El movimiento feminista propiamente dicho, surge en la fase final de la transición hacia la modernización haciendo aportaciones al nuevo clima político y cultural, avanzando en el cuestionamiento de los viejos y excluyentes paradigmas, revitalizando la dimensión subjetiva y desplegándose en toda América Latina y el Caribe.
El movimiento feminista, ubicado en esta modernidad parcialmente llevada a cabo en nuestros países, se vio beneficiado con el mayor acceso de las mujeres a la educación, principalmente a la educación superior; con las migraciones; con la urbanización acelerada; con la ampliación del mercado de trabajo, permitiendo una mayor participación de las mujeres al mercado laboral; el surgimiento de movimientos sociales y de masas durante los años 60; el desarrollo de
métodos anticonceptivos baratos y eficientes, y con los antagonismos políticos provocados por los discursos donde en unos se apelaba a su subordinación y en otros se reclamaba su emancipación. Sin embargo, la contradicción fundamental del modernismo, de impulsar la individualización de la vida social, de abrirse a valores individuales y plurales por un lado y, por otro, aprisionarlos en estructuras monovocales, monológicas y totalizantes, reduciendo la pluralidad a un solo standard, comienza a desplegarse en toda su complejidad.
“Esta contradicción también se expresa en el movimiento feminista, en la manera de considerar a las mujeres y en la autopercepción y prácticas sociales que va generando. Porque el feminismo surgió al mismo tiempo como parte de y como respuesta al modernismo, criticando desde el inicio los viejos paradigmas de la acción y del conocimiento, pero a la vez, influenciado por ellos.”79
Dentro de esta perspectiva podemos ubicar al movimiento feminista en América Latina y el Caribe. Formado por mujeres que se agrupan para luchar contra la forma en que se expresa el dominio y el sometimiento en ellas mismas, en sus propios cuerpos, la subversión de la vida cotidiana, y como marco de todo ello la situación económica, social y política de vivir en el mal llamado Tercer Mundo, con las consecuencias que ello implica.
Así, una de las características del movimiento de mujeres en América Latina y el Caribe lo podemos ubicar en dos vertientes: el movimiento feminista propiamente dicho, y los movimientos de mujeres de los sectores populares, de partido o sociales. Estas dos vertientes han tenido diferentes y variadas relaciones, pero una de las preocupaciones fundamentales ha sido el problema de la conflictiva diversidad social y política presente en el movimiento amplio de mujeres.
Un factor importante ha señalar es que en América latina y el Caribe tanto los movimientos de mujeres como el feminismo han tenido
79Vargas, Virginia. “El movimiento latinoamericano entre la esperanza y el desencanto”. texto
una clara influencia del populismo por un lado, y del izquierdismo político por otro, situación de la cual deriva su fuerza y su debilidad.
El feminismo en América Latina y el Caribe ha intentado incorporar la problemática del conjunto de las mujeres en el marco de una propuesta teórica amplia y organizada.
Antes de continuar abordando la especificidad del feminismo en nuestro continente habrá que matizar el análisis del mismo, ya que al intentar una vez mas presentar las especificidades latinoamericanas de un movimiento político que es, al mismo tiempo, un fenómeno histórico, debo recordar que el feminismo encarna una tendencia internacional y de definición constante a lo largo de los últimos ciento cincuenta años. Por tanto una definición particular más cercana podría ser la tendencia continental a la separación entre movimientos de mujeres que se desarrollan contemporáneamente.
“Veinte años antes, su irreconciabilidad fue reconocida y utilizada por los movimientos de la izquierda foquista; éstos manipularon a las mujeres para que entraran a la estructura masculina de las organizaciones militares (estructura que sigue siendo masculina aún entre las fuerzas rebeldes, a pesar de que éstas conceden a algunas mujeres el acceso al combate y a la dirección militar).
