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Alejandro VII

Como ya había ocurrida en 1622 con motivo del decreto de Gregorio XV, Valencia,

como tantas ciudades españolas, celebró la bula de Alejandro VIISollicitudo omnium

eclesiarum, de 8 de diciembre de 1661, con espléndidos y jubilosos festejos. Juan

Bautista Valda, en su libro Solenes fiestas qve celebro Valencia, a la Inmacvlada

Concepción de la Virgen María. Por el svpremo decreto de N. S. S. Pontífice Alexandro

VII, impreso en 1663 por Jerónimo Vilagrasa, libro voluminoso donde, además de

narrar detalladamente estas celebraciones, adornos, luminarias y fuegos de artificio, incluye multitud de versos y romances alusivos además de curiosos grabados en núme- ro de cincuenta —el de la portada según dibujo de Antonio Marzo—, reproduciendo los más, firmados por Francisco Quesádez, Mariano Gimeno o Juan Felipe, los barro- cos altares efímeros que levantaron conventos y corporaciones o los carros triunfales de los gremios.127El 15 de enero de 1662 el correo de Madrid trajo a Valencia la noticia

125LLORENSRAGA, Pelegrín, María Santísima y la Catedral de Valencia. Valencia, 1954, pág. 59.

126ANÓNIMO, Relación verdadera de la imagen de la Inmaculada Concepción de la Virgen María Madre de Dios, que se halló en la raíz o cebollita de una azucena de los valles del Monte del Carrascal de la villa de Alcoy en el Reyno de Valencia. Valencia, 1665.

127CARRERESZACARÉS, 1925, 275-279. El museo de San Pío V y el del Prado conservan sendos dibujos rela-

cionados directamente con la estampa efectuada por José Caudí sobre dibujo del citado Andrés Marzo que ilustra el frontispicio del libro de Juan Bautista Valda. Uno y otro dibujo, como la propia portada, representan

de la publicación del breve. Esperado con ansia, una multitud de estudiantes salió ense- guida a difundir la noticia por la ciudad. Dos días después, el martes 17, se ofició un solemne Te Deum en acción de gracias en la catedral, celebrándose también una proce- sión claustral con asistencia del clero de las catorce parroquias, el cabildo, las órdenes religiosas, el arzobispo, el virrey, los jurados, la nobleza y una gran multitud.

El sábado 28 de enero, en un púlpito erigido en la catedral, se leyó el breve pontifi- cio. A las cuatro de la tarde, salió del palacio arzobispal extensa y brillante comitiva, acompañada por toda la música de la ciudad para dirigirse a la plaza de la Seo, donde se dio pública lectura a la bula de Alejandro VII. Después la comitiva se dirigió a la plaza

del palacio del Real, para volver a la amurallada ciudad y recorrer multitud de calles y plazas, deteniéndose en aquellos puntos en que se acostumbraba a dar lectura a las cri-

des o pregones oficiales. En los días siguientes, del 29 de enero al 6 de febrero, se cele-

bró un novenario durante el cual predicaron los más afamados oradores sagrados del momento.

Ha de resaltarse la fastuosidad de estas celebraciones, en las que rivalizaron a por- fía con festejos particulares corporaciones como la ciudad, la Universidad o el estamen- to nobiliario, destacando entre las congregaciones religiosas la orden de Montesa y los franciscanos.

Las fiestas de la Universidad se hicieron coincidir con el carnaval estudiantil; publica- das el día 1 de febrero, se realizaron el sábado y el domingo siguientes. La nobleza celebró su fiesta propia el 12 de febrero, organizando una solemne función religiosa en la iglesia del convento de Santo Domingo. Allí se había instalado un aparatoso altar en el que la ima- gen de la Virgen se elevaba sobre grandes nubes de gasa y algodón, material muy infla- mable que, por ello, causó durante la ceremonia formidable incendio, pues la llama de uno de los cirios prendió en esos materiales, ardiendo todo rápidamente. Afortunadamente se dominó el siniestro con rapidez, reparándose los desperfectos, habiendo que lamentar tan solo algunos heridos leves entre los que huían atropelladamente.

