Chapter 1 – Delimiting the Study of Risk: Exploring Values and Judgments in
1.6 Conclusion
La radiología es una técnica auxiliar que lleva utilizándose en Medicina desde el descubrimiento de los rayos X, en 1895, por el profesor Wihelm Conrad Röntgen (1845-1923), en la Universidad de Würzburg, en Alemania.
Röntgen se encontraba experimentando con fotones de luz y otras emisiones, que eran generadas por descargas en tubos de vidrio al vacío, con el objetivo de determinar el alcance de los rayos catódicos fuera del tubo de descarga. El 8 de noviembre de 1895, percibió que en los casos en que el tubo cubierto estaba cargado otros objetos, que se encontraban a mucha distancia como para pensar en los rayos catódicos, comenzaban a emitir luz. Tras este descubrimiento siguió experimentando en esta línea y manipulando la distancia y composición de los objetos hasta que, accidentalmente, llegó a la observación de los huesos de su propia mano.
Tras ser consciente del alcance del descubrimiento de los rayos X, Röntgen, realizó una comunicación pública en la Sociedad Físico-Médica de Würzburg, en la que incluye la primera radiografía de la que se conoce registro en la historia (Brogdon, 1998). A partir de ese momento, y gracias a la gran difusión sobre el poder de penetración de los rayos X, se realizaron numerosos estudios que supusieron un gran avance en la técnica de la radiología, hasta el punto de que en muy poco tiempo se convirtió en una de las técnicas más importantes para el diagnóstico de patologías traumáticas en el campo de la medicina.
Sin embargo, en un primer momento nadie reparó en los posibles efectos adversos que pudieran derivarse de esta técnica. El primero en exponer científicamente los daños que podría generar los rayos X fue Thomson (1853-1937) que, trabajando en mejorar los tubos de rayos X para que pudieran obtenerse imágenes estereoscópicas, se percató de que la radiación podría generar perjuicio sobre los tejidos humanos. Así, demostró en una de sus publicaciones como los rayos X podrían producir quemaduras en los tejidos vivos. Fue a partir de entonces cuando se empezó a investigar en profundidad los daños producidos por esta técnica.
En 1896, Becquerel (1852-1908), experimentando con sales de uranio sobre placas fotográficas, comprobó que la emisión del uranio era capaz de atravesar sustancias
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opacas. De esta manera, descubrió una nueva propiedad de la de la materia a la que denominó radiactividad. Sin embargo, no se estableció la relación entre la radiactividad y los rayos X hasta que un día Becquerel accidentalmente se quema al colocar un material que contenía radio. Posteriormente, ocurre algo parecido con los Curie que intentan demostrar la eficacia del radio en el tratamiento de enfermedades y también sufren quemaduras importantes. Desde este momento, y en las siguientes décadas fallecen muchos investigadores y médicos que habían estado dedicados a este campo como consecuencia de las quemaduras por radiación y cáncer, hasta llegar a contar casi un centenar de personas que había estado expuestos a los rayos X.
Gracias a esto, se asoció la radiación a los rayos X y se adoptó una conciencia colectiva sobre la manera de utilizarlos para evitar riesgos. Así se inicia el desarrollo de la radiobiología y la protección radiológica para aquellos profesionales que trabajan en este campo así como para los pacientes que tengan que hacer uso de esta técnica.
Desde su descubrimiento, la técnica radiológica fue evolucionando rápidamente, y empezó a ser aplicable a otras disciplinas como la Antropología Física y Forense. Así fue como en 1986, se propuso la utilización de esta técnica en estudios del carpo como indicador de edad ósea. Desde este momento se estuvo utilizando la radiología en muchos estudios destinados a establecer estándares de maduración ósea en diferentes regiones anatómicas, hasta el punto que, a día de hoy, se ha convertido en una de las técnicas más importantes para el estudio de la edad y ha sido utilizada en numerosos estudios de Antropología Física y Forense.
RADIOLOGÍA ANALÓGICA Y DIGITAL
El fundamento físico principal de la radiología se basa en atravesar un objeto o un cuerpo con rayos X de tal forma que así obtengamos una imagen fotográfica que quede registrada en una película especial, y que permita observar estructuras internas del cuerpo humano que no podrían verse de otra manera.
Los rayos X son fotones, cuyas energías se distribuyen a lo largo de un espectro continuo, que se obtienen haciendo incidir un haz de electrones con suficiente energía sobre un metal de wolframio, tungsteno o molibdeno. Los rayos X se obtienen dentro de un tubo de cristal sometido a un alto nivel de vacío que constará de dos electrodos, uno
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positivo o ánodo y otro negativo o cátodo. El cátodo presenta un filamento que a elevadas temperaturas emite electrones que viajarán hasta el ánodo incidiendo bruscamente en él y liberando así los rayos X.
