Impresión dominante: Ingenuo Nivel laboral
Manolito tiene un retraso mental leve, por lo que durante toda su vida sus papás le han pagado terapias para mejorar su motricidad y estimular su agilidad mental, lo cual hace con gusto y sin poner objeción alguna.
Cuando sus padres descubrieron su retraso mental lo sacaron del colegio y contrataron a un profesor especializado que le enseñó las materias básicas, teniendo en cuenta sus limitaciones. Este maestro lo acompañó hasta los 17 años, tiempo en el que aprendió lo más elemental de matemáticas, biología, religión y lengua española.
Por esa época el profesor especializado murió y los papás de Manolito se vieron en la obligación de contratar un reemplazo: una profesora que profundizó un poco los conocimientos que Manolito ya había adquirido y se concentró en que pudiera desarrollar un poco su pensamiento abstracto, ya que por su condición mental sólo poseía uno bastante concreto y básico, siendo la forma de pensamiento que todavía predomina en su vida.
Uno de los métodos que la profesora usó para mejorar el nivel de abstracción de Manolito fue hablarle del amor, para que él reconociera sus pulsiones sexuales y las entendiera no sólo como algo meramente biológico, sino como algo sentimental, por medio de ejemplos muy inocentes, como de cuentos de hadas. El amor empieza finalmente a hacerse visible en Manolito a sus 30 años, con su vecina de vacaciones de Navidad.
Sumado a esto, desde que Manolito tenía 20 años sus padres decidieron vincularlo laboralmente a su pequeña empresa tipográfica, donde ha ido evolucionando en el nivel de complejidad de las tareas que le exigen: primero ponía sellos, clasificaba los trabajos por colores y sacaba fotocopias, pero con el pasar del tiempo se convirtió en el asistente de sus padres, en trabajos varios de papelería.
Manolito disfruta mucho trabajando en la empresa de su familia, pues además de un excelente empleado es el consentido de los demás debido a su alegría e inocencia, que lo ven como a un hijo. Sus días transcurren entre las terapias físicas y la tipografía.
Actualmente lleva trabajando 18 años allá y, aunque no concibe la idea que sus papás puedan fallecer algún día, Manolito sueña con llegar a ser el jefe de la empresa y continuar con el negocio que tantas alegrías le ha dado.
Nivel Familiar
Manolito nació en una familia conformada por su papá, de 72 años, su mamá, de 68 años y por él: una familia amorosa y socio-económicamente bien ubicada.
Su papá se llama Guillermo Mejía, nació en una familia de clase media alta y hasta la actualidad ha logrado mantenerse en ese escalón social. Trabajó toda su vida en una empresa automotriz de donde se pensionó al cumplir 50 años, para luego crear su propio negocio. Es una persona inteligente, hogareña, amorosa, bondadosa y soñadora. La mayor alegría de su vida es su hijo, Manolito, al cual ama por encima de todas las cosas. Su miedo más grande es el futuro de su hijo, para lo cual tiene su tipografía.
Su mamá es Rosita Gallego, viene de una familia de clase media bogotana, cumplió su bachillerato completo y estando en la universidad conoció a Guillermo, con el que después se casaría y formaría una familia. Estudió para ser profesora pero nunca pudo ejercer profesionalmente, pues quedó embarazada de Manolito y cuando nació, debido a su condición de retraso mental, tuvo que dedicar todo su tiempo al cuidado de su niño. Es una persona amorosa y conservadora, con un carácter más fuerte que el de su marido y mucho más prevenida. Ella acompaña todo el día a su hijo y es la que siempre está pendiente de sus necesidades. Al igual que su esposo, ama a su hijo y la mayoría de cosas que hace en la vida tienen como objetivo el bienestar de su familia.
La relación de esta pareja de casados siempre ha sido muy buena, aunque cuando nació Manolito pasaron por una gran crisis: ninguno estaba preparado para criar un hijo con estas características. Sin embargo, con el pasar del tiempo fue Manolito lo que más los unió. La de Manolito es una familia funcional, donde se profesa mucho amor y compresión. Manolito les cree plenamente todo lo que le dicen y les hace caso en todo.