Las fiestas de la ciudad, por su parte, comenzaron el 16 de abril, domingo de Quasimodo y víspera de san Vicente Ferrer, con una cabalgata anunciando las celebra- ciones en la que participaron danzas, la compañía del Centenar de la Ploma y varios carros triunfales en los que se imprimía el programa de los festejos y estampas de la Purísima así como los versos que se repartían entre la multitud.

la entrega del breve pontificio, de manos del propio Alejandro VII, a D. Luis Crespí de Borja; a la izquierda, el

monarca rodeado de los magistrados municipales se postra arrodillado ante la Inmaculada Concepción que aparece en lo alto de la composición, subrayando asi la unidad de una imaginaria escena evidentemente dia- crónica.

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Altar efímero que erigió el convento de la Merced con motivo de las fiestas de 1662. Grabado de Tomás Planes.

Conforme se había anunciado, la procesión general comenzó a salir el 14 de mayo pero, a causa de la lluvia, tuvo que ser aplazada al día siguiente. A lo largo del cortejo se construyeron, como en la procesión de 1622, arquitecturas efímeras además de determinados altares en diversos templos y conventos y un arco de triunfo en el con- vento de los carmelitas. Asimismo se engalanaron con vistosa luminarias los principa- les edificios de la ciudad.

Interesa destacar, entre todos, el altar efímero que erigió la iglesia parroquial de los Santos Juanes. Su altura era de 60 palmos y su longitud de 45, tenía la forma de medio prisma hexagonal y era relativamente sobrio de arquitectura, pero de contenido muy rico, ya que se figuró en él la visión que narra san Juan en el capítulo XII del

Apocalipsis. Según Valda tenía

... el Águila á sus pies (de Juan), formada al natural, aunque con plumas agenas, pro- pias de su especie, y parece, que animada pues movia la cabeça, mirando á una, y á otra parte, y ministrándole el tintero, al glorioso Apóstol, y Evangelista, en lo alto, en lo alto estava la figura de María Santísima, vestida del Sol, la luna á sus pies, por Diadema, y corona las doze estrellas, que se le olvidaron al que abrió la lámina, como las dos alas que dice el sagrado Texto: al otro lado un dragón grande, y horrible, con siete cabeças, diez puntas bicornes, y sobre las mismas cabeças siete diademas, arrastrando con la cola la tercera parte de las estrellas, miraba con horror á la muger, como que la queria perseguir, arrojando un impetuoso torrente de agua como un río (también se dexaron en el dibuxo, todas estas circunstancias). El mar, que lamía las orillas de la isla de Patmos, con los fluxos, y refluxos incessantes de las olas, estaba con perfectíssima imitación, aun mirándose á la luz del dia.128

Como ha afirmado P. Pedraza, del análisis de este altar se desprende que la visión de san Juan no solo era interpretada en la época que estudiamos como una alegoría

mariana, sino que cada uno de sus símbolos pasó a ser una sofisticada metáfora de la Concepción Inmaculada y de la Maternidad Divina de María, añadiendo en su aguda

exégesis, que el altar elevado por el clero de la parroquia de los Santos Juanes encaja

plenamente en esta interpretación puesto que, además, se inserta en el contexto de una fiesta en exaltación de la Concepción Inmaculada.129

128VALDA, 1663, 385.

129PEDRAZA, Pilar, «Visión barroca de un texto del Apocalipsis», Traza y baza. Cuadernos hispanos de simbolo- gía. Barcelona, 1978, n.º 7, págs. 101-110.

