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6.4 Computing spatial similarity

No vamos a detenernos extensamente en este tema, pues en la conferencia teórica celebrada en 1980, tuvimos ocasión de hacerlo.4 Interesa aquí, a propósito del objeto

4 Se refiere a la ponencia presentada a nombre del Departamento de América del CC del PCC, por Germán Sánchez Otero en la Conferencia Teórica Internacional «La estructura de clases en América Latina», efectuada en La Habana entre el 26 y 28 de marzo de 1980. En las memorias de dicho evento, esta ponencia apareció publicada bajo el título «Moder- nización del capitalismo y clases sociales en América Latina».

La crisis actual del imperialismo y los procesos…

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57 central de la conferencia, iden ti ficar los principales actores de la actual lucha de cla- ses en nuestro continente.

El análisis de la estructura de clases es inseparable de sus luchas, pues éstas, en su desarrollo, modifican aquéllas, así como las demás estructuras de la sociedad. Por eso, el primer factor por consi derar es la dominación imperialista, a la que atri- buimos la fun ción condicionante principal de la estructura y de la lucha de clases en nuestro continente. Examinemos entonces al bloque de las clases dominantes.

Los procesos económicos modernizadores descritos, motivan en los últimos años la conformación de una especie de nueva oligar quía que representa a las diferentes fracciones de la gran burguesía indus trial, comercial, financiera y agraria. Ella está subor dinada y comparte la misma estrategia de desarrollo y domi nación del capital imperialista, aunque en ocasiones aparecen ciertas divergencias de intereses que re- sultan no despreciables para el combate táctico del movimiento revolucionario.

Otro ingrediente del bloque de las clases explotadoras, es la declinante burgue- sía media o nacional, debilitada sustancialmente por los rigores de la alianza de la gran burguesía y las empresas trans nacionales. Por lo general, esa burguesía se ve reducida al sector indus trial más tradicional —bienes de consumo no durables— y disminuye progresivamente sus posibilidades de repr o ducción económica. Dicha circunstancia hace que muchos sec tores de la burguesía media puedan convertirse en aliados im por tantes del proceso revolucionario, aunque esto no siempre depende de una táctica acertada con respecto a ella, sino del entre tejido de sus intereses con diferentes ramas de la economía, de fac tores ideológicos y de situaciones específicas de lucha.

La tercera de este conjunto de fuerzas son los terratenientes. En algunos países, éstos mantienen su poder basándose, funda mental mente, en el control de la propie- dad de la tierra. En varios, sin embargo, las distintas reformas capitalistas hechas en el campo han incidido sobre esta clase, desintegrándola o modificándola en una medida u otra. En casi todos estos casos, surge un sec tor de empresarios capitalistas agroexportadores, ganaderos moder nos y agroindustriales, mientras subsiste una parte de los terratenientes en su forma tradicional –latifundistas–, muchos de los cuales se convierten en arrendadores de sus tierras. Este proceso de disolución de la clase terrateniente está aún inconcluso en la mayoría de los países, y debe comportar numerosos pasos y ritmos diferentes, acorde con las circunstancias de cada país. Pero en su movimiento general, es conveniente subrayar que la fracción moderniza- dora —la gran burguesía rural aludida— tiende a estrechar sus nexos con sectores de la burguesía comercial y financiera local, y se subordina también, en última ins- tancia, a los intereses y el patrón de acumulación de la burguesía imperia lista, que deviene beneficiaría y centro decisorio principal de las nuevas relaciones de explota- ción capitalista en la agricultura latino americana.

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Debe registrarse que ese proceso de transformaciones en el agro genera contradic- ciones entre los sectores del capital «modernizante» y los terratenientes defensores del latifundio tradicional. Estos últimos reaccionan con fuerza ante ciertos aspec tos de las reformas agrarias y ante todas aquellas modifica ciones que alteren su estado, acentuándose su desempeño reaccionario en las luchas clasistas y conformando en muchos países una parte significativa de la contrarrevolución.

Para resumir, se observa una tendencia a la homogeneización de las clases do- minantes, como nunca antes en la historia con ti nental, determinada por los proce- sos internacionales del capita lismo antes señalados, sin descontar, por otra parte, que los niveles diferentes de desarrollo económico de las subregiones y países no permitan una generalización absoluta; por ejemplo, al compa rarse la situación de algunos países de Centroamérica y el Caribe con otras del continente. A la vez, es útil apuntar, por su valor práctico evidente, que las transformaciones que se vienen ope rando en el sistema capitalista de nuestra región, originan varias contradicciones en el interior del bloque de las clases dominantes; de ellas, se destacan:

• Pugna entre sectores de la gran burguesía local y el capital monopolista extran- jero, al buscar los primeros mejores posibilidades económicas en el mercado exterior.

