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Hipólito habla con alguien por teléfono y expone que las glorias son efímeras. El otro periodista lo sigue provocando, lo interroga ¿Por qué se detuvieron las crónicas? Hipólito miente y dice que el Prefecto las frenó.

Comentario: Hipólito se está hundiendo por su propio peso.

En la película culpan al Prefecto de haber frenado las crónicas a causa de la intromisión prohibida de los periodistas en el caso. En la crónica, por otro lado, simplemente se señala que la investigación se detuvo un rato por falta de pruebas y por la

pérdida de interés de los periodistas. “Un período relativamente largo transcurrió sin que los diarios volvieran a ocuparse del caso del baúl, y de pronto, un domingo, uno de los más prestigiosos periódicos de Bogotá destacó en primera página y bajo gruesos titulares una noticia que nos dejó fríos a los reporteros policíacos. Nada menos que la solución del misterio.” En la crónica rápidamente se salta al punto en el que se resuelve el misterio; en la película, en cambio, no existe ese tiempo muerto. Sucede que la prensa merma el interés por el caso y que Corzo empieza su relación con Martina que se roba el protagonismo de la narración, pero nunca se frena del todo la investigación del baúl.

Titular de periódico que anuncia casos de corrupción en la Prefectura Escena 63: Barbería

El jefe del periódico y el Prefecto se encuentran en la barbería por “coincidencia”. Hablan sobre la guerra que el periódico le ha declarado a la Prefectura. El director le dice que es mejor que sean amigos. Lo trata de sobornar con una estampilla, le dice que puede ayudarle a recuperar su reputación.

Comentario: En El cadáver Viajero no existe tal discusión, pero en muy menor escala está latente el enfrentamiento entre los periódicos y las instituciones judiciales e investigativa, pero exclusivamente con respecto a la carrera por la información. En La Historia del Baúl Rosado se incluyen detalles como el soborno y el tráfico de influencias que agravan la discusión y que hacen parte del tratamiento de la crítica hacia los medios masivos que Gómez Díaz realiza en su filme.

Escena 64: Prefectura

Corzo interroga al ladrón de los cadáveres: ¿Le vendió el cadáver a Rosas? El ladrón calla y se mantiene cruzado de brazos. Le pide un cigarrillo y cuando Corzo se lo pasa le pregunta que ¿Si no fuma por qué los tiene? Corzo: no soy persona de vicios. Prende un cigarrillo.

El acusado, sin que le pregunten nada, empieza a dar su testimonio. Dice que hay días enteros en que sólo ve a los muertos. Corzo confiesa que él les tiene miedo. Le pide que le guarde el secreto. El acusado dice que los muertos no son más que un bulto de carne que se pudre, pero Corzo argumenta que ese bulto era alguien que quería, soñaba.

Corzo empieza a confesarse… dice que le prometió a su madre no tener relaciones con mujeres, pero su acusado lo convence de que si ella está muerta no tiene sentido seguir haciéndole caso. Habla de Martina.

Corzo vuelve a preguntarle que a quién le vendió el cadáver. El sonríe y no dice nada.

Comentario: Hemos visto la soledad de Corzo durante toda la película, la única persona con la que ha tenido un acercamiento es con Martina con quién nunca habla de sus intimidades. Inesperadamente a este personaje totalmente ajeno le revela detalles de su vida privada sin ningún reparo. Está cansado y necesita hablar con alguien.

Gómez Díaz pone toda la importancia de su filme en la historia de Corzo y deja a un lado el baúl.

Escena 65: Prefectura

El Prefecto pregunta a Corzo sobre su encuentro con el ladrón de cadáveres. Este se ha convertido en la última esperanza para el caso. El Prefecto no puede dar pie a que los investiguen o les cierren la prefectura. Por otro lado, nadie ha reclamado por la muerte de la niña. El caso puede cerrarse porque al fin y al cabo no esta afectando a nadie.

Comentario: Después de tantas vueltas y a pesar de todo el tiempo dedicado, este caso debería cerrarse. Así termina la crónica de González Toledo. No está afectando a nadie y por lo tanto, no tiene caso. Cinematográficamente terminar ese caso de esa manera sería muy débil, pues el espectador ha acompañado el caso durante el proceso y ha estado a la expectativa de una resolución. Creeríamos que por esta razón la guionista hace una continuación y pasa el foco dramático a Corzo.

En la crónica sin embargo, se explica la resolución personal que hace el periodista “Vanidosamente, el detective "Chocolate" estaba convencido de su gran prestigio por las alusiones que solían hacerle en la prensa, y para disfrazar su fracaso en lo del "baúl escarlata" acomodó el cuento y le hizo la revelación exclusivamente al periodista que "se la tragó entera".(González, El Cadáver Viajero, Anexo I, 208)

En la película el director del periódico esta interesado en que no se investigue más del baúl: esto no se dice pero se insinúa y con ello se genera una ambigüedad. El espectador no sabe por qué existe este interés de cerrar el caso, pero es sospechoso. El Prefecto, por su lado, también se siente amenazado, pues ya sabe que el periódico tiene información con la que los pueden chantajear y no se quiere arriesgar a un cierre. Todas las alianzas desleales están destapándose y lo que inicialmente fue muy fácil de entramar para los personajes se complica en este punto de la historia.

Escena 66: Periódico “La Verdad”

Hipólito en el periódico. Llama a preguntar por una oferta de trabajo en Santa Marta.

Comentario: Este personaje también empieza a buscar horizontes en otro lugar, quiere huir del problema que está a punto de destaparse, aunque para el espectador aún no sea claro.

Escena 67: Calle

Corzo entra a una tienda a comprar cigarrillos.

Comentario: Por primera vez no se quiere esconder. La guionista nos permite indagar sobre la vida personal de este personaje que en la crónica no se desarrolla. En el texto periodístico el periodista puede hablar en primera persona e imprimir su sello y su voz en lo que narra, pero él como personaje no existe, sólo como cómo testigo de los hechos.

Por otro lado, fumar en la calle se acerca más al cliché de detective propio del cine negro, del cuál Corzo se desliga durante toda la película.