Cuando Manolito estaba pequeño sus padres se dieron cuenta de que la época del año que más le gustaba era la Navidad, y que su ídolo era el Niño Dios. Después de ese descubrimiento, ambos se han encargado de ingeniar todo lo posible por mantener y fomentar el mito del Niño Dios trayendo los regalos en Navidad, para que aquella creencia continúe viva en Manolito, haciéndolo tan feliz. El asunto del Niño Dios es una gran tradición familiar, convirtiendo la Navidad en la época más esperada por toda la familia.
Los Mejía Gallego viven en una bonita casa estrato 4 de Bogotá, en cuyo parqueadero está instalada la tipografía de la familia; también tienen una finca ubicada en clima frío, ubicada a 3 horas de la ciudad, a la que van cada vez que pueden, sobre todo en época de Navidad. Los valores en esta familia son fundamentales: allí prima la solidaridad, el respeto y la bondad.
Genograma
Guillermo
72 años
Rosita
68 años
Manolito
38 años
Nivel intimo
Manolito es una persona sumamente infantil e ingenua, pero tiene un buen nivel de compresión. Su gran alegría es la llegada del Niño Dios en Navidad, época que espera pacientemente durante todo el año.
Gracias a su profesora, con el tiempo ha logrado entender algo tan abstracto como el amor de una pareja, y siente que es algo que le hace mucha falta en su vida, pero que espera algún día encontrar. Uno de sus sueños más importantes es ser novio de Gloria, la vecina de su finca, lo que siempre ha sido un fracaso, puesto que uno de sus grandes temores es el contacto con las mujeres: nunca ha logrado confesarle su deseo por miedo a ser rechazado.
A Manolito le encanta jugar y divertirse, le gusta ver a todas las personas que lo rodean felices y se siente muy mal cuando los ve tristes, pero en esos momentos intenta hacerlos sonreír con pequeños detalles como dibujos, canciones y hasta actuaciones improvisadas.
Vive su mundo ideal, un universo lleno de fantasía donde no cabe el dolor ni la desesperanza y donde todas las personas deben ser felices, un lugar regido por justicia y amor, razón que lo lleva a siempre querer solucionar el dolor y la amargura de las personas que lo rodean.
Manolito no tiene muchos sueños, pues se dedica más a pensar en el presente. No tiene mayor proyección laboral que ser el dueño de la empresa de tipografía que actualmente dirigen sus padres. También le gustaría ser astronauta, porque piensa que de esta forma podría pasar mucho tiempo en el espacio con el Niño Dios, un ser divino que todo lo cumple.
Él no comprende a cabalidad su problema mental, pero si sabe que tiene algo especial porque muchas de las personas que ha conocido se lo han dicho en repetidas ocasiones. La idea de ser una persona especial es algo contra lo que nunca lucha, pues sus padres y quienes lo rodean lo hacen sentir importante, por lo que su autoestima es alta y saludable.
Todas las acciones que realiza Manolito en cualquier momento de su vida deben estar, por convicción propia, necesariamente dirigidas hacia el bien. Esta inclinación responde a los valores como la solidaridad, el respeto y la compasión, que sus padres le han inculcado durante toda su vida y también por su deseo permanente de ser visitado todos los años por el Niño Dios, pues está convencido de que sólo si hace las cosas correctamente y se porta como una persona buena el Niño Dios le va a traer los regalos que él desea, pues no hay regalos para los que se portan mal, son maleducados o le hacen daño a los demás.
La creencia en la figura milagrosa del Niño Dios le ha permitido, sin que él mismo se de cuenta, explotar sus valores y convertirse en una gran persona.
Características de la personalidad
Manolito es una persona afectuosa, servicial y amigable. Aunque su forma de solucionar los problemas sea diferente a la convencional, siempre está buscando desinteresadamente formas de ayudar a su prójimo, con la única recompensa de ver sonrisas en la cara de los demás, lo cual contribuye a mantener su paz interior. Aunque en la mayoría de los casos no logra solucionar los conflictos que se presentan, si logra hacer que la persona que los vive pase un rato agradable.
Es el amigo de todos, su inocencia e ingenuidad lo hacen capaz de alegrar los corazones de los demás, quienes se apegan a él por ser una excelente compañía y una gran terapia para la tristeza. Un amigo especial que siempre está abierto a escuchar en silencio y a ofrecer su ayuda para lo que sea que pueda servir.
