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SECTION 1: VALUE CHAIN ANALYSIS THEORY

2.1.4. The concept of value

El tamaño de la clase a menudo afecta la disposición de una persona para participar en el análisis del estudio. Una persona puede estar extremadamente recelosa de contestar una pregunta o expresar su punto de vista en una clase grande (digamos que de 40 o más). Es mucho más fácil y menos atemorizador quedarse quieto. Algunos maestros de adultos se quejan de que no pueden conseguir que sus alumnos participen en el diálogo sobre el estudio. Una razón puede ser que la clase es tan grande que los miembros tienen temor o

vergüenza de hablar.

Por esa razón, el tamaño de la clase también influye en el método de

enseñanza. En una clase grande el maestro invariablemente usará el método de la conferencia. Hay dos razones para ello. En primer lugar, el maestro no puede conseguir que los alumnos se expresen y entonces diserta. En segundo lugar, el maestro se da cuenta de que no todos en la clase pueden expresar una opinión. No quiere gastar tiempo tratando de contestar las preguntas que pueden hacer, de modo que lo ahorra y abarca mayor cantidad de material para más personas, para lo cual apela al método de la conferencia. Esas decisiones pedagógicas tienen verdadera importancia educacional porque, para que ocurra un aprendizaje efectivo, el alumno debe ser un participante activo y no

meramente un oyente pasivo.

Los alumnos también tienden a perderse en una clase grande. La mayor parte de las clases grandes tienen presentes no más del 50% de los que están matriculados. Los que están presentes llenan el aula y el maestro dice: “Hoy somos un buen número.” El 50% que está ausente es olvidado y pronto está perdido en cuanto concierne a la clase. Si bien éste es un asunto relativo a la administración y quizá no cabe en un estudio sobre la dinámica del

aprendizaje, sin embargo necesita ser enfrentado.

En las clases grandes en las que el maestro ha sido capaz de lograr cierta participación, debe notarse que a menudo los que hablan en clase son los

mismos, domingo tras domingo. La mayoría de la clase jamás dice una palabra. Inconscientemente, están perdidos; se sientan a los costados al tiempo que el maestro presta su atención a los pocos que están discutiendo el estudio. En cuanto a aquellos que nunca hablan en una clase grande, ¿cómo sabe el maestro si han alcanzado el aprendizaje o no? Han sido colocados ante alguna enseñanza, pero eso no es suficiente.

El Espíritu Santo como maestro

Dado que estudiamos al Espíritu Santo como maestro en el tema de la

dinámica del aprendizaje, eso no significa que lo identificamos a él y a su obra con las acciones e interacciones psicológicas en el proceso de enseñanza- aprendizaje. Su obra se estudia aquí porque es una de las fuerzas en el acto de enseñar que va más allá de los temas que generalmente se asocian con las técnicas de enseñanza.

No tenemos aquí la intención de un análisis comprehensivo de las enseñanzas bíblicas sobre el Espíritu Santo como maestro. Más bien, nuestro propósito es señalar brevemente algo de su obra en el proceso mismo de la enseñanza y aprendizaje. Dos pasajes del Evangelio de Juan indican la función didáctica del Espíritu Santo:

“Estas cosas os he hablado mientras todavía estoy con vosotros. Pero el Consolador, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas y os hará recordar todo lo que yo os he dicho” (Juan. 14:25, 26).

El otro pasaje es aun más explícito:

“Todavía tengo que deciros muchas cosas, pero ahora no las podéis sobrellevar. Y cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad” (Juan. 16:12, 13).

Estas declaraciones fueron hechas a los apóstoles, pero también se aplican a todos los cristianos (ver 1 Jn. 2:20, 27).

Así, una de las funciones del Espíritu Santo es guiar al cristiano a un

entendimiento de la verdad y a dar al que la está buscando una visión cristiana. Pilato hizo a Jesús la sorprendente pregunta de qué es la verdad. Hoy los cristianos fervientes siguen acosados por problemas que implican conceptos sobre la verdad, en particular cuando se aplica a situaciones específicas de la vida. Por todas partes se oyen preguntas como: “¿Está mal hacer esto? ¿Qué es lo que está bien?” “¿Cuál es la actitud cristiana?” Para el que busca

una cuidadosa evaluación de toda ayuda disponible, el Espíritu Santo le proveerá la visión de lo que es la verdad.

Otra función del Espíritu Santo en el acto de enseñanza-aprendizaje es la de convencer, de traer convicción: “Cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio” (Juan. 16: 8). El objetivo básico del maestro es el de despertar en los alumnos la conciencia de que ciertos aspectos de su vida no están a la altura de los ideales cristianos y dirigirlos a aceptar y seguir ese ideal. De ese modo, el maestro lleva a la clase los problemas que enfrentan los alumnos en la vida diaria. ¿Cuál es la actitud cristiana hacia los desamparados y cómo debe expresársela? ¿Cuál es la actitud cristiana hacia los grupos minoritarios y cómo debe ser expresada? ¿Cual es la actitud cristiana hacia los perdidos y cómo debe expresarse? ¿Cuál es la actitud cristiana en el hogar y cómo debe ser expresada? ¿Cuál es la actitud cristiana hacia la sociedad y cómo debe ser expresada?

Problemas como éstos son presentados ante la clase para su consideración. En el estudio del grupo, cuando se escudriñan las Escrituras, cuando maestro y alumnos comparten estas ideas, conceptos y experiencias, aquel que no está viviendo a la altura del ideal cristiano llega a la convicción de ello por medio del Espíritu Santo en y por medio de este proceso. Esto es algo que el maestro humano no puede hacer. El maestro sólo puede presentar ideas y compartir experiencias, pero el Espíritu Santo únicamente puede dar convicción al individuo de cualquier pecado o insuficiencia. ¿Qué maestro no ha sentido sus limitaciones e inadecuación personales cuando llega a la clase con una

profunda ansiedad de llevar a los alumnos a algún criterio cristiano, o a una convicción cristiana, o a un curso de acción cristiano? Pero cuando el maestro ya ha hecho lo mejor que podía, hay un punto que no puede sobrepasar. En cuanto a la convicción y decisión, el maestro se encuentra desvalido ante el alumno. En este punto, el Espíritu Santo debe ocupar su lugar y hacer su obra efectiva. El maestro puede descansar en la confianza de que el Espíritu Santo está siempre presente, siempre listo, siempre capaz de hacer su obra.

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