La izquierda tiene hoy dos grandes interro- gantes: ¿qué tipo de sociedad queremos? y ¿quién hará realidad esa nueva sociedad?
Una y otra presentan muchas respuestas. Sobre la primera ya mencioné algunas de las respuestas que nos planteamos en Ecuador desde la Revolución Ciudadana, camino al socialismo. La respuesta a la segunda pre- gunta, que tiene que ver con el sujeto revo- lucionario, también está en construcción, porque el sujeto está en construcción.
Dentro del movimiento revolucionario in- ternacional ha existido un importante debate sobre la definición del sujeto revolucionario. Algunos plantean que en la actualidad la clase obrera ya no es la encargada de hacer la revolución. Otros plantean que el nuevo sujeto revolucionario es el movimiento polí- tico. Hay quienes dicen que todo el pueblo o las masas populares. En algunos países se menciona a los movimientos sociales o al movimiento indígena. O al campesinado. Y también están aquellos que señalan una inte- gración de todos esos actores.
En Ecuador podríamos decir que el sujeto político que llevó al triunfo la Revolución Ciudadana es un sujeto diverso como el propio país. Un sujeto variado, integrado por masas organizadas del campo y la ciudad, por sectores de clase media desorganizados, por indígenas, campesinos, obreros, trabaja- dores informales, jubilados, desempleados. Un amplio espectro que los unía la necesi- dad de reinstitucionalizar un país profunda- mente golpeado por el modelo neoliberal y la crisis financiera de 1999, desinstituciona- lizado por la partidocracia que manejó los hilos del Estado, un país transformado en uno de los más inequitativos de la región y sin soberanía.
A ese sujeto político variado lo define una canción popular del grupo Son País, cuyo estribillo dice: «No queremos ser lo que un rico quiera, un pueblo de mendigos, o una hacienda bananera». Esa frase fue la respues- ta al entonces candidato presidencial Álvaro Noboa, pero fue también la respuesta a un estado de cosas que se querían cambiar, aunque para muchos el modelo de cambio no estuviera claro.
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Fue un sujeto político circunstancial que puede consolidarse o no de acuerdo a lo que haga la propia Revolución Ciudadana en el camino de construcción del socialismo, de acuerdo a los intereses que se vayan tocando, de acuerdo a la profundización del proceso, de acuerdo a las alianzas que se vayan con- solidando y las que vayan quedando por el camino.
El desarrollo del sujeto revolucionario que consolide la Revolución Ciudadana todavía está en construcción, y depende del sentido que tome la propia Revolución, de la forma en que se enfrente la lucha política con- creta, de las acciones que hagan avanzar el proceso, y que necesitan de un análisis per- manente. Antes decíamos que para asentar la democracia ciudadana en bases firmes es necesario construir espacios y capacidades para poder alcanzar la plena ciudadanía, o sea aquella ciudadanía consciente, que logra procesar la información, evaluar, conformar una opinión y participar con criterio propio, ejerciendo un rol activo.
Por lo tanto, el nuevo sujeto revoluciona- rio que está en construcción es la ciudada- nía, entendida como un colectivo diverso, plural, que integra sectores organizados y no organizados. Pero que tiende a confluir en un proceso histórico de transformaciones políticas, económicas, sociales y culturales. Nunca la ciudadanía de los ciudadanos dis- persos, unidos a través de la publicidad po- lítica, pero incapaces de sostener un proceso revolucionario.
En el camino al socialismo no se debe prescindir de ningún actor de ese colectivo plural, pero es necesario tener en cuenta que en un país como Ecuador es imposible pensar en una transformación estructural sin el movimiento indígena, por su trascenden- cia histórica, sus raíces culturales, su capaci- dad de movilización y su sólida organización basada en la comunidad.
También hay otros sectores que por su historia y organización están un poco más adelante en el camino. En ese sentido, para no equivocarnos en la construcción de ese sujeto revolucionario diverso, es fundamen- tal tener en cuenta las diferencias y cómo procesarlas. Decía Bakunin que las revolu- ciones las hacen quienes tienen el odio ne- cesario al sistema como para terminar con él. Y como el lumpen y el campesinado constituían los sectores menos expuestos a la influencia burguesa, tenían los instintos ne- cesarios para la rebelión. Marx, en cambio, creía que el motor de la revolución estaba en el proletariado industrial.