• Diferencia de intereses entre los latifundistas y la gran bur guesía agraria. • Conflicto de la burguesía media con la gran burguesía o nueva oligarquía y el

capital transnacional.

• Sectores medios integrados y defensores del sistema, pero que aspiran a su re- forma y a la renegociación de la depen dencia frente al capital transnacional. Conviene ahora examinar en su conjunto a los llamados sectores medios. En las sociedades latinoamericanas estas fuerzas resultan suma mente complejas de defi- nir —quizás más que en otros países capitalistas—, en razón de la diversidad de elementos que las inte gran, la reducida estabilidad económica de una gran parte de ellas y otros factores de la dinámica de la lucha de clases. A causa de esas caracterís- ticas, es muy difícil ubicar todos esos sectores en el bloque de las clases dominantes o en el de las clases explotadas. Es válido, sin embargo, identificarlos a partir de una posición clasista. Compartimos el criterio de que ellos, por sí solos, no con forman una clase social orgánica. El componente fundamental de esta fuerza social es la pe queña burguesía urbana, integrada por comerciantes y empresarios pequeños, profesionales con negocios individuales, entre otros. A ella se suman diversas capas de la población —funcionarios, estudiantes, empleados públicos, trabajadores califi- cados, profesionales, etcétera.

El rasgo distintivo de los sectores medios es su heterogeneidad económico-social, que determina su contenido sumamente contra dictorio. Como se desprende de esto,

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59 los sectores medios no pue den elaborar un proyecto histórico independiente, y es común que sus componentes necesiten la alianza con una clase deter minada.

Por un lado, tienen un nivel de vida medio superior al de los trabajadores ma- nuales; son, por lo regular, susceptibles de ser influen ciados por la ideología burgue- sa, creándose en ellos valores y expectativas propios de ésta. Algunas de sus capas actúan como administradores del Estado capitalista y están plenamente compro- metidas con él.

Por otro lado, muchos de los miembros de estos sectores son asa la riados o peque- ños empresarios no vinculados al capital mo no polista ni a la oligarquía local, por lo que ambos sufren las con se cuencias de las crisis del sistema y de la imposición del nuevo patrón de acumulación, que los lleva a la miseria o les hace disminuir sensi- blemente sus niveles de vida. Además, la ausencia de garantías individuales y de una institucionalidad democrática, repercute en la posición de dichos sectores frente al sistema. Estos factores, entre otros, hacen factible que numerosos miembros de los sectores medios adopten una línea progresista e incluso de identidad con los intere- ses de la clase obrera.

Corresponde a las fuerzas políticas de la burguesía, de una parte, y a las clases explotadas, de otra, atraer a los miembros de los sectores medios que se inclinan, por las razones apuntadas, hacia una u otra dirección o posición de clase. En dichos sectores, muy numerosos en la mayoría de nuestros países y con un papel cuali tativo siempre importante, se encuentra una fuerza que re sulta deci siva para el desarrollo victorioso de las revoluciones latino americanas. De ahí la atención priorizada que le conceden los partidos y organizaciones representativas de las clases explotadas, a los efectos de aislar sus capas reaccionarias, neutralizar y atraer al máximo sus elementos ambivalentes y ganar para la revolución a quienes están objetivamente en condiciones de incorporarse a ese proyecto histórico. Muchas veces, componentes numerosos de los sectores medios se convierten en una fuerza de avanzada, catali- zadora de las luchas revolucionarias de sus pueblos y con importante presencia en las vanguardias.

A tenor de las transformaciones ocurridas en años recientes en las estructuras capitalistas de América Latina y el Caribe, se han producido algunos cambios en la correlación interna del bloque de las clases explotadas. Así, se han incrementado sensiblemente los niveles de depauperación relativa y absoluta de todas las clases y sec tores oprimidos.

A causa de los nuevos procesos de industrialización señalados, la clase obrera tiende a ser más heterogénea en su composición por sectores, lo cual contribuye a hacerla más representativa del con junto de los intereses del pueblo. Simultáneamen- te, es menester considerar que la industrialización en curso tiende a concentrar el sector de los trabajadores que le está asociado y a estratificarlo con respecto al resto de la clase. Esto se acentúa allí donde desaparece o disminuye la importancia de

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otros sectores económicos, por ejemplo de la industria nacional media y pequeña, y de la minería. Tales diferencias es conveniente tomarlas en consideración, para evi- tar que se conviertan en obstáculos para la unidad de la clase obrera industrial.

