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DEL ÁMBITO SOCIAL EN SU ESTRUCTURA Y FUNCIONAMIENTO PARA

ADAPTARSE AL FENÓMENO MIGRATORIO Y A LA DIVERSIDAD CULTURAL?

Cambios en la estructura y funcionamiento del tercer sector. Bueno, pues esto va a ser algo difí- cil, porque al hablar de la propia casa, normalmente habrá que tener cuidado ¿no? Era mucho más fácil haber planteado cuestiones generales como han hecho otros intervinientes.

Pero de todas las maneras también lo tengo fácil ¿Que qué tiene que cambiar el tercer sector en su estructura y funcionamiento? Pues exactamente lo mismo que el conjunto social; no somos más que una expresión de lo mismo.

Eso sí, lo tenemos que hacer desde el rol del tercer sector, y ya se ha dicho bastante acerca de él. Desde el rol que le es propio, o al menos en el que se ubica, que le afecta y le compete, o por el que ha optado por tener el tercer sector.

Desde ahí me hago cuatro cuestiones:

1 - En primer lugar: el tercer sector está obligado a romper el monolitismo entre modelo generalis- ta y modelo específico.

Como ya se ha dicho y explicado para todo el conjunto social el debate entre estos dos enfo- ques, pues es muy fácil aplicárnoslo a nosotros.

Pero claro, nosotros en el tercer sector, a veces nos ‘trabucamos’ y tenemos una especie de dis- lexia entre igualdad (generalista) y equidad (específico). Ese es un problema que tenemos y no sabemos resolver hoy por hoy. ¿Por qué no lo sabemos resolver? Si te despistas un pelín, te están llamando la atención: “¿qué pasa? ¿sólo os ocupáis de los inmigrantes”. O viceversa, como te despistes otro pelín: “no estás haciendo nada ante el grave problema de la inmigración”. Por lo tanto entre lo universal y lo que yo llamo lo específico habrá que saber trabajar desde el tercer sector la transversalidad y la singularidad.

Luego, asumir el conflicto social, y esto es más difícil. Porque hay que asumir el conflicto social en esa dialéctica que ya se ha planteado entre inmigración y bienestar. Y no es suficiente con aclarar que la inmigración no es la causante de la crisis del estado de bienestar, sino su detonan- te. Pero si trabajas en el tejido social y como tercer sector y como sociedad civil organizada, etc., estás ahí, en el tejido social. Aun sin quererlo nos vamos a confrontar muchas veces con la base social y con otras personas que tienen problemas y que también son demandantes ante el esta- do de bienestar, y no han recibido satisfacción a sus demandas. No es cuestión nada nueva decir -como nos han dicho en los servicios de acogida a personas sin techo- por parte de los autóc- tonos: “que qué pasa aquí; qué hacen todos estos” (no sé cómo los llamarán, quizá digan negros, quizá inmigrantes, etc.) Entonces, las entidades del tercer sector tenemos que asumir el conflicto social y no estamos preparados para ello; pero además, no nos entenderían que nos- otros no resolviéramos ese conflicto como “obligación” nuestra, y no sólo como responsabilidad que hemos asumido, que sí lo es.

En ese sentido, hay un punto que no lo veo tan claro, cuando se dice: “¿Tercer sector=servicios?” “Sí, pero depende; sí, pero según como...”. Porque las dudas hay que resolverlas en esa dialó- gica entre reivindicación y gestión. De modo afirmativo, ciertamente; pero de modo absoluto, no. Porque la gestión tiene su lógica y la reivindicación también. Por tanto no se trata de negar una u otra, sino de que cada una cumpla su función que debe estar ‘guiada’ por la promoción y defensa de los derechos sociales.

Esto plantea cuestiones importantes con respecto a las estructuras del tercer sector, clarísima- mente: ya se ha dicho en cuanto a financiación, pero también en cuanto a costes. Yo no sé si es lo más adecuado, pero estamos ya en un punto de no retorno sobre la “producción mixta del bienestar”, porque depende de si quiere este modelo o lo que se quiere es directamente un modelo privado y privatizado. Pero si en eso estamos, yo haría la cuenta de los costes. Te dan una subvención y lo demás lo tienes que buscar tú. Y eso ¿por qué? Cuando estemos toman- do una iniciativa propia en hacer un determinado programa, planteamiento, etc, me parece lógi- co que nos digan “búscate los recursos”. Pero si estás atendiendo un servicio público, por qué no se cubren los costes plenamente de la misma forma que cuando está ese servicio está ges- tionado directamente por un ente público.