En la actualidad podríamos integrar a Bakunin y a Marx, y seguramente todavía nos quedamos cortos, en cuanto a la cons- titución del sujeto revolucionario. La Revo- lución Ciudadana ahora enfrenta el reto de avanzar en la construcción del sujeto revo- lucionario para consolidarse y avanzar en la construcción de la sociedad de propietarios y del socialismo.
8. Conclusión
Este ha sido solo un resumen de las caracte- rísticas de la Revolución Ciudadana, camino al socialismo. Del cual se pueden extraer conclusiones sobre el tipo de socialismo que estamos construyendo, el modelo de demo- cracia que estamos desarrollando y el sujeto revolucionario en gestación. Como ya lo he dicho, vivimos un proceso en construc- ción, por lo tanto se nutre constantemente del aporte de otros procesos. Creemos que ocurre igual en otros países, y en ese sentido debemos multiplicar este tipo de eventos y debates por toda la región y abrirlos a la población. Tal vez hoy más que nunca, la construcción del socialismo implica debate, intercambio, redefiniciones, ruptura.
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Valter Pomar
Los socialistas del siglo XXI no pueden alegar ignorancia acerca de cuán compleja y demorada es la lucha por superar el capitalis- mo y transitar a una sociedad sin clases, sin Estado, sin explotación ni opresión. La lucha por el poder puede resolverse en el plazo de los años, pero la construcción de otra socie- dad es un proyecto de décadas y siglos.
El capitalismo surgió en Europa Occiden- tal y de allá se expandió para el mundo. Tal vez influenciados por esta trayectoria, los socialistas del siglo XIX imaginaban que las primeras victorias del socialismo ocurrirían en Europa, donde el capitalismo estaría más desarrollado, principalmente Alemania. Pero la primera revolución socialista victoriosa ocurrió en la Rusia de 1917, en la fronte- ra entre Europa y Asia, entre Occidente y Oriente.
Lenin ya había indicado que Rusia cons- tituía exactamente el «eslabón más débil de la cadena imperialista». Admitiendo ser más fácil tomar el poder allí que en Alemania, Lenin reconocía, sin embargo, que en Rusia sería más difícil construir el socialismo; debido al atraso político, social y económi- co. La solución vendría, supuestamente, de la solidaridad de la posterior y subsiguiente revolución socialista en los países europeos más avanzados, estimulada exactamente por el ejemplo del proletariado ruso. Sin embargo, si bien la solidaridad vino de allá, desde 1917 hasta hoy no hubo ninguna re- volución socialista victoriosa en las potencias capitalistas occidentales.
Bloqueada al Oeste, la revolución se ex- pandió en dirección Este. Ya en 1918, Stalin diría que «el gran significado mundial de la Revolución de Octubre consiste princi- palmente en el hecho de haber lanzado un puente entre el Occidente socialista y el Oriente oprimido, constituyendo un nuevo
frente de la revolución que, de los proletarios del Occidente, a través de la revolución de Rusia, llega hasta los pueblos oprimidos de Oriente, contra el imperialismo mundial».
Al proyectar el socialismo en Oriente, el gobierno soviético y el Partido Comunista Ruso (bolchevique) provocaron mutaciones en el proyecto y la estrategia originarias de Marx. Para este, el socialismo sería una etapa de transición entre el capitalismo y el comu- nismo. Llevado a Oriente, poco a poco el socialismo pasó a ser presentado como una etapa de transición entre el precapitalismo y el comunismo.
Esta novedad era una herejía a la luz del marxismo occidental del siglo XIX, pero no era una idea extraña a la tradición socialista rusa: los narodnikis se caracterizaron exac- tamente por intentar construir un camino que fuese del feudalismo ruso al socialismo, sin pasar por el capitalismo. Lenin inició su trayectoria política combatiendo esa teoría, pero el curso de los acontecimientos lo llevó a capitanear un experimento que podría muy bien ser considerado una variante del «populismo»; acusación que, por cierto, le fue dirigida en la época por sus adversarios en el movimiento socialdemócrata.
La guerra de 1939-1945, que empezó antes en Asia, con la ofensiva japonesa de 1937, es el telón de fondo de la segunda gran revolución socialista victoriosa. Esta vez ya no en territorio de frontera, sino totalmente oriental: la revolución china de 1949.
Estrictamente, hay que considerar el periodo entre la Guerra del Opio y 1949 como un largo periodo de transición que, en 1911, obtiene una solución provisional y en 1949 una solución definitiva para el gran dilema de la autodeterminación del pueblo chino. El curso de la milenaria civilización, interrumpido de manera violenta por el imperialismo europeo y japonés, es desobs-