En la procesión desfilaron dos carros de locos, los gremios de colchoneros, corredo- res de cuello, roperos y guanteros, toqueros, carniceros, albañiles, pescadores, esparte- ros, corredores de oreja, sogueros, calceteros, herreros, armeros, carpinteros, sastres, y un largo etcétera, todos con carros triunfales desde donde se repartían hojas con ver- sos; en ellos, además de las imágenes de sus santos titulares, sobresalían los adornos pictóricos y complejos jeroglíficos. Asistió el clero de las parroquias, las órdenes reli- giosas, las autoridades, el guión de la ciudad llevado por el justicia criminal, asistido del racional y síndico. Cerraba la procesión una riquísima imagen de la Inmaculada Concepción labrada en plata, adornada con joyas cuyo valor ascendía a más de doscien- tos mil ducados, de la que sólo resta el testimonio gráfico de un grabado en el libro de Valda y el gran lienzo de Espinosa que representa a los jurados de Valencia, devota- mente arrodillados ante ella,130lienzo por el que le abonaron la cantidad de 140 libras más otras 30 por la guarnición. Portada en andas por ocho sacerdotes, tras ella marcha- ba, presidiendo la procesión, el arzobispo D. Martín López de Ontiveros, asistido de otras dignidades. Según el citado cronista la comitiva iba precedida por la compañía de los doscientos arcabuceros de la ciudad —la antigua compañía del Centenar de la

Ploma—, con sus pífanos y grandes tambores; seguía un grupo de clarines a caballo

con gualdrapas de grana y las armas de Valencia, y luego tres hermosos carros triunfa- les, construidos expresamente. En el primero de estos carros danzaba a los pies de un gran dragón un grupo de mancebos; en el segundo figuraba la imagen de plata, sobre alto trono de simulada nubes, y en el plano del carro «había una prensa en la que dos oficiales vestidos en forma angelical» imprimían estampas y versos alusivos que arro- jaban al público; en el tercero, el emblema eucarístico, con espigas y racimos, y canto- res que al son de las arpas y cítaras entonaban himnos a la Virgen. Interpolados con estos carros desfilaban cuatro danzas, entre ellas la muy original de los peraires. Seguían después, a caballo, los atabales, trompetas y chirimías de la ciudad, también con ropa de grana, precediendo al lucido séquito de los oficiales, ciudadanos y caballe- ros que honraban con su asistencia la fiesta, formando brillantísimo cortejo al que daban fin los seis jurados, uno de los cuales, el jurat en cap, enarbolaba un precioso guión con la imagen de la Purísima pintada al efecto, según cita Valda, por Jerónimo Jacinto Espinosa.131Entre el público asistente se repartieron ejemplares de una estam- pa de similares características a la de la portada del citado libro de Valda, descrita por el propio autor en estos términos:

130PEDRAZAMARTÍNEZ, P., Barroco efímero en Valencia.Valencia, 1982.

131Se conserva otra pintura conmemorativa de este fasto en la iglesia arciprestal de Nuestra Señora de los

Ángeles de Chelva, restaurado en 1992 de 1,36 x 1,11m. En él se representan, entre otros personajes, al papa Alejandro VII y al rey Felipe IV, arrodillados ante la Inmaculada, que los protege con su manto extendido, y con

... en lo superior un trono glorioso de nubes, donde la Santísima Virgen de la Concepción tenia la Luna a sus pies, y con ellos pisando el dragón soberbio de la culpa; la cabeça coronada de doze estrella, y sobre ella el divino Espíritu llenán- dola de la plenitud de sus rayos, cuya esfera ceñian, y circuian los Angelicos coros, con estas inscripciones.

Tu laetitia Israel, Tu gloria Ierusalem,

Tu honorificiencia populi nostri. Ideo eris benedicta in aeterum.

Mas abaxo al diestro lado en otro trono sentado nuestro Santísimo Pontífice Alexandro Séptimo asistiéndole algunos cardenales, entregando el Breve al Señor Obispo Embaxador, que arrodillado a sus pies le recibía, con esta inscripción.

Quid apud Romanos functus est legatione legitima. 2. Machab. En el Trono del Pontífice se leia esta.

Gratum habeo quod petis. Genes. 10.

Al siniestro lado se miraban los Señores Iurados, Racional y Sindicos sacados al natural, arrodillados, y vestidos con sus majestuosas Togas, sobre cuyas cabe- ças se leian estas letras.

Et dixit omnis populus fiat. Iudith. 152. Deus Israel det tibi petitionem tuam. Reg. 1.

