Es frecuente, entre algunas corrientes tomistas, hablar de “grados de abstrac- ción”, e indicar que el concepto de ente se concibe sólo en el tercer grado. Al- gunos textos de santo Tomás –ya citados– son el fundamento de esta teoría, recuperada en el siglo XX sobre todo por Maritain. Para defender esta doctrina es imprescindible aceptar que la abstracción es una operación que admite “gra- dos”; esto, sin embargo, presenta una dificultad, a saber, que las operaciones intelectuales son actos perfectos y no pueden ejercerse “a medias” o con mayor o menor intensidad.
En realidad es Aristóteles quien sienta las bases de esta teoría; por eso no está de más repetir –añadiendo algunas frases que antes suprimimos– un texto de Polo que da razón de su origen: “la materia aristotélica, conexa con el cono- cimiento sensible, es el elemento individualizante de la indeterminación del universal: la actualidad extramental de la forma exige la materia. La indetermi- nación lógica no pasa del género. Recuérdese que los géneros son incomunica- bles, es decir, no completamente indeterminados. Aristóteles nunca asimiló la indeterminación pura de Demócrito. Por eso, para él no cabe ciencia del indivi- duo (los géneros no pueden determinarse hasta el uno numérico; el individuo no es, en rigor, un predicable; en la mente no se da la sustancia primera). Con- gruentemente, la materia representa la determinación extramental (no lógica) del universo […]. Pero a la vez la materia debe eliminarse para que la esencia sea pensada; más aún, la eliminación de la materia puede ser gradual […]. En la medida del carácter gradual de la abstracción, la materia se interpreta como indeterminación. La materia prima es la indeterminación pura, aunque es im- prescindible para que la especie abstracta esté actualmente, individualmente, en el orden extramental, es decir, para que se determine numéricamente”84.
No hace falta un examen muy detenido para darse cuenta de que en esta teor- ía falla algo, pues no es posible que la indeterminación pura (la materia prima) sea principio de individuación en algún sentido; más bien habría que concluir
83 L. Polo, Antropología trascendental, I, pp. 74-75. 84 L. Polo, El acceso al ser, pp. 174-175.
que es la forma la que determina a la materia, la cual está en potencia para reci- bir todas las formas85.
La teoría de los grados de abstracción presenta, por tanto, más inconvenien- tes que las ventajas que se esperaba obtener de ella. Por eso es preciso revisarla y tratar de comprender qué hay de verdad en ella y qué es lo que, en cambio, es falso.
De entrada, “la teoría de los grados de abstracción ofrece dos inconvenien- tes. Ante todo, es demasiado lineal. La prosecución [del pensar, o sea, el ejerci- cio de nuevas operaciones superiores] implica que se ha notado la insuficiencia de las intenciones abstractas. Pero la historia de la filosofía muestra con claridad que esa insuficiencia no ha sido advertida de una manera fácil ni única […]. En segundo lugar, la teoría de los grados de abstracción se construye sobre el su- puesto de que las formalidades matemáticas son un segundo grado de abstrac- ción inferior y subsumible en el tercero, que se distingue en positivo (conoci- miento metafísico) y negativo (lógica). Esto es hoy insostenible (en rigor, es insostenible desde Platón) […]. Además, no se puede decir que la lógica es un tercer grado de abstracción negativo. La llamada lógica extensional se obtiene por generalización negativa, lo mismo que la matemática. Pero la lógica exten- sional no es todo lo que se conoce bajo la denominación de ‘lógica’. Hay una lógica distinta de la lógica extensional, que está en la línea de la razón, y que no debe llamarse negativa”86.
