Chapter 5 Conclusions and Future Work
5.1 Conclusions
La mayor parte de la bibliografía existente en materia de indicadores de confianza se centra en el posible papel predictivo que dichos indicadores puedan tener sobre determinadas variables, si bien autores como Throop (1992) han señalado que dichos indicadores de confianza están más relacionados con el grado de incertidumbre sobre la economía en un determinado momento que con el optimismo o pesimismo sobre el futuro.
Pero en general, el análisis que la mayor parte de los investigadores realizan se centra en encontrar evidencias fehacientes que confirmen dicha capacidad predictiva.
En este sentido Claveria el al. (2007) señalan que incluir estos indicadores dentro de modelos incrementa el potencial explicativo con respecto a los que no lo hacen. Golinelli y Parigi (2003) por su parte demuestran que en una economía, a mayor peso de componentes institucionales y menor de los consumidores, más reducida es la capacidad de estos índices, ya sea tanto para reflejar como para predecir el comportamiento de tal economía, y viceversa.
Se ha analizado también la importancia de los indicadores de confianza para predecir y/o explicar situaciones “turbulentas” y de alta inestabilidad económica frente a su valor o poder predictivo en escenarios que pudiéramos calificar como de estabilidad (Desrochers y Gosselin, 2002). El estudio de los niveles de confianza de una economía en situaciones como guerras, burbujas económicas u otros contextos de inestabilidad pudiera indicar la temporalidad o persistencia del impacto de dichos acontecimientos en el “clima” económico (Yao y Luo, 2009).
Expuestas estas consideraciones generales, a continuación se realiza un repaso de los estudios más significativos que se han llevado a cabo para analizar el poder predictivo de estos índices respecto a variables fundamentales de una economía (ver figura 2). En este sentido se analiza tanto su comportamiento en el ámbito americano
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(donde más tradición existe y más investigaciones se han desarrollado) como en el ámbito europeo, que es donde posteriormente se centra esta Tesis Doctoral.
Figura 2. Influencia de los indicadores de confianza en la variables económicas
Fuente: Elaboración propia.
Matsusaka y Sbordone (1995) señalan por primera vez desde un punto de vista empírico que la confianza del consumidor es un importante factor independiente de las fluctuaciones económicas, demostrando que el sentimiento del consumidor medido a través del Index of Consumer Sentiment explica entre el 13 y el 26% de la variación de la
producción medida a través del PNB de EEUU.
Un análisis del papel de la confianza en la evolución del PIB de Alemania, Australia, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido desde los años setenta en adelante es realizado por Golinelli y Parigi (2003 y 2004), que concluyen que los indicadores de confianza tienen en general un significativo efecto en la evolución del
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PIB y adelantan de alguna forma su comportamiento independientemente de otras variables económicas.
Taylor y McNabb (2007) estudian el poder predictivo de determinados indicadores de sentimiento y confianza presentes en la European Economy Consumer
Survey y el Business and Consumer Survey para Francia, Holanda, Italia y Reino Unido.
En este sentido encuentran poder predictivo de los mismos con respecto al PIB en Reino Unido y Holanda, no siendo tan claro en los casos de Francia e Italia, países en los que igualmente demuestran que existen correlaciones evidentes entre los ciclos económicos y estos indicadores de confianza de cara a calcular probabilidades de empeoramiento de la situación económica de los mismos.
Por su parte Zanin (2010) investiga la evolución del ESI de cinco países europeos (Austria, Dinamarca, Estonia, Finlandia, Francia e Italia) con respecto a la variación existente en su PIB. Primeramente encuentra que no siempre cambios en el ESI llevan asociados cambios en el PIB. Las mayores correlaciones las encuentra en Francia e Italia, siendo Austria el país que menor impacto tiene en cuanto su magnitud.
Li (2010) estudia el poder predictivo de los índices de confianza chinos, fundamentalmente el denominado Consumer Confidence Index elaborado por el China
Economic Monitoring & Analysis Center y prueba que este índice, en conjunto con otros
indicadores económicos, causa en el sentido Granger el crecimiento mensual de la producción industrial en China en un determinado periodo.
El consumo, y en especial el gasto de los hogares, es una de las variables económicas en la cuál más se ha analizado el impacto que en ella suponen cambios en la confianza.
Katona (1975) indica que la confianza, y en particular los indicadores que la miden, reflejan o podrían reflejar, si no toda, sí una parte importante de los factores que pudieran predecir el gasto y por lo tanto determinar el comportamiento del consumidor.
