Chapter 5 General discussion
5.5 Concluding remarks
En los párrafos anteriores he explicado las principales técnicas y teorías utilizadas por los astrólogos en su labor diaria, la cual muchos de ellos realizaban en sus consultorios particulares, donde recibían a personas de toda condición ansiosas de conocer el futuro que les deparaban los astros o angustiadas por algún problema médico. Pero, ¿en qué tipo de publicaciones se materia- lizaban esos conocimientos? ¿Cómo se transmitía el saber astrológico? La persona que deseara convertirse en astrólogo tenía desde la antigüedad dos caminos que la mayoría de la veces utili- zaba conjuntamente: el uso de libros de texto de enseñanza de la astrología ─ya fuera de forma privada o dentro de la universidad u otras instituciones académicas─ y el trabajo como aprendiz junto a un astrólogo.
Durante los siglos XVI y XVII la astrología estaba presente y jugaba un importante papel en la enseñanza en las universidades y en otras instituciones académicas. Tanto la astrología como la astronomía estaban incluidas en el currículum universitario y el hecho de que en nume-
139Sobre la práctica de la sangría en el mundo bajo-medieval ver GIL-SOTRES, Pedro, "Derivation and re-
vulsion: the theory and practice of medieval phlebotomy", en GARCÍA BALLESTER, L., FRENCH, R., AR- RIZABALAGA, J. y CUNNINGHAM, A. (eds.), Practical medicine from Salerno to the Black Death, Cam- bridge, Cambridge University Press, 1994, pp. 110-155.
rosas ocasiones fuera dentro de la misma cátedra, en la que también podía estar incluida la mate- mática, dificulta considerablemente la labor del historiador a la hora de entender qué se enseña- ba. Antes comenté que la astrología hacía uso de datos generados por la astronomía, pero también es cierto que en aquellos siglos muchos autores trataban los términos astronomía y astrología como sinónimos. En general era habitual considerar a la astronomía como una parte de la astrología o, si se quiere, su componente teórica. Pero aunque los conocimientos astronó- micos eran necesarios para la astrología o pertenecientes a ella, de aquí no se puede concluir que dondequiera que se estudiara astronomía también se practicara la astrología.
La dificultad anterior emana de los propios historiadores de la ciencia, en muchos casos in- clinados a clasificar el pasado según la separación de disciplinas de su presente. Astronomía, astrología y matemáticas compartían contenidos y metodología, pero no se pueden tomar como iguales. Los problemas que ello plantea al historiador crecen si tenemos en cuenta que en las po- lémicas médico-astrológicas que aquí analizaré uno de los temas más importantes bajo discusión era la propia definición y delimitación de la astrología. Veremos cómo el médico Martín Martí- nez excluía la parte matemática y astronómica de la astrología y, al contrario, Diego de Torres defendía la astrología bajo el supuesto conceptual de que ésta incluía a la astronomía y parte de la matemática.
En mi opinión creo que lo más conveniente para abordar el estudio que aquí presento es partir de la idea de que la astrología incluía a la astronomía. Primero, porque era lo que tradicio- nalmente se pensaba desde siglos anteriores. Segundo, porque así lo que enfrento es un proceso de renovación o refundación de la astronomía como ciencia moderna en aquellas décadas, con contenidos que quedarán con el tiempo excluidos de su ámbito de actuación y con ideas que se- rán asimiladas y apropiadas. Tercero, porque de esta manera este proceso es comparable con el que de forma paralela estaba ocurriendo con la medicina, donde médicos como Martín Martínez defendían una renovación de sus contenidos y metodología, o con la filosofía natural en general. Y cuarto, porque como explicaré luego éste es el camino que mejores resultados ha dado en el estudio histórico de la astrología de los siglos XVI al XVIII en otros contextos europeos. Consi- dero que este planteamiento resuelve al menos en parte la pregunta que antes comenté sobre por qué Martínez o Feijoo se involucraron y generaron las polémicas médico-astrológicas. Eran re- novadores o "novatores" que buscaban una refundación de la disciplina médica, eliminando de ella todo contenido astrológico, e iban más allá en su intento abarcando toda la ciencia, incluida la astronomía, lo que pasaba para estos autores por liberarla de su contenedor astrológico.