En la parte inferior, y remate de la lamina estaban gravados tres escudos de armas, que seis Ángeles sustentavan, en medio las de Su Santidad, en el lado dere- cho las del rey Nuestro Señor, quien el izquierdo las de la Ciudad, entre cuias dis- tancias avia otras inscripciones, las de la derecha dezian.

Qui det ut veniat petitio mea? Et quod expecto tributa mihi Deus? Iob. 6. Et dedit mihi Dominus petitionem meam quam postulavit. I. Reg. I. Las de la siniestra.

Omnis quae Civitas exultavit, atque laetata est. Esther, cap. 8.v.16. Nova lux oriri visa est, gaudim, honor, et tribudium, v. 17. 132

El pueblo valenciano correspondió cumplidamente a la invitación de sus autorida- des para sumarse a estas fiestas, levantando artísticos arcos triunfales, adornados

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la tiara y la corona real a sus pies, pero también al futuro Carlos II, a su hermanastro Juan José de Austria entre otros dignatarios de la corte, y, junto al papa, al obispo D. Luis Crespí acompañado de varios eclesiásticos, sien- do identificable el retrato del P. Vicente Mares (Chelva, 1633-1691), rector de esta arciprestal desde dos años antes y sin duda comitente de la propia pintura, expuesta en la actualidad en la capilla de la Comunión.

espléndidamente con tapices y reposteros los edificios y realizando ingeniosas inven- ciones en luminarias para alcanzar, en noble emulación, los premios ofrecidos por los jurados.

Además de estas iluminaciones particulares, muy abundantes y diversas, hubieron otras extraordinarias en los edificios oficiales como el palacio del Real, la Casa de la Diputación o la de la Ciudad, la catedral y el Miguelete, desde cuya terraza se lanzaron multitud de fuegos de artificio. Muchas iglesias, conventos y corporaciones instalaron también en sus fachadas vistosos altares con jeroglíficos, jocalías preciosas, relicarios, ricos paños, jarrones, candelabros y diversas imágenes, adornos a los que se sumaron también los palacios de la nobleza valenciana. Entre esos altares destacaron el de la Facultad de Jurisprudencia, cuyo lema era precisamente La ausencia del pecado origi-

nal en María, una especie de tableau vivant con la humanidad encadenada por el peca-

do original al comer Adán el fruto prohibido, mientras que María, exenta de toda culpa, aparecía a la izquierda sobre nubes. También resultaba muy expresivo el altar del con- vento de la Merced en cuya plataforma se representaba escenográficamente la apari- ción de la Inmaculada al beato mercedario Jerónimo Colmell mientras éste escribía el conocido texto del Cantar de los Cantares, al tiempo que pronunciaba las palabras «Ita

est et ego vidi», suceso éste que había sido representado ya en un cuadro encargado a

Espinosa en 1660 por el propio convento de mercedarios.

En aquella solemne y fastuosa procesión lucieron su esplendor todos los carros triunfales, pero ocurrió que, a poco de comenzar, una repentina y espesa lluvia obligó a suspender la fiesta, que se celebró al día siguiente, lunes. En primer lugar iba la cita- da Compañía del Centenar de la Ploma, disparando sus arcabuces. Seguían dos carros en los que, con gran algazara, iban, con vestidos listados en azul y amarillo, los locos del hospital. A continuación las banderolas con el estandarte de la ciudad. Después iban los gremios con sus carros triunfales, música y danzas, seguidos de gigantes y cabezudos, que precedían a los numerosos miembros de las órdenes religiosas y cleros parroquiales, fieles y nutrida representación de la nobleza y elemento oficial, la ima- gen de la Purísima y el cabildo de la catedral, presidiendo la ceremonia el citado D. Martín López Ontiveros.

El viernes siguiente, 19 de mayo, se efectuaron —suspendidos por la lluvia de días anteriores— en la plaza de toros de madera, instalada en la rambla de Santo Domingo, torneos, juegos de cañas y lidia de toros, donde la nobleza demostró su habilidad y bizarría, cerrando así las solemnes fiestas que en honor a la Inmaculada Concepción de la Virgen celebró la ciudad.

