Pablo tenía a la comunidad cristiana en mente cuando escribió a la iglesia en la casa, en Éfeso, “Más bien, al vivir la verdad con amor, creceremos hasta ser en todo como aquel que es la cabeza, es decir, Cristo. Por su acción todo el cuerpo crece y se edifica en amor, sostenido y ajustado por todos los ligamentos, según la actividad propia de cada miembro”. (Efesios 4:15-16) La sanidad sobrenatural tiene lugar cuando los sanadores heridos (aquellos que han recibido el consuelo de Dios) hablan la verdad de Dios a los demás miembros del grupo de una manera humilde y sensible. La gente primero tiene que entrar en calor en el grupo pequeño antes de que ocurra la transformación. Los líderes sabios animan a los miembros del grupo a compartir honestamente y a orar los unos por los otros para experimentar la restauración y la sanidad.
Cuando Ted llegó al grupo celular, todo parecía normal. Sin embargo, su necesidad de una transformación emergió después de la lección sobre el perdón de 1Pedro 4:8. Él compartió su profundo resentimiento hacia un pastor, quien él creía le había violado a su hija. Ted se había aferrado a su amargura hacia este pastor, quien lo había dejado sin gozo y esclavizado. Esa noche la palabra de Dios llegó profundamente a su alma, y Ted se dio cuenta que tenía que ser liberado de su amargura, tanto por su propio bien como para agradar a Jesucristo. Durante el tiempo de oración, Ted confesó su amargura, y los miembros del grupo oraron por él para que experimentara una transformación interior. Los miembros del grupo hablaron a la vida de Ted, compartiendo sobre sus propias batallas con la falta de perdón y la sanidad sobrenatural de Dios. Dios comenzó el proceso de liberación de amargura y resentimiento de Ted esa misma noche, y él salió de la reunión lleno de gozo y paz.
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El Discipulado a través de la Comunidad
La iglesia es un hospital. Todo el mundo ha sido herido alguna vez. Nadie escapa al dolor de este mundo, y nadie experimentará una sanidad completa hasta la próxima vida. Lo mejor que podemos hacer es cumplir con nuestro rol como sanadores heridos, ofreciendo a otros el mismo alivio que otros ya han recibido.
Es por esto que exhorto a los líderes a no comenzar demasiado rápido con el estudio bíblico. Les animo a pasar suficiente tiempo con las peticiones de oración, las necesidades particulares que surjan durante la semana, haciendo preguntas para romper el hielo, o propiciando oportunidades para que la gente comparta a profundidad, oren por ellas, y permitan que otros sanadores heridos den palabras de aliento. Nos convertimos en discípulos al compartir en el viaje de la vida y al permitir que otros hablen la verdad en amor. Larry Crabb afirma esta verdad diciendo:
La gente común y corriente tiene el poder de cambiar la vida de otras personas. . . el poder yace en esa conexión, en esa profunda reunión cuando la parte más verdadera del alma de uno se junta con los escondrijos más vacíos que hay en el otro y encuentra algo allí, cuando la vida pasa de uno a otro. Cuando eso sucede, el dador queda más completo de lo que estaba antes y el receptor menos aterrorizado, finalmente ansioso por experimentar una conexión mutua aún más profunda.38
Ministrar a personas comunes y corrientes heridas a través del ministerio de grupos pequeños fue la fuerza impulsora detrás del movimiento metodista del siglo XVIII que transformó a Inglaterra. John Wesley, el fundador del movimiento metodista, comprendió la necesidad que tenían los miembros de un grupo de rendirse cuentas a través de un compartir transparente. Era lo esperado de cada miembro del grupo pequeño que “hablara
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libremente y con franqueza sobre todos los temas desde sus propias tentaciones hasta los planes para el establecimiento de una nueva reunión en una casa o visitar a los afligidos”. 39
Muchos creen que los pequeños grupos metodistas fueron fundamentales para salvar la Inglaterra del siglo XVIII de la anarquía y el desastre (la embriaguez y la anarquía estaban en su máxima expresión en la historia de Inglaterra, inmediatamente antes del avivamiento metodista). Los grupos metodistas no eran sólo para estudios de la Biblia, aunque Wesley animaba a todos los que le rodeaban a estudiar la Biblia y la doctrina. El énfasis estaba en practicar todo lo que las escrituras mencionaban sobre el tema de los unos-a los- otros y el fomento de la santidad y la espiritualidad a través de la comunidad cristiana. Wesley escribió: “¿Usted desea servir a Dios e ir al cielo? Recuerde que no se le puede servir solo. Por lo tanto, debe encontrar compañeros, o hacerlos: la Biblia no dice nada sobre la religión solitaria”.40
Nosotros, en la Iglesia del siglo XXI necesitamos aplicar las lecciones de la comunidad y el discipulado que fueron la piedra angular para el avivamiento Metodista en el siglo XVIII. Wesley se dio cuenta de que la transformación de la gente ocurrió en pequeños grupos que daban vida. Después de todo, Wesley no originó la estrategia de discipulado del grupo pequeño. Jesús lo hizo.
