Chapter 2 -‐ Methodology 33
2.1 Research Design 35
2.1.2 Conceptual Framework ‐ So what did I think was going on? 39
con extensión
Consiste en el grado de compromiso que el terapeuta experimenta con su trabajo y su relación con el resto de las áreas vitales. El modo focalizado describe a aquel terapeuta que involucra pocos aspectos de su vida per- sonal en el trabajo en términos de tiempo, relaciones familiares y personales, expectativas económicas y de prestigio social. El otro modelo describe al terapeuta que se siente comprometido en forma más global con su tarea, lo que afecta y repercute sobre muchas áreas de su vida personal.
C
ada uno de los grandes modelos de psicoterapia contribuyó con una propuesta teórico-clínica es- pecífi ca. Algunos han generado numerosas variables. Cada modalidad particular incluye la prescripción de las condiciones en que debe realizarse el tratamiento y las técnicas que deben aplicarse para cada situación. Durante un largo periodo existió la creencia de que cada técnica sólo era aplicable dentro del contexto modelís-tico en que se generó, pero los desarrollos posteriores de la investigación permitieron observar que las técnicas admitían una transferencia intermodelística, conservan- do su efi cacia y favoreciendo los enfoques eclécticos e integrativos.
Estos fenómenos plantean problemas de gran inte- rés vinculados con la selección y formación de recursos profesionales en esta práctica. Pueden ejemplificarse
LA
INTEGRACIÓN
DEL
ESTILO
con estas preguntas: a) ¿es posible establecer un perfil ideal de EPT para cada modelo de psicoterapia?; b) en concreto, ¿es posible establecer un perfil ideal de EPT para cada procedimiento técnico en particular?, y c) ¿existe algún EPT que caracteriza el modo de trabajo integrativo en psicoterapia?
E
STILOPERSONAL DELTERAPEUTA YMODELOSDE PSICOTERAPIACada uno de los modelos tradicionales de psicoterapia se basó en una concepción teórica sobre tres aspectos primordiales: la personalidad y sus dominios, la psico- patalogía y la concepción sobre los procesos de cam- bio. La propuesta técnica correspondiente prescribe las características del acto terapéutico: el dispositivo, la modalidad de interacción entre paciente y terapeuta, las intervenciones terapéuticas y los criterios de evalua- ción disponibles. Las formulaciones ortodoxas de cada modelo constituyen las formas más estrictas. De ellas, pueden desprenderse los perfiles esperados más habi- tuales de cada modelo. La figura 1 representa los per- files que describen, desde nuestra perspectiva, el EPT ideal correspondiente a los siguientes modelos: psicoa- nálisis, terapia del comportamiento, terapia sistémica, terapia gestáltica y terapia existencial.
Dado que han surgido diferentes variantes, podría utilizarse un perfil específico para cada una de esas mo- dalidades. Así, por ejemplo, podrían emplearse perfiles diferenciales de la terapia sistémica: uno estructural, otro estratégico. O para la terapia existencial: uno para el enfoque centrado en la persona, otro para el enfoque logoterapéutico. De ese mismo modo podría proceder- se con los otros modelos.
¿En qué medida dichos perfiles operan en la prác- tica? Pese a que estos perfiles contribuyen a visualizar las características generales esperadas del estilo de un terapeuta, no es seguro que los terapeutas que apli- can esos modelos se ajusten de manera rígida a sus características. En la práctica, se asumen variaciones significativas entre los estilos con que puede empren- derse una modalidad terapéutica definida debido al hecho de que la variable del EPT es una condición de gran singularidad y a que el rango de variación con que pueden cumplirse los requerimientos de una técnica son mucho más amplios. Por lo tanto, los re- sultados esperados de una psicoterapia dependen de la interacción entre una indicación técnica y el EPT que la lleva a cabo.
E
STILOPERSONALDELTERAPEUTA YTÉCNICASTERAPÉUTICASPodría intentarse diseñar perfiles más específicos, co- rrespondientes a cada una de las técnicas terapéuticas, referidos a asuntos como la amplitud de los objetivos, la complejidad de los recursos, el tipo de intervencio- nes, entre otros. Por ejemplo, ¿cuál es el perfil ideal del EPT correspondiente a la interpretación psicodinámica, la prescripción del síntoma, la dramatización, la técnica
de las dos sillas, la intención paradojal o la reestructura- ción cognitiva? Parece más probable descubrir modos
definidos para los estilos correspondientes a cada téc- nica en la medida en que la aplicación correcta de la
misma exige un experto que debe tener no sólo capa- cidad, sino disponibilidad, para implementarla en las condiciones particulares en que se desempeña.
