La actual historiografía ha validado desde múltiples enfoques los estudios regionales y locales, teniendo en cuenta la interrelación dialéctica entre nación- región-localidad. Estos estudios permiten una indagación provechosa en la búsqueda de nuestras propias raíces y la identidad cultural, tarea por demás compleja y riesgosa.
Nuestra actual región central subdividida en 1976, con la última división político- administrativa en Cuba, en las provincias de Sancti Spíritus, Villa Clara y Cienfuegos, tiene sus antecedentes más remotos en las antiguas regiones históricas de Trinidad, Sancti Spíritus, Remedios, Santa Clara, Sagua la Grande y Cienfuegos, las cuales se caracterizaron por una peculiar interrelación regional, en virtud de su desenvolvimiento económico, social, político y cultural. En el estudio del poblamiento de la que es actualmente la provincia de Villa Clara y la conformación de su estructura espacial, debemos partir del reconocimiento de la unidad histórica de nuestra provincia, cuyas raíces se hallan en la integración a ella de tres regiones históricas plenamente definidas en su período colonial: Remedios, Villa Clara y Sagua la Grande, el caso más peculiar en el centro de la Isla, considerando que en las actuales provincias de Sancti Spíritus y Cienfuegos solo seintegraron dos (Sancti Spíritus y Trinidad) y una (Cienfuegos) respectivamente.
El estudio de este fenómeno geohistórico demuestra una profunda relación de historicidad entre la génesis, desarrollo y posterior conformación de las regiones históricas de Remedios, Villa Clara, Sagua la Grande, la cual explica por sí sola, la unidad dialéctica de este complejo proceso. Lo anterior lo corrobora el propio proceso de poblamiento y ocupación del espacio villaclareño en el que se advierten las tres direcciones principales que definen las etapas del proceso de colonización a nivel nacional:
9 Colonización temprana (primera mitad del siglo XIX). Remedios (1514- 1520…?).
9 Colonización derivada de la expansión azucarera esclavista (fines del siglo XVIII y mediados del siglo XIX). Sagua la Grande (1812).
Esta diferenciación temporal-espacial en el poblamiento villaclareño fundamenta la unidad y a la vez la diversidad del dinámico proceso, donde los factores socioeconómicos determinan, en última instancia, este efectivo desarrollo regional “desde adentro” que contribuyó decisivamente al desarrollo nacional.1
En su sentido más amplio, la parte central del país constituye una “región frontera” en la que inciden los dos tipos básicos de desarrollo integral de la Isla: el ganadero y el azucarero, con características propias. La economía ganadera predomina en Villa Clara, donde la pequeña propiedad agropecuaria alcanzó niveles de desarrollo considerables, mientras que la economía azucarera caracterizó las regiones históricas de Sagua la Grande y Remedios. En ambos tipos económicos se advierte la influencia del desarrollo ganadero del territorio Camagüey-Las Tunas y el azucarero de la llanura habanero-matancera respectivamente. Siguiendo los factores de su propio desarrollo económico, estas regiones presentan diversos regímenes de explotación de la fuerza de trabajo. Las regiones azucareras son representativas del auge esclavista, cuyas formas en Sagua la Grande y Remedios se ven precisadas a adaptarse a las condiciones imperantes en el mercado de fuerza de trabajo como consecuencia de la abolición del tráfico negrero, mientras que Villa Clara desarrolla formas de explotación basadas en la utilización minoritaria de la esclavitud y en una mayor proporción la fuerza de trabajo libre, más adecuada a sus actividades económicas fundamentales.2
En este ámbito estas regiones tienen un patrón de identidad regional o regionalidad desde el punto de vista cultural. Las identidades propias de cada región deben verse en su interrelación, pues cada una de ellas se va forjando en los símbolos materiales y espirituales de su cultura y parte del condicionamiento de su cultura material. Las regiones de Villa Clara y Remedios, por ejemplo, en sus ciudades núcleos respectivas, fueron escenarios de procesos identitarios de carácter regional y criollo que se relacionaron con las condicionantes socioeconómicas características. Los ejemplos villaclareños y remedianos,
también, desde el punto de vista socioeconómico. De todos modos, está presente en las regiones villaclareñas, tipificado en los casos de Remedios y Santa Clara, “un contradiscurso cultural que revelaba actividades y proyectos de ribeteado utópico desde los valores de las culturas tradicionales frente a […] la sociedad moderna, capitalista, que irrumpía con la plantación.”3
La villa de Santa Clara, luego ciudad cabecera de la jurisdicción a la que servía de centro nodal, de núcleo urbano fundamental, se fundó el 15 de julio de 1689 por un grupo de familias remedianas, en el hato de Antonio Díaz, localizado en tierras mercedadas por el cabildo de Sancti Spíritus.
