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Volvamos al tema de la personalidad mágica de la que hablamos en el capítulo primero. Ahora habrá pasado ya un poco de tiempo en el templo y habrá observado sin duda que cuando entra en él se siente una persona distinta, y desde luego lo es, consistiendo su tarea en consolidar esta personalidad del templo y en asegurarse de que sólo se manifieste cuando lo desee. Por tanto, es el momento de comprar su aro del templo, o de hacerlo si tiene la habilidad suficiente.

El oro es, desde luego, el mejor material, pero resulta caro; la plata lo es ligeramente menos, pero un anillo mágico debe tener una piedra, y auténtica, lo que elevará aún más el precio. Si puede permitirse pagarlo, estupendo, pero si no es así busque uno antiguo. Quizá algún pariente anciano pueda darle uno o incluso vendérselo, en otro caso puede comprar uno de segunda mano y limpiarlo ritualmente de sus influencias anteriores.

Para limpiar un anillo, o cualquier cosa pequeña como una joya, uno de los mejores métodos consiste en colocarlo durante la noche bajo agua corriente y clara. Un arroyo de montaña es ideal si tiene alguno cercano. Coloque el anillo dentro de una lata con varios agujeros en la parte superior e inferior, y ate la lata firmemente a una piedra pesada para que no se vaya con la corriente. Si es posible, es una buena idea acampar por la noche cerca de la corriente para poder meditar sobre el anillo, utilizando sus técnicas de visualización para «verlo» liberándose de todas las influencias anteriores. También puede atar el anillo a un hilo de pescar y afirmar éste a un árbol o una piedra de modo que flote libremente sobre el agua corriente.

Si este método de limpieza no puede practicarlo, tendrá que intentarlo de otro modo. ¿Recuerda como bendijo el agua y la sal para la limpieza ritual de su templo? Puede utilizar el mismo método para limpiar el anillo. Cuando han sido benditos los elementos, ponga la sal en el agua del mismo modo que antes (utilice sólo una cantidad mínima de sal, pues podría corroer el anillo) y suspenda el anillo en la mezcla durante al menos siete horas.

Puede consagrarlo ahora para su propio uso, siendo su segunda pieza real para el trabajo ritual. Prepárese leyendo el apéndice C y trabaje el ejercicio de la columna media hasta que se lo sepa de memoria. Coloque en el altar la luz central, un cuenco de agua, un platito de sal, incienso y un abanico hecho con plumas de aves silvestres recogidas por usted mismo en el bos-

que, en el campo o la playa. Póngase la ropa y las zapatillas y siéntese a meditar durante unos minutos con el anillo en el altar como punto focal. Piense que su piedra es porosa, y espera ser llenada por su personalidad mágica. Véala totalmente vacía, limpia y fresca.

se encienden en su interior. Prosiga con la circulación de la fuerza hasta que se sienta rodeado por un aura de poder en forma de huevo. Manténgala lo más fija que pueda e imagine un haz de luz blanca y brillante que sale de entre sus ojos y penetra en el anillo del altar. Ese haz trae de su ser superior el don de la «búsqueda de percepción». Sienta ahora un segundo haz procedente de su garganta, de color espliego claro, que transporta su deseo de «conocer para poder servir», el cual entra también en el anillo y lo llena. Del centro del corazón sale una luz dorada y brillante dirigida al anillo, llenándolo con el «deseo de armonía dentro del ser». De los genitales procede un rayo de color añil oscuro. Cae sobre el anillo llenándolo de «el entendimiento del poder creativo». Finalmente, de los pies surge un rayo de bandas de color rojo bermejo, verde aceituna y negro, llenando el anill de «fuerza, resistencia, discreción y discriminación».

Diríjase ahora al altar y bendiga el agua y la sal (el carbón debe estar ya encendido), rocián-dolos con incienso suficiente para poducir una pequeña cantidad de humo (pero no tanto como para ahogarse usted mismo). Coja el ani-

llo y sosténgalo sobre el agua, rocíelo con algunas gotas y repita:

Con el elemento del agua, símbolo del entendimiento y la fe, consagro este anillo para mi uso.

(Haga lo mismo con la sal y repita):

Con el elemento de la tierra, símbolo del crecimiento espiritual, consagro este anillo para mi uso.

(Pase ahora el anillo por el humo del incienso y .diga):

Con el elemento del fuego, símbolo del servicio, el honor y la lealtad, consagro este anillo para mi uso.

(Finalmente, agite el abanico de plumas sobre el anillo y diga):

Con el elemento del aire, símbolo de las palabras creativas de poder, consagro este anillo para mi uso, y vosotros, poderosos de las esferas interiores, tomad nota de la promesa que hago este día. Me

esforzaré con toda mi fuerza para llevar este anillo con gracia, verdad y pleno entendimiento de mis responsabilidades, así sea desde este día.

(Ponga ahora el anillo en su dedo, el índice de la mano derecha, y deje que las bendiciones y poderes almacenados fluyan a través de usted. Siéntese de nuevo a meditar un rato y piense en lo que acaba de hacer. Aparte luego las cosas del altar, deje la luz encendida un rato más para que «alimente» la atmósfera, y anote su trabajo en el diario. Haga una bolsa de seda cerrada con un cordel para guardar el anillo, no lo lleve para enseñarlo, pues es un anillo de trabajo. Se pone arriba de todos los elementos rituales y completa la constitución de la asunción de la personalidad mágica.)

A partir de ahora, cuando trabaje en el templo practique el ritual de destierro e invocación que aparece en el apéndice D. Lea cuidadosamente el ritual y trabájelo hasta que pueda hacerlo de memoria. Por medio del trabajo de sendero, comience a elaborar también el templo astral. Para esto, coloque la silla delante de la puerta y siéntese en posición de meditación, tome dos o tres respiraciones cuádruples y relaje el cuerpo y la mente. Comience después a elaborar en su mente la imagen de una puerta, haciéndola clara, vieja y pesada, con goznes y cerraduras hornados. Realice esto varios días hasta que pueda recordarla al instante. Ábrala ahora y póngase en el umbral, mirando a su templo astral. Mantenga la posición en la puerta durante varios días, y gradualmente elabore en su imaginación el templo de sus sueños. Hágalo de modo simple, y aunque puede ser griego, egipcio o cabalístico, y puede reflejar o no su templo físico, debe construirlo día a día, poco a poco. Hágalo hasta que pueda moverse por el con tanta facilidad como por el físico. Amuéblelo con todo lo que piensa que es necesario, emplee el tiempo necesario en visualizar cada elemento lo más claramente posible. Al irse, acuérdese de cerrar bien la puerta.