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5. Concluding remarks

Los adultos mayores representan un grupo poblacional en incremento, su estado de salud depende de muchos factores como el físico, cognoscitivo y sociofamiliar. Es importante ofrecer a la población adulta mayor los medios para ejercer un mejor control sobre su salud y mejorarla. Este estudio espera aportar significativamente a esta situación.

En la TABLA 1, se observa la distribución de los 52 adultos mayores, según el estilo de vida promotor de salud; los resultados evidenciaron que la mayor parte de ellos presenta un estilo de vida no saludable (60 por ciento) mientras que los demás, es decir, el 40 por ciento, tiene un estilo de vida saludable; de estos resultados encontrados se infiere que los adultos mayores desconocen y/o no practican conductas saludables, basado en el conocimiento en salud lo que se traduce en la forma de planear y practicar las intervenciones en promoción de la salud.

Por otro lado, según los datos encontrados, acerca de la variable estilo de vida promotor de salud (anexo 6) se observa que la dimensión de Responsabilidad en salud, el 71 por ciento de los adultos mayores la calificaron como saludable, dimensión que obtuvo el mayor porcentaje entre todas, de igual manera fueron calificadas las dimensiones: Alimentación y Apoyo interpersonal (60 por ciento cada una), Autorrealización (56 por ciento) y Actividad y ejercicio (52 por ciento). Mientras que, Manejo del estrés, fue la única dimensión, que en su mayoría fue calificada como no saludable, con un 58 por ciento(ANEXO 8).

35 Diversos autores han estudiado los estilos de vida promotor de salud del adulto mayor, entre ellos tenemos, los reportados por Cribillero (2015) quien realizó un estudio acerca de “Estilo de vida y factores biosocioculturales del adulto mayor. Pueblo joven el Progreso – Chimbote, 2015”, como resultados encontrados, se destaca que el 26.2 por ciento, presenta un estilo de vida saludable, y un 73.8 por ciento, tiene un estilo de vida no saludable; asimismo en otro estudio realizado por Jirón & Palomares (2018), quienes realizaron un estudio sobre “Estilos de vida y grado de dependencia en el adulto mayor en el Centro de Atención Residencial Geronto-geriátrico Ignacia Rodulfo viuda de Canevaro, Rímac - 2018”, concluyendo que el 67.1 por ciento, presenta un estilo de vida no saludable y el 32.9 por ciento, tiene estilo de vida saludable.

Los estilos de vida saludables llevan a la adopción de una conducta de la promoción de la salud; sin embargo, hoy en día, en la mayoría de la población se observa con frecuencia el sedentarismo (acompañado a largo plazo de enfermedades coronarias y metabólicas), el estrés, que desencadena trastornos psicológicos (ansiedad, sueño), la mal nutrición, el consumo de alcohol, el tabaquismo; sumado a lo anterior, entornos donde la violencia intrafamiliar y social prevalece, ya que aunque se promueva en las personas una cultura de promoción de la salud, en algunas ocasiones, éstas no tienen las oportunidades para llevar a cabo esta conducta. Todo esto se transforma en factores de riesgo para el desarrollo de esas enfermedades llamadas por la OMS como las “enfermedades de los estilos de vida” (López et al., 2011).

36 Según los resultados encontrados en la presente investigación más de la mitad (60 por ciento) de los adultos mayores que asisten al Centro de Salud Liberación Social, presentan un estilo de vida no saludable, constituyéndose en un grupo más vulnerable de enfermar considerando que la etapa adulta mayor, es un proceso continuo, irreversible e inevitable y el más vulnerable por los diferentes cambios que se presentan.

Sin embargo, los resultados difieren con el estudio de Bustamante (2015), titulado “Factores biosocioculturales y estilos de vida del adulto mayor”, quien muestra que el 62.2 por ciento de adultos mayores presentan un estilo de vida saludable y el 37.8 por ciento un estilo de vida no saludable, fue un estudio realizado en el Asentamiento Humano Santo Toribio en Chachapoyas. De igual manera difiere la investigación realizada por Segura & Vega (2017), quienes investigaron sobre los “Estilos de vida del adulto mayor que asiste al Centro de Salud San Luis - San Luis – 2016”, donde se reportó que el 54,7 por ciento experimentan un estilo de vida saludable y el 45,3 por ciento un estilo de vida no saludable.