La extensión de la ganadería en un intenso proceso de mercedación de tierras, agotadas ya las posibilidades de la minería aurífera, despertaron los intereses de la naciente oligarquía hatera remediana que valiéndose de múltiples móviles tanto objetivos como subjetivos y con el decisivo apoyo y participación de la Iglesia, promovió el traslado de la villa hacia el interior. La fundación de Santa Clara fue representativa de la ocupación o colonización interna del espacio geográfico y es el resultado de un verdadero caso de nepotismo, al quedar repartidas sus tierras entre el núcleo fundador integrado por familias remedianas. De esta manera, con la ubicación estratégica de la nueva villa en la privilegiada posición geográfica central del país, se impulsó la producción agrícola de subsistencia (en las haciendas y estancias), y especialmente la cría de ganado mayor y menor (en los hatos y corrales) que había devenido producto de comercialización de gran demanda en la Isla y en las vecinas colonias caribeñas.4
De cualquier modo, como bien expresa Manuel Dionisio González, “[…] el hecho de la fundación de la villa, está enlazado con la historia precedente del pueblo de que tuvo origen [sic]”. 5
En esencia, lo analizado demuestra que las causas que dieron origen a Santa Clara tienen su punto central en los intereses económicos.
Desde su fundación el autoabastecimiento, por contar con gran cantidad de tierras que no se encontraban en producción, fue una de las preocupaciones fundamentales de los habitantes de la ciudad, por tanto, era el trabajo en el desarrollo ganadero, unido a las labores en la agricultura para la subsistencia, la principal ocupación. Para lograr el desarrollo y buen funcionamiento de la Villa y su
región, desde un inicio se constituyó el Cabildo y fue levantada la iglesia en 1692. La protección de la economía agrícola era la base para poder continuar desarrollando la ganadería, principal rama de la economía en la región y lograr el desarrollo y estabilidad de la Villa, que iría tomando mayor fuerza política y económica en beneficio de sus pobladores, fundamentalmente de la oligarquía ganadera que desde el Cabildo movía los hilos conductores de esos avances en aras de sus beneficios personales. La ganadería, mercado seguro, propició el comercio intra e interregional, por ser la nuestra una región de tránsito entre el Oriente y Occidente del país, lo que permitió cierto desarrollo del mercado y el comercio. Las preocupaciones oficiales por facilitar las comunicaciones, y lógicamente, el comercio, aparecieron desde un inicio. Con el desarrollo de las actividades comerciales se hicieron más necesarios, fundamentalmente aquellos que permitían el arribo a zonas costeras. La única vía de obtener los productos deficitarios en la Villa, era trayéndolos de otras regiones y los no cubanos, mediante el contrabando, único escape a las restricciones coloniales y a la política española de puerto único. Fueron precisamente los ganaderos de la jurisdicción, con su ganado como mercancía, los beneficiarios y practicantes de dicho comercio ilegal. Por ello se tratan de construir caminos hacia los embarcaderos naturales del río Sagua la Chica: así Santa Clara trataba de compensar su mediterraneidad.
