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CHAPTER 6: RESEARCH CONCLUSTIONS

6.4 IMPLICATIONS OF THE STUDY

6.4.3 Conclusion

se observa en diferentes ocasiones y aspectos en los tratados —enfermedades de dentro y de fuera o causas de dentro y de fuera—, al igual que sucedía en la medicina humana.3

Además de la división entre miembros oficiales y miembros similares, los médicos medievales también distinguían o clasificaban los miembros con otros criterios, calificando de principales a algunos de ellos, como cabeza o cerebro, hígado y corazón. Un reflejo de esta clasificación médica de los miembros la encontramos en Ayala cuando atribuye a la cabeza la categoría de «prinçipal mienbro de todo el cuerpo»4 y en Fadrique cuando habla de «miembro tan principal como es la cabeça»,5 pero es en la obra de Vallés donde se observa claramente que, como en medicina, se reconocía esta categoría para otros miembros además de la cabez; Vallés, aunque referido a los perros, indica cómo purgarlos «muy bien de todos los humores que tuvieren, assí de la cabeça como de los otros mienbros principales».6 Este cazador recurría a otros términos médicos para distinguir algunos miembros, como es el de miembros radicales que, en medicina humana, tenía un significado similar al de miembros principales y el de mienbros nutritivos, que designa a los miembros relacionados con las digestiones. Sin embargo, el caso de Juan Vallés, a este respecto, es singular pues, como sabemos, su interés y formación médica le permitieron escribir un libro de medicina y cirugía.

La falta de una exposición ordenada de la anatomía de las aves en los tratados no significa que la información sobre sus miembros sea escasa, sino que ésta se encuentra dispersa. Más bien al contrario, las referencias a los miembros y diferentes partes del cuerpo de las aves son numerosísimas en los tratados de cetrería, y aparecen no solo en los capítulos de contenido médico, sino también en los relacionados con la descripción y elección de las aves o con el adiestramiento de las mismas y la caza. Por ejemplo, muchos de los tratados ofrecen instrucciones para elegir las aves describiendo las características —fundamentalmente anatómicas, aunque no exclusivamente— que presentan los mejores ejemplares de cada especie. Resulta particularmente ilustrativo el siguiente pasaje del Libro de la caza, en el que Juan Manuel emplea más de veinte términos anatómicos para describir los mejores gerifaltes:7

3 Así se distingue en el Libro de los animales que cazan (FRADEJAS; 1987, 94). 4 DELGADO (2007, 225)

5 OSUNA (1996, 172) 6 FRADEJAS (1994, II: 156)

Los girifaltes de que se agora más pagan [et] fallan que recuden mejores son los que an la cabeça grande et redonda, et los ojos grandes et reguilados et ya quanto adormidos, et que an el pico grande et gordo et la voca grande et las quixadas muy abiertas et las bentanas muy anchas et el pescueço muy luengo et más gordo que delgado, et la faz del papo muy grande que desçenda mucho por los pechos, et los pechos muy anchos, et los onbriellos de las alas que se ascondan en los pechos; et que sean muy anchos entre las piernas et que ayan las ijadas muy pequeñas, et las ancas muy duras et de poca carne, et [el] bispiello que sea muy llegado en las ancas et entre las ancas, et el lugar do están las péñolas mayores de la colla que aya muy poco que sea gordo et duro, et el bispete do andan las péñolas que sea de poca carne, et las piernas desde'l anca fasta la rodiella muy ancha[s] et muy dura[s] et corta[s], et desde la rodiella fasta el çanco, luenga et que sea la carne poca et dura et nerbiosa. Et el uesso de la rodiella muy gordo, et el çanco que sea corto et gordo et muy duro et muy crespo, et los dedos luengos et delgados et leznes, et las uñas duras et gordas, et las palmas blandas et enxutas et muy secas.

En los tratados también se mencionan los miembros de las aves cuando se ofrecen instrucciones relacionadas con el manejo, el adiestramiento o la caza. Por ejemplo, Pero López de Ayala, explicando cómo se debe guarnecer al ave, indica que las «pihuelas que sean de buen cuero e bien adobado e que non le aprieten en el çanco»,8 mientras que Juan Vallés aclara que «el halcón altanero, según opinión de algunos caçadores, quiere traher las uñas cortas y el garçero largas».9

Por último, el mayor número de referencias a los miembros de las aves aparecen cuando en las obras de cetrería se tratan cuestiones médicas En unos casos se trata de señalar la localización de las enfermedades:10

Tres enfermedades vienen a las aves en el pecho y en el pulmón

En otros casos, las referencias a los miembros aparecen al indicar las señales de las dolencias:11