En los países donde los gobiernos desarrollistas tendían a cooptar los esfuerzos de las diversas organizaciones populares, frenando así su autonomía, el feminismo no logró tener bases sociales amplias ni desarrollar un pensamiento político de choque, ni siquiera tras el auge del movimiento de liberación de las mujeres de los 70.”80
Con estas consideraciones abordaremos planteamientos generales acerca de la problemática, del desarrollo y de las aportaciones que se han producido en nuestro continente.
Teniendo en cuenta que la nueva ola del feminismo se extiende en nuestros países a principios de 1970 con relativa uniformidad, Teresita
de Barbieri81, en 1980, presenta un panorama de la situación en la que
80Gargallo, Francesca. “El feminismo en América Latina: ¿Cómo construir un movimiento político
intransigente?” en FEM Año 14 No. 95 Noviembre 1990. México, p. 4
81De Barbieri, Teresita. “La producción teórica feminista” en FEM. vol. V. No. 17 Febrero-marzo. 1981. México,
se encontraba el movimiento, considerando nuestras propias condiciones de desarrollo. Lo primero que apunta es que se han identificado problemas y sus dimensiones a nivel macrosocial y se comienza a trabajar a niveles de desagregación mayores, donde tienen cabida los grupos sociales específicos.
Otro aspecto es que se comienza a disponer de información de base sobre nupcialidad y mortalidad, dividida según clases y grupos sociales, que no se tenían hasta hace pocos años.
Todos estos elementos son necesarios para integrar una teoría de la reproducción, pero considera que esto no nos exime de generar conocimientos sobre las mujeres. Señala lo conveniente de hacernos nuestra propia autocrítica, piensa que en América Latina se ha privilegiado los elementos estructurales sobre los superestructurales y políticos.
Esta misma autora plantea que no sabemos finalmente cuál ha sido nuestra historia, qué pasado arrastramos, dónde se dieron batallas decisivas para nuestro destino. Como latinoamericanas, preocupadas en la transformación de nuestras sociedades, nos corresponde profundizar en el conocimiento de las situaciones concretas que nos permitan avanzar en esa dirección. Debemos aprovechar los conocimientos que se producen a partir de la investigación en ciencias sociales -no son pocos en el continente-, y en particular los que generan los estudiosos de la problemática poblacional. Debemos asimismo generar los conocimientos que otros no producen, buscar las formas de ampliar y mejorar los registros, analizar las coyunturas donde las mujeres
son actoras e interrogarnos sobre nuestro pasado.82
Considera que nuestros esfuerzos nos servirán no sólo a nosotras, sino también a feministas de otras latitudes. Nosotras debemos crear la teoría para el capitalismo subdesarrollado latinoamericano, sin la cual el feminismo de los países centrales tampoco avanzará.
Como señalamos anteriormente, una de las características en nuestro continente ha sido la emergencia de un movimiento de mujeres que ha tenido un amplio y plural desarrollo en toda América Latina y el
82Ibidem.
Caribe, con multiplicidad de demandas y desde diversos sectores sociales, e indiscutiblemente es uno de los hechos políticos más importantes de las tres últimas décadas.
El movimiento feminista latinoamericano se conforma con la creciente participación de las mujeres desde organizaciones gremiales, sindicales y sociales -en general- y por otro lado, desde organizaciones más específicas y más particulares que trabajan sobre temáticas puntuales de interés de las mujeres que en ellas participan.
Respecto al movimiento feminista y su vinculación con los sectores populares se puede decir que es una situación que siempre ha existido, tanto en la teoría como en la práctica del feminismo latinoamericano.
“La vinculación, articulación, inserción del feminismo con las mujeres de los sectores populares, explotados, pobres, etc. no es una práctica novedosa, ni una vocación reciente, especialmente en países como los nuestros, donde las propias condiciones económicas y sociales han llevado a muchas feministas a orientar su práctica con y para las mujeres oprimidas y explotadas del campo y la ciudad.”83
Sara Sefchovich84 dice que con el siglo XX las organizaciones
obreras y populares se desarrollan notablemente en todos los países y las mujeres se integran a las organizaciones. Además, el surgimiento de las pequeñas burguesías urbanas dio lugar a la creación de grupos de mujeres, algunas feministas, algunas sufragistas y otras más.
