El sector eléctrico de Polonia es uno de los más contaminantes de Europa y va a necesitar una fuerte reestructuración en los próximos años, debida al elevado número de centrales de avanzada edad que van a desmantelarse en los próximos diez años.
En este proyecto se han estudiado cuatro rutas diferentes mediante las cuales se podría llevar a cabo esta reestructuración y las opciones que tiene el país para lograr un mix de generación menos dependiente del carbón. Como punto de partida se ha analizado el impacto económico y ambiental que podría tener el borrador de la estrategia energética polaca, publicada en noviembre de 2018, y se ha comparado con tres rutas alternativas: con la opción de que no se llegue a instalar nuclear, con un caso agresivo en renovables y con un escenario en el que Polonia siguiera apostando por el carbón). Las conclusiones a las que se ha llegado son las siguientes:
El conjunto de tecnologías que finalmente se decida promover a largo plazo va a marcar en gran medida el impacto económico, social y ambiental de su política energética. Los resultados obtenidos manifiestan la importancia de considerar la repercusión social y ambiental de las políticas energéticas porque los beneficios o perjuicios que causan pueden ser significativos.
En términos de coste al consumidor, los tres escenarios propuestos no supondrían un gran cambio respecto al borrador de la estrategia nacional, aunque sí se observa una potencial bajada del precio de la electricidad mayor que la subida. Concretamente, el Caso Base sin nuclear se traduce en el mayor coste para el consumidor (+5.6 €/MWh en 2050), mientras que el Caso RES resulta el más favorable (-17.9 €/MWh en 2050).
También se observa que el apoyo a la industria del carbón no necesariamente supone un beneficio para el consumidor si no se acompaña deun aumento de energía de coste marginal cercano a cero (nuclear o renovable). De la misma manera, aunque la energía renovable en sí misma tiene un impacto positivo en el precio de la electricidad, si su aumento se acompaña de una transición térmica de carbón hacia gas, habría una subida de precios hasta que se alcanzara una cuota renovable significativa.
En cuanto a emisiones, si respecto al escenario que simula el borrador de la estrategia nacional no se instalara energía nuclear (es decir, con un aumento de 10%-18% de la
generación de gas) habría una subida de entre 4% y 20% de las emisiones contaminantes en 2050. Sin embargo, con una cuota renovable más agresiva y un desmantelamiento acelerado de las plantas de carbón, se conseguiría reducir las emisiones entre 30% y 47% respecto al borrador de la estrategia en 2050. Por último, en un escenario extremo en el que se siguiera promoviendo la generación de carbón y se extendiera la vida de las centrales operativas en la actualidad habría un empeoramiento significativo de las emisiones del sistema eléctrico (entre 52% y 143% en 2050).
De esta manera, desde un punto de vista ambiental se recomendaría la transición hacia un mix de generación ‘limpio’ lo más rápida posible con la instalación de capacidad nuclear o renovable en una cuota no inferior a la propuesta en el borrador de la estrategia nacional (54% de la generación en 2050).
Por otro lado, a partir del análisisde la repercusión social de estos escenarios se ha hallado que el ahorro o sobrecoste económico para el sistema sanitario que las emisiones llevan asociadas también es relevante y siempre debería considerarse a la hora de contabilizar el coste total al sistema que implica tomar una senda energética u otra.
Respecto al borrador de la estrategia nacional, el hecho de aumentar la generación renovable a largo plazo podría suponer un ahorro de más de 88,000 millones de euros y evitaría más de 8,000 muertes prematuras, mientras que continuar favoreciendo la generación del carbón desembocaría en un sobrecoste de más de 200,000 millones de euros y provocaríamás de 19,000 muertes prematuras adicionales. En cuanto a la hipótesis de que no se llegara a instalar energía nuclear respecto al borrador de la estrategia polaca (con el resto de hipótesis constante) habría más de 1,900 muertes más, lo que supondría un sobrecoste de más de 20,000 millones de euros para el sistema sanitario nacional.
Por último, en cuanto al coste para el sistema eléctrico polaco de cada escenario simulado (incurrido por subvencionar a las tecnologías que no son rentables por sí mismas), el escenario Base sin Nuclear sería el más beneficioso (supondría un ahorro de más de 2,000 millones de euros respecto al borrador de la estrategia nacional diseñado por las autoridades polacas. Por otro lado, se demuestra que el caso pro-carbón es el escenario más caro, con un sobrecoste de más de 2,000 millones de euros.
Sin embargo, se observa una distorsión en las conclusiones debido al elevado coste de la biomasa en el Caso RES. Si esta tecnología se sustituyera por capacidad eólica o solar (que
son prácticamente rentables por sí mismas) el escenario RES sería el más barato para el sistema (2,597 millones de euros más barato que el borrador de estrategia nacional).
Con estas conclusiones se han logrado desmontar algunos de los pilares básicos del ‘lobby’ del carbón en Polonia, que ha sido secundado por el Gobierno hasta ahora, y se dan argumentos para afrontar una transición energética real de su sistema eléctrico hacia un mix ‘limpio’.
1) El hecho de que el Gobierno esté empujando la energía nuclear tan fuertemente no tiene sentido económico en términos de costes para el sistema, ya que es la tecnología que más subvenciones necesita para llegar a ser rentable. El argumento de su seguridad de suministro se podría solventar de forma más barata con una penetración renovable más agresiva y supliendo los picos de demanda mediante centrales de gas en la reserva.
2) La urgencia de la estrategia energética nacional por reemplazar la eólica terrestre por otras tecnologías como ‘offshore’ o biomasa tampoco tiene sentido económico, dado que la primera ya es rentable por sí misma y puede coexistir con el resto de tecnologías. La solución más razonable es mantener los parques ‘onshore’ que hay hoy en día instalados (haciendo repotenciacióncuando llegaran al final de su vida útil) e instalar otras tecnologías renovables adicionalmente.
3) Debido al elevado precio del CO2 y su alta intensidad energética, el carbón va a ser la tecnología que más dinero va a costar en subvenciones después de la nuclear. Así, una senda que promoviera este tipo de centrales y fuera muy poco ambiciosa en la penetración renovable tendría un elevado coste para el sistema, que, sumado al impacto ambiental y social que conlleva, bajo ningún caso debería tomarse.
4) La conclusión obtenida es robusta: si se tuvieran en cuenta las externalidades en el cómputo total de gasto por parte del sistema, el coste de las tecnologías convencionales sería demasiado alto como para ser viables económicamente. Por lo tanto, siempre se debería tener en cuenta este parámetro a la hora de tomar decisiones político-energéticas.
Así, lo que se recomienda a partir de este análisis es que se lleve a cabo una transición energética lo más agresiva posible hacia un mix de generación bajo en emisiones, dado que se presenta como la opción de menores costes en todos los sentidos(económicos, sociales y ambientales).