Aunque la Villa era pequeña, se precisó el inicio de su trazado urbano. Así se establecieron las primeras calles, el lugar de la Plaza Mayor y la forma en que iban a medirse los solares para las casas del vecindario. La Iglesia como institución realizaba un profundo trabajo ideológico, complementando sus intereses con los del Estado.
Al concluir el siglo XVII se habían cumplido los objetivos iniciales de la fundación de la Villa, se crearon las bases para su futuro desarrollo y la oligarquía ganadera muestra su protagonismo, que iría en aumento. Asimismo se fortalece el Cabildo con intereses comunes a los de la Iglesia que aunque mostraba su fidelidad a la Corona, también mostraba su independencia, fundamentalmente si era en beneficio de sus funcionarios locales.6
se fueron desarrollando sentimientos de autonomía, autorreconocimiento regional y local, así como incipientes manifestaciones de diferenciación cultural en el complejo proceso de formación de la nacionalidad y la regionalizad.7
Ya en el siglo XVIII cuando la Villa adquiere protagonismo con una estabilización de la vida urbana que no fue privativa de ella. La expansión de la ciudad y el aumento del monto demográfico, así como el comercio con La Habana contribuyeron a regularizar los contratos exteriores de Villa Clara y a estabilizar su naciente economía en un momento que lo precisaba para fortalecer y crear las condiciones de su futuro desarrollo. La comercialización del ganado iría en constante aumento y a raíz de algunas libertades que ofrecía la política del Despotismo Ilustrado, fundamentalmente a partir de 1763, se trató de legalizar el comercio de contrabando. Los propios ganaderos eran los que controlaban el gobierno de la Villa y la región y desde su posición política trataban de garantizar el desarrollo de su economía. El comercio con La Habana se mantuvo durante todo el siglo XVIII, síntoma del desarrollo alcanzado por nuestra región y su cabecera urbana.
Los elementos anteriores permiten entender por qué la ganadería y su comercialización constituyeron el principal renglón económico durante todo el siglo XVIII y aun hasta la primera mitad de la centuria siguiente.
En medio de su desarrollo la región y particularmente la Villa tuvo que enfrentar otros fenómenos derivados de las guerras que España sostenía con las demás potencias europeas. Fue entonces necesario tomar medidas para la defensa armada en caso de ataque. Se organizaron las milicias formadas por pequeñas compañías llamadas batallones y luego otras milicias de personas “de color” libres. Indicador lo anterior de un nítido sentimiento de criollidad y de defensa de la “patria chica” que tuvo su más alta expresión en la cerrada defensa que de su región y de toda la Isla hicieron los villaclareños frente a los intentos ingleses de apoderarse de los territorios centrales una vez ocupada La Habana en 1772.
Desde la segunda mitad del siglo XVIII, se aprecia un interés por aumentar las producciones azucareras en la región, manifestada en las medidas protectoras del Cabildo. Pero los productores azucareros continuaban sumidos en el atraso a diferencia de los ganaderos y de los labradores. El crecimiento azucarero fue muy
lento, lo que nos hace pensar en el predominio de una esclavitud doméstica y se puede comprender fácilmente las reducidas producciones en esta rama productiva, que tiene como base la mano de obra esclava la cual fue minoritaria en el territorio según lo demuestran los datos estadísticos.
