La limitación principal del estudio fue el hecho de no evaluar la condición física de los participantes de manera objetiva, como por ejemplo, a través de una prueba de esfuerzo ergométrica. Esto habría permitido clasificar a los participantes en Activos y Sedentarios en función de parámetros fisiológicos indicativos de la condición física real (como el consumo de VO2 máximo y la producción de dióxido de carbono) y habría permitido contrastarlos con los datos aportados en el cuestionario HPAQ. Para ello, habría sido necesaria una prueba del nivel cardiorrespiratorio, realizando un ejercicio aeróbico con aparatos de ergometría como el cicloergómetro o el tapiz rodante (analizando el intercambio de gases mediante un analizador de gases conectado a un ordenador, y haciendo la calibración previa y posterior a la prueba) (Uusitalo y col., 2004); o bien mediante acelerómetros que los participantes habrían llevado puestos durante unas horas de evaluación (Bucheit, 2004). En este sentido, el Centro de Magnetoencefalografía Dr. Pérez Modrego donde se realizó el estudio no disponía de un laboratorio habilitado para tales pruebas de evaluación de la condición física. Puesto que la sesión experimental duraba una hora y media aproximadamente (con la entrevista y el registro magnetoencefalográfico) y los participantes debían desplazarse por la ciudad para llegar al centro de magnetoencefalografía, no se consideró oportuno realizar esta medida objetiva porque habría supuesto otro desplazamiento hacia un centro deportivo o laboratorio adecuado por parte de los participantes. Ello habría supuesto alargar esta fase de evaluación y registro, que estaba supeditada a las condiciones de una beca de estancia para la investigación obtenida por la investigadora, autora de esta tesis. En futuros trabajos, el reclutamiento de la muestra debería realizarse bajo estos criterios evitando la variabilidad en la práctica deportiva, es decir, seleccionando a personas que realizasen actividades físicas similares y con los mismos criterios de intensidad y frecuencia en la práctica.
Otro de los aspectos a mejorar en un trabajo futuro sería la evaluación del tiempo de reacción en las respuestas frente al estímulo. En este trabajo no se ha realizado dicha evaluación. Estudios previos ya han demostrado que los sujetos de edad avanzada muestran una ejecución más lenta y menos precisa que sujetos jóvenes en tareas que implican la búsqueda de objetos en una escena visual y otros estudios han revelado un enlentecimiento asociado a la edad en la velocidad de respuesta, evidenciando que el incremento observado en el tiempo de reacción puede deberse a un
enlentecimiento del proceso de selección atencional en sí mismo (Hommel y col., 2004; Madden, 1992; Madden y col., 1994; Madden y Whiting, 2004; McDowd y Shaw, 2000; Plude y Hoyer, 1986; Tales y col., 2004). Con estas evidencias, evaluar el tiempo de reacción entre participantes Activos y Sedentarios puede resultar interesente de cara a investigar si el ejercicio físico produce algún efecto. Puesto que el ejercicio físico induce mejoras en la capacidad cognitiva, esta variable puede ser un indicador para comprobar si se producen tales efectos.
Otro aspecto a mejorar hace referencia a las características de la tarea cognitiva a realizar. Por un lado, están las características de los estímulos objetivos. Estudios conductuales previos han demostrado que ciertas características visuales más llamativas de los estímulos tienen la capacidad de captar la atención de los sujetos hacia su localización, interfiriendo o enlenteciendo el procesamiento del estímulo relevante (Horstmann, 2002; Pashler, 1988; Theeuwes, 1991, 1992, 1994). Tal y como se apuntó anteriormente en la Discusión, las características del estímulo objetivo y distractor de las tareas cognitivas de este estudio han podido facilitar el rendimiento cognitivo; por lo tanto, tener en cuenta estas características de manera que impliquen la mayor dificultad posible para la persona, también podría ser una variable influyente a la hora de ver las posibles diferencias en el rendimiento de activos y sedentarios. Por otro lado, tal y como también se apuntó en la parte de Discusión de la VFC, el tipo de tarea cognitiva a realizar así como lo amenazante que suponga el contexto y la tarea en sí para la persona, pueden influir en el rendimiento cognitivo (Hansen y col., 2003). La valoración subjetiva que hicieron los participantes del estudio al acabar la sesión, cuando se les preguntaba por el nivel de dificultad de las tareas, fue considerar las tareas como fáciles, lo cual hace suponer que no les supuso demasiado estrés. Recapitulando, a la hora de analizar diferencias entre activos y sedentarios, sería más favorable aumentar la dificultad a la hora de discriminar entre los estímulos objetivos y distractores en las tareas cognitivas.
Otra limitación ha sido que los grupos no están equiparados en cuanto al género. El hecho de que en este estudio hubiera más mujeres que hombres se explica por la negativa de la mayoría de hombres a participar en el estudio, especialmente en la parte del registro magnetoencefalográfico. Las mujeres mostraron mucha más predisposición a realizar cualquier tarea que se les propusiese y además, de someterse al registro de la actividad cerebral. El objetivo de esta tesis no era hacer una comparación entre géneros, pero ya que las mujeres son más sedentarias que los hombres en todos los grupos de
edad, una línea interesante de investigación podría ser la comparación del rendimiento cognitivo de hombres y mujeres con distintos niveles de práctica física y diferente historial de actividad física realizada a lo largo de la vida.