No hacen falta argumentos –que los hay y numerosos–; basta recordar que la geometría se ha desarrollado de tal modo que hoy no puede decirse que trate del espacio tal y como lo entiende la geometría de Euclides (el espacio imaginado, aunque algunos autores lo han tomado como real); primero porque existen geo- metrías no euclídeas, es decir, espacios no euclídeos; segundo porque se inclu- ye, como una cuarta dimensión, el tiempo, y además porque no emplean, nor- malmente, sólo tres dimensiones, sino que las dimensiones se multiplican (es- pacios “n” dimensionales) según las “necesidades”; ¿un especio “n” dimensio- nal que incluye el tiempo, es fruto de la abstracción a partir de la imaginación o de las intenciones de la memoria y la cogitativa? Lo mismo puede decirse del álgebra; los “tipos” de números han aumentado considerablemente; no sólo hay números enteros, naturales, racionales, irracionales, etc., conocidos desde anti-
85 “Puesto que la materia considerada en sí misma es indeterminada, es imposible que individua-
lice a la forma, excepto en la medida en que es susceptible de distinción. En efecto, la forma no es individuada por el hecho de ser recibida en la materia, sino en cuanto que es recibida en esta
materia o en aquélla, distinta y determinada espacial y temporalmente. Pues la materia no es
divisible a no ser por la cantidad… En consecuencia, la materia se convierte en esta materia en cuanto determinada espacialmente”; Tomás de Aquino, In de Trinitate, q. 4, a. 2.
guo; los hay también imaginarios, complejos, etc., que no se obtienen por abs- tracción. La matemática se ha “separado” tanto de la sensibilidad, que es impo- sible imaginar o buscar un modelo imaginativo que se corresponda con sus de- sarrollos. Con frecuencia se traduce en un puro formalismo, desligado entera- mente de la sensibilidad.
¿Qué operaciones de la inteligencia se corresponden, entonces, con la ma- temática, la lógica, la metafísica, etc., si no es la abstracción? Responder a esto es tanto como desarrollar toda una teoría del conocimiento; pero no es éste el lugar, ni tampoco es la intención que se persigue. Lo que sí queda claro es que “la cuestión planteada se refiere a la operación de abstraer: ¿las operaciones siguientes son nuevas y superiores abstracciones? Es la teoría de los grados de abstracción. Según esta teoría, hay que aceptar que el intelecto agente ha abs- traído desde el principio (o sea, de la fantasía) más que lo objetivado por la primera operación. Esta hipótesis no parece correcta porque no explica por qué la primera operación es limitada. En consecuencia, hay que rectificar la teoría de los grados de abstracción, es decir, no llamar a las siguientes operaciones abstracciones de superior grado. Paralelamente, las nuevas y superiores especies no son abstractos: se abstrae de las imágenes, no de la primera operación (o de su objeto), que no es una operación de la imaginación […]. Las nuevas opera- ciones son grados (niveles superiores), pero no son abstracciones”87.
Si se admite que abstraer es separar de la materia, como ésta admite diversos significados y puede entenderse, por analogía, de diversos “sujetos”, entonces se corre el peligro pensar que, según sea la materia que se deja de lado o se separa, se ha incrementado el nivel o el grado de abstracción. Pero no es así; ya se ha dicho que abstraer es “articular el tiempo”, y por eso es la primera opera- ción intelectual, pues sólo así es posible poseer el objeto en presente, la presen- cia en presente. “El tiempo que se articula no es el tiempo de la imaginación ni el tiempo como sensible común, sino una nueva objetivación del tiempo en que aparecen las intenciones de antes y después. Es importante advertir que la obje- tivación del tiempo es plural. El tiempo se objetiva de distinta manera según los niveles cognoscitivos”88. Como se ha citado anteriormente, “la abstracción es la
articulación presencial del tiempo, o la asistencia estática a la unicidad presen- cial”89.
Con esto volvemos a la separatio; si no es un tercer grado de abstracción, ¿cómo debe entenderse?
87 L. Polo, Curso de teoría del conocimiento, II, p. 234. 88 L. Polo, Curso de teoría del conocimiento, II, p. 205. 89 L. Polo, Curso de teoría del conocimiento, II, p. 218.