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6 CONCLUSION AND FUTURE WORK

6.1 Conclusion

Sangrá (2002), afirma que en los últimos tiempos, ya sea por el impacto de la llamada Sociedad de la Información y del Conocimiento o simplemente, porque las relaciones sociolaborales de las personas deben readaptarse a nuevas situaciones empresariales y personales, se esta asistiendo a un cambio de hábitos de los individuos que se están reflejando también en los procesos de formación. Así, y especialmente a medida que la edad de los estudiantes aumenta y, con ella, las responsabilidades a que están sujetos, la necesidad de ofrecer sistemas de formación que superen los obstáculos generados por los desplazamientos o por la falta de tiempo para asistir a las clases, se hace cada vez más evidente.

En el mundo entero y más específicamente en América Latina y en Colombia se vienen presentando, intensas demandas sociales por el acceso a la educación superior, las cuales no han encontrado respuestas adecuadas en la oferta universitaria tradicional. Por esta razón se ha venido acudiendo a nuevas estrategias educativas que permitan satisfacer de una forma más adecuada dichas necesidades.

En esta perspectiva se ha presentado cierto grado de renovación en las instituciones de educación superior y se han creado nuevas instituciones, desarrollado estrategias y organizado sistemas de enseñanza que han permitido que la educación superior sea un servicio alcanzable por todas las personas que tengan la motivación y que cumplan unas condiciones mínimas para afrontar con éxito este tipo de programas.

Considerado el sistema escolar como un continuo, el nivel de la educación superior es como “desprendimiento y prolongación de aquél... pero su especificidad no puede captarse sino es en relación con los niveles que le preceden” (Nassif 1985).

En la Ley 30 de 1992, por la cual se organiza el Servicio Público de la Educación en Colombia, en su artículo 19 se describe a las universidades como aquellas instituciones que desarrollen actividades referentes a investigación científica o tecnológica, a formación académica en profesiones o disciplinas y a la producción, desarrollo y transmisión de conocimiento y de la cultura universal y nacional.

En armonía con el espíritu de lo establecido en dicha ley, las instituciones universitarias tienen dentro de su estructura académica - administrativa facultades encargadas de realizar programas de formación en ocupaciones, profesiones o disciplinas, especialización, maestrías, doctorados y posdoctorados.

El pensador español Marías (1953) concebía a la educación universitaria, como la “institucionalización de la educación y cultura superiores, y a la Universidad como el centro organizado y administrado para proveerlas y cultivarlas en algunas de sus manifestaciones de mayor interés social”.

En el punto de vista de Marías se destaca el carácter institucional y la índole de servicio público de la Universidad, lo cual le permite ofrecer la cultura superior a las nuevas generaciones, al tiempo que se ocupa de contribuir al desarrollo y extensión de dicha cultura y a hacer de ella una herramienta para el crecimiento mismo de la sociedad.

Montaña (1997) considera que la universidad debería constituirse, en términos ideales en:

¾ Una gran empresa para la investigación científica.

¾ Una corporación de científicos y estudiantes.

¾ Un instituto educativo

Rogers (1980) menciona que en la educación universitaria han predominado dos grandes tendencias sobre cuál es el mejor método para alcanzar el objeto de aquélla. Una de esas tendencias es la de aquellos que piensan que el mejor método para lograr dicho fin es el de “un curriculum cuidadosamente planificado que explique los conocimientos y habilidades requeridos”. La segunda tendencia es la de quienes piensan que ese mejor método es el que “da libertad al estudiante para aprender los conocimientos, habilidades, actitudes y experiencias relacionados con sus propios objetivos de competencia científica y profesional”. Hay en esta segunda tendencia una concordancia del método con “las leyes del aprendizaje y los principios del crecimiento y la evolución del ser humano, igualmente asume que si alguien opta por una carrera es porque en el fondo se siente capaz de lograr su cometido y que la tarea de los profesores debe ser la de ayudarlo a alcanzar su propósito de aprender el material de la ciencia y la profesión”.

Nassif (1985) reconoce la connotación esencialmente problemática que se le asigna a la educación superior, sobre todo cuando se “la concibe y practica como un saber fundamentalmente crítico y problematizante, en el cual lo definitorio es la búsqueda y el cuestionamiento antes que las conclusiones últimas de las ciencias”. Esta concepción de la educación lo lleva a concluir cómo ella en su más amplia significación tiene como objetivo de base un proceso en el cuál se hace posible la autoeducación.

García, 1995 afirma que la formación que trae el estudiante a la universidad no solo es desigual, sino también deficiente, por lo tanto se requiere de “métodos y técnicas que le permitan hacer realidad el trabajo autónomo y responsable, y centrar el interés del profesor en el desarrollo en el estudiante de la capacidad de pensar, de resolver problemas y de desenvolverse en

situaciones novedosas”.