Jornadas y Encuentros Feministas
A partir de esta situación se han organizado varios encuentros
denominados Jornadas Feministas que han tenido como planteamiento
el análisis de este movimiento de mujeres que han surgido en los diversos países del continente, y su relación con el movimiento feminista.
“Decenas de miles de mujeres en América Latina se plantean hoy, en 1988, estrategias de lucha, modos de participación, tomas de
83González, Maruja. Loria, Cecilia. Lozano, Itziar (1988). “Utopía y lucha feminista en América Latina y el
Caribe”. Co-editado CIDHAL, EMAS, GEM. México.
conciencia, tomas de la palabra. Se ha producido a lo largo de los últimos veinte años, una paulatina apropiación -expropiación en algunos casos- por parte de las mujeres, de espacios sociales, políticos, comunitarios, en términos generales. Creo que a estas alturas ya nadie puede soslayar, sin complicarse en una injusticia histórica, que el feminismo ha tenido mucho que ver en el ascenso de estas luchas y en las conquistas de esas legitimidades.”85
El movimiento feminista en América Latina es un movimiento contundente, con una flexibilidad y capacidad de infiltración tal, que logró implantarse de manera irreversible en la conciencia colectiva.
En la presentación del libro Jornadas Feministas. Feminismo y
Sectores Populares en América Latina (resumen de las Jornadas
Feministas realizadas en México en octubre de 1986), los grupos coordinadores de dicho evento escriben respecto a la vinculación que ha tenido el movimiento feminista con los sectores populares:
“Una de las vertientes más significativas, que confluyen en el movimiento feminista es la que emerge desde mujeres de sectores populares: campesinas, colonas, obreras y trabajadoras en general. Experiencias de encuentros, conflictos y desafíos están caracterizando este proceso del feminismo en el movimiento popular, desde el cual vivimos los retos cotidianos de la ausencia y/o insuficiencia de cuerpos teóricos y diseños estratégicos y organizativos que engloben adecuadamente todas las dimensiones de nuestra lucha”.86
En términos generales podemos decir que los movimientos de mujeres, la mayoría de ellos, por no decir todos, comienzan con la resistencia o conquista de aquellos aspectos considerados como parte de la vida cotidiana. Es indudable que en los distintos momentos el movimiento de mujeres se manifiesta de manera diferente, dependiendo de las circunstancias sociales e históricas.
85Mercado, Tununa. “Ser mujer y ser feminista en América Latina” en FEM Año 13. No. 73. Enero 1989. México,
p. 26
86Coordinación de grupos organizadores de las Jornadas Feministas. Presentación del Libro Jornadas Feministas. Feminismo y Sectores Populares en América Latina. Co-editan: EMAS, CIDHAL, GEM, MAS, CEM, COVAG, APIS. México, 1987, p. 7
Por otro lado, como parte del desarrollo que ha tenido el movimiento feminista en América latina y el Caribe hay que mencionar
la realización de 7 Encuentros Feministas Latinoamericanos y del Caribe
organizados a partir de 1981 (llevados a cabo cada dos años primero y luego cada tres), que han significado una rica experiencia que ha permitido revisar las prácticas y los conceptos que se han ido elaborando, para pensar estrategias comunes y específicas para cada realidad, como posiblemente ningún otro movimiento social en América Latina.
Estos Encuentros han constituido un termómetro importante para
conocer la evolución del movimiento feminista, dando cuenta periódicamente de las riquezas y las limitaciones del movimiento en los diferentes países latinoamericanos.