Hasta fines del siglo, la agricultura había crecido, y los sitios y estancias aumentaron bajo la protección del Cabildo, primero con un carácter subsistencial y luego para el comercio e intercambio con otras regiones como La Habana y Trinidad. A partir del segundo lustro de la década del 50 de este siglo, como causa y consecuencia del Despotismo Ilustrado implantado por España en sus colonias de América, aumentó el número de cargos en el Cabildo, se refuerza la vida político-administrativo en la Villa y su jurisdicción, lo que trajo un mayor control sobre estas.8
Bajo el influjo del Despotismo Ilustrado que signó nuestro siglo XVIII, en el espacio de nuestra Villa y su región, la cultura espiritual manifestaba una tendencia a subordinarse a las funciones de carácter religioso y político comunal, fenómeno típico e toda Cuba desde una cultura para el recreo que adquiere cada vez más acentuados perfiles urbanos. Fue notable la acción en Santa Clara durante el siglo XVIII de un clero ilustrado, en el cual los intereses de la política religiosa se darán mancomunados con su calidad de prohombres criollos, ya marcados con un pensamiento racionalista en la necesidad no sólo de catequizar, sino de ofrecer las primeras letras a las muchedumbres incultas, sin lo cual no concebían posible el progreso de la región en general y su Villa en particular. En fin, se observa un conjunto de manifestaciones culturales y educacionales que son indicadores del surgimiento y desarrollo incipiente de un sentimiento de regionalidad y de amor a la “patria chica” cuyo exponente cimero fue la posición adoptada por los villaclareños ante los intentos de ocupación de los ingleses, como ya hemos dicho.
Debido a los ecos nacionales de la política del Despotismo Ilustrado y sus resonancias regionales y locales se produce cierta animación de la vida socioeconómica y cultural paralelo a la paulatina sustantivación del papel de la Villa en el contexto regional y la estabilización de su vida urbana.9
capitalista y su necesario incremento, así como la demanda creciente de productos alimenticios para la población incrementaron la movilidad social, aceleraron la conversión de los espacios geográficos en regiones socioeconómicas y se ampliaron las que ya venían formándose. Las distintas regiones en formación comienzan a perfilarse en cuatro conjuntos territoriales. Su agrupación económica, política, social y comercial, enlazada dentro de la unidad espacial e histórica perfila los cuatro grandes complejos socioeconómicos regionales: La Habana (Occidente), Las Villas (Centro), Puerto Príncipe (Camagüey) y Oriente. Complejos socioeconómicos regionales estos, no homogéneos, ya que están integrados por el conjunto productivo-comercial y sociocultural donde se encuentran e interaccionan las distintas regiones socioeconómicas que lo integran, compuestas a su vez por zonas de especialización productiva.10
En esta nueva dinámica de desarrollo socioeconómico, nuestra región y jurisdicción, constituye un caso peculiar sumamente interesante en relación con sus regiones y jurisdicciones circunvecinas.
Desde fines del siglo XVIII hubo un desarrollo acelerado de la producción azucarera en algunas regiones del país, no fue este el caso de la nuestra. Al aumentar el precio del azúcar en el mercado mundial se incentivó el desarrollo de ese renglón fundamentalmente en las regiones costeras para dar salida a su comercialización. La región villaclareña no tuvo una fuerte tradición azucarera, teniendo como obstáculo fundamental la transportación, debido a su mediterraneidad, incluso habiendo tierras fértiles y ganado suficiente para lograr el desarrollo azucarero. Estamos ante una de las causas fundamentales por las que la producción azucarera en ascenso no desplazó a la actividad ganadera como ocurrió en otras regiones. Tal es así que el número de trapiches e ingenios no aumentó al iniciarse el desarrollo azucarero. En 1778 había 29 y en 1792, 30, y estos con bajas producciones pues se continuaba exportando azúcar de Trinidad para abastecer a la región y a la Villa. La situación se agravó cuando las regiones de Cienfuegos en 1830 y Sagua la Grande en 1844 se convirtieron en regiones con gobiernos propios. Pese a la habilitación del puerto de Granadillo en 1848 para alcanzar la salida al mar, pero sin las indispensables condiciones para el movimiento de embarcaciones, aunque sí permitía el cabotaje (comercio entre los
