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XVII

La controversia acerca de la Inmaculada Concepción tuvo su especial incidencia en la Universidad al reflejar un problema de mayor calado que venía ya de lejos, las diferen- cias fundamentales entre la filosofía tomista y la antiescolástica. Ya los estatutos de la Universidad de Valencia de 1499 recogen e institucionalizan esta dualidad, recomen- dando a los estudiantes hacer exercici de disputa, y ordenando al rector que los sába- dos fomentara la discusión en las aulas. Estas disputas verbales se denominaban saba-

tinas. Se organizaban además sesiones menos informales pero del mismo contenido

programático, llamadas Conclusiones públicas y solemnes, a las que asistían gran canti- dad de curiosos.

Los estatutos de 1561 reiteran la obligación de las Facultades de realizar «reparacio- nes» y «conclusiones». Pero lo que empezó con un mero ejercicio académico, acabó convirtiéndose en una polémica enconada, terminando con frecuencia en batalla cam- pal.138

La entrada de los jesuitas en la Universidad marcó el momento álgido de la polémi- ca entre tomistas y antitomistas, alcanzando en el siglo XVIIun grado insospechable,

hasta el punto de acabar a veces a tiros, perturbando los ánimos de todos.139

Uno de los principales puntos de fricción entre tomistas y antitomistas cifrábase precisamente en aquella controversia en torno al misterio de la Inmaculada Concepción, defendido ardientemente por los franciscanos e impugnado por la mayo-

137Constituciones de la Escuela de Cristo. Madrid, 1960, reedic., pag. 164. 138VILANOVAy PIZCUETA, 1903, 45 y ss.

139VELASCOy SANTOS, Reseña histórica de la Universidad de Valencia. Valencia, 1868. pág. 50.

ría de los dominicos. Tal disputa llegó a trascender los medios intelectuales, saliendo a la calle y llegando a crear alteraciones de orden público.140

A pesar de todo en la Universidad valenciana del siglo XVIIpredominaron las tesis inma-

culistas. Conviene tener en cuenta la influencia de profesores como el citado D. Luis Crespí de Borja o el P. Albuixech, también oratoriano y ferviente defensor del misterio mariano todavía en litigio. A propósito de este religioso, Juan Marciano señala al respecto:

Fue singular la devoción que tuvo á la Santísima Virgen concebida sin mácu- la de pecado original. Desde los primeros años de su vida fue muy devoto aman- te de este misterio (...) Extendió mucho la devoción de este misterio. Á sus instan- cias se colocó en Salas de Actos de la Universidad de Valencia la imagen de la Concepción [pintura de J. J. Espinosa], la cual es venerada con el más alto fervor todos los dias que se celebran allí actos públicos (...) Rayó en exceso de júbilo la devoción que tenía a la Inmaculada Concepción cuando llegó á Valencia el aviso de la Bula obtenida por Don Luis Crespí, que había sido su confesor, de la glorio- sa memoria de Alejandro VII. Para propagar y arraigar entre los fieles esa devo-

ción, haría grabar todos los años muchas estampas de la Purísima para distri- buirlas entre los devotos (...) Compuso jeroglíficos y otras composiciones para las fiestas dela Inmaculada que se celebraron en la Universidad de Valencia.141

También apoyó decididamente la concepción sin mancha de María el doctor D. José Vergé, pavorde y catedrático de Teología, preconizado en 1666 como obispo de Orihuela.142Su doctrina inmaculista, de gran claridad, penetración e ingenio, alcanzó gran 140VÁZQUEZ, Isaac, «Las controversias doctrinales postridentrinas hasta finales del siglo XVII. Las controver-

sias mariológicas», Historia de la Iglesia en España. Madrid, 1979, págs. 455-460, quien recuerda que la cuestión apasionó a los teólogos de tal manera que no hay escritor inmaculista de la época que no se la proponga y trate de resolverla, declarándose unos por la exclusión del débito próximo; otros, del remoto; otros, en fin, de todo débito. Recordando oportunamente que, de las 6.485 obras, folletos o tesis inmaculistas para el periodo

1600-1699 que elencó Roskovany, J.F. Bonnefoy, después de un examen no completo, ha podido concluir que 200 auto- res negaron todo débito, entre ellos 80 jesuítas y 50 franciscanos.

141MARCIANO, Juan. op. cit., t.V, libro II, cap.XV, págs. 239 y ss.