No solo la astrología formaba parte del tradicional currículum universitario o académico de la astronomía y matemática, o viceversa, sino que también se enseñaba astrología en las disci- plinas de filosofía natural y medicina. En la primera porque la astrología se consideraba útil en
el estudio del tiempo atmosférico, de la generación y corrupción de la vida y de los materiales existentes en la Tierra, de la náutica y de la agricultura; en la segunda porque las influencias de los astros se tenían como implicadas en las enfermedades y en la correcta fabricación y admi- nistración de diferentes remedios médicos.140
Desde las últimas décadas del siglo XVI en las universidades de Salamanca, Alcalá de He- nares, Valencia o Sevilla se enseñaba, entre otras materias, matemáticas, astronomía, astrología, medicina y cosmografía; pero también en otras instituciones académicas como la Casa de Con- tratación en Sevilla, la Academia de Matemáticas y el Colegio Imperial en Madrid. La Casa de Contratación se creó en 1503 para controlar la exploración, colonización y flujo comercial con los territorios del nuevo mundo. En ella los marineros aprendían a navegar y era el único lugar donde un capitán podía obtener la licencia para viajar a las Indias Occidentales. Allí trabajaban cosmógrafos y geógrafos cuyas obligaciones incluían la enseñanza. Las obras publicadas por ellos dejaron constancia del interés que tenían en la astrología, tanto relacionada con la destreza
necesaria para navegar como con la predicción meteorológica.141
Felipe II creó hacia 1580 la Academia de Matemáticas de Madrid con el objetivo de ense- ñar aritmética, geometría, astronomía y cosmografía, junto a otras disciplinas, a futuros matemá- ticos y técnicos. Las reglas académicas de la institución,142 escritas por Juan de Herrera, especifi-
caban que la Academia tenía por objetivo dar formación científica y técnica que incluía, dentro de la cosmografía, la enseñanza de la astrología, aunque probablemente se refiriera a la parte astronómica. Juan Cedillo Díaz, Cosmógrafo Mayor del Consejo de Indias a partir de 1611,
escribió un Tratado sobre astrología que no llegó a publicarse y que es una recopilación de las
notas de sus lecciones. Cedillo definió la astrología judiciaria de forma que incluía a la astrolo- gía natural, otra muestra de la difusa separación entre ambas.
Tras la muerte de Cedillo en 1625 la enseñanza de matemáticas en la Academia pasó a ma- nos de los jesuitas del Colegio Imperial de Madrid. Las reglas de 1625 de esta institución dicta- ban que se dieran lecciones en "matemáticas, donde un profesor leerá por la mañana la Sphera, astrología, astronomía, el astrolabio, perspectiva y pronosticaciones".143 Uno de sus profesores
de matemáticas, el jesuita escocés Hugh Sempill (Hugonis Sempilus, c.1590-1654) publicó un li-
bro en Amberes en 1635 titulado De Mathematicis disciplinis Libri duodecim, ampliamente usa-
140RUTKIN, Darrel H., Astrology, Natural Philosophy and the History of Science c. 1250-1700: Studies
toward and Interpretation of Giovanni Pico della Mirandola's Disputationes Adversus Astrologiam Divinatri- cem, op. cit., pp. 16-17.
141NAVARRO BROTONS, Víctor, "The Teaching of Mathematical Disciplines in Sixteenth-Century Spain",
Science and Education, 2006, 15, p. 209-233.
142NAVARRO BROTONS, Víctor y FEINGOLD, Mordechai (eds.), Universities and Science in the Early
Modern Period, Dordrecht, Springer, 2006.