Throop (1992) apuntó que la confianza del consumidor tenía un papel significativo en las compras hechas por los hogares de bienes no duraderos (y no al
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revés). Por su parte Bram y Ludvigson (1998) examinaron los dos principales indicadores de confianza de EEUU, los ya mencionados anteriormente Michigan
Consumer Sentiment Index y Consumer Confidence Index, para concluir sobre el poder
predictivo de los mismos en el consumo, especialmente en el caso del último índice. Así mismo, Desrochers y Gosselin (2002) analizan estos dos indicadores, demostrando que la confianza predice de forma significativa el consumo durante épocas de alta volatilidad.
No obstante Ludvigson (2004) señala que las encuestas realizadas para la elaboración de estos indicadores predicen de una forma relativamente modesta una parte de la variación del gasto futuro de un consumidor.
De la misma forma, Easaw et al., (2005) analizan el impacto de la confianza en el gasto de los hogares en bienes duraderos en el Reino Unido, señalando que el sentimiento del consumidor es capaz de predecir el crecimiento en el consumo de los hogares adicionalmente a la renta. Igualmente señalan que los indicadores de confianza del Reino Unido (GfK y MORI) funcionan mejor como estimadores que los de los EEUU (tomando como referencia el Índice de la Universidad de Michigan).
Dudek (2008) por su parte encuentra un poder predictivo importante en los índices de sentimiento del consumidor en Polonia en cuanto al crecimiento del gasto privado.
Lo anterior no es óbice para que un autor como Fuhrer (1993) exponga sin embargo que la información que se incluye en la medida del sentimiento del consumidor desempeña un papel pequeño a la hora de explicar variaciones en el consumo, reduciendo el error de predicción en un 5% aproximadamente.
En otro orden, la compra de vivienda, por la importancia que tiene en su cuantía para los hogares y para la economía de los países, es otro de los indicadores analizados en la bibliografía que estudia la influencia de la confianza en la economía.
Por ejemplo Meulen et al. (2014) estudian el mercado de la vivienda en Alemania y en qué medida se ve afectado por la confianza del consumidor. En este
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sentido, prueban que dichos indicadores poseen un poder predictivo de los precios de la vivienda en el país, pero añadiendo, eso sí, que es pequeño.
El comportamiento del mercado de valores, en base a la mayor o menor confianza que los agentes económicos tienen reflejada en los correspondientes indicadores, es estudiado en diversos trabajos y de forma más extensa que en lo referido a otras variables.
Barberis et al. (1998) analizan el efecto que tienen en el mercado de acciones de EEUU determinadas noticias de impacto que podrían alterar el estado de confianza de un inversor, demostrando que en general existe una sobrerreacción en los mismos ante ellas.
Igualmente Lemmon y Portinaguina (2006) exploran la relación entre el sentimiento del inversor y la rentabilidad de determinadas acciones usando la confianza del consumidor cuantificada a través de los principales indicadores de EEUU (CBI y ICS) como una medida del optimismo del inversor, concluyendo que el sentimiento del inversor predice los retornos de acciones de empresas con un componente importante de accionistas minoritarios. De la misma forma Gelper y Croux (2007) prueban el valor predictivo de los índices de una forma limitada y a corto plazo en relación al mercado de valores. Arif y Lee (2014) por su parte proporcionan también evidencia empírica que apoya la influencia del sentimiento de los inversores a la hora de realizar inversiones corporativas.
Por otro lado, Baker y Wurgler (2007) construyen un índice de sentimiento en base a diversos proxies en la economía americana para demostrar que el “sentimiento” tiene efectos discernibles, importantes y regulares sobre la cotización de algunas empresas en particular y en el mercado en general. Igualmente demuestran que el sentimiento afecta al coste del capital.
Schmeling (2009), por su parte, analiza la confianza del consumidor en diversos países, encontrando una relación entre rendimientos y confianza, en la que factores
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culturales y de “calidad” institucional desempeñan un papel relevante a la hora de definir la importancia de tal relación.
Otros autores facilitan evidencia empírica sobre el papel del sentimiento de los inversores en el desarrollo del mercado de valores (Otoo, 1999 y Lee et al., 2002), valoración del riesgo de mercado (Verma y Soydemir, 2009), reacción en el mercado de valores a la política monetaria (Kurov, 2010) e incluso la probabilidad de dificultades financieras futuras (Mishkin, 1978).
Finalmente, si bien la bibliografía en materia de índices de sentimiento es amplia cuando se trata de evaluar el efecto de los mismos en la producción, el consumo o el mercado de valores, no existen apenas artículos que hayan hablado de su efecto directo en la creación de empleo.
Un ejemplo puede ser el de Pincheira (2014), el cual estudia la capacidad que tienen los indicadores mensuales de confianza empresarial de Chile para predecir el empleo del país, que es estadísticamente significativa y robusta en varias formas de análisis, siendo en construcción e industria donde habría una mayor consistencia en los resultados.