El I Encuentro Feminista Latinoamérica y del Caribe tuvo lugar en
Bogotá, Colombia en julio de 1981, que indudablemente marco un hito
irrepetible e insuperable; el II Encuentro... se realiza en Lima, Perú, en julio
de 1983 con el tema “El Patriarcado en América Latina”; el III
Encuentro... se realizó en Bertioga, Brasil en 1985, donde se vivió la “desestructuración”, la resistencia contra formas estructuradas de organización.
“En estos tres Encuentros se expresan ya algunas de las características que tiñen el movimiento hasta hoy. Cada uno complementó las carencias del anterior, no siempre reconociendo la continuidad sino marcando la distancia y presentándose como alternativo: el efecto cara a cara, a la afirmación de lo colectivo, a la hermandad que expreso Bogotá siguió la estructuración del espacio y la búsqueda de un eje teórico explicativo de la realidad de las mujeres en Lima; y se continuó en Bertioga con el rechazo a las formas estructuradas e individualizadas, la afirmación de la igualdad entre las mujeres, una cierta incomodidad por la diferencia.”87
Cada uno de estos Encuentros permitió el avance en la consolidación del movimiento feminista en el continente, proporcionó
87Ibidem, p. 8
una enorme riqueza y variedad de redes e iniciativas, y de propuestas visibles y explícitas que fueron desarrollándose; los tres Encuentros también dieron lugar a una especie de cuerpo teórico y de postura simbólica para interpretar el mundo y el movimiento.
El IV Encuentro... tuvo lugar en la ciudad de México en octubre de
1987, teniendo como eje central “La política feminista en América
Latina”; el V Encuentro... en San Bernardo, Argentina en 1990, donde se
vivió el problema del respeto a la diversidad; el VI Encuentro... se realiza
en Centroamérica en El Salvador en 1993; el VII Encuentro... en
Cartagena, Chile, en 1997, teniendo como temas principales la
autonomía del movimiento y su definición política.88
Elizabeth Álvarez escribió un articulo sobre el VI Encuentro...
reflexionando sobre lo que significan los Encuentros de manera general
y sobre dicho Encuentro en particular. Los Encuentros, nos dice, son
momentos de balances y desafíos del desarrollo del movimiento feminista. El objetivo es hacer del mismo una interlocución válida con proyección que rebase al mero movimiento y que se inscriba en los macro y micro espacios, a través de las propuestas que tenemos o queremos formular para trastocar el mundo de relaciones jerarquizadas- opresivas existentes a todos los niveles.
“...sus ejes y temáticas giran alrededor de nuestras propuestas sobre la base de mínimos que nos identifican. Mínimos que tienen como común denominador ser subvertores, trastocadores de las relaciones de poder existentes que implican a su vez mutuar las sociedades vigentes. A partir de esa intención, entre otros aspectos, asumimos la maternidad libre y voluntaria, el reconocimiento y respeto a las distintas preferencias erótico-sexuales, la lucha contra la violencia a las mujeres.”89
Teniendo como contexto la modernidad inconclusa que estamos viviendo, así como el desencanto de la pos-modernidad cuya problemática, horizontes y características no acaban de definirse en América Latina y el Caribe, en 1991 Virginia Vargas señala que dentro
88Ver Apéndice No.2
de este contexto, el debate dentro del movimiento feminista sobre la diversidad es un debate también teñido por la ambivalencia del tránsito de una etapa a otra. Por ello, el respeto a la diversidad pasa a convertirse en el vértice de confluencia de etapas y tareas inconclusas y de las propuestas futuras, influyendo en la forma en que el movimiento se piensa a sí mismo y se despliega hacia las mujeres y hacia la sociedad. Es un nudo tenaz, que se instala en el corazón mismo de la propuesta democrática que mujeres y hombres necesitamos construir en América Latina y el Caribe:
“El dilema no es simple. Aceptar el pluralismo sin un orden colectivo, sin una orientación de la acción, puede también condenarnos a la fragmentación. Y puede significar ceder a otra tentación: la del relativismo total, renunciando a la posibilidad de construcción de movimiento. Y esa tentación es grave. Porque no se trata de abandonar el proyecto ético político de la emancipación, no se trata sólo de construir un movimiento sustentado en visiones más plurales y diversidades múltiples en interacción, sino también de encarar las diferencias que se sustentan en las desigualdades ancestrales del continente, que el modernismo no encaró y que afectan a las mujeres de manera profunda y particular.”90
También se han llevado a cabo otros encuentros de índole
continental como el Primer Encuentro de Lesbianas Feministas
Latinoamericanas y Caribeñas realizado en octubre de 1987 en la
ciudad de México; el Segundo Encuentro... se realiza en Costa Rica en
marzo de 1990; el Tercer Encuentro... se lleva a cabo en agosto de 1992
en Cabo Rojo, Puerto Rico. En julio de 1992 se celebra el Primer
Encuentro de Mujeres Negras en Santo Domingo, República
Dominicana.
