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Concurrence in the Entangled Basis

F.4 Concurrence: Derivation and Re-expression

F.4.2 Concurrence in the Entangled Basis

1 Pablo de la Torriente Brau. “Diario” en Álgebra

y política. La Habana, Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, 2001, p. 68.

2 Pablo de la Torriente Brau. “Reivindicación

de Emilio Salgari” en sus Aventuras del Soldado Desconocido Cubano. Crítica artística y literaria. La Habana, Centro Cultural Pablo de la Torriete Brau, p. 114 (en adelante, en el caso de cada texto, solamente se consignará el número de la página entre paréntesis).

3 Pablo de la Torriente. Cartas Cruzadas. La

Habana, Editorial Letras Cubanas, 1981, p. 232.

4 Pablo de la Torriente Brau. Cartas y crónicas

de España. La Habana, Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, 1999, p. 88.

dor. En ellos, las posiciones idílicas, pasivas e irracionalistas encuentran respuestas críticas. Como parte de esa asunción humanista de la vida, su discurso está impregnado de una comicidad reveladora en lo fundamental de dos fuentes: la comicidad del choteo cubano y la comicidad de Cervantes en El Quijote. Su amor a la vida fue razón de su muerte en los inicios de la guerra civil española, al lado de los republicanos. Murió en circunstancias épicas quien fuera heredero del pensamiento humanista universal.

Su visión épica de la vida, representada en la literatura, puede apreciarse en una carta que escribió al escritor ecuatoriano

Jorge Icaza en 1935 refiriéndose a la novela

Huasipungo del mencionado escritor. Sitúa lo épico como expresión de las contradicciones sociales. Para él:

Nada que no sea épico alcanzará larga vida entre nosotros, porque nuestro continente es esencialmente épico. Lo fue su existencia precolombina; lo fue el descubrimiento, la conquista, la esclavitud, su siglo de guerras sobre la independencia de España y lo es aho- ra, esta batalla sin cuartel, larga y angustiosa, contra el imperialismo. Con sangre y barbarie no se puede hacer lírica, a menos que, como en “La Vorágine”, ese lirismo no olvide el es- cenario bravío y salvaje de la realidad (Cartas Cruzadas, p. 60).

Sus concepciones estéticas como toda su breve práctica artística estuvieron impreg- nadas de su óptica histórica, humanista y antiimperialista. Su juicio sobre lo épico de la literatura latinoamericana en correspondencia con su contexto es justo. Nuestra literatura

continental como parte de la cultura refiere el

combate, la contradicción desde sus gérmenes aborígenes, siguiendo con las crónicas.

Antes de pasar a reflexiones sobre cues- tiones inherentes a lo épico en textos de Pablo de la Torriente, se impone puntualizar qué se entiende por épico en este texto teórico sobre el pensamiento estético del intelectual latinoamericano. Corresponde advertir a la vez que Pablo no fue el intelectual dotado de un instrumental teórico al abordar temas

sociales, filosóficos o de otra índole, lo que no le impidió la profunda reflexión.

Lo épico como género literario o categoría estética posee una acepción más amplia que la de lo heroico. En las formulaciones teóricas del escritor español Ramón del Valle-Inclán,

referidas a su método esperpéntico, se infiere

lo épico como el distanciamiento afectivo entre la imagen artística propiciada por sus perso- najes y las reacciones del espectador o lector. En la poética y método de Bertolt Brecht, o sea su “teatro épico”, igualmente lo épico es “distanciamiento” que tiene como estrategia

provocar la reflexión en el espectador. La obra

artística de Valle-Inclán y la de Bertolt Brecht son consecuentes con estos puntos de vista teóricos.

A partir de lo antes expuesto, y en especial

sobre la base de la narrativa de ficción de Pa- blo de la Torriente, lo épico se caracteriza por la representación de las contradicciones, sean

de carácter social, filosófico o de otra índole.

Lo épico, desde la epopeya griega, es imagen de lo colectivo. En este sentido, la historicidad es otro ingrediente de lo épico, aunque esto en la épica griega y en la épica medieval esté marcado por la idealización. El distanciamiento afectivo en lo épico ha tenido diferentes ma- nifestaciones, históricamente hablando. En el periodo de las vanguardias artísticas, del que formó parte la narrativa de Pablo de la To- rriente Brau, lo épico se manifestó en formas estilísticas grotescas, bien con una intención crítica con respecto a su contexto social, bien

con un basamento existencialista. A fin de una

mejor comprensión de esta problemática, se imponen algunas exteriorizaciones sobre la práctica revolucionaria de Pablo.

Propósitos culturales y educativos forma- ron parte del pensamiento de Pablo. El 12 de agosto de 1936 escribe a Ramiro Valdés Daus- sá: “Pienso que ya, por lo menos bajo algunos aspectos, soy hombre con ruta trazada, con brújula” (Cartas Cruzadas, p. 424). Por estas razones y muchas más escribió Raúl Roa: “Y ese Pablo de la Torriente Brau: un hombre del alba que hacia el alba iba. Que murió en el alba y resucitó en el alba”.

Su obra narrativa ficcional y periodística

formó parte en la cultura cubana del entrecru- zamiento entre los discursos de las vanguardias artísticas y de la práctica cotidiana de la cul- tura popular en la que el choteo fue un arma ideológica de los sectores populares. Como se enfatiza en el desarrollo de este texto, Pablo fue gestor y producto de este contexto de la consolidación de la cultura nacional popular cubana.