La promoción de la salud se constituye como una estrategia encaminada a desarrollar procesos y actividades, a nivel individual, familiar o de comunidad, con el fin de modificar conductas de riesgo y adoptar estilos de vida saludables (Aristizábal et al., 2011). Los profesionales de Enfermería, en su rol como educadores, ejercen una función elemental dentro de este tipo de intervenciones, sobre todo con los adultos mayores, que en su mayoría presentan un declive funcional predisponiéndolos a una mayor recurrencia de enfermedades. Por lo tanto, es esencial, que se les brinde la guía, el acompañamiento y todas las pautas necesarias para ejercer un mejor control sobre su salud, con el fin de alcanzar un

37 envejecimiento saludable; procurando en todo momento, mantener su autonomía, la inclusión de sus cuidadores y familia, y el respeto por sus valores y creencias.

La TABLA 2, sobre el Nivel cognitivo, muestra que el 52 por ciento de los adultos mayores, presenta deterioro cognitivo leve, seguido de un 31 por ciento con nivel cognitivo normal y 17 por ciento con deterioro cognitivo moderado, sin encontrarse casos de adultos mayores con deterioro cognitivo severo.

Estos resultados son similares a los encontrados por León et al. (2009), en su estudio sobre los Factores de riesgo para deterioro cognitivo y funcional en el adulto mayor de la ciudad de Querétaro, México, donde se reportó que el 45 por ciento presentó deterioro cognitivo leve, 36 por ciento nivel cognitivo normal, 15 por ciento deterioro cognitivo moderado y 4 por ciento deterioro cognitivo severo. Así mismo, Huamán (2018), en su investigación denominada “Perfil cognitivo en adultos mayores del distrito de San Isidro”, en una muestra de 63 participantes, determinó que el 55,6 por ciento presenta deterioro cognitivo leve, el 41,3 por ciento, nivel cognitivo normal y el 3,17 por ciento, deterioro cognitivo moderado.

En este sentido, los resultados podrían deberse a que, durante el envejecimiento, el organismo biológico presenta una involución progresiva de su vitalidad, que de igual manera perjudica al cerebro, con un mayor o menor daño neuronal (Peña & Lillo, 2012) y pueden presentarse diversas enfermedades, incluidas las de tipo neurodegenerativas, cuya prevalencia global se está incrementando, según revelan diversos estudios. Siendo la demencia la de mayor impacto en la salud pública por los elevados costos que requiere su tratamiento (Rosselli & Ardila, 2012). En el Perú país existe una prevalencia de demencia del

38 6,85 por ciento en personas mayores de 65 años, además de una gran cantidad que padece de deterioro cognitivo leve no diagnosticados (Custodio et al., 2012).

Sin embargo, Chávez (2018), quien difiere con los resultados, afirma que existe un predominio del nivel cognitivo normal con el 55,2 por ciento, en su estudio acerca del Nivel de deterioro cognitivo en 50 adultos mayores que asistieron al CAP III Luis Negreiros Vega – Callao, seguido de un 40 por ciento con deterioro cognitivo moderado, 8 por ciento en un nivel de deterioro cognitivo leve, y solo un 2 por ciento con deterioro cognitivo severo. Lo que también ratifica García (2017), mostrando resultados semejantes en su investigación denominada “Perfil cognitivo de los adultos mayores de un programa social en una iglesia cristiana del distrito de San Martín de Porres”, donde se concluyó que el perfil cognitivo total de la muestra es el 55 por ciento que corresponde al nivel cognitivo normal, el 23 por ciento para quienes presentan deterioro cognitivo leve, y el 22 por ciento con deterioro cognitivo moderado.

A pesar de las discrepancias entre las investigaciones encontradas, es innegable que un crecimiento del envejecimiento poblacional genera en el tiempo un aumento de la prevalencia de enfermedades crónico degenerativas, sobre todo aquellas que afectan a los procesos cognitivos y que requieren exploración neurológica exhaustiva precoz además de un mejor enfoque de intervención ya que un retraso en la identificación de los signos, presume un aumento en el deterioro del adulto mayor, disminuyendo la efectividad de la intervención, originando mayor dependencia de otras personas como el cuidador, familia y la comunidad, y un posterior efecto abrumador en ellos (OMS, 2018).