En el generador de rayos X se pueden modificar varios parámetros dependiendo del objeto que se quiera radiografiar: la tensión, medida en kilovoltios, determina la energía de los electrones y por tanto el poder de penetración de los rayos X; la intensidad, se mide en miliamperios y determina la tensión aplicada al filamento del cátodo y por tanto influirá en el número de electrones liberados; el tiempo de exposición, es el tiempo que dura el disparo; y la distancia foco-película, que es la distancia a la que se encuentra el objeto a radiografiar del foco de rayos X y de la película radiográfica.
Por su parte, las películas radiográficas constan de una emulsión, que contiene halógenos de plata, que la hace sensible a los rayos X y la luz, que cuando es revelada se vuelve de color negro. Para poder observar la radiografía, es necesario someter la película a un proceso de revelado y fijado que consiste en transformar a color negro los cristales que estuvieron sometidos a la radiación y no alterar los que no estuvieron expuestos. De esta manera hay zonas de la película que se ven de color negro, gris o blanco, dependiendo de la cantidad de radiación a la que hayan estado expuestas.
El revelado y fijado, así como cargar el chasis con la película radiográfica debe realizarse en un cuarto oscuro acondicionado para dicho fin. En primer lugar se debe extraer la película con cuidado de no ensuciarla en la manipulación, en segundo lugar la película se introducirá en la fase de revelado y fijado (tras estas dos operaciones la película pasará por una fase de lavado), y en tercer lugar se someterá a una fase de secado. Gracias a estas fases la película queda lista para poder ser observada en una superficie de luminancia uniforme como un negatoscopio.
El problema de la radiología convencional es que las placas radiográficas son muy difíciles de analizar en sí mismas por lo que normalmente se tiene que digitalizar. A este proceso se le denomina radiología digital indirecta, ya que permite la obtención de una imagen digitalizada a partir de una imagen analógica. La radiología analógica o convencional permite una calidad de imagen inigualada a la digitalizada, sin embargo, no permite todas las modificaciones imagenológicas que se pueden conseguir con la digitalización. Hay dos tipos de obtención de imágenes digitales a través de radiografías analógicas:
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- Radiografías convencionales en placa digitalizadas utilizando un escáner plano y un adaptador de transparencias.
- Radiografías convencionales en placa mediante el uso de una cámara digital
En cualquiera de estos dos casos, el límite de resolución de la imagen digitalizada obtenida dependerá de las características que se dispongan en el escáner o cámara digital utilizados para su registro.
La radiología digital directa, por su parte, difiere un poco de la anteriormente explicada radiología convencional. La radiología digital directa no sólo se ha convertido en una revolución dentro del campo de la radiología sino que se ha establecido como un método diagnóstico novedoso en sí mismo, desde su desarrollo en los años 70 (Schmitt y Lehman, 2004). Este método está basado en la obtención, edición y presentación de imágenes radiográficas gracias a su asociación con la tecnología de los ordenadores.
Las ventajas de la radiología digital directa frente a la radiología convencional son las siguientes: se eliminan la mayor parte de los productos químicos usados para el revelado y fijado de las placas; se obtiene mejor calidad de imagen gracias a las posibilidades del filtrado digital; es mucho más rápida; y facilita el acceso a la información ya que se pueden crear bases de datos específicas que pueden gestionarse a través de medios digitales.
En la radiología digital directa no es necesaria la obtención de placas radiográficas analógicas, sino que utilizan otro tipo de mecanismo. En este caso las placas utilizadas contienen cristales de fósforo que tienen la capacidad de retener la imagen latente tras su exposición por los rayos X. Gracias a esta propiedad, un sistema de luz láser puede obtener la imagen latente y recuperar los electrones transportando la imagen a un dispositivo fotomultiplicador, que transforma la señal de luz recibida en valores de píxeles para que se pueda obtener la imagen digital (Van der Stelt, 2000). Hay dos métodos diferentes a través de los cuales se pueden obtener radiografías digitales:
- Imagen digital semidirecta adquirida utilizando palcas de fósforo estimulable. - Imagen digital directa adquirida utilizando un dispositivo de carga acoplada.
En cualquiera de estos dos casos, la imagen digital obtenida debe tener una calidad suficientemente buena en cuanto a resolución y niveles de gris.6
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