• No results found

204 Fa b iá n Sc h f.j t m a n (c o m p.)

zarse en Milán ese mismo año. El de Daumezon, por otra parte, era un servicio hospitalario en el que Lacan realizaba regular­ mente presentaciones de enfermos ante un nutrido público.

Las palabras de Lacan dieron lugar, en esa misma oportuni­ dad, a un breve pero sabroso diálogo con un tal Dr. Castets. Y tam bién a un final del que sólo quedó registrada una indicación de que Lacan habría concluido su presentación haciendo algunos com entarios acerca de la fórmula de la fantasía. En el transcurso de la charla (que Lacan dice estar improvisando) se habla de la semiología psiquiátrica ejercida por un analista. Y de cómo ese ejercicio subvierte, altera y transforma a dicha semiología. Lo cual abre una serie de preguntas acerca del valor, para la práctica analítica, del ejercicio semiológico y diagnóstico que el psicoaná­ lisis hereda de la práctica psiquiátrica.

Ha}7 al principio de la charla de Lacan algunas afirmaciones sorprendentes: "esta es una cuestión que no puede serme indi ferente", afirmación que entra en resonancia con algo que Lacan formula en Radiofonía (que es del mismo año) cuando asevera que él se ocupa del signo, a pesar de que muchos creen que eso no sería su tema.

Efectivamente, si se habla de semiología se habla de la ciencia de los signos. El aporte del psicoanálisis es ocuparse del signo en tanto y en cuanto también se ocupa del significante. Lo cual, tal como plantea Lacan en esa charla, lleva a subvertir la noción misma de semiología en medicina y por lo tanto en psiquiatría. Volveremos sobre esto.

La cuestión no es entonces que se descarte la semiología psi quiátrica sino que se la subvierta. Y que, así subvertida y altera da, se la aproveche. Porque a nadie escapa que para Freud y para Lacan la cuestión diagnóstica ocupa un lugar en su práctica. quizás esto no sea sólo a causa del surgimiento de la práctica analítica en el ámbito médico. En todo caso, es una herencia que habrá que saber aceptar para poseerla. Sabiendo que aceptarla no significa tomarla tal como vino.

Lacan plantea desde el comienzo mismo de su charla que, si él ejercita esta semiología, lo hace desde la posición de analista. Aclara que así escuchó a Aimée (la paciente sobre la que edificó su Tesis de doctorado) y tam bién a aquella paciente que su pro pia interjección alucinada nombró para la posteridad "M arrana"

Ps ic o p a t o l o g ía: c l ín ic a yé t ic a 205

(Lacan 1957). Posición del analista que, por lo que dice Lacan, implica tener en cuenta la dim ensión transferencial y la implica­ ción del analista en la escena con el "paciente". Dim ensión trans­ ferencial que alberga a una terceridad que en las presentaciones ile enfermos está dada por el público y en particular por aquellos integrantes del público que eran o habían sido analizantes de La­ can, aquellos con los que se comparte la experiencia del análisis. Si estos miembros del público están entrenados en la semiología psiquiátrica, tanto mejor. Pero lo decisivo ahí es una manera de leer lo que se dice y que el propio interrogador no puede llegar a percibir. Situación triádica que es desde donde algún "aporte" puede hacerse a la semiología psiquiátrica. Dicho aporte es un deslizamiento hacia aquello que esa semiología desconoce, un desvío que señala sus insuficiencias, demasiado preocupada en el signo y que no considera al significante con su dimensión de equívoco. Semiología psiquiátrica tan ocupada en la adecuación entre una mirada y un lenguaje que no puede considerar los tras­ piés del discurso en los que cierta verdad... hace signo.

Que algo haga signo de una verdad no lleva necesariamente al diagnóstico indudable. Que una cierta combinatoria de letras 0 entonaciones o palabras puedan ser índice de un decir en el cual el goce deja marcas que dicen la verdad mintiendo, no es equiparable a hacer concordar una sumatoria de signos con un cuadro previamente construido. Porque el diagnóstico psiquiá­ trico es una forma de decir acerca del ser de quien es examinado (si el objeto-paciente es loco o no, como le espeta el Dr. Castets a 1 .acan). La escucha analítica apunta a la experiencia de que ese ser se revele en lo que falla de su decir.

Para esto, es importante la cuestión del signo y consecutiva­ mente de la semiología y el diagnóstico. O sea, ubicar la subver­ sión que el psicoanálisis introduce y que produce la alteración de la noción misma de síntoma. Ahí, lo que puede enseñarnos la psiquiatría llamada "clásica" es altamente valorable. Por lo que nos muestra de la locura y por lo que nos muestra de la sordera v sus efectos. La sordera a los efectos del decir sobre la mirada.

206 Fa b iá n Sc h e jt m a n (co m p.)

4. Signo y significante

Pero ¿qué es un signo para Lacan? La época de esta confe­ rencia es la de Radiofonía, publicado ese mismo año (1970) en la revista Scilicet 2/3. Es ahí que Lacan dice: "...bajo pretexto de que definí el significante como nadie ha osado; ¡nadie se imagina que el signo sea mi asunto! Bien por el contrario es el primero, será también el últim o." (LACAN 1970b, 24) Tal vez esta indicación pueda orientarnos más acerca del interés que Lacan manifiesta por los problemas que plantea la semiología, ciencia de los sig­ nos, aplicada a la psiquiatría, cuyo campo es la locura (tal como vimos que Lacan lo indica en Pequeño discurso a los psiquiatras)

Este interés por el signo implica varios pasos:

a) un recorrido por algunas referencias en este tema para La­ can, tal como fueron la filosofía estoica, la obra de Ch. S. Peirce y el libro de Gilíes Deleuze Lógica del sentido;

b) otros desarrollos y articulaciones del propio Lacan en lo que respecta al signo;

c) la articulación con la referencia al texto de M. Foucault

El nacimiento de la clínica, en particular el capítulo 7 de este libro que despliega la cuestión de la articulación entre mirada y len­ guaje.