39 Frente a la problemática de salud que aflige a este grupo etario en los diferentes escenarios a nivel nacional e internacional, los sistemas de salud deben encontrar las estrategias efectivas para abordar los problemas de salud, sin olvidar que esto afectará enormemente a la calidad de vida de las personas adultas mayores, convirtiéndose en un reto mundial de salud pública (OMS, 2018). En este contexto, los profesionales de enfermería, sobre todo en un nivel primario de atención en la comunidad, juegan un papel importante en la detección, seguimiento e intervención sobre las alteraciones cognitivas. Empezando por una buena valoración, en el paciente y sus cuidadores, además de detectar algún cambio significativo en el rendimiento cognitivo a través de diferentes test breves (Hernández & Arranz, 2017).

Por consiguiente, desde la concepción de la salud y el objetivo de las intervenciones de enfermería, el aporte que la profesión puede hacer a la salud y bienestar del adulto mayor es grandemente valioso, en especial para el desarrollo y optimización de las potencialidades y habilidades cognitivas del adulto mayor, favoreciendo su adaptación al entorno y el incremento de la calidad de vida; lo que también puede ser entendido como una herramienta de promoción de la salud.

En la TABLA 3, se muestra la relación entre el nivel del estilo de vida promotor de salud y el nivel cognitivo; del grupo de adultos mayores, el 75 por ciento ostentan un nivel cognitivo normal y tienen a su vez estilo de vida saludable; de aquellos que presentaron deterioro cognitivo leve, el 78 por ciento de ellos tuvieron un estilo de vida no saludable, en el Centro de Salud Liberación Social; es decir, el nivel cognitivo mejora con un estilo de vida saludable, indicando que existe relación significativa, esta citación es corroborada por la prueba del estadístico Tau B de Kendal la cual resulto tener un valor de 0.431 y una significancia de 0.000 < 0.05.

40 Al respecto, Menéndez et al. (2011), en su estudio “Estilo de vida y riesgo de padecer demencia”, basado en estudios observacionales encontró la existencia de hábitos relacionados con el estilo de vida que actúan como factores de riesgo y hábitos protectores para el desarrollo de demencia. La dieta adecuada y la actividad física regular, hábitos de sueño regulares, la estimulación cognitiva y una vida socialmente activa son los factores relacionados con el estilo de vida que permitirían enlentecer el desarrollo de demencia afectando especialmente a pacientes con deterioro cognitivo leve.

Se cita el estudio de Lee et al. (2014), denominado “Efectos de una modificación multidominio de estilos de vida sobre la función cognitiva en adultos mayores: un ensayo controlado aleatorizado y agrupado de 18 meses basado en la comunidad”, donde se evaluó a 460 personas mayores de 60 años de un centro geriátrico en Suwon, República de Corea, entre los años 2008 - 2010, a los cuales se los dividió en grupos desde la A – E, desarrollando un programa con diferentes actividades encaminadas a fortalecer y/o supervisar el cumplimiento de conductas saludables, como por ejemplo: servicios de atención estándar, atención telefónica, materiales educativos, visitas y/o asesoramiento por trabajadores de la salud.

Como resultados de la investigación se obtuvo cambio en los puntajes del Mini Mental State Examination (MMSE) desde el inicio hasta la visita de seguimiento final a los 18 meses. El grupo E quien recibió visitas, asesoramiento y recompensas bimensuales por trabajadores de la salud por su adhesión al programa, mostró una función cognitiva superior al grupo A, quienes solo recibieron servicios de atención estándar, siendo la participación en actividades cognitivas el factor determinante más importante entre varios comportamientos de salud. Concluyendo que la participación en actividades cognitivas, en combinación con comportamientos

41 positivos de salud puede ser la más beneficiosa para preservar las capacidades cognitivas en los adultos mayores de esta comunidad.

