancia del logos, de la especie y de la definición (mientras que, a la inversa, lo individual puede ser esencial). Esta “deformación” se prolongó hasta el siglo XVI. A partir de este siglo, sobre todo con Descartes, la separación entre esencia y substancia va a acentuarse cada vez más; y el idealismo relega a la substancia más allá de la esencia. Husserl le niega a la conciencia del sujeto o yo pensante el statu de substancia y la considera una “pura esencia”. El existencialismo, a su vez, reduce la conciencia a mi existencia corpórea e histórica. Zubiri critica el concepto de esencia tal y como lo tematizan Leibniz, Spinoza, Hegel y Husserl.
Para Zubiri la esencia posee cinco “momentos” o aspectos: 1) Es la unidad primera de sus “notas”; 2) Es intrínseca a la cosa misma; 3) Es un principio en el que se fundan las demás notas; 4) Constituye la verdad propia de cada cosa; 5) Es un “momento” de la cosa real. Ahora bien, ¿de qué tipo de esencia gozan las realidades del mundo? Zubiri indica tres niveles: a) La naturaleza inanimada (los átomos, los electrones, los neutrones, etc., no tienen substantividad, pero tienen cierta esencia, compuesta por sus “notas constitutivas: carga, masa, espín); b) Los vivientes, que constituyen una esencia ya más afirmada (sobre todos los animales); c) La persona humana, que goza de una esencia autocognoscente.
Según Zubiri la trascendentalidad es una dimensión de lo real, y no una propiedad del entendimiento humano; es preciso, pues, invertir la perspectiva inmanentista del idealismo: lo primero no es la idea, sino la realidad.
7.4 Teoría del conocimiento: inteligencia sentiente
Para Zubiri es necesario abordar el asunto no sólo de ¿cómo es posible pensar?, sino, previamente, es preciso plantear el terna adecuadamente. Pues bien, a lo largo de la historia de la filosofía se ha insistido dualistamente o en lo ideal o en lo sensible. Pero el hombre no es sólo razón, ni sólo inteligencia, ni sólo cuerpo sentiente; su sentír es necesariamente inteligente, y su inteligencia no es la de un ángel, sino que es necesariamente sentiente. Somos una inteligencia que siente y un sentir que piensa. El hombre es la inteligencia sentiente que puede dar cuenta de esta realidad; el hombre es inteligencia y sensibilidad siempre unidas e indisociables. Todo inteligir es aprehender la realidad y esta aprehensión siempre es sentiente. Rechazando, pues, el intelectualismo, sostiene un inteleccionismo:una doctrina que conserva la intelección pero considerada como aprehensión sentiente de la realidad. De esta manera se opuso tanto al idealismo, que conduce al subjetivismo, como al realismo cientifista y el realismo ingenuo, así como al psicologismo, y calificó su postura como objetivismo o “realismo radical”.
En su concepción antropológica Zubiri, en base a la noción de preeminencia ontológica de la realidad, defiende que el hombre es un ser de realidades, cuya esencia puede percibir mediante la intelección, que no es, a la manera de Kant, una síntesis trascendental sino la actualización de lo real en la inteligencia sentiente. El hombre es, además, persona, concepto que desconocieron por completo los filósofos griegos y que es la mayor aportación del pensamiento cristiano a la historia de la filosofía.