Si oviere el ffalcón la gota ffilera connoçerlo as en las unnas et en la çera que cae del rrostro blanca

También la explicación las causas requiere de la mención de algunos miembros:12

Esta enfermedad quasi siempre viene a las aves de mucha flaqueza por darles muy rezios temples y abaxarlas mucho, porque como les falta el calor natural enfríanseles los nervios y paralitícanse

8 DELGADO (2007, 159) 9 FRADEJAS (1994, I: 136) 10 Ibidem. 289 11 FRADEJAS (1985, 66) 12 FRADEJAS (1994, 267)

Y, del mismo modo, muchas curas requieren la mención de miembros diversos para su adecuada comprensión:13

e después sángrenlas en la vena que an en las asliellas

Los pasajes citados como ejemplo ilustran perfectamente, además, el hecho de que muchas de las referencias a los miembros de las aves aparecen como simples menciones, lo que lleva a pensar que en cada caso el autor de la obra consideraba los términos empleados suficientemente conocidos como para no requerir explicaciones o aclaraciones adicionales, al menos para los propios cazadores. Sin embargo, en muchas otras ocasiones, la mención va acompañada de una aclaración o explicación más o menos extensa. Ésta podía estar justificada cuando se refiriera a algún miembro poco conocido para los cazadores, especialmente si era poco visible o interno. Juan de Sahagún, por ejemplo, aclara la ubicación del diafragma:14

e cae ençina de una diaframa que cae entr’el figado e el pulmón

En otras ocasiones, cuando el miembro se suponía conocido, se podía aprovechar su mención para informar de algunas de sus características o funciones, especialmente aquellas que pudieran ser relevantes para la comprensión de algún proceso patológico o alguna cura. Juan Vallés, para justificar la necesidad de purgar y limpiar el hígado, explica su función diciendo que:15

éste es como mayordomo o despensero del cuerpo, que reparte a todos los mienbros dél el nutrimento y sustancia que sale del estómago después que la vianda se ha allí cozido y destillado, y si el hígado está dañado, dañoso será el liquor o humor sustancial que enbiará a los mienbros. Esto concuerda con la función que los médicos atribuían al hígado, transformando el quilo recibido del estómago, mediante la segunda digestión, en la sangre que después enviaba a todos los miembros del cuerpo.16

O, por ejemplo, el canciller Pero López de Ayala cuando, antes de explicar la enfermedad del agua vidriada y su cura, aclara una característica del miembro donde se localiza la enfermedad y sus consecuencias patológicas:17

Porque la cabeça es principal mienbro de todo el cuerpo e quando este mienbro es enfermo todo el cuerpo padesçe, por ende digo qu’esta agua vedriada, de que en este capítulo fabla, es la 13 FRADEJAS (1987, 201) 14 RICO (1997, cap. 2-32) 15 FRADEJAS (1994, 223) 16 DEMAITRE (2013, 274) 17 DELGADO (2007, 225-226)

prinçipal dolençia de las dolençias que son engendradas en los cuerpos de los falcones e quando esta dolençia es en la cabeça del falcón luego el falcón es tollido de las otras dolençias e dolores Otra situación en la que encontramos algunas reflexiones teóricas es cuando el autor considera que, bien el miembro, bien la explicación que ofrece, es objeto de debate entre cazadores o médicos, aprovechando entonces la ocasión para exponer y defender su opinión. De nuevo resultan en este sentido muy interesantes los comentarios del canciller sobre la enfermedad de la piedra y dónde se engendra, pues comienza el capítulo afirmando que «esta piedra se engendra en la tripa por do el falcón tuelle e se ayunta con el siesso» y lo concluye advirtiendo que18

aunque otros caçadores dizen que ay otra piedra non lo creas ca el falcón non ha otro logar en que la engendre e todas las criaturas que piedra engendran non la engendran salvo en la vexiga e el falcón non ha otra vexiga en que la engendre salvo en la tripa suso dicha

Puede observarse, por último, que en determinadas ocasiones los autores sintieron la necesidad de aclarar algunos términos por reconocerlos como propios de los cazadores y, por tanto, desconocidos para los no iniciados en la práctica de la caza con aves. Esta conciencia de emplear un vocabulario propio parece haber sido bastante generalizada, pues encontramos este tipo de aclaraciones terminológicas en obras escritas en lenguas muy diferentes como árabe, latín, italiano, catalán o portugués, además de castellano.19 Naturalmente, estas explicaciones del vocabulario propio no se limitaban a los términos anatómicos, pero de ellos hay muestras muy significativas, como la denominación de las diferentes plumas de las aves de caza. Juan Vallés es el autor castellano que más se extiende en esta explicación:20

