Chapter 5: Data Analysis and Result
6.7. Conclusion
El comercio justo en México dentro de la cafeticultura nació en un contexto de fuertes caídas en los precios internacionales del café, donde los pequeños cafeticultores se encontraban poco organizados y por ello sujetos a las condiciones que les imponían los intermediarios y usureros locales, quienes a su vez estaban vinculados a empresas nacionales y extranjeras que usufructuaban dicha crisis con ganancias anuales record, mientras el nivel de vida de los pequeños productores disminuía sistemáticamente (Pérez, 2002).
El comercio justo ha sido el mecanismo por medio del cual se apoya a los pequeños productores a reducir la dependencia estructural en la que han vivido por muchos años, a través de la obtención de mejores condiciones para la producción y venta de productos como el café. Ha fungido como un puente que da a las organizaciones de productores participantes una idea más clara acerca de los intereses y necesidades de un segmento de mercado específico, ayudándoles a ver la importancia y repercusión de su actividad productiva en los grandes centros urbanos de los países desarrollados (Martínez Morales, 1996).
La iniciativa de comercio justo significó un cambio importante ya que fomentó el trabajo organizado de los pequeños cafeticultores individuales en forma de empresas sociales, dándoles una razón clara para unir esfuerzos en torno a un objetivo común que de otra manera no habrían podido alcanzar por separado. Además de ello, convirtió a los productores en sujetos activos en su propio proceso de transformación, dejando atrás la etapa de ayudas unilaterales para entrar en otra de colaboración,
interés y respeto de todas las partes involucradas, siempre en un contexto de libre mercado (Martínez Morales, 1996).
Los pequeños productores, a través de la iniciativa de comercio justo, también lograron dar visibilidad a los problemas sociales y económicos por los que atraviesa la inmensa mayoría de la población rural en México y otros países, en tanto la situación de baja en los precios de compra de las materias primas, la intermediación excesiva, la usura de diversos niveles y la explotación en general, no son privativos de la actividad cafetalera, sino que se presentan en prácticamente todo producto agropecuario (Fernández, 1998).
Sin embargo, una de las limitantes que el comercio justo representa para los pequeños productores es que el mayor precio pagado por el café no se aplica a toda la producción de las empresas sociales participantes, sino a un porcentaje; es decir, el comercio justo sólo beneficia a aquellos productores que son miembros de organizaciones certificadas, mientras que las organizaciones de productores convencionales no son beneficiados con las ganancias económicas (Renard, 1999).
El desarrollo de la iniciativa de comercio justo tiene como una de sus áreas de trabajo a futuro el involucrar con mayor intensidad a los pequeños productores en el desarrollo de sus empresas sociales y sus comunidades. En este sentido Renard (1999) afirma que todavía son numerosos los productores de algunas organizaciones inscritas en el registro internacional que no están conscientes del sitio que ocupan dentro de la red de comercio justo, limitándose a entregar su café a la organización porque de ella obtienen un mayor pago por el aromático, mientras que en tiempo de bonanza se encuentran tentados a venderlo a los coyotes locales, deshonrando los compromisos con sus organizaciones.
Los consumidores han venido tomando conciencia de la influencia que pueden ejercer frente a las grandes empresas a través de su compra. Entendiendo el hecho de que en el mercado se encuentren hoy productos alimenticios de baja calidad, obedece a la
lógica de mercado de vender más barato sacrificando o transfiriendo los costos de la producción. En relación al comercio justo, es precisamente el consumidor quien representa el soporte principal debido a que proporciona los dos elementos básicos para su funcionamiento: a) un interés inicial concreto por una situación o problemas económico, social, ambiental, etc. que genera diversas acciones destinadas a solucionarlo y b) los recursos económicos, principalmente con los cuales concluye el ciclo de producción, comercialización y consumo, en donde participan productores, compradores, certificadores, transportistas y otros que dan paso a un nuevo ciclo. De esta forma, el consumidor deja a un lado el papel de espectador para empezar a participar económica y socialmente en sus propias comunidades y en la vida de los productores de países lejanos, al mismo tiempo que adquiere un producto de alta calidad (Mata, 1992).
Las empresas privadas, desde los tostadores artesanales, las pequeñas tiendas o puntos de venta y restaurantes hasta los grandes importadores y supermercados, han jugado un papel primordial dentro del sistema de comercio justo en todo el mundo, pues han identificado y alimentado a un nicho de mercado que demanda productos que contengan, además de las características tradicionales, nuevos valores sociales, ecológicos y económicos que respondan a intereses específicos, como la conservación de la biodiversidad, lucha contra la contaminación del ambiente o el apoyo a grupos marginados, entre muchos otros. Así, al responder a dichos intereses, tales empresas atraen a nuevos clientes, incrementando sus ventas (Prieto, 1992).
Actualmente los consumidores, empresas privadas y públicas, y organismos como Agromercados, Comercio Justo en México y Certimex alientan la valorización de la calidad del producto y el trabajo mismo de los productores de café mexicanos. También buscan dar valor agregado a los productos nacionales mediante la transformación. Así mismo la protección de la biodiversidad forma parte de las prioridades, mediante la contribución a la protección del medio ambiente y de la salud, tanto de los productores (as) como de los consumidores (as); la recuperación de los
valores y de las técnicas antiguas de las comunidades indígenas; y el valor agregado que este tipo de agricultura ofrece al producto reflejado en un precio más elevado.