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Capítulo Cuatro ________
EL DISCIPULADO A
TRAVÉS DEL
SACERDOCIO DE TODOS
LOS CREYENTES
Hace poco hablé con un grupo de líderes de una denominación más antigua sobre el ministerio celular. Varios expresaron incredulidad cuando hablé sobre capacitar a los miembros en los grupos de los hogares. La división potencial que esto podría causar les consternó. Su punto de vista de la iglesia estaba estrechamente vinculado con sus edificios.
Durante uno de los recesos, un pastor se me acercó para preguntarme sobre el ministerio celular y para que le recomendara un libro que le pudiera ayudar a comenzar a trabajar con nuevos grupos. Le pregunté qué estaba planeando hacer, y él me dijo que planeaba iniciar cuatro grupos en los hogares, de cuatro diferentes miembros. Me quedé impresionado con su idea, pero
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mi actitud cambió rápidamente a medida que me daba más detalles.
Dijo que cada uno de estos cuatro grupos sólo se reuniría una vez cada tres meses y que él, el pastor, ¡dirigiría a cada grupo! En la conversación quedó claro que no confiaba en los miembros de la iglesia para trabajar con los grupos. Estaba convencido que él, el ministro, era el único que podía dirigir a estos grupos, ¡incluso si sólo se reunían cuatro veces al año!
Algunos pastores, como el mencionado anteriormente, creen que ellos son los responsables de hacer la obra del ministerio, en lugar de preparar a los miembros para esto. Ellos no están dispuestos a ceder su autoridad a otros, a pesar de que Efesios 4:11-12 es muy claro al decir que la función principal del pastor/ maestro es preparar a los miembros para la obra del ministerio.
En muchas ocasiones he escuchado a pastores hablar de los peligros de permitir a líderes, (miembros) que no reciben remuneración, hacer la obra del ministerio a través de los grupos celulares. Tristemente, la atención se centra siempre en las consecuencias desastrosas, y no en el potencial para el crecimiento del discipulado. Podemos aprender mucho de Jesús y los apóstoles que confiaron en el Espíritu Santo para guiar y dirigir al nuevo liderazgo.41 Bill Hull, pastor y autor prolífico en el tema
del discipulado, escribe: “El sacerdocio del creyente implica que los cristianos tienen la autoridad y la responsabilidad de ministrar a Cristo como el sacerdocio tradicionalmente lo hizo. Si tu unes el sacerdocio del creyente con el llamado que tiene el creyente para el ministerio, tienes las razones suficientes para enseñar que todo cristiano está llamado al servicio cristiano”.42 Dios
dijo a través de Moisés: “Deja ir a mi pueblo”. Así como fue cierto en aquella época, es igualmente cierto hoy en día. Dios quiere que su pueblo sea libertado. Él quiere que ellos aprendan a ser discípulos mientras ministran a otros.
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El Discipulado a través del Sacerdocio de Todos los Creyentes