3.5 Pilot Study: Analysing Pedestrian Behaviour
3.5.3 Conclusion
Con el objetivo de finalizar este primer capítulo será necesario enlazar el problema de la rehabilitación de los prejuicios con uno de los conceptos nodales de la investigación hermenéutica: el concepto de historia efectual10. En efecto, el análisis
hermenéutico de los textos de la tradición sólo toma sentido si se interpreta a la luz de la relación que se establece entre nuestros prejuicios y la tradición. La tesis central de Gadamer es que nuestros prejuicios se constituyen desde el horizonte de la tradición a la cual pertenecemos, lo que significa que nuestras interpretaciones sobre la tradición se realizan en el horizonte de determinación ontológica que éstas tienen sobre nuestro ser histórico (Cf. Grondin, 2003: 147).
Esta relación nos lleva a comprender que nos encontramos afectados en nuestro ser mismo por las tradiciones que nos sostienen, que la relación que entablamos con nuestra tradición desborda la conciencia que sobre este
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Paul Ricœur interpreta el concepto de historia efectual como la conciencia de la historia de los
efectos, neologismo que permite comprender la doble significación del complejo concepto
gadameriano. En efecto, “(…) En líneas generales, se puede decir que es la conciencia de estar expuesto a la historia y a su acción, de manera tal que no se puede objetivar esta acción sobre nosotros, porque esa eficacia forma parte de su sentido como fenómeno histórico” (Ricœur, 2002: 319).
presupuesto ontológico podamos tener, “pero incluso la conciencia, es más ser que
conciencia. También nuestra conciencia tiene algo no previamente pensable, algo no
alcanzable, algo del orden del acontecer” (Grondin, 2000: 379).
Inmediatamente debe advertirse que el concepto de historia efectual es empleado por Gadamer en dos sentidos: a) en primera instancia, el concepto de
historia efectual se refiere al presupuesto ontológico de la comprensión, es decir, a la
determinación y constitución que las tradiciones ejercen sobre nuestro ser histórico; b) en segunda instancia, indaga por las posibilidades de la conciencia de reconocerse constituida por las tradiciones (reflexividad). Así lo entiende Grondin cuando afirma que:
Esta expresión de Gadamer es pretendidamente ambigua, como explica el importante prefacio a la segunda edición. Se refiere por un lado a la conciencia determinada y constituida en y por la marcha de la historia y, por el otro, a la conciencia misma de este estar así determinado y constituido (2000: 380).
Analizaremos los dos presupuestos centrales de la historia efectual hallando la relación que este concepto tiene con los textos de la tradición y el carácter prejuicioso de la comprensión.
Lo primero que se debe esclarecer es ¿qué entiende Gadamer por historia efectual en su sentido ontológico? Aquí se ha venido esclareciendo de forma indirecta el significado que este concepto tiene en la estructuración del planteamiento hermenéutico. De esta forma, en el apartado dedicado a los prejuicios se afirmó que sólo es posible comprender el carácter prejuicioso de la comprensión si se atiende a la correlación entre nuestros prejuicios y la tradición. En efecto, los prejuicios con los que nos acercamos a los textos son dados desde el horizonte de la tradición a la que pertenecemos; nuestros prejuicios se encuentran determinados por la tradición, que de entrada está dirigiendo las preguntas con las que nos acercamos a los textos. Puede afirmarse que la tradición, interpretada como una comunidad de
sentido, constituye los modos de interpelar desde nuestro horizonte presente a las
tradiciones que nos anteceden. De forma silenciosa el presente se ve constituido por las tradiciones que le dan sentidos compartidos que permiten al presente dialogar
con el pasado. Entonces, la historia efectual será la determinación que ejerce el horizonte de la tradición sobre nuestros modos de habitar y comprender los textos de la historia que nos sostiene.
Se nos hace claro que para Gadamer la historia efectual es la manifestación de la determinación que tiene nuestra tradición presente sobre nuestros prejuicios, los cuales nos permiten interrogar los textos de la tradición. Sin embargo, la historia
efectual también es una condición irreductible del presente: nuestro ser se
comprende guiado por su pertenencia a las tradiciones que lo anteceden, el presente se encuentra desolado si no logra establecer el vínculo con el pasado a través de los textos que nos abren al llamado de la historia. A este movimiento que va del presente al pasado podemos denominarlo realización del acontecer, es decir, nuestras comprensiones tienen una doble determinación: por un lado, nuestros prejuicios se constituyen desde el horizonte del presente; a su vez, el presente se ve alimentado por el pasado. El encuentro con los textos es posible cuando el intérprete pretende abrir sus prejuicios al llamado de la tradición, vinculándose al movimiento que va del presente al pasado y del pasado al presente. Es en este movimiento que acontece la historia efectual:
Cuando se niega la historia efectual en la ingenuidad de la fe metodológica, la consecuencia puede ser incluso una auténtica deformación del conocimiento. Cuando intentamos comprender un fenómeno histórico desde la distancia histórica que determina nuestra situación hermenéutica en general, nos hallamos siempre bajo los efectos de esta historia efectual. Ella es la que determina por adelantado lo que nos va a parecer cuestionable y objeto de investigación, y normalmente olvidamos la mitad de lo que es real, más aún, olvidamos toda la verdad de este fenómeno inmediato como toda la verdad (Gadamer, 2001a: 371).
