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La guerra según Clausewitz (1973: 7) se define como: “un acto de violencia

destinado a obligar a nuestro enemigo a hacer nuestra voluntad”.

Los términos “nosotros” y “nuestro enemigo” [el otro] son Estados. Entonces guerra es un “conflicto entre Estados por un objetivo político definible, es decir, por intereses de Estado (Kaldor 1999: 31).

Desde el derecho internacional los distintos gobernantes y cuerpos diplomáticos del Ecuador manejaron a la guerra como la confrontación entre dos estados que recurrían a la fuerza, es decir, la violencia para defender sus derechos. Donde la guerra se convertía en un “mal necesario” por la existencia de estados, dentro de los cuales

11 Los estados de excepción o estados de emergencia es un recurso de los gobiernos (civiles o militares)

para poder realizar su ejercicio de administración. Los gobiernos civiles a partir de la emergencia

“securitizan” la política y las instituciones civiles y a partir de este recurso las acciones emprendidas en las emergencias se convierten en necesidades de la seguridad del Estado (Diamint 1999)

12 Ben Ari en su texto Mastering Soldiers (1998) describe la metaforización de las rutinas militares como

parte del metalenguaje del militarylore. Esta metaforización hace que la sociedad en su conjunto se considere parte de la maquinaria, adquiriendo funciones específicas. Funciones que son legitimadas a partir de prácticas culturales que naturaliza el papel de dicha maquinaria en virtud de los objetivos de

46 existen intereses propios, relativos a nacionalidades, codicias, necesidades, etcétera. En este sentido el deber primordial del Estado era:

Armarse y adiestrarse; el sacrificar lo posible para hacerse su coraza y armadura

[…], pero única que lo hará respetable y le garantizará con más probabilidad la paz, pues

nunca la debilidad fue escudo.

[…] el Estado es la cabeza y su primer deber es defender y fortalecer sus

elementos, y el de ellos contribuir con sus facultades todas a la realidad de esa condición

[…]

Nada más natural que si el Estado, dentro de su casa y para su familia misma, llamémosla así, necesita de la fuerza que es la traducción de su imperio, para hacer respetar sus leyes y garantizar los derechos de sus asociados, la tenga también y mayor para hacerla respetar por los extraños (Chávez 1922: 30).

Las fuerzas armadas ecuatorianas definen la guerra como la:

Aplicación violenta del poder nacional, sea en el campo interno o en el externo, para lograr la consecución y/o mantenimiento de los Objetivos Nacionales (Secretaría General del Consejo de Seguridad Nacional 1976: 78).13

Este concepto citado se complementa con el concepto de “Guerra integral”

definida desde las instancias más altas de las fuerzas armadas dentro del Consejo de Seguridad Nacional que dice:

Como producto de la evolución política, tecnológica y científica de la humanidad y del acto bélico mismo, en la guerra integral, junto a las Fuerzas Armadas lucha la nación con todos sus valores morales, intelectuales y materiales (subrayado en el original, Secretaría General del Consejo de Seguridad Nacional 1976: 78).

La definición general de guerra hecha por las fuerzas armadas del Ecuador era ligada al de “guerra integral”, lo cual implicaba el despliegue de todas las capacidades materiales de la nación y de la movilización de la población misma en momentos de crisis, que apuntaba a la defensa del Estado. La guerra integral se relacionaba con lo que Clausewitz (1973: 316) llama “guerra absoluta”14, que tiene como fin la derrota del enemigo.

En tal sentido, la guerra estaba formada por tres niveles: 1) Estado o dirigentes políticos, 2) el ejército y/o los generales y 3) por el pueblo (la movilización de toda la población para la defensa de la nación). La vinculación de los tres niveles desembocaba en el concepto de guerra absoluta (guerra total), que apuntaba a la movilización de toda la población para la defensa de la nación unida bajo un objetivo común, el plano

13 Esta publicación se refiere al reglamento General de la Ley de Seguridad Nacional, expedida por

Decreto Supremo Nº 9113-F del 17 de noviembre de 1976, firmado durante el periodo dictatorial de la Junta Suprema del Gobierno de: Grl. Guillermo Durán Arcentales, Alm. Poveda Burbano, Grl. Leoro Franco.