¿Cuál es la cuestión de fondo? Que hay una indefinición en torno a nuestro rol. Andamos entre garantía de derechos, que es un rol que no corresponde al tercer sector. A quien corresponde es al estado, pues la garantía de derechos implica claramente seguridad en el acceso, continui- dad y permanencia en el ejercicio y adecuación o intensidad protectora; es decir, validez de que está garantizado el derecho, y no está garantizado a un cuarto, ni a mitades.

¿Intervendremos el tercer sector en la garantía de derechos? Depende; pero desde otro rol dis- tinto que no es el de la garantía de derechos y que tiene que ver con la creación de sociedad. 3 - Tercer aspecto: nos debemos plantear, o mejor replantear, la relación sujeto/objeto en la propia

intervención.

Debo empezar diciendo que en relación con la inmigración deberíamos distinguir, y más en las condiciones que se han descrito, entre vulnerabilidad y demandas de protección ante carencias. Y en ese sentido creo que cualquiera de los aspectos son recurrentes y, por tanto, son circula-

res. Tendremos que trabajar la universalidad -de eso ya han salido aquí bastantes cuestiones sobre normalización, ciudadanía, etc.- Y no sé por qué habría que aclarar más; con eso ya sería bastante. Pero sabiendo que se trata de personas y, por lo tanto hay singularidades, no hay la menor duda de que eso no se puede hacer de espaldas a las singularidades; de hecho se ha hablado de identidades, se ha hablado de culturas, etc.

Ya comprenderéis que pedirnos al tercer sector que en este momento esto lo tengamos resuel- to, es mucho pedir. Pero, el propio tercer sector nos lo tenemos que pedir y lo tenemos que resolver, esto es muy cierto.

Por otra parte, se nos plantean y se nos piden soluciones y si encima entendemos que debemos dar soluciones y hacer servicios, pues con más razón. Y si encima acudimos a la financiación pública, e incluso lo reclamamos desde la responsabilidad social corporativa o desde la solidari- dad social, pues tendremos que resolver la ‘dialógica’ entre transversalidad y singularidad en la realización de tales servicios. Y tendremos que resolver esa ‘dialógica’ pues si al mismo tiempo que se realizan los servicios hacemos planteamientos acerca de la universalidad de los derechos, pues, nos ponemos en el disparadero social. A mí ya me han dicho en alguna ocasión: “¡Hombre! ya que os ayudamos a tener a esos chicos (realizando servicios específicos de prevención), por lo menos “tenédnoslos controlados”. O sea, “resolved el problema y no sólo nos expliquéis los problemas de la integración social”

Además, muchas veces se nos dice que la acogida del inmigrante le corresponde al tercer sec- tor... ¡Grave error! Si nosotros lo aceptamos, metemos la pata. Claro que nos corresponde actuar y realizar una acogida de la más alta calidad; ¡faltaría más!, pero nos corresponde como a los servicios municipales, como al tejido que forman los políticos, las empresas, los ciudadanos, etc. Se nos piden las soluciones y se nos pide que ‘les incluyamos’. Que yo sepa no sé si alguien alguna vez ha sido capaz de incluirme a mí. Está claro que yo he contado con mucha gente para poderlo hacer. Pero en ese caso estaríamos hablando de ‘condiciones’. Ahí estaría el tema dónde el tercer sector tendría que resolver entre transversalidad y singularidad, siendo un actor importante en crear condiciones de inclusión.

Por lo tanto, primer tema: romper la dialéctica entre ‘generalista y específico’; mejor dicho, rom- per el monolitismo, porque lo que no resuelve nada es ponernos en una situación o ponernos en la otra, entre generalista y específico.

2- Segundo punto: resolver la dialéctica o, mejor dicho, la ‘dialógica’ entre reivindicación y gestión. Porque van a estar siempre presentes, y por lo tanto se van a reclamar el uno al otro y además se van a contradecir simultáneamente el uno al otro y además se van a complementar ¡Un lío, por lo tanto! Y para ello el tercer sector necesitamos afrontar algunas cuestiones.

Primero asumir el conflicto político, o sea, con el poder público, con las administraciones. Ya sabemos, “que si te financian, que si han contado contigo, etc.”. O sea, tenemos primero que asumir el conflicto.

EMILIO GALLEGO

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