En los últimos años, hemos estudiado la correspon- dencia entre EPT y aspectos técnicos particulares, en el contexto institucional de nuestra labor clínica. De los diversos aspectos que llamaron nuestra atención, la variable de la extensión del tratamiento es la que nos condujo a observaciones más interesantes y revelado- ras. Durante un periodo de tres años, estudiamos la actividad de un grupo de 30 terapeutas de nuestra ins- titución. Para ello, recurrimos a registros e informes escritos, observaciones en vivo a través de una cámara de visión unidireccional y filmaciones en video de las sesiones.
La extensión de una psicoterapia es una de las va- riables técnicas más influyentes en el diseño de un tra- tamiento y en el curso del mismo. Se refiere tanto a la frecuencia como al tiempo de duración total y de ella dependen numerosos factores como la amplitud de los objetivos, la modalidad de la relación terapeuta-
paciente, el grado de exposición del terapeuta y el gra- do de intimidad de los sentimientos expresados por el paciente. La forma más habitual de clasificar a las psico- terapias de acuerdo con su extensión es en dos grandes grupos: breves y prolongadas. Últimamente, se han en- sayado formas más particulares de clasificación. Olfson y Pincus (1994) manejan cuatro categorías: muy breves, breves, intermedias y prolongadas.
En nuestro centro asistencial, utilizamos un criterio tripartito para clasificar la extensión de los tratamientos: breves, intermedios y prolongados. En los primeros, se abordan objetivos focalizados, por lo general, unisin- tomáticos, de poca evolución en la demanda. Suelen no exceder los seis meses de tratamiento, no sobrepa- san las 50 sesiones, e incluso, la mayoría se cumple en un número menor a ése. Las formas intermedias suponen varios objetivos articulados entre sí, con menor gra- do de focalización, aunque abarcables desde el diseño inicial del tratamiento. A menudo, duran entre uno y tres años y su frecuencia más habitual es la de 2 se- siones semanales. Corresponde con la expectativa más habitual encontrada en nuestras investigaciones sobre representación de la psicoterapia en la población ge- neral (Fernández-Álvarez, Bregman, García y Scherb, 1996). Las formas prolongadas pertenecen a los ob- jetivos abiertos, propios de la psicoterapia orientada a favorecer el desarrollo personal y que operan sobre la dinámica global de la personalidad del paciente. No tienen un tiempo definido de duración y puede tener una frecuencia de varias sesiones semanales.
Los terapeutas observados habían recibido capaci- tación adecuada para llevar a cabo tratamientos en cada una de esas tres formas. Los pacientes eran asignados a cada terapeuta de acuerdo con criterios diagnósticos relativos al tipo de problema o trastorno presentado y otras variables como la edad, el nivel sociocultural o el estilo comunicacional dominante. Los terapeutas fueron evaluados por los supervisores con un nivel de eficiencia equivalente. Sin embargo, se observó un fe- nómeno de sumo interés: el tiempo inicial de duración total estimado para cada tratamiento sufría modifica- ciones en una cantidad considerable de casos. Ello es- taba contemplado en nuestro proyecto asistencial, ya que admite la posibilidad de modificar las condiciones de un tratamiento en curso cuando la evolución del mismo así lo exija. Existen ciertas pautas y condiciones a las que el terapeuta debe ajustarse en esos casos. La prolijidad en el cumplimiento de estas reglas garantizó
un nivel apropiado de eficiencia en el conjunto de los tratamientos.
¿Qué observamos al estudiar los cambios en la duración prevista? Hallamos un hecho sorprendente: los terapeutas habían tendido a modificar la extensión en una cierta dirección. Algunos habían inclinado la duración hacia formas más abreviadas, mientras que otros habían tendido a prolongarlos. Examinando esas tendencias, detectamos que los terapeutas podían cla- sificarse según su disposición e interés en llevar a cabo tratamientos de corta, mediana o larga duración, más allá de la indicación previa asignada por el equipo de admisión.
Pasamos a considerarlos terapeutas “breves”, “in- termedios” y “prolongados”, dada la recurrencia evi- denciada por cada uno para hallar buenas razones que justificaban llevar los tratamientos hacia cierta extensión. Trabajando con indicaciones de terapia prolongada, y en el curso de buenos procesos terapéuticos, los terapeu- tas “intermedios” solían encontrar que, alrededor de los dos y medio o tres años, el paciente perdía motiva- ción para continuar con su terapia. Los terapeutas “bre- ves”, por lo regular, se enfrentaban a mejorías brus- cas e inesperadas que volvían inútil continuar con una psicoterapia que, en principio, había sido programada para un mayor tiempo. Los terapeutas “prolongados” informaban con frecuencia que sus pacientes se sentían inclinados a extender los objetivos iniciales hacia pro- pósitos más ambiciosos.