La formación a distancia establece el aprendizaje como centro de los procesos educativos y en el potencial efectivo del trabajo académico que realiza el estudiante. La educación a distancia

se rompe la simultaneidad del espacio y el tiempo, para facilitar que las personas puedan aprender en cualquier espacio e interactuar de manera asincrónica a través del uso de tecnologías (Leal et al. 2007).

Por este motivo Moreno (1993) arguye que el autoaprendizaje o el aprender a aprender se puede considerar como una opción muy significativa en el proceso educativo. Esta apreciación se fundamenta en algunas de las características de la persona, como son “su capacidad para tomar decisiones y de hacer elecciones responsables, el tener una motivación básica hacia el

crecimiento y desarrollo de sus capacidades constructivas, creativas, la posibilidad y la necesidad de “hacerse y transformarse” a lo largo de su vida, y el estar dotada de un dinamismo propio que le permite iniciar y dirigir sus acciones”.

Daniel, J. et al. (2002), mencionan que los términos aprendizaje abierto y educación a distancia hacen referencia a modalidades educativas que apuntan a ampliar el acceso a la educación y a la formación, liberando a los alumnos de las limitaciones de tiempo y espacio, y ofreciendo mayor flexibilidad en las oportunidades de aprendizaje individual o grupal. El aprendizaje abierto y a distancia es uno de los sectores educativos con mayor crecimiento, y el impacto potencial que podría significar para todos los sistemas de entrega de educación se ha visto acentuado gracias al desarrollo de las tecnologías de la información basadas en el uso de internet, y en particular, de la World Wide Web [Red Mundial].

Los desarrollos mismos de la ciencia y de la tecnología han llevado a replantear el esquema simplista y reduccionista de un profesor que transmite información y de un estudiante que la registra en forma mecánica y memorística. En su lugar, se propone reivindicar las relaciones interpersonales que establezcan el clima afectivo y las condiciones para un trabajo que estimule la posibilidad conjunta para aprender y la capacidad creativa de uno y otro.

El entorno educativo lo establece cada institución conforme a sus orientaciones teleológicas, procedimientos pedagógicos y didácticos, intencionalidades políticas y posibilidades estructurales y financieras que estructuran todo el trabajo académico y de desarrollo de competencias

propuesto para que un posible usuario se incorpore al mismo y sea posteriormente certificado conforme a la propuesta curricular elegida.

En este orden de ideas, Bernal et al. (1992), afirma que en el Sistema de Educación a Distancia, se concibe a la Educación a Distancia como una estrategia educativa que se diferencia de la presencial en la dimensión de tiempo, espacio y metodología. Es un proceso de

enseñanza—aprendizaje que busca conseguir objetivos educativos, que hace uso selectivo de medios para propiciar el aprendizaje, que exige sistematización de impresos y/o audiovisuales que sirven para proporcionar el contenido y que también exige un cambio en la manera de conducir la instrucción, la cual se centra en el alumno, con el consiguiente cambio en el papel del profesor.

El mismo autor afirma que la Educación a Distancia puede considerarse como una forma particular de tecnología educativa que se caracteriza por la utilización intensiva de los medios de comunicación, de procesos de aprendizaje programado o individualizado o de modelos

organizacionales. Es una metodología indicada en aquellos casos en que la relación directa y presencial entre educadores y educandos tiene que reducirse al máximo por razones como la separación geográfica o la imposibilidad de un encuentro simultáneo en tiempo. No es entonces una alternativa en lugar de la educación presencial sino un sustituto en aquellos casos en que ésta no es posible.

Con el concepto de educación a distancia, se puede entender, según Vásquez, Sarmiento y Chica (2002), un modelo de educación que se caracteriza fundamentalmente por diseñar

ambientes de aprendizaje, valiéndose de mediaciones pedagógicas que permiten introducir una ruptura espacio – temporal en la relación inmediata institución de educación superior – estudiante, profesor – estudiante y de los estudiantes entre sí, y crear una dinámica de interacciones

orientada al aprendizaje autónomo.

