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longevidad

El proceso de envejecimiento ha sido muy estudiado en los últimos años de- bido al gran incremento de las expecta- tivas de vida de la población mundial y, en consecuencia, en la población mayor. Aunque existen muchas teorías sobre el envejecimiento, ninguna está totalmen- te aceptada (Martien & Abbadie, 2007; Ornish et al., 2008).

Existen diversos estudios que relacionan la longevidad con la dieta. Así, Zhang et

al. (1999) y Kris-Etherton et al. (2004)

encuentran una mayor expectativa de vida y, por tanto, una menor mortalidad, por todas las causas y también por en- fermedad coronaria isquémica, en indi- viduos que siguen una dieta rica en ácidos grasosω-3 tanto procedentes de pescado como de vegetales. En un es- tudio sobre población europea, la adhe- rencia a un patrón de dieta mediterránea también se asocia a una menor morta- lidad, con una disminución de un 23% (Knoops et al., 2004). Resultados simi- lares se han descrito en el estudio EPIC llevado a cabo en nueve países europeos. Así, entre 6 y 9 en una escala de 10, se observa una expectativa de vida de más un año (Trichopoulou et al., 2005). En

alimentación mediterránea (Bamia et al., 2007).

Un reciente metaanálisis que recoge 12 estudios de dieta mediterránea y longe- vidad y que incluye 1,5 millones de in- dividuos muestra que existe una dismi- nución en la mortalidad por todas las causas (9%), por enfermedad coronaria isquémica (9%), por cáncer (6%) y por enfermedades neurológicas (13%) (Sofi

et al., 2008).

Dieta mediterránea y salud

En la década de los años 50, Ancel Keys, como antes comentamos, inició un es- tudio acerca de la influencia de la dieta en la incidencia de enfermedades car- diovasculares en distintas poblaciones con hábitos de vida y alimentarios dife- rentes. En este estudio se puso de ma- nifiesto, por primera vez, que la dieta mediterránea, el patrón alimentario tra- dicional de los pueblos mediterráneos, representado por la isla de Creta, era compatible con una baja incidencia de enfermedad coronaria isquémica. Este hecho era independiente de la cantidad de grasa total en la dieta, ya que en otros países con ingesta de grasa total similar (Finlandia), sólo que de distinto origen (aceite de oliva vs. grasa láctea y grasa animal), la incidencia de esta pa- tología era superior.

A partir de ese momento se iniciaron numerosos estudios acerca de la relación entre dieta mediterránea y el binomio salud-enfermedad. Así se describieron los efectos que el consumo de aceite de

de verduras y hortalizas.

Estos estudios se centraron en sus com- ponentes y, en concreto, y como nu- triente más relacionado con las enferme- dades cardiovasculares, primera causa de muerte en el mundo occidental desarro- llado, en la grasa y en consecuencia en el aceite de oliva y su elevado contenido en AGMI.

Dieta mediterránea y enfermedades cardiovasculares

El riesgo de padecer enfermedades car- diovasculares, en especial problemas de isquemia coronaria, tiene un compo- nente genético, pero la influencia del medio ambiente, en especial la dieta y otros hábitos saludables, pueden jugar un papel importante. En un estudio lle- vado a cabo en España en una cohorte de unos 3.000 pacientes asintomáticos, pero con alto riesgo cardiovascular (PRE- DIMED), la adherencia a un patrón de alimentación mediterránea estaba inver- samente relacionado con la presencia de factores de riesgo cardiovascular (hiper- tensión, diabetes tipo 2, hipercolestero- lemia y obesidad) (Sánchez-Taínta et al., 2008). Dentro del mismo estudio se ha realizado una intervención en individuos de alto riesgo cardiovascular, suplemen- tando su dieta compatible con el patrón mediterráneo con aceite de oliva o frutos secos y se ha observado que existía una mejora en los parámetros metabólicos relacionados con el riesgo cardiovascular (Estruch et al., 2006). En la cohorte del estudio INTERHEART, con participantes de 52 países, en la que se

ticas de la dieta mediterránea (DM), y el infarto de miocardio agudo, los resul- tados obtenidos muestran una asocia- ción inversa entre la dieta prudente (rica en frutas, verduras y hortalizas) y el in- farto agudo de miocardio.

Respecto al papel de la dieta medite- rránea en la prevención secundaria de la enfermedad coronaria isquémica, Tuttle et al. (2008) estudiaron en pa- cientes, tras sufrir el primer infarto, el efecto de dietas bajas en grasa y dieta mediterránea, observando que ambas tenían un efecto positivo sobre la inci- dencia de muerte por causas cardiacas, frente al grupo que no tuvo interven- ción dietética.