Trascurridas estas fiestas jubilares, el Consell de la Ciutat dispuso renovar la roca intitulada la María del Te Deum, construida en 1542, que comenzó a llamarse de la

Purísima; al pie de la imagen (hecha de nuevo en 1815), figura una cartela con la ins-

cripción Tota pulchra es María y en la base del pedestal símbolos marianos como el sol y la luna, la fuente y el pozo, la puerta del Cielo y el arca de Noé. A la roca se le incor- poró también la imagen de Judith con la cabeza de Holofernes como prefiguración de María victoriosa sobre la serpiente.133Precisamente en esta roca, y al menos durante la primera mitad del siglo XIX, la juventud estudiantil se encargaba de sacarla, reempla-

zando a las briosas caballerías cedidas por el gremio de molineros, precedente, en opi- nión de E. Aparicio Olmos, del «traslado» de la imagen de la Virgen de los Desamparados.134

A emulación de Valencia, otras poblaciones valencianas, congratulándose de la publicación de la anhelada bula de Alejandro VII, celebraron solemnes fiestas de las que

restan testimonios impresos. Así, el médico Joan Josep Alonso compuso la crónica de estas fiestas con el barroco título Festividad gloriosa que consagró la insigne e ilustre

villa de Alzira a la nueva feliz del Decreto de su Santidad por el objeto de la fiesta á María Inmaculada á su primo instante, obra impresa en Valencia en la oficina tipográ-

fica de Jerónimo Vilagrasa en 1663. También se conserva el cartel del programa de las fiestas celebradas en Ontinyent en 1662 y el del certamen poético, no habiéndose loca- lizado sin embargo el manuscrito del doctor Josep Navarro intitulado Relación de las

fiestas que se hicieron en la Villa de Onteniente por el breve de Alexandro VII.135Al año siguiente, y por el propio Jerónimo Vilagrasa se imprimió el curioso libro titulado

Aplauso a la pura concepción de María por títulos de comedias y otros versos de singu- lar capricho y buen gusto, el nombre de cuyo anónimo autor figura en anagrama en el

mismo título del libro como Don tal Ferris de coraçon, esclavo de María, uno de cuyos ejemplares citábase en el catálogo manuscrito de la biblioteca mayansiana.136

Nuevamente el esplendor, la solemnidad y la incidencia social de estas fiestas testi- monian la repercusión en Valencia de este paso adelante en favor de tan arraigada causa inmaculista.

Otra dimensión de la piedad barroca, pero de signo bien diferente, es la que ofrece por estos años la Escuela de Cristo. De carácter elitista, minoritario, dado su extrema-

133CARRERESZACARÉS, Salvador, Las Rocas. Valencia, 1957, pág. 40. 134APARICIO, 1987, 32.

135FERRANDO, 1983, 1031-1032 y Vicent Terol i Reig, fichas catalográficas correspondientes a los citados

impresos de Onteniente en Tota Pulchra es. Mostra Iconogràfica de la Puríssima a Ontinyent. Ontinyent, 2004, págs. 70-77.

136SERRANOMORALES, 1898-1899, 584. 196

do ascetismo, pero impregnado de profundo fervor inmaculista y eucarístico, esta her- mandad de sacerdotes y seglares fue fundada en Valencia por el clérigo filipense Juan Muniesa precisamente en 1662 siguiendo el espíritu de la Congregación del Oratorio y de la Escuela de Cristo instituida años antes en Madrid. Establecida en la capilla de la Purísima del Colegio del Patriarca, extendióse progresivamente por varias poblaciones valencianas como Albaida, Alcoy, Castellón, Gandía y Ontiyent. Aprobada por el breve

Ad Pastoralis dignitatis fastigium, de Alejandro VII, fechado el 10 de abril de 1665, uno

de los requisitos establecidos para la admisión de sus miembros era el juramento de

defender la Inmaculada Concepción de Nuestra Señora concebida sin mancha de peca- do original.137

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