Mírenle bien si le falta alguna pluma que le hayan arrancado o rompido, assí de las alas como de la cola, y para que esto el caçador sepa mejor conocer, ha de saber que qualquier ave de rapiña tiene en cada ala estas plumas: tiene primeramente los piñones o piñoncillos, que son unas plumillas que parecen otra ala pequeña que se divide y aparta por sí de la ala principal, las quales nacen del grumo de la ala; luego después viene la tijera, que es el primer cuchillo y es más corta

18 Ibidem, 299-303

19 En el Kitāb al-kāfī fī l-baizara, el capítulo dedicado a la descripción de las aves comienza con una

explicación de los nombres de los miembros de las rapaces (AL-BALADĪ; 1983, 75-77); algo similar encontramos en el Llibre de caça, donde se detallan las plumas de las aves y sus nombres (GARCIA SEMPERE; 2013, 199-200); en el Arte da caça de altaneria, su autor comienza con una «advertencia dos vocabulos d’esta arte e da significação delles», en la que incluye numerosos términos anatómicos (FERREIRA, 1616, f. 1r-3r); en el primer libro del De arte venandi cum avibus, además de toda la información anatómica que ofrece Federico II, advierte cuando algún miembro recibe un nombre diferente por parte de los cazadores, como las diferentes regiones de las patas de las aves (TROMBETTI; 2000, 184-185); en las obras de cetrería italianas del quinientos y del seiscientos aparecen intercalaciones del tipo «come diciam noi» para aclarar que se trata de un término o expresión propia de los cetreros (CARCANO, 1622, 71)

que el cuchillo maestro, tres dedos poco más o menos; luego después viene el cuchillo maestro que es el segundo en orden; y luego después el cuchillo tercero, que es más largo que el maestro; y luego después viene el cuchillo quarto, que es el más largo de todos los cuchillos, y después viene el quinto, que es más corto que el quarto y igual del tercero, después sigue el sexto, que es muy más corto que el quinto y quasi es igual del maestro. Después destos seis cuchillos decienden quatro plumas anchas, una más corta que otra, que se llaman aguaderas, ahunque a la primera destas en los halcones la llaman tanbién cuchillo, con la qual y con la tijera hazen número de siete cuchillos. Desde allí tornan a subir por orden hasta arriba a las caderas otras doze plumas, las quales unos llaman mantas o mantones y otros las llaman aguaderas y otros las llaman corbas. En la cola hay doze plumas, ahunque algunos açores y gavilanes tienen treze y es señal de muy buenas aves, y las dos de medios con que se cobija la cola se llaman coberteras. En los halcones se cuentan siete cuchillos, es a saber: tijera, cuchillo maestro y tercero cuchillo, al qual algunos llaman partidor, y quarto, y quinto, y sexto y séptimo, pero en los halcones el

cuchillo maestro y el tercero son quasi de una mesma largura y son los más largos de todos, lo

que no es en los açores porque el quarto es muy más largo que todos los otros, como se ha dicho. Una cuestión que cabe preguntarse es cuál es el origen de los conocimientos anatómicos de los cazadores. En realidad, esta cuestión tiene pleno sentido referida a los miembros internos de las aves, más que para las partes externas, aunque para éstas también sea necesario hacer algunas observaciones. El hecho de que prácticamente todos los nombres de los miembros internos de las aves —hígado, bazo, corazón, pulmones, telas, nervios, etc.— sean los mismos que los empleados por los médicos sugiere que, en gran medida, se trata de una extrapolación de la anatomía humana a la de las aves. Sin embargo, como tendremos ocasión de ver, algunas diferencias significativas no pasaron desapercibidas y fueron puestas de manifiesto en ocasiones diversas —falta de vejiga en las aves, dilatación esofágica donde se acumula el alimento ingerido, etc.—, pese a que en otras ocasiones la extrapolación o “anatomía comparada” llevó a identificaciones “erróneas”, como denominar muslo en las aves a lo que correspondería a la pantorrilla de los humanos, error sobre el que ya llamó la atención Federico II en su obra de cetrería:21

Hec autem duo focilia, que nos dicimus constituire crus, a quibusdam apella<n>tur coxa, qui etiam quod superimus est appellant supra coxam.