Las referencias de Lacan a la filosofía estoica son múltiples, particularmente en los años que anteceden y suceden a la con­ ferencia a la que nos referimos. Los menciona como antecesores de la teoría del significante de Saussure, y utiliza en numerosas oportunidades el término "incorporal" (tomado de los estoicos) para referirse, especialmente, al lugar y función del objeto a. Por ejemplo, en "Radiofonía" dice: "El significado será o no científi­ camente pensable, según que posea o no un campo de significan­ te que, por su material mismo, se distinga de cualquier campo físico obtenido por la ciencia. (...) Ninguna significación será en adelante considerada como sobreentendida: que sea claro cuan­ do es de día por ejemplo, ahí donde los estoicos nos han precedi­ do..." (l a c a n 1970b, 10)

Es aquí donde Lacan retoma "su " definición del signo: lo que representa algo para alguien. Como es sabido, la opone a la defi­ nición de significante: "u n significante es lo que representa a un sujeto para otro significante". Pero esta oposición implica una

Ps ic o p a t o l o g ía: c l ín ic ay é t ic a 207

dialéctica entre signo y significante, cuya consecuencia es la pre­ gunta por el sentido que se engendra en estas operaciones.

Aquí, la referencia (no siempre explícita) a la citada obra de Deleuze es importante. Deleuze, también partiendo de las for- malizaciones de los estoicos, plantea el sentido como un efecto de superficie y lo diferencia del significado. El sentido, en D e­ leuze, queda ligado al acontecimiento, fundamentado por el cru­ ce entre el lenguaje y los cuerpos. En la Introducción a la edición

alemana de Escritos (1973) Lacan plantea lo siguiente: "El sentido del sentido en mi práctica se capta (Begrijf) por el hecho de que se fugue: que hay que entender como de un tonel, no como un salir a escape.

Es por el hecho de que tenga fugas (en el sentido: tonel) que un discurso toma su sentido, esto es: por el hecho de que sus efectos sean imposibles de calcular.

Se puede sentir que el colmo del sentido es el enigma. (...) Por mi parte (...) planteo la pregunta del signo al signo: ¿Cómo se señala que un signo es signo? (...) el signo no tiene alcance sino porque debe ser descifrado.''

Podemos ver que la semiología psiquiátrica es tocada por el psicoanálisis en lo más nuclear. Para la clínica, desde su naci­ miento, como nos enseña Foucault, el signo es un observable que se conecta con un término y un concepto, y el agrupamiento de estos términos-signos constituye el cuadro clínico, según pautas v criterios que tienen en cuenta la reiteración y reproducción de dichos cuadros. Pero si el signo debe ser descifrado, o sea cuando el signo es "trabajado" por el orden significante ya no es un mero observable que pueda ser sumado a otros sin más, sino algo que implicará a quien lo produce y a quien lo observa en otros órde­ nes de lazos.

En efecto, esto de "representar algo para alguien" dista de ser sencillo y evidente. La fórmula, Lacan sabe reconocerlo, tie­ ne su fuente en Charles Sanders Peirce, fundador de la teoría de los signos moderna, planteada en la perspectiva filosófica de constituir una teoría de la realidad y sobre todo del conocim ien­ to. Según Peirce "u n signo o representamen, es algo que, para al­ guien, representa o se refiere a algo en algún aspecto o carácter. Se dirige a alguien, esto es, crea en la mente de esa persona un signo equivalente, o, tal vez, un signo más desarrollado. Este sig­

208 Fa b iá n Sc h e jt m a n (c o m p.)

no creado es lo que se llama el interpretante del prim er signo. El signo está en lugar de algo, su objeto. Está en lugar de ese objeto, no en todos los aspectos, sino sólo con referencia a una suerte de idea, que a veces se ha llamado el fundam ento del representamen"}

Excede ampliamente los límites del presente trabajo una ex­ posición exhaustiva de la teoría de Peirce acerca del signo. Me in­ teresa subrayar la estructura triádica que le atribuye (que incluye sucesivas subcategorías) porque esto lo acerca a la manera que tiene Lacan de plantear la operación semiológica en, por ejem ­ plo, las presentaciones de enfermos. Flav allí un orden de terce- ridad en juego en la operación semiológica que desnuda las fala­ cias de plantear la cuestión semiológica en los términos binarios de sujeto-objeto. Lacan está planteando que la inclusión de esta terceridad y sus efectos es el principal aporte del psicoanálisis a la semiología psiquiátrica y, al mismo tiempo, lo que provoca la subversión de ésta.

La concepción de estructura clínica es tributaria y necesaria­ mente dependiente de esta concepción triádica del signo como enigma a ser descifrado, o sea del triángulo que forman el signo, el significante y el sentido. Y que está estructuralmente articu­ lado a la cuestión de que quien interroga está implicado en la respuesta que recibe en función de un "público" que circunda la escena. Dicho de otro modo: el interrogador (el "sem iólogo", el que diagnostica) está también atravesado por esta estructura triádica del signo, el significante y el sentido y es desde ahí que tendrá que considerar sus conclusiones.

5. La form ación del analista

En la "Presentación de la traducción francesa de las M em o­ rias del Presidente Schreber", Lacan destaca el movimiento de lectura que realiza Freud con ese texto: "La soltura que se perm i­ te Freud en este asunto es simple pero decisiva: introduce en él al sujeto en tanto tal, lo cual significa no evaluar al loco en términos de déficit y de disociación de funciones."

La cuestión del sujeto, y de qué sujeto se habla, es el punto

Related documents