142VIDALTUR,1961, 274-278, quien, a propósito de la devoción que el citado obispo profesara a la

Inmaculada, escribe: Muy devoto del Misterio de la Purísima Concepción, publicó en 1662 la Defensa del mismo, con el título de «Cultus Praeservationis Deiparae a peccato originali in primo instanti anmtionis, defi- nitus a Smo. D.N.Alexandro Papa VII, in sua nova Constitutione, expedita die octava Decembres 1661». Durante

el curso académico de 1661, dictó a sus alumnos de la Universidad un opúsculo sobre el mismo tema, o sea, probando el Misterio de la Concepción Inmaculada por la previsión de los méritos de Cristo absolutamente pasible. De este opúsculo más tarde, en 1673, uno de sus discípulos, para que no se perdiese, hizo la publica- ción en Orihuela, por los herederos de Vicente Franco. En 1672, siendo ya obispo de Orihuela, para refutar algunas argumentaciones que interpretaban falsamente la Constitución Apostólica de Alejandro VII publicó otro opúsculo «Probando la legitimidad del culto a la Purísima Concepción preservada del pecado original desde el primer instane de su animación».

éxito, de modo que muchas universidades españolas solicitaron las materias que a lo largo de veintiocho años de docencia había expuesto en la cátedra de la Universidad de Valencia. Publicó tres tratados en defensa de la Inmaculada Concepción.

La Universidad de Valencia se apresuró a celebrar en 1662, como queda dicho, la bula de Alejandro VII. Cuando más tarde Felipe IV mandó por real orden de 24 de

marzo de 1664 que en todas las universidades españolas se festejara dicho documento pontificio y se reformaran las fórmulas de juramento, declarando en ellas, como en el citado decreto de Alejandro VII, que María había sido concebida sin pecado desde el pri-

mer instante, no pareciendo suficientes los actos celebrados se organizaron nuevas fiestas que tuvieron lugar el 26 de enero de 1664.

En ellas se resolvió aplicar el antiguo juramento, conforme ordenaba el monarca, añadiendo la cláusula expresa de haber sido la Virgen María concebida sin mancha desde el primer instante de su concepción, quedando así la nueva fórmula:

Valentina Universitas iuravit, quatenus per Sanctam Sedem Apostolicam lice- bit, tenere, tueri, defendere, praedicare, atque docere, preaviniente, Spiritus Sancti gratia, absque ella peccato originali labe fuisse conceptam, ab ipsa prae- servatam immunem in primo instanti animationis, atque in hoc sensu Festum Inmaculatae Conceptionis eius ab Ecclesia solemni rito coli, celebrari. VIIkalen-

das Februarii, Anno MDCL XIIII.143

Juraron así D. Francisco Lloris de la Torreta, canónigo y rector de la Universidad y todos los profesores. Se decretó que, a partir de entonces, todos los que fueran nom- brados graduados, catedráticos o examinadores, juraran bajo esta fórmula.

Juan Bautista Ballester, catedrático y examinador de la Universidad, relata los fes- tejos celebrados, así como el sermón que él mismo predicó en aquélla ocasión en la obra intitulada Aclamación festiva, del antiqvíssimo ivramento de la Concepción, que

amplió la insigne Vniversidad de Valencia, con la cláusula del Primer Instante, y protes- tación de que éste es, y fue en la Iglesia el sentido, y el objeto de su veneración, y culto,

publicada en Valencia en 1664 por Jerónimo Vilagrasa.144

En esta ocasión, el viernes 25 de enero fue trasladada solemnemente a la Universidad, desde la Casa de la Ciudad, la imagen de la Purísima que habían manda- do hacer los jurados para las fiestas de dos años antes, la cual fue llevada en andas por

199

143ORTÍy FIGUEROLA, F. op. cit. , págs. 103-104. 144CARRERESZACARÉS, 1925, 279-281.

varios graduados y acompañada por todas las Facultades. La Virgen fue depositada en el paraninfo, en el sitio de la cátedra donde previamente se había dispuesto un altar, y habiendo tomado asiento la ciudad y demás invitados, los estudiantes lucieron sus habilidades en las danzas que habían preparado al efecto.