Siguiendo con la anatomía interna o miembros de dentro, surge la cuestión de si este conocimiento procedía también de la disección. Evidentemente, muchas de las informaciones sobre peculiaridades anatómicas de estos animales proporcionadas por el

21 TROMBETTI (2000, 184). Sobre esta confusión volveré más adelante al tratar de las extremidades de las

emperador Federico II es difícil imaginar que se pudieran obtener por otra vía, aunque la cuestión que nos interesa aquí especialmente es lo que nos dicen los tratados castellanos de cetrería. Lo cierto es que en ellos aparecen algunas menciones claras a la práctica de la disección, especialmente en relación con la patología y terapéutica de las aves. En el Libro de los animales que cazan, para justificar la dificultad de conocer las enfermedades internas por las señales de fuera, se recurre a lo que, por la forma de expresarlo, parece que era una práctica habitual, al menos en el contexto en el que fue producida la obra árabe original que, recordemos, fue la Bagdad abasí del siglo IX:22

E dezimos assí: que las enfermedades que an de dentro las aves que caçan, que ay muchos sabios que las no pueden entender porque las non veen nin las pueden sentir, e porque las aves se esfuerçan a caçar maguer que an grandes enfermedades a menudo de dentro que las non puede omne veer, assi que muchas vezes caçan e muérense luego caçando, e después, quando les catan los cuerpos de dentro, fallan las enfermedades malas e acae[ci]mientos que ovieron de otra sazón e non daquella ora en que murieron, e porque las enfermedades que son de dentro se encubren e las aves caçadores se esfuerçan en sofrirlas e en sobrelevarlas non las entienden los muy sabidores, e mayormient los que non son sabidores, e por esto non las melezinan e piérdense por ello.

Entre las obras escritas originalmente en castellano hemos de esperar al siglo XVI para encontrar menciones inequívocas de la disección, como en la que Juan Vallés explica que esta técnica le permitió observar el efecto de una medicina inadecuada en el cuerpo del ave:23

Y yo vi darlos a un caçador a un halcón a la tarde y en la mañana lo hallaron muerto, y abriéronle y halláronle el coraçón tan seco como un palo del grande calor del meollo y sustancia del granillo de la zaragatona.

Y en otro lugar describe cómo, tras la muerte del ave, observó la fortaleza de la soldadura de un hueso, pese a no haber sido correctamente reducida la fractura:24

Acaece muchas vezes haver havido descuido en esta cura en no haver buelto bien en su lugar los cabos del huesso rompido, o después de bueltos havérselos tornado a sacar la mesma ave meneando la ala o haziendo fuerça con ella, y por esto no dexa de soldar el huesso, ahunque trascavalga el uno sobre el otro, que allí haze un ñudo muy rezio, y yo lo he visto después de muerta la ave, y es tan rezio que con un martillo no lo pude romper, antes se rompió la caña por otras quatro o cinco partes,...

22 FRADEJAS (1987, 94-95) 23 FRADEJAS (1994, I: 15) 24 Ibidem, 355

Otras fuentes y en otros territorios, también sugieren que cuando un ave moría se abría, en un intento de comprender la enfermedad causante de la muerte. Malacarne transcribe varias cartas en las que los halconeros de los Gonzaga de Mantua (finales s. XV – principios s. XVI) informaban de la muerte de algunas aves y de los resultados de la autopsia practicada. En una de ellas se relata:25

El terzolo fo intender a la S. V. como non hè sta posibili aiutarlo; l’ho averto: havea suandre asaissimo et haveva li reni squasi tuti negri.

Además de orientarse a comprender procesos patológicos o efectos de determinados remedios, la información obtenida de las disecciones proporcionó en algunos casos un conocimiento anatómico preciso que resultaba de gran utilidad para guiar determinadas curas. Contamos con otra mención de la observación de aves muertas, orientada a un conocimiento práctico para el tratamiento. Determinados cauterios debían aplicarse en un lugar determinado de la cabeza pero, mientras que para localizar el punto de aplicación de este cauterio en los hombres, los cirujanos contaban con una regla muy precisa, la aplicación en las aves a menudo se erraba por desconocimiento de la anatomía interna del animal. Por ello, el mismo Juan Vallés, en relación con este cauterio, afirma26

que ahunque mucho caçadores lo han dado y dan, pocos lo han acertado, ni aciertan a dar en el lugar que se deve dar, porque todos los libros de acetrería que yo he leído dizen que se dé en la frente entre los ojos, y háse a dar en la misma comissura o juntura de los dos cascos de la cabeça en medio de la frente, y esta comissura no vaxa tan baxo porque yo he mirado muchas cabeças de aves y he hallado que está un poco más arriba de la endrecera de los ojos, y de mi consejo ningún caçador que no sea bien diestro y que no haya visto algunas cabeças de açores y halcones muertos, no le deve dar porque no lo yerre. Para que en hombres se acierte se da por regla que se assiente la raíz de la mano en la punta de la nariz y adonde se alcançare con la punta del dedo más largo de la mano hazia la frente, allí se ha de dar el cauterio, pero en aves no se puede dar esta regla.

En realidad, puesto que todas estas referencias a las autopsias las sitúan en el

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