Con el breve panorama presentado hasta aquí, podemos citar la opinión que Sara Sefchovich escribió en 1980 respecto a cuál es la especificidad de la lucha de las mujeres en América Latina, situación que a casi veinte años de distancia no ha variado de manera
90Vargas, Virginia. Op. cit., p. 13
contundente. En primer lugar destaca que nuestra lucha es diferente a la de las mujeres en los países “desarrollados”. Es cierto que también aquí la mujer cumple un papel fundamental como reproductora de la fuerza de trabajo y la ideología, pero su problemática se integra a toda la condición de explotación económica, política y cultural de nuestros
pueblos.
“En este sentido, la lucha no puede ser ni reivindicativa, ni individual, ni contra los hombres. Se trata de una lucha por la liberación de los pueblos contra el imperialismo, las dictaduras y la explotación de las burguesías nacionales, pero que además y al mismo tiempo, simultáneamente, trabaje sobre la condición específica de la mujer, sobre su explotación y opresión dentro del sistema capitalista patriarcal. Se trata sobre todo de considerar que en esta lucha no es lo mismo una mujer de la burguesía que una mujer obrera o campesina, la solidaridad no es por sexo sino por clase, y que cada país tiene condiciones propias dentro de las cuales se debe elegir la mejor alternativa política. “ 91
Como indica esta misma autora, en nuestros países, el feminismo y las luchas de las mujeres tienen una orientación propia y diferente. Aquí no sólo se trata de luchar por la maternidad voluntaria entendida como acceso a la anticoncepción y el aborto, sino incluso contra la esterilización forzada y los proyectos de control de la natalidad que han abordado muchos gobiernos a partir de las presiones externas, práctica que se aplica principalmente a las mujeres campesinas e indígenas. Aquí no sólo se trata de luchar por servicios colectivos como guarderías, lavanderías, etc., sino también por servicios comunales básicos como agua, luz, casas y servicios médicos y sanitarios en general. La cuestión de la doble jornada toma otro cariz que vuelve extraña la reivindicación del salario por trabajo doméstico, pues la lucha se da en el plano más general de la participación en el trabajo y del desempleo, de la explotación del jefe de familia y de la imposibilidad de sobrevivir con salarios de hambre y, mas aún, del derecho de la mujer a no trabajar en sus actuales condiciones de vida. Aquí no se trata sólo de
91Sefchovich, Sara. op. cit., p. 11
luchar contra el consumismo de una parte de la sociedad sino contra la miseria y la imposibilidad de las mayorías de acceder a consumo alguno. Se trata en síntesis, de luchar por un cambio revolucionario que incluya a todos los procesos productivos y permita a todos liberarse de la explotación y a la mujer liberarse de su opresión específica en su pobreza, en su doble jornada y en su cuerpo. Los millones y millones de hombres, mujeres y niños que no tienen alimentos, escuelas, hogares,