5. Conclusion & recommendations
5.1 Conclusions
El ejercicio del derecho al agua que implica incidir en su manejo, generalmente está mediado por relaciones de poder, donde las mujeres tienen muchas desventajas. Su invisibilidad como usuarias del agua y la tierra las deja sin poder ante las instancias correspondientes. Para revertir esta situación habría que fortalecer la idea de qué no sólo son beneficiarias y consumidoras del agua, sino administradoras y tomadoras de decisiones.
En distintas convenciones se ha manifestado la importancia de contar con políticas públicas que contengan enfoque de género, para lograr la visibilización y reconocimiento de los diversos roles de las mujeres sobre el uso y gestión del agua en el ámbito productivo y reproductivo. Dichas preocupaciones sobre el papel de las mujeres y su relación con el agua, han estado presentes en las convenciones y conferencias internacionales desde hace 30 años.
En 1977 la Conferencia del Agua de Naciones Unidas, celebrada en Mar de Plata, reconocía la importancia del papel de las mujeres en el manejo del agua y el saneamiento, tal preocupación se mantiene hasta nuestros días.
En la Convención sobre la Eliminación de toda forma de Discriminación contra la Mujer en 1979, se estableció que la salud de las mujeres rurales depende de un adecuado y no discriminatorio acceso al agua.
Y es en 1992 en la Conferencia Internacional sobre Agua y Medio Ambiente, realizada en Dublín, donde se establecieron una serie de principios, de los cuales el Principio 3 se refiere a la necesidad de que las políticas institucionales reconozcan el papel de las mujeres como proveedoras, consumidoras del agua y conservadoras del medio ambiente, a la vez que propone la instrumentación de “políticas efectivas que
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participar, en todos los niveles, en programas de recursos hídricos, incluida la adopción de decisiones y la ejecución, por los medios que ellas determinen”.
Por su parte la Plataforma de Acción de Beijing (1995) indica la importancia del acceso equitativo de las mujeres al agua para asegurar su salud, lograr que sus prioridades se incluyan en los programas de inversión pública para la infraestructura en agua y saneamiento y promover los roles de las mujeres indígenas y campesinas en el riego y la ordenación de cuencas hidrográficas.
La Conferencia Internacional sobre Agua Dulce, realizada en Bonn, Alemania en 2001 sostiene: “Las políticas en materia de agua y los sistemas de administración del
agua deben tener en cuenta a ambos sexos. Deben reflejar la división de las funciones y del trabajo –remunerado y no remunerado- entre hombres y mujeres en todos los contextos relacionados con el agua. Los datos relativos del agua deben desglosarse por género”.
En las ultimas convenciones internacionales, la Cumbre del Milenio en Nueva York que se llevó a cabo en el 2000 y la Conferencia Mundial de Desarrollo Sustentable realizada en Johannesburgo en el 2002, se establecieron objetivos, metas y planes en los que se recomienda a los gobiernos fortalecer y promover la equidad de género para asegurar la sustentabilidad ambiental. En el 2002 en Johannesburgo se hablo de fortalecer la generación de capacidades para el desarrollo de infraestructura y servicios de agua, asegurando que todo se realice desde un enfoque sensible al género.
Debido a las distintas convenciones a nivel internacional es importante mencionar las principales recomendaciones para recuperar los avances alcanzados y plantear nuevas estrategias al respecto (Salazar, 2010).
- Se hace patente la prioridad del tema de equidad de género en la gestión y manejo del agua y se propugna por la implementación de medidas para fortalecer y estimular instituciones, organismos no gubernamentales y grupos de mujeres para su capacitación en el uso y manejo de los recursos naturales, entre ellos el agua.
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- Se insta a conceder atención y reconocimiento particular a la función y situación especial de las mujeres que viven en las zonas rurales y las que trabajan en el sector agrícola, creando condiciones para un mejor acceso a la capacitación, la tierra, los créditos, los recursos naturales y productivos.
- Se convoca a promover la igualdad de los géneros y el empoderamiento de las mujeres, así como la reducción a la mitad la proporción de la población que no tiene acceso al agua potable.
- Se plantea que las mujeres siguen sin participar o no participan en igualdad de condiciones, en el proceso de formulación de políticas y adopción de decisiones en materia de ordenación, conservación, protección y rehabilitación del medio ambiente.
- Se evidencia la necesidad de políticas positivas que consideren las necesidades específicas de las mujeres y proporcionen equipo y liderazgo a las mujeres para que participen en todos los niveles de los programas relacionados con los recursos hídricos, incluyendo la toma de decisiones y la implementación, en los términos que ellas definan.
Como puede observarse la visibilización y reconocimiento de los múltiples roles económicos, sociales, culturales y ambientales de las mujeres se fue haciendo presente en las convenciones y conferencias internacionales, en las que se ha demandado que las mujeres tomen parte activa en la toma de decisiones ambientales, tengan acceso a la tierra, los bosques y otros recursos naturales, sean reconocidas como sujetas de crédito y visibilizado su papel como productoras de alimentos y de otros bienes y servicios.
Sin embargo a pesar de los acuerdos firmados esto no se ha traducido en el desarrollo de políticas públicas que contribuyan a superar la situación de discriminación de las mujeres en este ámbito. Como bien señala Rico (1998), ha sido una limitación para su aplicación amplia el hecho que en general éstos y otros acuerdos como la Agenda 21, han enfatizado la situación de las mujeres pobres, sin considerar los obstáculos que enfrentan las mujeres de otros sectores sociales para
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alcanzar la equidad con los varones o han tendido a responsabilizar a las mujeres
como “guardianas del medio ambiente” sin tener en cuenta que ésta es una tarea de
la sociedad en su conjunto.
Rico señala que estas convenciones mantienen la tendencia a homogeneizar a las mujeres, sin tomar en cuenta que otras variables, como etnia, edad y posición social, pueden incidir en las relaciones de las mujeres con los recursos naturales.
Si bien estos instrumentos internacionales han sido firmados por México, sus recomendaciones no se expresan en las políticas públicas. Algunos obstáculos para su aplicación se relacionan con criterios asistencialistas que ponen el énfasis en la situación de pobreza más que en las desigualdades sociales y de género.
En la siguiente sección se abordara el tema del agua para uso doméstico y productivo y las limitantes que las mujeres enfrentan en cada uno de estos espacios.