La condición de salud o enfermedad de los adultos mayores está condicionada fuertemente por el estilo de vida que han mantenido las personas a lo largo de su existencia, estos incluyen comportamientos, hábitos, actitudes y pensamientos ante la vida que al llevarlas a cabo nos protegen la salud. (Gaitán, 2016). Al respecto, el adulto mayor entra a una etapa de vida en la que ocurren cambios mentales importantes que, junto a los estilos de vida, determinan (o no) una vejez plena, saludable e inclusiva, siendo el envejecimiento cerebral un proceso multifactorial en la que presenta una serie de enfermedades y trastornos neurocognitivos, presentando perdida adquirida de habilidades cognoscitivas. Siendo lo suficientemente grave para interferir con el funcionamiento social, ocupacional o ambos (Da Silva, 2018).

Los resultados obtenidos en la presente investigación, demuestran que a medida que el estilo de vida del adulto mayor es saludable, el nivel cognitivo se conserva en un estado normal, encontrando que existe relación significativa entre estas dos variables, la práctica de estilos de vida saludable se basa en asumir comportamientos o actitudes cotidianas para mantener cuerpo y mente de una manera adecuada, repercute sobre su nivel cognitivo.

La Enfermería, como disciplina responsable del cuidado de la salud de las personas, debe tener sin duda un papel clave en el desarrollo de las estrategias encaminadas a fomentar este envejecimiento activo y saludable (Mostacero, 2018), como fomentar la participación periódica en actividades físicas moderadas que puede retrasar el declive funcional y reducir el riesgo de enfermedades crónicas en

42 las personas de la tercera edad, además, mejora la salud mental y suele favorecer los contactos sociales. Asimismo, el hecho de mantenerse activo puede ayudar a las personas mayores a continuar con sus actividades de la vida diaria de la forma más independiente posible y durante mayor período de tiempo.

Por último, la TABLA 4, presenta la relación entre las diversas dimensiones del estilo de vida promotor de salud y el nivel cognitivo. Una de ellas es la Alimentación, en donde se obtuvo que el 88 por ciento de los adultos mayores, con nivel cognitivo normal, tuvieron en mayor porcentaje, una alimentación saludable y los demás, no saludable (12 por ciento) y aquellos con deterioro cognitivo leve, tienen una alimentación no saludable y saludable en un 59 y 41 por ciento, respectivamente. Asimismo, los adultos mayores con deterioro cognitivo moderado tienen una alimentación saludable en un 67 por ciento y el 33 por ciento restante, no saludable. No se encontró casos de deterioro cognitivo severo. Además, la prueba Tau B de Kendal resultó tener un valor de 0.404 y una significancia de 0.000 < 0.05; lo cual indica que si existe relación significativa entre la dimensión Alimentación con el nivel cognitivo.

La dieta o alimentación es una parte importante de un estilo de vida saludable e interviene en el riesgo de padecer varias enfermedades y en el proceso de envejecimiento en general. Según algunos estudios, la ingesta de antioxidantes puede disminuir el riesgo de demencia, al reducir la incidencia de enfermedad cerebrovascular o aminorar el estrés oxidativo y la inflamación que contribuyen a cambios en el cerebro con el envejecimiento (Gonzáles et al., 2011). En los hallazgos logrados, se puede visualizar la influencia que ejerce la alimentación sobre los procesos cognitivos, al haber obtenido un alto porcentaje de adultos mayores con una alimentación saludable y a su vez, con un nivel cognitivo normal.

43 Con respecto a la dimensión Actividad y ejercicio, se obtuvo que los adultos mayores, con nivel cognitivo normal, tuvieron en mayor porcentaje, una Actividad y ejercicio saludable (75 por ciento) y los demás, la califican como no saludable (25 por ciento), y aquellos con deterioro cognitivo leve, tienen una Actividad y ejercicio no saludable y saludable en un 63 y 37 por ciento, respectivamente. Asimismo, los adultos mayores con deterioro cognitivo moderado tienen una Actividad y ejercicio saludable en un 56 por ciento y el 44 por ciento restante, no saludable. No se encontró casos de deterioro cognitivo severo. Además, la prueba Tau B de Kendall resultó tener un valor de 0.319 y una significancia de 0.009 < 0.05; lo cual indica que si existe relación significativa entre la dimensión Actividad y ejercicio con el nivel cognitivo.

