En nuestro estudio, la actividad cerebral se ha observado unilateralmente, es decir, en uno de los hemisferios. Al no mostrarse bilateralidad, indicaría que los participantes de la muestra no han mostrado estar afectados por el declive cognitivo causado por la edad. Siguiendo los tres modelos explicativos del rendimiento cognitivo mencionados en el apartado 3.3.1. de la Parte Teórica, nuestros participantes han seguido los principios del aislamiento hemisférico y de la inhibición hemisférica, es decir, las funciones de cada hemisferio han sido aisladas en cada hemisferio correspondiente evitando así posibles interferencias provocadas por la acción de diferentes regiones cerebrales de ambos hemisferios. Esto ha llevado a que los participantes consiguieran un nivel de ejecución cognitivo exitoso. Si hubiéramos encontrado activación bilateral, reflejaría un fallo a la hora de reclutar unilateralmente la red cerebral de trabajo más eficiente y se produciría una competición hemisférica que daría lugar a una mayor dificultad para inhibir la actividad irrelevante e ineficiente del hemisferio menos apropiado para rendir en una tarea.
Ya se ha comentado que la ejecución respecto al número de respuestas correctas fue elevado para ambos grupos, Activos y Sedentarios, y también se ha comentado que una de los factores clave para este rendimiento probablemente haya sido por las características de la tarea. Cuando las tareas son simples, resulta más eficaz que la transmisión de información se realice en un solo hemisferio, tal y como ha pasado en nuestro estudio. En cambio, si la tarea hubiera requerido una alta demanda cognitiva, resultaría más eficaz una activación bilateral, ya que aportaría más ventajas para el rendimiento cognitivo.
Los resultados obtenidos en este estudio respecto a la activación cerebral de Activos y Sedentarios no permiten afirmar una relación causa-efecto de la práctica regular de ejercicio físico para un mejor rendimiento cognitivo (puesto que ambos grupos obtuvieron un buen rendimiento cognitivo). Sin embargo, sugieren que el rendimiento cognitivo se puede beneficiar de la práctica de ejercicio físico ya que acerca a la gente mayor a obtener patrones de activación similares a los que obtendrían personas más jóvenes. Los picos de activación mostrados por los participantes más
Activos, podrían ser apoyados por previos hallazgos fisiológicos. Los efectos fisiológicos de la actividad física han sido relacionados con la neurogénesis (Van Praag, 2008), la plasticidad sináptica (Ge y col., 2007), el aumento de las espinas dendríticas (Redila y col., 2006), mejora de la vascularización cerebral (Fabel y col., 2003), cambios en la función de los neurotransmisores (Radley y col., 2002) y la facilitación de los neurotróficos derivados en el cerebro (Cotman y col., 2007). Todos estos parámetros han podido influir en el aumento de la actividad magnética encontrada en este estudio. Una mejor plasticidad sináptica o una mayor densidad de las espinas dendríticas podrían beneficiar la consecución del potencial post-sináptico induciendo una corriente eléctrica sobre las dendritas que generan los campos magnéticos registrados con MEG. Adicionalmente, la supervivencia de neuronas transmisoras de dopamina se ha asociado con los factores neurotróficos derivados en el cerebro (Hyman y col., 1991). Como ya se indicó en la Parte Teórica, la práctica regular de ejercicio físico contribuye al mantenimiento y la mejora de estos efectos fisiológicos que van declinando a medida que envejecemos. Específicamente, los efectos beneficiosos de la actividad física pueden estar mediados por factores neurotróficos derivados en el cerebro, los cuales pueden estimular la división celular de células de proliferación temprana, y es importante para la cognición vista por el nivel de transmisión y plasticidad sináptica (Lu, 2003). Los neurotransmisores de dopamina han sido relacionados con la función del lóbulo frontal y los procesos relacionados con memoria y atención (Costa y col., 2009). El hecho de que nuestros participantes mostraran picos de activación en el lóbulo frontal en ambas tareas, podría estar relacionado con los efectos del ejercicio sobre factores neurotróficos. Para ambas tareas, la actividad en el lóbulo frontal está presente. Esto parece indicar que los efectos del ejercicio sobre funciones frontales ayudan a la mejora de los mecanismos de control cognitivo necesarios para la ejecución en tareas de atención y memoria. Hay que tener presente que las funciones ejecutivas son una de las principales habilidades cognitivas que sufren un declive con la edad (Davis y col., 2009).
Estudios previos han demostrado que el ejercicio mejora las funciones ejecutivas en gente mayor (Cotman y col., 2002; Kramer y col., 2005). Estos resultados van en la línea con nuestros hallazgos, en el sentido que la mayor activación del lóbulo frontal por parte del grupo Activo reflejaría una mejor eficiencia de los mecanismos de control cognitivo. Una hipótesis complementaria podría ser que la diferencia en el perfil de activación reflejaría un uso diferente de estrategias cognitivas. La mejora de la función frontal y la función ejecutiva permite el desarrollo de estrategias cognitivas para la
ejecución en tareas de atención y memoria. En los estudios que se han ido mencionando se ha comprobado los beneficios del ejercicio sobre funciones cognitivas particulares (tales como las funciones ejecutivas). Nuestro estudio sugiere que el ejercicio produce un efecto general sobre la actividad cerebral en, al menos, dos tareas cognitivas diferentes, sugiriendo que la mejora no es específica para cada tarea.
A pesar del declive cognitivo que ocurre a medida que cumplimos años, parece claro que el cerebro envejecido tiene una capacidad tremenda para explotar recursos cognitivos alternativos a los que demanda una tarea (Reuter-Lorenz, 2002). Por lo tanto, los resultados del presente trabajo se suman a la ya extensa línea de investigación que sugiere y propone la actividad física como un factor determinante para la prevención y mejora de los efectos limitantes que genera el proceso de envejecer. Una de las ventajas que proporciona el ámbito de la actividad física es el amplio abanico de posibilidades que existe, adecuándose perfectamente al tipo de personas (con sus necesidades, preferencias, limitaciones físicas y mentales) que se beneficiarán con su práctica.
Por lo tanto, las líneas futuras a seguir deberían ir focalizadas al estudio de intervenciones óptimas mediante técnicas de entrenamiento que fueran eficaces para la gente mayor, con fin de poder aplicar los efectos positivos que genera el entrenamiento en las funciones cognitivas básicas, a las demandas reales con las que se enfrentan las personas mayores en su vida cotidiana.