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docena de proyectos prácticos. Éstos se empezaron a llevar a cabo en septiembre de 1999, bajo la supervisión de un comité central elegido formado por cinco hombres y dos mujeres. Los proyectos fueron financiados por el gobierno y el PNUD, junto con una pequeña suma para desarrollo sostenible con la que contribuyeron los residentes.

Los habitantes de Lazoor han contribuido desde entonces a la construcción de 42 diques pequeños para controlar las inundaciones, una presa de agua, cinco embalses de sedimentos para evitar la ero- sión del terreno y miles de terraplenes contra la erosión y canales de irrigación. La comunidad también ha plantado más de 7.000 árboles frutales, como manzanos, cerezos, perales y ciruelos, en una ladera que domina el pueblo. Un segundo programa de plantación de árbo- les también esta ayudando a mejorar la calidad del terreno y a con- servar la biodiversidad de la zona (Anderson 2001:A24; Farzin 2002:10; OCHA 2001).

Al utilizar más eficazmente la lluvia y los ríos, los habitantes de Lazoor no sólo gestionan de forma más sostenible los recursos hídri- cos, sino que también están creando nuevas oportunidades de desa- rrollo económico. Por ejemplo, el control de las inundaciones ha pro- piciado oportunidades para cultivar nuevas tierras. La iniciativa emprendedora de dicha comunidad ha impresionado tanto a los fun- cionarios de la banca estatal que han abierto una filial bancaria móvil en dicho pueblo, aprobando varios cientos de microcréditos de cantidades entre 600 y 1.200 millones de dólares, permitiendo así a unas 300 familias abrir su propia cuenta de ahorros (Anderson 2001:A24). Los futuros programas previstos incluyen poner en mar- cha un vivero de plantas medicinales y explorar la posibilidad de crear una planta embotelladora de agua mineral (Farzin 2002:11).

Según Hushang Djazi, uno de los responsables indepen- dientes de Lazoor, la clave del éxito en este pueblo es tener una ciudadanía activa. «En el pasado, el gobierno deseaba hacer algo más por los pueblos, pero dado que eran decisiones tomadas por él sin prestar atención a las opiniones de la gente afectada, los proyectos fracasaban. Nuestro objetivo en Lazoor ha sido mejorar las técnicas de la gente y persua- dirla a participar en las deci- siones y actividades que les afectan directamente». Djazi ahora está colaborando en el desarrollo del vivero de plan- tas medicinales, un programa propuesto por los aldeanos y financiado por el Programa de Microcréditos del FMAM. «La gente describe la autocon- fianza generada al realizar sus propias ideas y la capacidad de querer resolver los problemas por medios propios como lo mejor que les ha pasado» (Djazi 2002).

Shoukat Esfandiar era una de las habitantes de Lazoor elegida para aprender las técnicas de participación pública y de resolución de problemas por parte de la comunidad. Todavía trabaja como anima- dora, y cree que los aldeanos no sólo han ganado confianza en sí mis- mos, sino que también han desarrollado un sentido de la administra- ción de sus ambientes naturales, sugiriendo un nexo implícito entre el fortalecimiento de la opinión pública y la responsabilidad medioam- biental. «El nivel de tolerancia del pueblo ha aumentado y la perspec- tiva social es positiva. Los aldeanos han tomado conciencia de los asuntos relacionados con el medio ambiente y los recursos de tal manera que ahora están interesados en mantener, proteger y utilizar la sostenibilidad de dichos recursos naturales» (Esfandiar 2003).

O t o r g a r p o d e r a l a s m u j e r e s

Junto a estas mejoras para el manejo de la tierra ha tenido lugar tam- bién una transformación social. Hasta hace pocos años, todas las deci- siones relacionadas con el pueblo las tomaba un grupo de ancianos sin la participación de las mujeres. No obstante, desde que los responsa- bles del proyecto han realizado encuentros sólo para mujeres, éstas han comenzado a pedir más participación en los asuntos del pueblo. Una vez al mes, en las escuelas del pueblo se reúnen los comités de coordinación: tras las oraciones de apertura, los miembros discuten los avances realizados y sugieren nuevas actividades. Se han establecido con éxito, por insistencia de las propias mujeres, varios proyectos, como por ejemplo las clases de costura, con el fin de mejorar la inde- pendencia y el rédito femenino. En la mezquita local también se tienen

ahora reuniones con grupos mixtos; cuando antes las mujeres se sen- taban separadamente detrás de celosías (Anderson 2001:A24).