Gadamer logra mostrar que frente a las pretensiones de objetivación de la conciencia científica que desea obrar por fuera de la determinación de la tradición a la que pertenece, la hermenéutica ratifica la historicidad de toda comprensión que acontece desde el efecto que la historia tiene sobre nuestras preguntas. Nuestro espíritu olvida el efecto de la historia y por ello desconecta la relación de los prejuicios con las tradiciones que nos sostienen. Sin embargo, no puede olvidarse que nuestra conciencia es más ser que conciencia. Por ello mismo, no puede ser
reducida a la conciencia metódica que alcanza la determinación de los textos de la tradición como alcanza la ciencia la determinación de los fenómenos naturales a través de conceptos. Estamos vinculados, acogidos por el sentido de los textos; por ello mismo, jamás podremos tener absoluta conciencia del efecto de la historia sobre nuestro ser, lo cual implica que siempre deberemos estar vigilantes de no olvidar el efecto de la historia sobre nosotros, aunque esto no se alcance de forma absoluta: comprender es entonces el reconocimiento –así no se logre de una vez y para siempre– de la tradición como nuestro ámbito de sentido constituyente, silencioso, inabarcable.
Ingresamos ahora al segundo presupuesto de la historia efectual: la
conciencia de la historia efectual. Se ha afirmado que tener conciencia plena del
efecto de la historia es una ilusión de la conciencia metódica. Sin embargo, Gadamer no renuncia a la posibilidad de constituir la conciencia que se reconoce en la historia y, por ello mismo, quiere abrir el espacio para formular el siguiente interrogante: ¿qué clase de conciencia es la conciencia de la historia efectual?
En primera instancia, es conciencia de la acción de la historia en todo ámbito interpretativo: bajo ninguna circunstancia la comprensión podrá sustraerse a la determinación que la historia y las tradiciones tienen sobre las precomprensiones que sobre los textos realizamos. Sin embargo, esto no implica que la historia efectual sólo esté presente allí donde suponemos es posible reconocer su acción. Por el contrario, la historia efectual es el presupuesto ontológico irreductible de toda comprensión.
En segundo lugar, la conciencia de la historia efectual se reconoce con respecto a la condición de la distancia en el tiempo, pues el efecto de la historia se deja ver en el movimiento de familiaridad y extrañeza que nuestra conciencia entabla con las tradiciones que nos determinan: “la historia eficiente es la eficacia en la distancia” (Ricœur, 2002: 320).
Finalmente, podemos identificar como característica fundamental de la conciencia de la historia efectual que es conciencia de lo que Gadamer denomina
situación hermenéutica, característica que contiene a las dos anteriores: “el concepto de la situación se caracteriza porque uno no se encuentra frente a ella y por lo tanto
no puede tener un saber objetivo de ella. Se está en ella, uno se encuentra siempre en una situación cuya iluminación es una tarea a la que nunca se puede dar cumplimiento por entero”(Gadamer, 2001a: 372).
Nuestra situación hermenéutica está dada desde el presente, en el cual nos hallamos instalados. Sin embargo, nuestra situación es finita y por ello jamás podrá agotar el ser histórico en el saber, en tanto no puede abarcar la totalidad de la historia. Por esto Gadamer introduce el concepto de horizonte como la posibilidad más plena de apertura de nuestra situación finita al horizonte de las tradiciones.
Todo presente es finito tiene sus límites. El concepto de la situación se determina justamente en que representa una posición que limita las posibilidades de ver. Al concepto de la situación le pertenece esencialmente el concepto de horizonte. Horizonte es el ámbito de visión que abarca y encierra todo lo que es visible desde un determinado punto. Aplicándolo a la conciencia pensante hablamos entonces de la estrechez del horizonte, de la posibilidad de ampliar el horizonte, de la apertura de nuevos horizontes (Gadamer, 2001a: 372-373).
Será necesario detenerse en la noción de horizonte con el objetivo de interpretar cómo aparece en el argumento gadameriano el problema del reconocimiento de la alteridad de los textos, asunto que nos llevará a enfrentar que el camino del reconocimiento se constituye en el extrañamiento y alejamiento frente al horizonte de lo otro. El horizonte y la posibilidad de reconocimiento no se alcanzan si antes no se comprende que el acogimiento de la diferencia no es una tarea sencilla. Acoger al otro en su verdad pasa por un momento de ocultamiento de la diferencia donde al parecer el intérprete se enfrenta al horizonte del texto queriendo imponerse a él, queriendo hacer caso omiso al ámbito de sentido desplegado por los textos. Reconocer al otro en su verdad requiere no sólo la interpretación de la situación desde la cual nos acercamos a la diferencia. Será necesario, además, poder aportar el horizonte como muestra de hospitalidad con lo otro, con el texto.