La importancia de la actividad física en la salud física es bien conocida, pero, hasta hace poco, no se había prestado atención al papel de la actividad física en la salud cerebral y cognitiva. La actividad física puede beneficiar a la salud cognitiva a nivel del sistema cardiovascular, que se extiende a lo cerebrovascular, o mediante el incremento de la neurogénesis y de los factores de crecimiento cerebrales. Se requieren más estudios para poder ofrecer recomendaciones específicas en relación con el tipo, la intensidad, la frecuencia y la duración de la actividad física que pueden reducir de manera eficaz el riesgo de sufrir este declive (Gonzáles et al., 2011). Los resultados de la presente investigación muestran que, al mantener una práctica saludable de la actividad y ejercicio durante el envejecimiento, los adultos mayores, en su mayoría, logran conseguir un nivel cognitivo normal.

44 En cuanto al Manejo del estrés, se obtuvo que los adultos mayores, con nivel cognitivo normal, tienen, en mayor porcentaje, manejo del estrés saludable (56 por ciento) y los demás, lo califican como no saludable (44 por ciento) y aquellos con deterioro cognitivo leve, tienen un Manejo del estrés no saludable y saludable en un 63 y 37 por ciento, respectivamente. Asimismo, los adultos mayores con deterioro cognitivo moderado tienen un Manejo del estrés no saludable en un 67 por ciento y el 33 por ciento restante, saludable. No se encontró casos de deterioro cognitivo severo. Además, la prueba Tau B de Kendal resultó tener un valor de 0.146 y una significancia de 0.272 > 0.05; lo cual indica que no existe relación significativa entre la dimensión Manejo del estrés y el nivel cognitivo.

En el adulto mayor se observa una modificación de la respuesta al estrés, evaluada por una alteración del sistema nervioso simpático, a nivel del eje HPA (hipotálamo-hipofisario-adrenal) como consecuencia del deterioro del control inhibitorio del hipocampo y una vulnerabilidad a los efectos de los daños cerebrales debido a una atenuación en el hipocampo y en el cerebro antero-basal. Esto muestra la interacción entre los estados de estrés y las funciones cognitivas que se encuentran en todas las edades, pero que puede ser más crucial durante la vejez (Roselli & Ardila, 2012). A pesar de no haber obtenido una relación significativa, cabe destacar que, más de la mitad de los participantes que tiene manejo del estrés no saludable, presentó deterioro cognitivo leve. Lo que debe ser de interés para proponer y aplicar intervenciones que busquen aliviar los déficits cognitivos del envejecimiento relacionadas a generar un adecuado afrontamiento al estrés.

45 Apoyo interpersonal, es otra de las dimensiones evaluadas, en donde se obtuvo que los adultos mayores, con nivel cognitivo normal, tienen, en mayor porcentaje, un Apoyo interpersonal saludable (56 por ciento) y los demás, lo califican como no saludable (44 por ciento), y aquellos con deterioro cognitivo leve, tienen un Apoyo interpersonal saludable y no saludable en un 63 y 37 por ciento, respectivamente. Asimismo, los adultos mayores con deterioro cognitivo moderado tienen un Apoyo interpersonal saludable en un 56 por ciento y el 44 por ciento restante, saludable. No se encontró casos de deterioro cognitivo severo. Además, la prueba Tau B de Kendal resultó tener un valor de -0.063 y una significancia de 0.633 > 0.05; eso indica que no existe relación significativa entre la dimensión Apoyo interpersonal y el nivel cognitivo.

El apoyo que generan las relaciones interpersonales durante el envejecimiento se describe como la interacción que incluye la expresión de afecto, la afirmación de los comportamientos y la ayuda material; la pérdida de estos elementos positivos puede ser reemplazado por sentimientos de dependencia física o psicológica, relacionados a síntomas psicológicos negativos como sentimientos de soledad, de carga y la aparición de enfermedades crónicas. El solo hecho de que el adulto mayor, se encuentre rodeado de personas que lo comprenden y a las