Veinticinco mujeres tomaron parte activa en un programa de par- ticipación pública dirigido por Fatemeh Maafi, la segunda encargada del programa de Lazoor. «Antes, nuestras mujeres no tenían acceso a los servicios como los hombres. No tenían acceso a la adopción de decisiones de los consejos aldeanos u otros organismos. Esto se ha conseguido a partir del proyecto para el río Hable. Las mujeres no están completamente emancipadas, pero nuestra situación ha mejo- rado». «Es obvio que la selección de los proyectos –comenta–, está muy influenciada por las prioridades femeninas. A veces los proble- mas femeninos son diferentes de los masculinos; nadie conoce dichos problemas a menos que alguien hable, que la voz se oiga alto y que haya mucha gente que la escuche» (Maafi 2003).

Malcolm Douglas, que dirigió un panel internacional de expertos comisionado por el PNUD para valorar dichos proyectos en octubre de 2001, también llegó a la conclusión de que las mujeres tenían más poder real. «Era impresionante ver cómo se involucraban las muje- res en el proceso decisorio; creemos que el enfoque de los encargados del proyecto había dado a las mujeres más confianza, lo cual había trasmitido el mensaje a los hombres de la comunidad sobre las preo- cupaciones de las mujeres» (Douglas 2002). El informe de su panel señaló, sin embargo, que la mayoría de las mujeres que participaban activamente en el proyecto pertenecían a las familias adineradas de la comunidad, lo que significa que las opiniones de las mujeres más pobres no tienen igual peso (Douglas 2002) .

E l é x i t o q u e v a m á s a l l á d e L a z o o r

La labor de que la propia población gestione sus recursos, como ha suce- dido en Lazoor, no es una experiencia aislada. Ese pueblo es uno de los varios centenares implicados activamente en el programa para la tie- rra y el agua de la cuenca del río Hable, que cubre una gran extensión habitada por 600.000 personas entre las provincias de Teherán y Semman, al sur del mar Caspio. La cuenca (y su proyecto) está ubicada geográficamente en tres zonas: la zona montañosa del norte, a 4.000 m sobre el nivel del mar; la zona de llanura desértica del sur, situada a 700 m, y una zona central de terreno montuoso, agreste, propenso a las inundaciones. El río discurre de norte a sur a lo largo de 100 km de este paisaje, siendo un imán para la agricultura y para la trashumancia de pastores y ganados (Farzin 2002:4).

El proyecto se puso a funcionar oficialmente entre 1998 y 1999 con ejercicios de participación pública en ocho aldeas norteñas, inclu- yendo Lazoor, al que siguieron otras prácticas en toda la región. Se ha hecho siempre hincapié en la participación de la comunidad para que ésta se identifique y aborde los problemas de gestión de los recursos como las inundaciones, la erosión y la contaminación del agua. Los resultados no siempre han sido idénticos a los de la expe- riencia de Lazoor, aunque han producido logros importantes.

En la fértil llanura ubicada al sur de la cuenca del río, los pro- yectos de planificación participativos se han centrado en los esfuer- zos para incrementar la productividad agrícola mejorando los siste- mas de drenaje del agua de las tierras anegadas y salinas y también la eficiencia de las áreas irrigadas. Los campesinos y los grupos de usuarios del agua han sido ejercitados en la de resolución de proble-

mas, si bien los administradores estatales han hecho hincapié en las soluciones aportadas por el trabajo de ingeniería.

En las diminutas aldeas de la accidentada zona montuosa de la cor- dillera central la construcción de pequeñas carreteras ha favorecido la reducción del coste del transporte para la exportación de frutas y ver- duras, y los aldeanos han inventado proyectos innovadores para mejo- rar el suministro de agua. Así, en la aldea de Ghalibaf, hogar de 40 fami- lias, la financiación de proyectos y el trabajo de los aldeanos han colaborado en la construcción de 4.700 m de conductos de caucho para canalizar agua desde el arroyo cercano hasta el caserío (Farzin 2002:12). En otras tres aldeas montañesas, los grupos cooperativos femeninos han establecido empresas apícolas con el apoyo de los administradores del proyecto y del Fondo de semillas del PNUD. Cada familia contri- buye a la adquisición de las colmenas, por lo que las 200 colmenas ori- ginales ya han aumentado a 600, mientras los aldeanos han recuperado su inversión con creces con la venta de la miel (Farzin 2002:12).

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