El sector rural del proletariado se ha visto también modificado. La ampliación de las relaciones capitalistas en el campo suscita un incremento relativo de ese vital segmento de la clase obrera y, lo que es aún más importante, genera una mayor concentración en las grandes haciendas. Ello aumenta su capacidad de organización clasista, que en ocasiones también se ve beneficiada por una superior calificación y por los nexos con el proletariado industrial urbano.

Las amplias masas del campesinado –pobre– constituyen la otra clase fundamen- tal dentro del bloque popular. El campesinado de nuestros países sigue integrado por diversos segmentos –medieros, aparceros de varios tipos, pequeños propieta- rios, usufruc tuarios de tierras de propiedad no definida, entre otros–, pero el factor común que los caracteriza es su extrema y creciente pobreza; sus formas más infra- humanas siguen concentradas en las masas indígenas, sometidas a los niveles más altos de explotación y marginamiento social.

El campesinado es todavía la clase numéricamente más impor tante de la pobla- ción rural en varios países de la región, mientras en otros ya no es así como conse- cuencia de las transformaciones capitalistas ocurridas en el agro. Por el impacto de éstas, la fracción de los campesinos propietarios sufre la presión de la competencia de las grandes haciendas productivas, que muchas veces ocasiona la ruina o el des- pojo de su parcela. En general, ese proceso im plica una tendencia a la eliminación del campesinado, pues la moder ni zación capitalista del agro tiende a reducir la compo- sición de esa clase; proletarización y semiproletarización, de una parte, y expulsión hacia las ciudades —principalmente a sus anillos marginales—, de otra. A la vez, en varias regiones, al disminuir notablemente la extensión de las tierras a que tienen acceso los campesinos —o mantenerse igual—, el aumento de la población hace que las pequeñas propiedades no puedan funcionar como par celas de subsistencia fami- liar. Toda esta compleja situación amplía la conciencia del campesinado acerca de la necesidad de ejec utar profundas reformas agrarias e incrementa el potencial de sus luchas reivindicativas y de carácter revolucionario, lo que objetivamente adiciona mejores posibilidades de desarrollo de su alianza con la clase obrera.

Al lado de estas clases explotadas, a veces formando parte de una u otra o se- paradas por fronteras muy sutiles, está el sub proletariado urbano y rural. Él repre- senta un numeroso sector de la pobla ción latino americana y caribeña, inestable por su naturaleza y en vías de transición, que puede llegar a constituirse en población marginal, en lumpen proletariado, o incorporarse al sistema pro duc tivo. Estas fuer- zas sociales presionan por resolver sus pro blemas —urbanizar sus poblaciones y otros—, escenificando en ocasiones violentas explosiones. Por su composición y estado, suelen ser inconstantes y maleables por los partidos del sistema, aun que

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61 también se ha demostrado que es factible orientarlas hacia objetivos revoluciona- rios, cuando se realiza un trabajo efectivo con ellas, por ejemplo, con las poblaciones marginales.

Para completar el amplio diapasón que abarca la base social de los procesos re- volucionarios actuales del continente, es forzoso incluir a la cuantiosa y ascendente masa de desempleados, víctimas extremas del régimen capitalista al no disponer del mínimo de posibilidades para su subsistencia.

Este conjunto de clases, capas y sectores que comparte simi lares niveles de vida y situaciones de explotación sin solución posi ble dentro del sistema dominante —muchas veces, además, some tido a los terribles rigores de gobiernos dictatoria- les reaccionarios—, no puede sino entrar en contradicción radical con la forma ción socio económica en que existe. Constituye, pues, el sujeto histórico de las revolu- ciones actuales en nuestro continente, correspon diendo a la clase obrera el centro fundamental de ese multifacético haz de fuerzas, todas importantes en la lucha por el poder y en el desarrollo ulterior del proyecto socialista. Es imposible definir por igual el papel de cada una de esas fuerzas en todos los países; corresponde a sus vanguardias hacer ese análisis y lograr la correlación acertada de sus tácticas, en función de optimizar la participación efectiva de aquéllas en las diferentes etapas y esce narios de la lucha.

Las especificidades y matices, condicionados por el enfrenta miento histórico ge- neral y decisivo de nuestro tiempo, el de la bur guesía y el proletariado, incluyen aportes indispensables para el triunfo de las revoluciones en el continente. Vale la pena subrayar, en tal sentido, el papel sobresaliente que han desempeñado los cam- pesinos en las revoluciones victoriosas y en las que actual mente están en desarrollo en El Salvador y Guatemala. En este último país, es decisiva la incorporación indíge- na a las luchas por el poder.

Estrategia y tácticas de la revolución: consideraciones generales