143LANUZA NAVARRO, Tayra, Astrología, ciencia y sociedad en la España de los Austrias, op. cit., p.
do por los colegios jesuitas europeos, una de cuyas partes trata de la astrología. Sempill incluyó en ella la bula Coeli et Terrae del papa Sixto V en la que se condenaban las artes adivinatorias, en particular la astrología judiciaria. Pero, como ocurría con otros autores, la frontera entre lo natural y judicial era muy arbitraria, siendo para Sempill aceptable la predicción de las inclina- ciones "naturales" de las personas tal y como indicaban las observaciones astrales.
Lo anterior sirve aquí como una pequeña muestra de la presencia de la astrología en uni- versidades y otras instituciones académicas durante el siglo XVII, presencia que se extendió al siglo siguiente. Como ha descrito Navarro Brotons, fueron principalmente los jesuitas los en- cargados de la enseñanza matemática y astronómica ─yo añadiría que también astrológica─, siendo los cursos impartidos tremendamente variados en cuanto al contenido de cada una de estas disciplinas, casi tan variados como profesores existieron.144
En las universidades la enseñanza de estas materias estaba relativamente paralizada a co- mienzos del XVIII, siendo la de Valencia la que más claramente destaca por su interés en ellas. Veremos cómo Diego de Torres ocupó en 1726 la cátedra de matemáticas de la Universidad de Salamanca que llevaba años vacante. En Valencia, la gran figura historiográfica es el matemático Tomás Vicente Tosca, pero por regla general se han malinterpretado sus referencias a la astrolo- gía, toda vez que en ningún momento negó su utilidad e incluso se mostró repetidamente con- vencido de la existencia de los influjos astrales.145 También pasó por esta universidad Francisco
Lloret y Martí, de quien más adelante hablaré por su defensa de la medicina astrológica en las polémicas médico-astrológicas. Avanzado el siglo, el conocido médico aragonés Andrés Piquer (1711-1772) también incluyó cuestiones astrológicas en su medicina.146 En definitiva, la astrolo-
gía estaba presente en la enseñanza de principios del siglo XVIII, aunque es cierto que también su doctrina se veía acorralada, como demostrarán las polémicas que aquí estudio.
A partir del siglo XV la astrología fue sometida a una importante presión: la del huma- nismo renacentista en torno a la libertad de la conciencia humana, ejemplificada en los escritos de Pico della Mirandola (1463-1494). A ello se añadió la reforma luterana y sobre todo la calvi-
144NAVARRO BROTONS, Víctor, "Tradition and Scientific Change in Modern Spain: The Role of the Je-
suits", en FEINGOLD, A. (ed.), Jesuit Science and the Republic of Letters, Cambridge MA, MIT Press, 2003, pp. 331-389.
145NAVARRO BROTONS, Víctor, "La ciencia en la España del siglo XVII: El cultivo de las disciplinas fí -
sico-matemáticas", Arbor, 1996, 153, 604-605, pp. 197-252. Navarro interpretó la obra de Tosca como un re- chazo a la astrología, algo imposible de concluir de la lectura de sus textos. Más bien se deben entender den - tro de la corrientes relativas a la reforma de la astronomía y la filosofía natural. Más adelante en este tesis re - tomaré esta cuestión alrededor de Tosca.