El dietarista Joaquim Aierdi nos ha dejado una detallada relación de esta fiesta que vale la pena transcribir:

Per a dit dia se apanyà lo pati de la casa de la Ciutat tot de cortines y enra- mada, ahon a migdia portaren a la Puríssima Concepció que féu fer la ciutat per a les seues festes, la qual alinyà molt ricament en sa casa Martí Almansa, ciuta- dà y racional de la ciutat, com ab tot effecte le portaren a migdia, ab molt acom- panyament. Y fonch deixada en dit pati, en un altar, estant dit pati, com és dit, molt ben alinyat de cortines y enrramada. Tota la volta de la processó estava neta y en arena, perquè havia fanchs. Tota la volta estava de cortines a les finestres, la qual fonch la següent: de la casa de la Ciutat, tot lo carrer de Cavallers, la Bolsería, lo mercat, la Mercé, la plasa dels Caixers, Sent Martí, Senta Tecla, carrer de la Mar avall, fins a els quatre cantons de la adroga, la plasa de la Olivera, als quatre cantons del carrer de la Nau, y chirà per dit carrer a mà ezquerra, als qua- tre primers cantons, chirà a la Barranqueta, a la plasa de l’Estudi y, chirant, entrà per la porta principal.

La processó ixqué en esta conformitat. Davant dos pendons blanchs que els portaven dos licenciados gorrons, y después, enseguida, molts parells de licencia- dos gorrons, molt ben posats, ab aches blanques. Después altres dos pendons també blanchs, que els portaven dos lisenciados mantistes, molt galans y ben posats, tots ab aches y barrets. Después, molts capellans ab manteus y barrets; después, los graduats de dos en dos, en esta conformitat: primer los mestres de gramática ab los capirons morats y borles del mateix color al cap, ab aches blan- ques; después tots los mestres de arts, així frares de totes les relichions com cape- llans y lisenciados graduats, ab sos capirons blanchs y borles, y aches blanques, cada hu per sa antiguetat de grau; después, molts parells de meches molt galans, ab sos capirons de color de rovell de ou, ab gorres y borles del mateix color damunt de aquelles, y aches blanques, y cada hu en lo puesto de sa antiguetat de grau; después, los canonistes y llechistes, ab sos capirons tenats y borles del mateix color en les gorres, y els barrets eclesiàstichs, y aches blanques, y cada hu per sa antiguetat; después, los theòlecs, així frares com capellans, tots ab sos capirons blanchs y borles y aches blanques. Después, dos danses de chitanes, que

tots eres lisenciados molt ricament vestits. Después, lo guió de la Verche, el qual portava el pavordre Iranso, y els dos cordons, lo hu el doctor Viciedo, doctor en drets, advocat de la plasa, y lo altre el doctor Almella, prévere, rector de Sent Andreu, ab sos capirons los tres y borles cada hu de la color de sa facultat. Después, dos graduats de cada facultat, los mes antichs, per son orde. Después unes andes grans ab la Puríssima Concepció molt ricament adornada, que la por- taven tots graduats, ab ses insígnies y capirons cada hu de la color de sa facul- tat, y alrededor de les andes molt graduats de totes les facultats, ab capirons y aches blanques. Después anava lo vendell de l’Estudi, ab sa roba colorada y masa. Después, don Francisco Llorís, retor de l’Estudi y canonche de València, ab una acha en les mans, sinse insígnies, per no ser graduat, y als dos costats, dos pavor- dres ab ses insígnies y aches; ab què se acabà la processó.

A l’entrar de l’Estudi es desparà un molt gran castell de foch. Y els jurats, ves- tits ab ses gramalles, ixqueren de l’Estudi a rebre a la Verche, y la entraren en lo teatro, ahon la deixaren, perquè per ser la iglesia tan baixa y estreta, alinyaren lo teatro y feren enmig un molt rich altar, y allí es celebrà lo offici.»145

Al día siguiente, celebró la misa en la capilla de la Universidad el doctor D. José Vergé y luego del sermón subió al altar el rector, quien acompañado de los dos jurats

en cap y asistido de los oficiales de la Universidad, articuló en nombre de todos el cita-

do juramento. Por la tarde hubo música, poesías y danzas, y por la noche se devolvió la imagen a la capilla de la Casa de la Ciudad.

La Universidad de Gandía por su parte, fundada por san Francisco de Borja y regi- da por los jesuitas, acordó en ese mismo año de 1664 no conferir grados a quien no jurara defender lo establecido en la bula de Alejandro VII.

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