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CONCLUDING REMARKS

ducible de la palabra

,

sino que defiende que la «existencia» de los cuer­

pos tiene un sentido diferente, de modo que al atribuirles «existencia» lo

hacemos de modo legítimo en la medida en que lo que decimos puede ser re­

ducido a la afirmación de que un sujeto dado se comporta de cierta ma­

nera

,

p or ejemplo, que tiene la experiencia de ciertas impresiones, de que

piensa acerca de esos cuerpos de cierta manera, etc.

Esta es la tesis básica del idealismo metafísico subjetivo. Con frecuencia se define de un modo distinto, diciendo que los cuerpos no existen independientemente del sujeto del conoci­ miento, sino que su existencia depende de él. La tesis de Ber­

keley,

esse

=

percipi,

es a veces formulada diciendo que los cuer­

pos existen solamente bajo la condición de que alguien los per­ ciba, o incluso de que existen únicamente cuando son percibi­ dos. Pero esta formulación distorsiona el sentido de la doctri­ na idealista. Según esta doctrina, los cuerpos no existen jamás en un sentido literal ni siquiera cuando son percibidos. Tam ­ poco acepta dicha doctrina que la percepción de los cuerpos por un sujeto sea condición de su existencia en un sentido lite­ ral. La percepción de un cuerpo no lo convierte en algo que existe en el sentido literal, ya que no se puede atribuir a los cuerpos concebidos como complejos de impresiones la existen­ cia en el sentido en que hablamos de la existencia de sustan­ cias.

Se ha argumentado contra los idealistas que su posición bo­ rra la diferencia entre la realidad física y sus apariencias. Un hombre que no sea filósofo dirá que si percibe una mesa real,

experimenta algunas impresiones, pero, aparte de eso,

existe

una mesa delante de él, y

existe

en el sentido literal. Cuando

tengo una alucinación y solamente me parece que percibo una mesa tengo, de hecho, la misma impresión que antes, pero no existe (en un sentido literal) ninguna mesa delante de mí. Para el idealista, una mesa nunca existe en sentido literal. Si afirma­ mos que existe, tomamos este término en un sentido figurado, en el cual el enunciado «existe una mesa» significa «alguien tie­ ne impresiones con las cuales está asociada la palabra mesa». El idealista es incapaz, por tanto, de distinguir entre la percep­ ción de una mesa real y la alucinación de una mesa al modo en que se hace habitualmente. Para el idealista no existe dife­ rencia entre la realidad física y su alucinación.

Los idealistas tenían en cuenta esta objeción e intentaban evitarla. Así, los idealistas inmanentes establecen una distin­ ción entre la apariencia y el cuerpo real. Aunque un cuerpo real sea, según sus teorías, el mismo tipo de complejo de im­ presiones subjetivas que la apariencia de un cuerpo, el cuerpo real lo es de una manera determinada. Berkeley, que era obis­ po, acepta, por ejemplo, que un Dios omnisciente perciba constantemente todo el universo material. Pero este universo material no es más que la totalidad de las impresiones que Dios experimenta; la existencia del mundo material consiste en el hecho de que es percibido por Dios. El hombre puede te­ ner impresiones que correspondan a las impresiones de Dios, pero puede tener además impresiones diferentes. Las primeras de estas impresiones o complejos de impresiones serían cuer­ pos físicos, las últimas son solamente la apariencia de los cuer­ pos. Los cuerpos reales son, para Berkeley, complejos especia­ les de impresiones, en el sentido de que son idénticos a los complejos de impresiones experimentados por Dios.

tiene el universo en su existencia, Berkeley evita que se origi­ nen otras objeciones contra el idealismo. Así, si la naturaleza se identificase con las impresiones experimentadas por las per­ sonas, debería admitirse que la naturaleza no existía antes de que apareciese el hombre; del mismo modo, habría que admitir que cualquier cosa existiría o desaparecería cuando el hombre dejase de percibirla. Berkeley evita estas consecuencias afir­ mando que el mundo material es la totalidad de impresiones experimentadas por Dios, quien, según la religión, es eterno y omnisciente.

Vale la pena mencionar que Berkeley da también otra expli­ cación de la diferencia entre los cuerpos y sus apariencias. Se­ gún esa explicación, la realidad material consiste únicamente en aquellos complejos de impresiones cuya disposición exhibe cierta continuidad y regularidad. Los sueños y las ilusiones son distintos de la realidad por ser caprichosos e irregulares.

Por lo que respecta al idealismo trascendental, su principal

exponente,

Kant

, opone claramente las apariencias a la reali­

dad, es decir, las ficciones a los fenómenos, a los cuales atri­ buía realidad empírica. Según el idealismo trascendental, el mundo material es una construcción de nuestras mentes del mismo tipo que las ficciones poéticas. En un sentido literal, no existe, al igual que las ficciones. Tanto el mundo material como las ficciones «existen» simplemente en sentido figurado, es decir, en el sentido de que alguien piensa en ellos de cierta manera. La diferencia entre la «existencia» del mundo mate­ rial, que es la realidad empírica, y la «existencia» de las ficcio­ nes e ilusiones consiste en el hecho de que los pensamientos acerca del mundo material, de la realidad empírica, satisfacen ciertas condiciones que no son satisfechas por los pensamien­ tos acerca de las ficciones. El mundo material se describe por medio de juicios que satisfacen los criterios del método experi­ mental; los pensamientos acerca de las ficciones no satisfacen estos criterios. La diferencia entre el mundo material y el mundo ficticio consiste pues, según el idealismo trascendental, en el hecho de que el criterio de la experiencia da soporte al mundo material, mientras que no da soporte, sino que incluso contradice a las ficciones. Todo el que no sea idealista aceptará seguramente esta afirmación. En el hecho de que el criterio de

la experiencia dé soporte al mundo material, los no idealistas ven un argumento a favor de la existencia del mundo material en el sentido literal, es decir, independientemente de nuestras mentes. El idealista, sin embargo, rechaza esta conclusión. Para él, el criterio de experiencia no conduce a juicios que afir­ man lo que realmente es, lo que existe en el sentido literal, lo que es una cosa en sí, sino que conduce solamente a juicios que describen ciertas construcciones de nuestras mentes, ciertos objetos intencionales. Esta es la forma en la que los idealistas trascendentales, sin abandonar su tesis básica que afirma que toda la realidad material es una construcción de nuestras men­ tes, establecen la distinción, en el ámbito de las construccio­ nes, entre el mundo material, que es «realidad empírica», y el mundo de las ilusiones y ficciones.

B ) Id e a l is m o o b je t iv o

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