DIVERSIDAD DERIVADA DE LA INMIGRACIÓN?
Yo partiría, a la hora de abordar la pregunta, desde un axioma que dice que si hacemos las mis- mas cosas, obtendremos los mismos resultados, y, evidentemente, ante una realidad social más com- pleja, más diversa y más heterogénea, caracterizada por la diversidad cultural, no podemos seguir haciendo las mismas cosas, ni dando las mismas respuestas, ni se debe desde el tercer sector, man- tener el mismo modelo en las relaciones con las administraciones públicas.
En la trilogía -Estado, mercado, tercer sector-, el mercado tiene mucho mejor regulados sus mecanismos de relación e interlocución con las administraciones públicas que el tercer sector. Mientras que, sin embargo, muchos de los servicios que se están prestando, y muchos de los ámbitos en los que se juega la gestión de la diversidad cultural están pivotando sobre el denominado tercer sector. Por lo tanto, es necesario que reforcemos el modelo de coordinación y relación con las Administraciones Públicas, basándonos en una serie de principios que nos parecen básicos:
En primer lugar, partir de la consideración que la responsabilidad de los servicios y las políticas públicas deben ser del Estado, de las administraciones públicas en sus respectivos marcos competen- ciales; tanto en su fase de planificación, como de implementación y evaluación. Pero estando conven- cidos de que el tercer sector tiene que y debe actuar de una manera coadyuvante con estas adminis- traciones públicas, mejorando y complementando su responsabilidad pública. Se trata de un sector que ha demostrado que puede y esta capacitado para trabajar conjuntamente con las Administraciones Públicas en la definición de las políticas sociales, en la política migratoria y de gestión de la diversidad cultural. Cumpliendo con el principio de la buena gobernanza (governance) en la gestión de lo público. Gobernanza que implica abrir las estructuras de gobierno a la participación de la sociedad civil, incor- porando más democracia en la gestión de los servicios públicos. Dando la posibilidad para que desde el tercer sector se pueda incidir, no solamente en las fases de implementación de las políticas de inmi- gración y gestión de la diversidad cultural, sino también en las fases de definición, de planificación, de seguimiento y evaluación de las mismas.
En demasiadas ocasiones al tercer sector, en el tipo de relaciones que viene estableciendo con las administraciones públicas, se le viene ubicando con exclusividad en la fase de implementación de
El tercer sector, en la relación que debe establecer con las administraciones públicas, puede hacer más eficaz la responsabilidad pública del Estado en la gestión de la diversidad cultural, porque efectivamente tiene una mayor cercanía a la realidad social de los territorios. Cuenta con más oportu- nidades para abrir, en el ámbito local, espacios de relación, espacios que impulsen procesos intercul- turales. Estamos convencidos que el tercer sector cuenta con la capacidad y la cercanía necesaria para hacerlo, pero siempre y cuando en los modelos de relación con las administraciones públicas se cum- plan los principios que antes he ido planteando.
Es importante que se articulen en los tres ámbitos de la administración espacios de relación, de consulta y de participación. Tiene que haber órganos consultivos y de participación del tercer sector con las administraciones públicas, en el ámbito estatal, en las comunidades autónomas y en los municipios. Es importante y hay experiencias en este sentido que es necesario reforzar y apoyar.
Desde el tercer sector en la relación con las administraciones públicas, se esta impulsando una apuesta decidida por la interculturalidad, por el interculturalismo como política más acertada de gestión de la diversidad cultural presente en nuestros territorios. Una política que ponga el acento en la igualdad de derechos para todos y todas, en el reconocimiento del valor de las diferencias culturales y en la rela- ción, la comunicación y la interacción entre las personas que representan estos valores diferenciados.
La interculturalidad es un proceso, es un camino, es participación, es relaciones, es implicación, es bidireccional, es dinámica, es compleja, e implica una predisposición al cambio. El interculturalismo como modelo de gestión de la diversidad cultural lo podremos construir sobre unas adecuadas relacio- nes entre las administraciones públicas y el tercer sector.
las políticas. Reconociéndole una exclusiva función asistencialista, de beneficencia y contando con su colaboración en situaciones sociales de emergencia en las que las organizaciones sociales asumen un rol de “bombero”, sin apenas intervención en las fases de planificación, seguimiento y evaluación de las políticas. El tercer sector debe reclamar estos espacios de participación en sus relaciones con las admi- nistraciones públicas, habiendo acreditado capacidades y saber hacer acumulado que le permite inci- dir desde el principio de la buena gobernanza en una adecuada gestión de la diversidad cultural que persiga una sociedad inclusiva y más cohesionada.
Una relación basada en un paternariado estable, dado que el tercer sector no puede estar dependiendo de la llamada de las administraciones públicas, exclusivamente en situaciones de emer- gencia y coyunturales. Un paternariado estable que se sustente en la confianza mutua y no en visiones estereotipadas. Es necesario salir de los discursos estereotipados en la relación entre administraciones públicas y tercer sector, impulsando su reconocimiento como agente social, valorando su papel y su actuación en la sociedad como agente generador de procesos inclusivos, de no discriminación, de par- ticipación social y de lucha contra el racismo y la xenofobia.
Si desde el tercer sector se esta incidiendo sobre procesos, si se trabaja en la prestación de ser- vicios estables de acogida e inserción sociolaboral de las personas inmigradas, si se actúa de manera coadyuvante con las administraciones públicas en la gestión de la diversidad cultural. Las organizacio- nes del tercer sector necesitan también de estabilidad; estabilidad organizativa, estabilidad financiera, estabilidad en las infraestructuras utilizadas y en los recursos humanos disponibles. No dependiendo de una política de subvenciones anuales, coyunturales y graciables que hacen difícil el que se pueda trabajar en la articulación de procesos de integración y de servicios estables.
La relación debe articularse en torno a redes de cooperación, a redes de coordinación, de com- plementariedad y de establecimiento de sinergias estables. Es básico que las administraciones públicas y el tercer sector trabajen codo con codo desde los principios de complementariedad, sinergia, coordi- nación, innovación, participación, colaboración y valoración mutua. Y desde ahí ir articulando redes internas y externas de cooperación que permitan la integralidad en la gestión de la diversidad cultural.
Es importante que la relación entre tercer sector y administraciones públicas haga posible el que se pueda incorporar la diversidad cultural que está presente en los territorios, al ámbito de las adminis- traciones públicas y de las propias organizaciones sociales. En ocasiones administraciones y tercer sec- tor se configuran de manera ajena a la diversidad cultural que esta presente en los territorios.
Las administraciones públicas, al igual que las empresas deben hacer una apuesta por incorpo- rar la gestión de la diversidad cultural en su seno, al igual que lo debe hacer el tercer sector. Y además hacer una labor de empoderamiento “ emoiwerment”, de tal forma que las personas inmigradas que representan otros valores culturales, no ocupen los estantes decorativos en las organizaciones y en las administraciones, sino que puedan llegar a labores de responsabilidad en las mismas, a labores de dirección.