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El Grupo de los 20 fue establecido en 1999, como consecuencia a las crisis en la balanza de pago de las economías emergentes durante la segunda mitad de la década de 1990. El objetivo era reunir países desarrollados y los países en vías de desarrollo más importantes, para la cooperación en temas económicos y financieros. En el panorama internacional, el grupo adquirió mayor importancia después de la crisis financiera que inicio en el 2008 debido a que fue un espacio en el cual se dieron discusiones y decisiones sobre temas pertinentes a la estabilidad económica global, y en cierta medida la legitimidad del G-20 financiero surgió de su eficiencia en coordinar una respuesta eficiente a la crisis del 2008 evitando el colapso del sistema económico internacional. Actualmente, el trabajo del G-20 financiero consiste tanto en el enfrentamiento de los efectos más duraderos de la crisis como también la construcción de una nueva arquitectura financiera internacional, que sea más abierta a la participación de países en vías de desarrollo. También busca tratar temas como desajustes globales, instituciones financieras internacionales y regulación y supervisión financiera (Ministério das Relações Exteriores, 2010).

56 Durante la crisis financiera, Brasil percibió el surgimiento de una oportunidad para un cambio en la estructura del sistema financiero y económico internacional. El país apoyo vigorosamente los trabajos del grupo y actuó como uno de los principales actores en el proceso de consolidación del G-20 financiero como principal foro para tratar temas económicos internacionales. Brasil sigue defendiendo una mayor participación de países en vías de desarrollo en las decisiones sobre la económica mundial.

Las transformaciones y las reformas que se han dado en el sistema financiero y económico internacional representan un momento singular, en el cual los países en vías de desarrollo están presentes en la mesa de negociación desde el principio. Contrario a lo que ocurría en el pasado cuando los países desarrollados, reunidos en el G-7, negociaban solamente entre si las medidas que debían ser aplicadas en todos los países, las discusiones en el ámbito del G-20 financiero cuentan con la participación de los países en vías de desarrollo en todas sus fases. Las medidas propuestas por el grupo tienen mayor legitimidad y representatividad que en el pasado.

En el 2010 el G-20 financiero organizara dos cumbres, la primera el 26 y 27 de junio en Toronto y la segunda el 11 y 12 de noviembre en Seúl. Brasil ha tenido participación activa en todos los ejercicios y encuentros del G-20 financiero, como reuniones de los Ministros de Trabajo, de Ministros de Hacienda y de Vice-Ministros de Finanzas. Temas como los seminarios y ejercicios de coordinación e intercambio de información en el marco de desarrollo sostenible y equilibrado y para la reducción de los subsidios a los combustibles fósiles son de gran interés para la política exterior brasilera. Brasil reconoce la legitimidad de las iniciativas del G-20 financiero y ha buscado, por medio de su actuación externa, ejemplificar la importancia que tiene este grupo como foro primordial para la discusión de los asuntos económicos mundiales (Ministério das Relações Exteriores, 2010).

57 5.3. Organizacion Mundial del Comercio

Brasil fue parte del primer grupo de veinte tres países signatarios del GATT en 1947 y también fue miembro fundador de la Organización Mundial del Comercio (OMC). A pasar de su participación relativamente modesta en el comercio internacional, su actuación ha ido sobresaliendo dado que muchas ocasiones ha asumido posiciones de liderazgo entre los países en desarrollo. En este sentido, es cada vez más natural ver la participación de Brasil en procesos de consulta y negociación en fases cruciales (Ministério das Relações Exteriores, 2010).

Brasil también lidero la creación del G-20 comercial el 20 de agosto de 2003, a vísperas de la Reunión Ministerial de Cancún, el cual es uno de los grupos más influyentes en las negociaciones de la OMC. El G-20 comercial, conformado por 23 países de tres continentes6, representa el 60% de la población rural, 21% de la

producción agrícola, 26% de las exportaciones y 18% de las importaciones mundiales. El G-20 comercial actúa como una coalición de países en desarrollo que abogan por el complimiento de los tres pilares de la Ronda Doha que son: acceso a mercados (reducción de tarifas), eliminación de subsidios a exportaciones y la reducción de subsidios de apoyo interno. A pesar de que la formación de coaliciones de países en vías de desarrollo no es nueva, el G-20 comercial se presenta como un actor propositivo y central en las negociaciones (Ministério das Relações Exteriores, 2010).

La experiencia brasilera también ha sido reconocida por la elección de representantes de excelente desempeño en presidencias de grupos o comités negociadores, en la presidencia del Consejo de Representantes del GATT y del Consejo General de la OMC, del Consejo de Servicios, del Comité de Comercio y Desarrollo, del Órgano de Solución de Controversias.

Los principales objetivos de Brasil en la OMC son: primero, fortalecer el sistema multilateral de comercio, incluyendo el Mecanismo de Solución de Controversias,

6 Suráfrica, Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, China, Cuba, Egipto, Ecuador, Filipinas, Guatemala, México, Nigeria, Paquistán,

58 con el fin de permitir la expansión de intercambios internacionales en un ambiente estable, no discriminatorio y favorable al desarrollo. Segundo, abogar por la mejora continua de las normas del comercio internacional, inclusive para buscar medidas que favorezcan las necesidades de los países en desarrollo. Y tercero, asegurar la creciente apertura de mercados internacionales para bienes y servicios brasileros (Ministério das Relações Exteriores, 2010).

En el 2005, Brasil busco obtener el puesto de director general de la OMC, postulando a Luiz Felipe Seixas Correa el cual había sido embajador ante la Organización. En uno de sus discursos el candidato planteo su proyecto ante una reunión de CARICOM, y planteo que era esencial asegurar una participación más amplia de países en desarrollo en la toma de decisiones de la OMC. También dijo que seria difícil aceptar que los países desarrollados, teniendo el control del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, tuviesen el control de la OMC también (Seixas Correa, 2005). A pesar de presentar su proyecto de liderazgo como algo beneficioso para todos los países en vías de desarrollo y en contra del supuesto mal común, la candidatura de Brasil no fue exitosa en el proceso de votación electoral de un país – un voto.

La crisis económica y financiera subrayó la necesidad de tener una mejor gobernanza económica global, pero también resalta las divergencias en cuanto a las diferentes aproximaciones sobre las políticas que se dan dentro del sistema internacional y dentro de las potencias emergentes y el occidente. Un mejor entendimiento de las razones por las cuales hay divergencia y las posibles estrategias para una acción global en conjunto constituye un gran esfuerzo, el cual es claro que Brasil desea abordar.

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