47 político debe coincidir con el apoyo popular. La premisa básica para hacer coincidir el apoyo popular a los objetivos nacionales era la homogenización de la población en torno a los ideales del Estado-nación; estos ideales debían ser comunes para todos los individuos, grupos, gremios insertos dentro de la matriz estatal (Cfr. Ministerio de Defensa 2002).

No obstante, existía un proceso de cambio económico, político y comunicacional y en las estructuras de los Estados territoriales a escala global que ha producido cambios en la forma de hacer la guerra. Cambios que impactaban dentro de las fuerzas armadas ecuatorianas y cuestionaban el papel tradicional desempeñado, en lo referente a las acción social y política del Ecuador (Secretaría General del Consejo de Seguridad Nacional 1976, Ministerio de Defensa 2002); sin embargo, al enfrentar a las nuevas amenazas se reconfiguraban el esquema de la guerra, pero no su esencia (Kaldor 1999). Los Objetivos Nacionales Permanentes básicamente referían a las acciones para mantener y preservar al Estado, de amenazas provenientes de enemigos externos (otros Estados) o internos (segmentos de la población). Mientras los enemigos externos eran claramente definidos, el enemigo interno refería a grupos de personas, organizaciones políticas, grupos étnicos, gremios, etcétera, que por sus acciones podían exponer al peligro la existencia y permanecía soberana del Estado (Secretaría General del Consejo de Seguridad Nacional 1976, Ministerio de Defensa 2002).

La concepción del enemigo interno estuvo ligada a la Doctrina de Seguridad Nacional guiada por una lógica anti-comunista, doctrina elaborada por el Gral. Golbery do Couto e Silva (1955) después de la Segunda Guerra Mundial. Esta Doctrina fue implementada en América Latina entre las décadas de 1960 a 1980, y había marcado el comportamiento político, en mayor o en menor medida, de las fuerzas armadas de los distintos países latinoamericanos. Esta doctrina básicamente acusaba a la población nacional de crímenes ideológicos (dirigido a fragmentar la unidad nacional) que llevarían a una guerra entre las autoridades estatales y la ciudadanía (Smith 1996).

La Doctrina de Seguridad Nacional tuvo su vigencia durante las décadas del sesenta y setenta (siglo XX), esta doctrina fue aplicada con distinta intensidad y fidelidad en los estados latinoamericanos como parte de una estrategia anticomunista, aceptada por militares y élites civiles, y liderada por la política internacional de los Estados Unidos en el marco de la Guerra Fría. Doctrina que propició el aparecimiento de gobiernos autoritarios y de un sinnúmero de violaciones a los derechos humanos. Esta doctrina jugaba un papel fundamental en la organización y el desarrollo de las

48 dictaduras militares en Latinoamérica: Brasil, Argentina, Chile, Uruguay. Otros países que no tenían gobiernos militares o dictaduras consideradas como extremas, también eran fuertemente influenciados por la doctrina, especialmente en lo concerniente al control del orden público, con el propósito de preservar la ‘seguridad nacional’ (Smith 1996, Carrera 1997).

El enfrentamiento con enemigos localizados dentro de la ciudadanía implicó la aplicación de las doctrinas de seguridad, a ellos se debía dar el tratamiento de enemigos del Estado y ejercer las medidas de control eran necesarias y la aplicación de la fuerza si la seguridad del Estado se veía amenazada. La ‘eliminación’ de los ‘enemigos internos’ estaba ligada a un proceso de homogenización y domesticación de los ciudadanos, imbricada dentro del proyecto civilizador del conjunto de las élites del Estado. Proceso que incluyó estrategias pacíficas, pero no excluía la utilización de la fuerza extrema como en el caso de las dictaduras militares de los países del Cono Sur y de otros países latinoamericanos (Diamint 1999, Shirmer 2001).15

La guerra era considerada como un medio racional por excelencia para lograr objetivos de Estado, aunque dentro de la guerra también se incluían factores subjetivos como el azar y las emociones (Kaldor 1999: 38). La guerra generaba pasiones y en torno a estas se construían los escenarios históricos e historiográficos, que eran constituidas en realidades míticas, conformando una entelequia, que se condensa en la figura polisémica del Estado-nación. Al mismo tiempo legitimaba la guerra, ritualizaba la diplomacia en términos de un acto verbal y, como tal, otorgaba a las fuerzas armadas un papel preponderante dentro del funcionamiento y control social y político (Cfr. Ministerio de Defensa Nacional, 2002).