Es posible describir el EPT que cubre de manera más adecuada los requerimientos de cada una de las formas extensivas de tratamiento. Ello queda represen- tado en la tabla 2, con base en siete dimensiones que pertenecen a cinco de las funciones comunicacionales descritas con anterioridad.
Los terapeutas con un estilo personal correspon- diente a la polaridad izquierda de la figura poseen un perfil que funciona de manera adecuada en los trata- mientos breves. En el extremo opuesto, quedan repre- sentadas las características estilísticas de quienes se ma- nejan mejor con terapias prolongadas. Los terapeutas con valores medios en esas dimensiones suelen actuar de modo más eficiente en nuestras indicaciones de te- rapia intermedia. Las dimensiones excluidas de la figu- ra no constituyen indicadores significativos en relación con este fenómeno.
Lo anterior tiene algunas implicaciones interesantes para la práctica. En primer lugar, sirve para orientar a las
personas que deciden comenzar a prepararse como tera- peutas hacia un perfeccionamiento más afín con su es- tilo personal. De hecho, entre los terapeutas con mayor experiencia, se observa una tendencia espontánea de los mismos a especializarse en su trabajo acorde con estas características. Por otro lado, también sirve para conocer aspectos de la técnica, en especial cuando se busca desa- rrollar alguna forma nueva de intervención o que supo- ne modificaciones a técnicas estándar de aplicación.
Fenómenos semejantes al mencionado se hallan al estudiar otras de las variables técnicas de la psicotera- pia. Para ilustrarlo, sirven los ejemplos siguientes:
a) Terapeutas que operan en forma eficiente en te-
rapias individuales suelen tener estilos que privi- legian una asimetría acentuada, mientras que la asimetría moderada es característica de quienes se desempeñan con eficacia en las terapias grupales.
La asimetría moderada es característica de quienes se desempeñan con efi cacia en las terapias grupales.
T
ABLA2.
Modos de comunicación y extensión del proceso psicoterapéutico.FUNCIONES
COMUNICACIONALES EXTENSIÓN DE LA PSICOTERAPIA
INSTRUCCIONAL
Breve Intermedia Prolongada
Rigidez Flexibilidad ATENCIONAL Actividad Receptividad Concentración Apertura OPERACIONAL Directividad Persuasión Lógica Retórica
EXPRESIVA Baja tonalidad Alta tonalidad
b) Terapeutas interesados en ayudar a personas
con enfermedades físicas y terminales, por lo común, presentan estilos evaluativos optimistas; estilos más críticos se suelen encontrar entre los terapeutas acostumbrados a trabajar con pacien- tes adultos sin trastornos de gran severidad.
c) Los terapeutas que trabajan en localidades pe-
queñas casi siempre muestran un estilo interper- sonal próximo, mientras que los que se desem- peñan en grandes centros urbanos (sobre todo cuando trabajan dentro de grandes organizacio- nes), manifiestan predominio de un estilo inter- personal distante.
Los terapeutas que trabajan en localidades pequeñas casi siempre muestran un estilo interpersonal próximo.
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STILOPERSONALDELTERAPEUTA EINTEGRACIÓN DE LAPSICOTERAPIA ¿Existe un EPT característico de quien trabaja con un modelo integrativo de psicoterapia? La respuesta más idónea es ambigua: por un lado sí, por otro lado no. Veamos por qué.No existe un EPT integrativo, en la medida en que no hay “un modelo integrativo” de psicoterapia. La integración en este campo señala una tendencia nece- saria, a partir de cierto momento de la evolución, para facilitar la transferencia intermodelística y la discusión sobre los aportes y resultados de las diversas propuestas terapéuticas. El interés por desarrollar modelos de in- tegración en psicoterapia supone elaborar gnoseológica y epistemológicamente una estructura teórica suscepti- ble de traducir, en un nivel de mayor complejidad, las formulaciones de base que se pretende integrar. Eso mismo admite innumerables propuestas posibles, de- pendiendo de los aspectos particulares que se preten- den integrar y del marco de referencia que se aplique. Antes que “un” modelo integrativo, se observa una “actitud o disposición integrativa” capaz de promover la gestación de alternativas posibles.
Pero, aunque no exista un EPT unificado y tota- lizador, correspondiente a un modelo integrativo, es posible afirmar que existe un perfil de terapeuta que fa- cilite tal actitud integrativa. ¿Qué características puede presentar dicho estilo? Se trata de un terapeuta capaz, por sobre todas las cosas, de moldear sus intervencio- nes de acuerdo con cada situación concreta que le con- cierna enfrentar. Tendrá un estilo definido en algunas dimensiones como alta flexibilidad y función atencio- nal abierta, y, en muchas dimensiones, podrá variar a lo largo del continuo, pues el carácter integrativo de su práctica lo volverá proclive a elegir, de manera alterna- tiva, entre distintas opciones.
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