Respecto a los posibles mecanismos im- plicados en la relación dieta medite- rránea y riesgo cardiovascular, los estu- dios disponibles parecen relacionar la presencia de distintos componentes de la dieta mediterránea (antioxidantes pre- sentes en frutas y verduras) con biomar- cadores inflamatorios (IL-6, CRP) y de funcionalidad vascular (VCAM-1) (PRE- DIMED (figura 2).

Dieta mediterránea, diabetes mellitus tipo 2 y síndrome metabólico

Los estudios disponibles prueban que la dieta mediterránea disminuye el riesgo de desarrollo de diabetes mellitus tipo 2 (DM2). El primer hallazgo es la observa- ción de que las poblaciones mediterrá- neas tienen menos riesgo de padecer esta enfermedad y otras enfermedades metabólicas relacionadas. El papel de la

DM en el riesgo de DM2 está estrecha- mente relacionado con la menor inci- dencia de obesidad y en concreto con la adiposidad central o visceral.

Los efectos preventivos del seguimiento de la dieta mediterránea sobre el riesgo de padecer DM2 se han descrito en dis- tintos tipos de estudios ecológicos, caso- control, de intervención, etc. Estos efectos se han relacionado con distintos componentes de la dieta mediterránea (cereales integrales, frutas y verduras, frutos secos, aceite de oliva), que se ejercen a través de distintos mecanismos (disminución de la adiposidad visceral, mediadores inflamatorios y oxidativos, función endotelial, etc.) (Babio et al., 2009; Biesalski y Hans, 2004; Esposito

et al., 2009; Schrfder, 2007; Trichopou-

lou, 2009).

Dieta mediterránea y cáncer

Algunos estudios muestran que la adhe- rencia a un patrón de dieta mediterránea puede relacionarse con una menor inci- dencia de distintos tipos de cáncer. Así, se ha sugerido que el 25% del cáncer de colon-recto, el 15% de mama y el 10% de próstata, páncreas y endome- trio pueden prevenirse siguiendo una dieta con las características del patrón mediterráneo (Trichopoulou et al., 2000).

Un estudio de casos-control llevado a cabo en Italia con unos 10.000 partici- Figura 2. Dieta mediterránea y riesgo cardiovascular. Posibles mecanismos implicados. MUFAS: ácidos grasos monoinsaturados; PUFAS: ácidos grasos poliinsaturados.

inversa con cánceres del tracto digestivo alto y del aparato respiratorio (Boseti, et

al., 2009).

Otro estudio en Suecia muestra, en mu- jeres adultas, que tras 12 años de segui- miento el incremento de la adherencia a la dieta mediterránea se asociaba a un 16% de descenso en la mortalidad por cáncer (Lagiou et al., 2006). Además, di- versos estudios observacionales también concluyen que la adherencia a la dieta mediterránea reduce la mortalidad por cáncer tanto en hombres como en mu- jeres (Mitrou et al., 2007).

Entre los componentes de la dieta me- diterránea implicados parece existir evi-

hortalizas como el tomate, por su con- tenido en licopeno, los cereales inte- grales y los ácidos grasosω-3, presentes en el pescado azul, parecen tener efectos anticancerígenos en estudios in

vitro (Chatenoud et al., 1998; Menén-

dez et al., 2007; Tang et al., 2009) (fi- gura 3).

Dieta mediterránea y enfermedades neurodegenerativas

El patrón de la dieta mediterránea se ha asociado con la menor incidencia de en- fermedades neurodegenerativas como el Alzheimer. Diversos estudios, unos en personas mayores de la cohorte de EPIC

en la mortalidad debida a ella (Scarmeas

et al., 2006; Psaltopoulou et al., 2008).

Existen también trabajos relacionados con el papel de la dieta mediterránea en la incidencia de la enfermedad de Par- kinson (Gao et al., 2007) y en el riesgo de padecer depresión (Sánchez-Villegas

et al., 2006). Los nutrientes implicados

en estas acciones sobre el sistema ner- vioso central son los antioxidantes de frutas, verduras y aceite de oliva y los ali- mentos ricos en ácidos grasosω-3 (Gao

et al., 2007; Scarmeas et al., 2006).

Para terminar, una revisión exhaustiva de los efectos de la dieta mediterránea sobre distintas alteraciones patológicas parecen indicar que los componentes dominantes de los índices de adherencia a la dieta mediterránea en relación con la longevidad y la disminución del riesgo de incidencia de determinadas enferme- dades crónicas son el consumo modera- do de alcohol, el bajo consumo de carnes y derivados cárnicos, el elevado consumo de frutas, verduras y frutos secos, el aceite de oliva y el consumo regular de le- gumbres. Componentes como los cerea- les y los productos lácteos, probablemen- te por su heterogeneidad, y el pescado y marisco, por el bajo consumo en algunas poblaciones (Trichopoulou, 2006).

Bibliografía recomendada

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