Desde su infancia ha sido siempre el consentido de todos, tanto de sus papas como de sus compañeros de trabajo, circunstancia que no lo convirtió en una persona egocéntrica, sino que, por el contrario, le enseñó que también puede servir a los demás y a encontrar cierto gozo en ello.
En las reuniones que sus padres realizaban siempre estaba pendiente de atender a los invitados; en época de Navidad era frecuente que pasara horas enteras memorizando un villancico para poder cantarlo frente a los demás, ganándose los aplausos y las felicitaciones de su público.
Con el pasar del tiempo, el amor de sus padres y las enseñanzas de sus profesores particulares lo hicieron darse cuenta de que él no se sentía valioso por lo que los demás pensaran de él, sino por lo que él lograba producir en los demás.
No saber poner los límites de confianza no se ha convertido en un problema grave, pues las personas ven la mayoría de las veces sus actos como la pura inocencia de un niño.
Aunque le encanta servir, nunca está esperando nada a cambio y esto es lo más relevante de su personalidad. Pero Manolito no siempre se ha encontrado en este estado, pues en algunas ocasiones la falta de una mujer con la cual conversar y explorar su sexualidad como cualquier hombre, le ha hecho sufrir crisis en donde se reprocha a sí mismo, creyendo que por ser bueno como es no puede acceder a eso que tanto quiere.
Perfil General
Manolito es un tipo de 1,75 metros de estatura. Tiene el pelo negro, corto y escaso, a veces sobre la frente; indicios de una barba sutil y descuidada y un brillo infantil en sus pequeños ojos negros.
Hay muchos adjetivos para describir a Manolito: es una persona dulce y encantadora, ingenua e inocente, infantil y bondadosa. Un adulto que todavía cree en el Niño Dios y le escribe cartas cada diciembre pidiendo sus regalos. A pesar de su retraso mental leve, él tiene una maravillosa visión del mundo, de la cual muchos podrían aprender.
Nació en Bogotá, hijo de padres amorosos que hacen lo que está y lo que no está a su alcance con tal de mantenerlo alegre. Su papá es Guillermo Mejía, una persona inteligente y bondadosa que después de pensionarse de una empresa automotriz montó una tipografía en la parte inferior de su casa, en la cual Manolito trabaja desde que tiene 17 años. Él es el alcahueta y la imagen divertida. Su mamá es Rosita Gallego, una señora que vive en función de su hijo, menos complaciente que su marido y más conservadora que él, pero siempre pendiente de Manolito y sus necesidades.
Desde sus 7 años, su padre ha contratado profesores especializados, que iban a la casa de Manolito para procurar que aprendiera lo básico de algunas materias escolares como la lengua española, la biología, la religión y un poco de matemáticas. Además, parte de su educación consistió en moldear su carácter para que pueda desenvolverse en la vida cotidiana, teniendo en cuenta sus limitaciones mentales.
Gracias a una de sus profesores, con el tiempo ha logrado entender algo tan abstracto como el amor de una pareja: la mezcla entre lo físico y lo emocional. Desde que entendió el amor siente que eso le hace falta en su vida, y encontró la forma de hacer realidad ese sentimiento con su vecina: uno de sus sueños es ser novio de Gloria, la vecina de su finca; el problema es que le causa temor el contacto con las mujeres, no ha logrado confesarle su deseo por miedo a ser rechazado y, por si fuera poco, ella tiene marido.
Manolito es una persona infantil e ingenua, pero su nivel de comprensión del mundo que lo rodea es bastante aceptable. La gran alegría de sus días es la llegada del Niño Dios en Navidad, época que espera durante todo el año. Para él, ésta figura religiosa es un personaje que todo lo puede hacer realidad.
Manolito vive inocentemente en un mundo lleno de fantasía, donde no hay espacio para el dolor o la desesperanza y donde todas las personas deben ser felices. Él ha hecho de su vida un espacio regido por la justicia y el amor al prójimo, razón que lo lleva en todo momento a intentar solucionar la amargura de los que lo rodean.
Todas sus acciones están dirigidas a hacer el bien, tanto por los valores que le han sido inculcados por sus padres, como por su deseo de ser una persona buena para ser visitado cada año por el Niño Dios, que no le trae regalos a aquellos que se han portado mal.
GLORIA SOTO LOZANO (41 AÑOS)