Por su parte, Sangrá (2002), establece que un elemento en juego común para todas las teorías de la educación a distancia es el estudiante. El análisis de sus necesidades y de sus características específicas (edad, nivel educativo previo, estatus social, disponibilidad de tiempo para el estudio, etc.) se convierten en elementos absolutamente condicionantes que, en caso de no tenerlos en cuenta, impiden definir cualquier modelo de educación a distancia mediado por alguna tecnología. Así como en la formación presencial (Tait y Mills, 1999), nos dirigimos a un grupo, sea éste homogéneo o no, cuando entramos en contextos de educación a distancia el

Bernal et al. (1992), afirma que en la Educación a Distancia el material impreso o texto de auto estudio es el medio maestro que contiene elementos que guían y estimulan por medio de su contenido el aprendizaje del alumno a partir de un conjunto de valores que éste debe poseer como son la honestidad consigo mismo en la realización de los ejercicios y auto evaluaciones,

constancia en la preparación de las unidades de tarea, disciplina en la organización de los períodos de estudio y además requerir de la imaginación, iniciativa y creatividad para el desarrollo de su tarea educativa.

De acuerdo con Sangrá (2002), si hasta hace relativamente poco la educación a distancia era observada como una educación de carácter compensatorio, a la cual estaban “condenadas” aquellas personas que no tenían la posibilidad de asistir a situaciones de educación presencial, la emergencia del uso social de las tecnologías de la información y la comunicación (Castells, 1997), conjuntamente a la conceptualización de la educación como un proceso que se extiende a lo largo de la vida (Delors, 1997), han hecho que la educación a distancia pueda considerarse en estos momentos, y en algunos casos, como una alternativa real a la educación presencial. El uso intensivo de las tecnologías en las experiencias de educación a distancia ha permitido una percepción más moderna de este tipo de educación (Sangrá, 2002).

Las características del sistema de Educación a Distancia, según Bernal et al. (1992), no solo convierten al estudiante en el centro del proceso de aprendizaje, sino que también le permiten un manejo flexible del tiempo, del ritmo de aprendizaje, del material de autoestudio en la ejecución de los ejercicios, evaluaciones parciales y evaluaciones globales de la unidad.

La expansión de la educación a distancia es fácil de justificar: las autoridades académicas ven en esta forma de enseñanza la manera ideal de solucionar de forma efectiva las

consecuencias que la falta de recursos para construir edificios y contratar profesorado pueden tener a la hora de responder al reto de una población que necesita acceder a la universidad para aumentar sus posibilidades de éxito en un ámbito laboral en continuo cambio.

En la modalidad a distancia, el campo de la enseñanza corresponde al diseño de ambientes de aprendizaje que median la relación entre el docente, el saber y el estudiante y que están

encargados de propiciar la dinámica enseñanza-aprendizaje, donde el mayor énfasis en la responsabilidad del proceso de aprendizaje recae en el estudiante.

En este sentido, el ambiente de aprendizaje es inherente a la selección de los medios que se emplearán y a la preparación didáctica de los contenidos que se han de incorporar en los mismos. Así, es necesario guardar coherencia entre la función que se asigna a un medio y sus características propias (exigencias técnicas, niveles de accesibilidad, lenguaje que utiliza, etc.).

El uso de métodos de aprendizaje abierto y a distancia también se ha multiplicado en los sectores de la educación no formal y el desarrollo comunitario. A menudo los programas educativos a distancia alcanzan a un significativo número de mujeres, en sociedades donde las mujeres no tienen las mismas oportunidades de participar de otras formas de educación y desarrollo profesional más convencionales. Los enfoques del aprendizaje abierto y a distancia se prestan particularmente para abordar muchos de los temas complejos del mundo moderno, en los que se requiere la confluencia de una variedad de disciplinas (Daniel et al., 2002).

Las habilidades para lograr autodirección en el aprendizaje, son base en un sistema de enseñanza abierta, pues determinarán un claro planteamiento de metas (Miranda, 2008).

En los países densamente poblados del mundo en desarrollo, el aprendizaje abierto y a distancia ha significado una oportunidad única para la educación y la formación académica. Sin embargo, la falta de infraestructura y de personal capacitado aún constituye una barrera difícil de franquear. Los costos del aprendizaje abierto y a distancia varían sustancialmente según el uso de materiales educativos, las tecnologías y los medios involucrados, y según el tipo y organización de los servicios de apoyo al alumno.

Generalmente se asume que los alumnos que participan de la educación abierta y a distancia, que a menudo son adultos laboralmente activos, deberían pagar una porción más elevada de los costos que los alumnos tradicionales (Daniel et al. (2002). Sin embargo, esta asunción debe modificarse de acuerdo al objetivo del programa, el grupo meta y otras

negativos en términos cualitativos y sociales. Debe evitarse cualquier tipo de discriminación económica hacia los alumnos que participan de programas de aprendizaje abierto y a distancia en relación con los demás alumnos.

El rendimiento académico del estudiantado universitario constituye un factor imprescindible en el abordaje del tema de la calidad de la educación superior, debido a que es un indicador que permite una aproximación a la realidad educativa. (Díaz, et al. 2002)

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