puertos de la Isla), Villa Clara resultó beneficiaria indirecta de las regiones vecinas ya que al tener una considerable masa ganadera comerció con las regiones azucareras que necesitaban alimentos para las dotaciones, la creciente población y para la fuerza motriz de los ingenios. Aunque se observa cierto crecimiento de las producciones agrícolas, la economía agrícola de plantación no tomó fuerza, por el contrario, la región tomó partido de ese desarrollo de las regiones plantacionistas a saber Cienfuegos, Sagua, y en menor escala Remedios; y durante las cuatro primeras décadas del siglo XIX, se dedicó a la venta de ganado y sus derivados a los propietarios de ingenios en las zonas azucareras. Lo anterior fue la tendencia general hasta aproximadamente 1840, cuando con la Revolución Industrial Azucarera fue ganando terreno la industrialización y el ganado empezó a perder importancia, unido a otros factores externos como la competencia de las carnes de otros países y la crisis económicas de 1857 a 1866 que determinó que la ganadería fuese desplazada por la agricultura de pequeñas y medianas propiedades con lo que se fortalece la clase media en la región de Villa Clara y su centro urbano a diferencia de la gran plantocracia cienfueguera, sagüera y remediana. Esta crisis hizo estrago además en los principales partidos de desarrollo azucarero de la jurisdicción, San Juan de los Yeras y San Diego, zonas donde se concentraba el peso de la producción azucarera de la región en 1846.11
La pérdida de Cienfuegos, y la conformación de Sagua como región histórica hacia la década de 1840, tuvieron gran incidencia en nuestra mediterraneidad. Manuel Dionisio González expresa:
Se agitaba ya por ese tiempo el proyecto de emancipación del caserío de Sagua La Grande, pues el establecimiento de la tenencia de gobierno en esta villa, movió los deseos de algunos vecinos de aquel poblado, que nunca estuvieron gustosos con la dependencia de Villa Clara, para pretender la creación de otra tenencia en dicho punto; y activadas diligencias con decidido empeño lograron al cabo, que el gobierno superior de la isla accediera á [sic] su solicitud, al terminar el mismo año de cuarenta y cuatro, habiéndoseles asignado como territorio jurisdiccional […] al desmembramiento que había sufrido nuestro distrito con la demarcación de límites hecha á [sic] Cienfuegos, se añadió esa otra pérdida de territorio por la parte del norte, con lo que se le desposeyó de la más rica porción que le quedaba […].12
Con la incorporación de Cuba a la economía de plantación azucarera esclavista y la consiguiente expansión azucarera en Occidente y luego hacia el este, se
medio geográfico. En nuestro territorio se recibían los influjos y las nuevas exigencias del mercado mundial capitalista.
Varias fueron las direcciones del poblamiento villaclareño a partir de su centro nodal, pero la que se extiende del centro al sur, entre los ricos territorios entre Santa Clara y Cienfuegos resulta sumamente importante por sus implicaciones económicas. La construcción del ferrocarril de Cienfuegos a Santa Clara, con un primer tramo de Cienfuegos a Ranchuelo, en 1856, y un segundo tramo hasta Santa Clara en 1860, fomentó la fundación de varios poblados, entre ellos el actual municipio de Ranchuelo (1856). Esto constituyó un ejemplo de expansión demográfica y desarrollo urbanístico a partir del establecimiento definitivo de dicho ferrocarril en 1860, expresivo también del impulso azucarero villaclareño que emanaba del importante emporio económico-comercial que constituía Cienfuegos en la costa sur.
El proceso de poblamiento villaclareño dinamizó la ocupación y transportación de la estructura espacial, impidiendo que Villa Clara sufriera las consecuencias del despoblamiento del cual fueron víctimas otras regiones cubanas. Proceso peculiar que tuvo una notable incidencia en el desarrollo de los medios de comunicación a saber, caminos y ferrocarriles, que favoreció los contactos intra e interregionales, propiciando el fortalecimiento del mercado interno y externo. Las particularidades