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Chapter 3.1: Performance Management

35 (a) Concern with Productivity

La Universidad de Alcalá es la más concreta expresión de la voluntad de reforma

religiosa del Cardenal Francisco Jiménez de Cisneros, su artífice, pertenciente a la Orden franciscana. El Cardenal fue uno de los hombres de más poder en el paso del siglo XV al siglo XVI, en España. Fue confesor de la Reina Isabel, provincial de los franciscanos del reino de Castilla, arzobispo de Toledo y en dos ocasiones tuvo que asumir la regencia del gran Reino. Su figura dominará la vida religiosa anterior a la eclosión de la Reforma23, por lo que, según Nieto (1979) y Bataillon (2000), no se puede dejar de lado a la hora de entender la postura de España frente a la reforma protestante de Martín Lutero y ante la expansión del humanismo cristiano de Erasmo de Rotterdam.

Fortalecido por la protección de la Reina Isabel y con el consentimiento de Roma, durante la primera década del siglo XVI, el cardenal Cisneros emprende su primer cometido que será la reforma de la Orden franciscana. El cardenal restituye el espíritu evangélico que había caracterizado la fundación de la Orden; también volcó su empeño en la restauración de la observancia, que se presentaba como un recurso esencial para operar en la vida civil, en oposición a los conventuales de la Orden que habían optado por la vida dentro de los monasterios y por la acumulación privada de riquezas. Cisneros les arrebatará sus propiedades e instalará en sus monasterios a los observantes, impulsando socialmente el evangelismo através de los franciscanos que actuaban dentro de la sociedad. Un ejemplo de este estímulo lo encontramos, como ya hemos visto, en la trama alumbrada del Reino de Toledo, en la que prevalecen miembros de la orden de San Francisco, así como también se revelarán esenciales

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“La reforma de Cisneros era muy ambiciosa en cuanto a objetivos. El primero consistía en educar religiosamente al pueblo iletrado, poniendo a su alcance y al nivel de su capacidad de comprensión traducciones de los autores devotos y escritos de una cierta profundidad teológica, además de traducciones de textos bíblicos. El segundo apuntaba a reformar la moral y las reglas de la orden franciscana. El tercero trataba, a un nivel general, de perfeccionar la reforma eclesiástica y la instrucción catequética mediante los sínodos. Por último, entendía enseñar y educar adecuadamente a quienes habrían de ser los futuros dirigentes de la Iglesia” (NIETO, 1979, p. 99).

sus conventos, los cuales serían un componente aglutinante y favorecedor de una espiritualidad interior, basada en la lectura del texto bíblico.

Preocupado por la formación religiosa de la comunidad, Cisneros impulsó la traducción a la lengua vernácula de las obras devotas en latín y también, bajo su supervisión, se llevaron a cabo traducciones parciales de la Biblia, con el propósito de que los textos fuesen accesibles a los guías comunitarios y a los propios fieles. Esta medida tomada por una figura institucional venía a reforzar lo que ya estaba ocurriendo en la vida comunitaria. Pues, como ya hemos apuntado, la lectura cotidiana de la Biblia, a través de traducciones, era práctica común en las casas, y, de nuevo, una prueba visible de ello son los focos alumbrados del Reino de Castilla, muy próximos geográfica y cronológicamente a la Universidad de Alcalá y con un estrecho enlace a través de figuras como el Marqués de Villena, Francisco de Osuna o el propio Juan de Valdés.

Una vez realizada la reforma de la Orden franciscana, reconduciéndola de nuevo hacia la observancia y hacia el mensaje del Evangelio, Cisneros pasó a ocuparse de la formación eclesiástica, para lo cual fundaría la Universidad de Alcalá. Existía desde finales del siglo XIII un colegio, incorporado desde mediados del XV a un monasterio franciscano. El arquitecto Pedro de Gumiel trazaría el plano del Colegio de San Ildefonso, que sería el edificio central de la universidad. En 1498 se inicia la construcción y en 1510 se promulgarían las primeras Constituciones de la institución (BATAILLON, 2000, p. 10).

La Universidad de Alcalá surgió de la voluntad reformadora del Cardenal Cisneros, bajo el signo del evangelismo franciscano. El proyecto de la institución se destinó a renovar y mejorar la formación religiosa para conseguir el renacimiento de la antigüedad cristiana. En esa nueva universidad se acogería y se formaría a aquellos hombres que habían decidido servir a la Iglesia, para lo cual, se les prepararía intensamente en la lectura de la Biblia, con predominio de la formación filológica. Con tal objetivo, Cisneros reunió un equipo heterogéneo que puediese adentrarse en cada una de las lenguas bíblicas y preparar una edición donde se las contemplase de un modo integrado. Para las lenguas del Antiguo Testamento (hebreo, arameo y caldeo) asumiría la cátedra el judeoconverso Alonso de Zamora, que, además, manejaba el hebreo como lengua materna y Pablo Coronel, que había frecuentado su palacio para iniciar el estudio de los manuscritos en hebreo que guardaba el Cardenal en su biblioteca; para la del Nuevo Testamento (el griego) sería Hernán Núñez el que comandó la cátedra y, como no, se abre espacio para los estudios de latín y el tratamiento de la Vulgata, contando con la tardía y controvertida colaboración de Antonio de Nebrija. De la suma de esfuerzos, comandados por el Cardenal Cisneros, nació la Biblia Políglota,

sancionada por el Papa León X en 1520 y puesta en circulación en 1522. La Políglota, según Bataillon (2000), representó el mayor esfuerzo del humanismo español para volver críticamente a las fuentes del cristianismo, conjugando el cuidado de la transmisión textual, el conocimiento de las fuentes bíblicas y el dominio de las lenguas necesarias para la traducción e interpretación de los textos24.