146Por ejemplo, Andrés PIQUER, en su obra Tratado de las calenturas, Valencia, por joseph García, 1751
dice sobre la causa de la fiebre: "Siendo pues el ayre la principal causa de las calenturas, y especialmente de las agudas, es preciso que averiguemos de què manera las produce. Ante todas cosas es de advertir, que el ayre no causa las calenturas por el calor, frialdad, y demàs alteraciones sensibles con que suele comunicarse à nuestros cuerpos, sino por las influencias imperceptibles que adquiere de los Astros, ò de las exhalaciones de la tierra", p. 18.
nista, que enfatizaban una relación directa y sin intermediarios entre Dios y el hombre, lo que venía a negar la influencia astral en las personas. Al mismo tiempo seguía ampliamente aceptada la influencia de los astros en los fenómenos naturales, con lo que las tensiones alrededor de la di- visión entre la astrología natural y la judiciaria fueron en aumento a lo largo de los siglos XVI y XVII. A partir de la segunda mitad del XVII la realidad de las influencias astrológicas cada vez fue más problemática, pues a lo anterior se unió la progresiva aparición de un nuevo universo in- telectual dentro de la filosofía natural, lo que en algunos contextos forzaba la adaptación tanto de la astrología como de la religión.
Pico della Mirandola escribió en 1496 la obra en la que se basaron la gran mayoría de ata- ques y refutaciones de la astrología en dos siglos siguientes: Disputationes adversus astrologiam divinatricem.147 En esta obra recogió el testigo de todas las críticas anteriores y las recopiló en
una crítica masiva de la astrología, defendiendo que era odiosa y digna del mayor rechazo en términos éticos y religiosos, que no era ni una ciencia ni un conocimiento revelado e, incluso, que no podía ser aceptada como un arte. Su gran obsesión fue la de defender a ultranza la digni- dad y libertad del hombre desde la perspectiva de la religión cristiana.148
Si una crítica antigua contra la astrología era el argumento de que muchas personas habían nacido a la vez que Aristóteles y en cambio no fueron grandes filósofos, Pico le dio la vuelta y se preguntó cuáles eran los factores para que apareciera en el mundo una persona como Aristóteles: su alma le fue dada por Dios y su cuerpo por sus padres, pero Aristóteles eligió estudiar filosofía por voluntad propia. Para Pico, la libertad del hombre era también la responsabilidad que cada persona tiene para llegar a hacer algo de ella misma. Emancipó al ser humano de cualquier de- terminismo de los astros y también a Dios, rechazando enérgicamente cualquier intento de expli- car la historia de la religión como regida por los planetas, en particular por las conjunciones de Júpiter y Saturno. Igualmente condenó las natividades astrológicas hechas sobre el nacimiento de Jesucristo.
Para demostrar que la astrología no era una ciencia Pico recurrió al argumento de que erra- ba, recopilando una larga lista de predicciones fallidas y ambiguas y enfatizando la tendencia ge- neral a recordar sólo los aciertos. Aparte de la luz y el calor del Sol y de las propiedades "húme- das" de la Luna no reconoció ninguna otra influencia de los astros sobre la Tierra. Utilizó un sí- mil al respecto que se haría famoso: la luz es necesaria para ver, pero no causa la visión; para que ocurra lo que llamamos vista es necesaria la presencia del ojo. Negó también que los astros
147Publicada por su nieto tras su muerte en 1494, Pico della Mirandola se basó en los escritos de Agustín de
Hipona (San Agustín) y de su maestro, Marsilio Ficino, quien era astrólogo, para escribir una crítica de la astrología que como veremos usaron algunos de los implicados en las polémicas médico-astrológicas.
148La exposición que sigue siendo más clara de la crítica a la astrología hecha por Pico della Mirandola es
la incluida en BOWDEN, Mary Ellen, The Scientific Revolution in Astrology: The English Reformers, 1558- 1686, tesis doctoral, Yale University, 1974, pp. 17-22.
tuvieran relación con el magnetismo y las mareas, fenómenos que explicó por la forma de la pie- dra magnética y la composición del agua. Manifestó estar en contra de las reglas de la astrología por ser producto de la imaginación humana sin relación con la realidad física, rechazó el uso astrológico del orden numérico (Saturno era el primer planeta, por lo que regía sobre la primera zona climática de la Tierra; Júpiter, el segundo, regía sobre la segunda zona, etc.), el uso de ana- logías y el mal uso que a su juicio se hacía en astrología de la matemática.
Otro de sus argumentos tenía relación con la idea de que la astrología era una tradición ba- sada en siglos de experiencia. Pico apuntó que una determinada configuración de los astros en el firmamento sólo se volvería a repetir al cabo de miles de años, con lo que era imposible acumu- lar experiencia.149 Algo similar pensaba de la aplicación de la astrología a la meteorología, que
no tenía credibilidad por basarse en datos recogidos por los caldeos, egipcios y árabes que no vi- vían en el mismo lugar ni tenían la capacidad de recopilar datos precisos.150
La astrología siempre presentó grandes variaciones en cuanto a su sofisticación y modo de funcionamiento. En un extremo, la astrología más básica, muchas veces llamada por los historia- dores "popular", se centró en las fases lunares y en fenómenos más o menos espectaculares como cometas, eclipses o conjunciones. En el otro extremo, la astrología más filosófica estudiaba la configuración e influencia de los objetos y fenómenos cósmicos y atmosféricos en todo el conte- nido de la Tierra. La dificultad para el historiador está en el tratamiento a dar a la difusa separa- ción que generó la Iglesia entre astronomía judiciaria permitida y prohibida, lo que se extiende también a la diferencia entre astrología judiciaria y natural. De hecho, Lanuza151 sugiere al
respecto olvidar esta distinción y centrarse en otra: la práctica de la astrología en el ámbito popu- lar frente al ámbito académico. Si bien esta aproximación evita el problema de la frontera entre la astrología lícita e ilícita, paralelamente da lugar a otra dificultad: la de una definición útil de la astrología popular así como de la académica, algo similar a lo ya explicado para el caso de la li- teratura popular.
La labor de censura y control del Santo Tribunal de la Inquisición se centró no solo en cuestiones religiosas, sino en general en cualquier asunto intelectual, las ciencias incluidas, que pudiera suponer a su juicio un problema para la Iglesia Católica y la preeminencia de su doctri- na. En la práctica, la tarea inquisitorial de persecución de la astrología judiciaria no fue en modo alguno sistemática ni supuso una de las mayores preocupaciones de la Inquisición en los siglos
149Pico probablemente utilizó el argumento de Nicole ORESME (1320-1382) en sus obras De proportioni-
bus proportionum y Ad pausae respicientes, donde demostraba matemáticamente la inconmensurabilidad de los movimientos celestes. Citado por BOWDEN, Mary Ellen, The Scientific Revolution in Astrology: The English Reformers, 1558-1686, op. cit., p. 25, n. 30.
150Sigue siendo imprescindible para entender el debate sobre la astrología en el primer humanismo (Pico,
Ficcino, etc.) la obra de GARIN, Eugenio, El Zodiaco de la Vida, Barcelona, Ediciones Península, 1981.
XVII y XVIII.152 Las razones para esto son variadas. En primer lugar no existió un consenso
dentro del Santo Tribunal a la hora de decidir qué obras o prácticas estaban en contra de la fe ca- tólica, en parte porque la propia Iglesia siempre reservó un sitio importante en su doctrina para las profecías, entendidas como una forma racional de conocimiento de la naturaleza y de pre- dicción de hechos futuros propiciada por la inspiración divina. Por otra parte, las normas dicta- das eran ambiguas en el tratamiento y diferenciación entre la astrología judiciaria permitida y la prohibida, lo que provocaba dudas sobre el tipo de astrología presente en muchas publicaciones astrológicas. Además, si bien la metodología predictiva de la astrología era ajena a la profecía, muchas veces los propios astrólogos utilizaban ambos caminos, lo que contribuía también a la confusión y dificultad de consenso a la hora de juzgar sus escritos. Todo ello, como si de resqui- cios legales se tratara, dejó entreabierta la puerta para la publicación de obras y provocó que en los juicios inquisitoriales jugaran un importante papel aspectos que poco tenían que ver con las