Su personalidad

Pablo de la Torriente Brau fue parte de la generación de intelectuales cubanos cuya obra emergió y comenzó a proporcionar sus frutos en los años veinte y treinta del siglo xx; es decir, su obra intelectual a partir de 1930, fundamentalmente hasta 1936, fecha de su muerte en España, se produce dentro del con- texto latinoamericano, en el momento cúspide de la modernidad, entendida ésta como el proceso cultural que, dentro del capitalismo, va engendrándose a partir del Renacimiento, ge- neradora de una crítica racionalista al régimen feudal y a sus remanentes y consecuencias, como también al régimen capitalista. La crítica de la modernidad desde sus gérmenes fue

portadora de ideales de justicia, igualdad y libertad. Esto último, bien sabido es, adquirió notoriedad con la Ilustración en el siglo xviii. Siendo consecuente con la verdad relativa, consignemos cómo dentro de la modernidad el irracionalismo cobra gran importancia en

determinados momentos, ya sea en la filosofía

de Nietzsche, Schopenhauer u otros, ya sea en sus expresiones artísticas de la vanguardia como el dadaísmo y el surrealismo.

Aunque controvertible ha sido el criterio de la modernidad en América Latina, atendiendo a su dependencia económica, sin lugar a dudas, que en sus particularidades históricas las expresiones culturales de la modernidad han hecho presencia. Si en su relación con Europa se concibe la modernidad latinoame- ricana, la conquista impone la modernidad a este continente: una modernidad que tuvo como base el capital. Un segundo nacimiento ha tenido la modernidad latinoamericana con

las guerras de independencia en su significa- do emancipatorio a pesar de que todo este proceso se ha visto frustrado o frenado por

la injerencia norteamericana, desde finales

del siglo xix.5

5 Isabel Monal en su “Esbozo de las ideas en

América Latina hasta mediados del siglo xix”, en Filosofía en América Latina. La Habana, Editorial Félix Varela, 1998, sintetiza al referirse a lo que

considera el tercer periodo de la filosofía en Améri- ca Latina desde bien entrado el siglo xviii hasta el primer tercio del siglo xix inclusive:

Lo principal a destacar de la labor de todos aquellos sensualistas e ideólogos es que con ellos la filosofía en el continente entró de lleno en la modernidad; se trataba de un verdadero proceso de radicalización filosófica cuya agudeza quedaba na- turalmente resaltada producto del estado anterior todavía escolarizante, con cuyos rezagos acabaron en forma plena modernos del patio (p. 22).

En estas circunstancias de la modernidad dependiente, dentro del sistema capitalista, en especial el norteamericano, se desarrolló la fugaz, pero profunda obra de Pablo de la Torriente Brau.6

Nació en Puerto Rico, nieto del intelectual liberal Salvador Brau. El padre de origen espa- ñol llegó a ser el propietario de una escuela en Santiago de Cuba, donde estudió Pablo. Ya en 1919 la familia se encontraba en La Habana. En 1921 se produjeron hechos impor- tantes en su vida. Comenzó a trabajar como mecanógrafo en el Bufete de Fernando Ortiz. Escribió algunos cuentos en los años veinte, y en 1930 publica un libro de cuentos comparti- do autoralmente con su amigo el joven médico Gonzalo Mazas Garbayo: Batey. Participó en la manifestación de 1930. A partir de aquí se desarrolló su vida política. Al respecto, Raúl Roa advirtió sobre el proceso de maduración rápida de Pablo:7

Aunque se produce en Pablo de la Torriente un proceso de maduración e incorporación a la lucha revolucionaria política relativamente rápido, ello no sucede de forma milagrosa. Su explicación está en su formación familiar, en sus lecturas, en la incorporación al bufete de Fernando Ortiz, en el contexto nacional y latinoamericano en que vivió, en la generación y sector social a que perteneció.

Cita el propio Pablo una frase del abuelo ma- terno, Salvador Brau, que dice de la dimensión

ética de aquel puertorriqueño: “A los hijos se les debe dar antes que pan vergüenza”.8 Según

confesó en el mismo prólogo, reafirmado por

una de sus hermanas, aprendió a leer en La Edad de Oro de José Martí (p. 41). Conoció El Quijote, novela humanista universal, por medio de un discurso que, entre sus recursos fundamentales, maneja de forma creadora lo cómico en función crítica con respecto a su contexto sociocultural. Con Gabriel Barceló tradujo El materialismo histórico de Bujarin.

Leyó además a Plejanov. Existen confluen- cias en su pensamiento con el marxista José Carlos Mariátegui, intelectual de su propia generación. Si no fue el intelectual de un pen- samiento teórico-sistémico, tampoco careció

de una reflexión profunda sobre diferentes problemas políticos, sociales, filosóficos, éticos

y estéticos.

Juan Marinello, hombre de su misma ge- neración, que estuvo con él en la cárcel de Isla de Pinos, ofrece en su insuperable “Prólogo” a Peleando con los milicianos una imagen integral y a la vez sintética de su compañero de luchas políticas:

Pablo de la Torriente fue un integradísimo caso de humanidad. Su aspecto físico convenía a maravilla –machihembraba–, con su máquina interna. Porque en su envoltura estaban (sólo para quien tuviese oportunidad dilatada de advertirlo) la gallardía y la sensibilidad. Alto, fuerte, arrogante, atlético, su presencia imponía y daba muchas veces la idea de la brusquedad, de la altanería. Pero, mirarlo más de cerca, hablar con él en las interminables tardes del Presidio, era verlo hasta el fondo. Entonces,

6 Celso Furtado en su Breve historia económica

de América Latina. La Habana, Instituto Cubano del Libro, 1974, expresa: “Las estructuras agrarias son en América Latina no tan sólo un elemento del sistema de producción, sino también un dato funda- mental de toda la organización social” (p. 55).

7 Víctor Casaus. Pablo con el filo de la hoja. La

Habana, Ediciones Unión, 1983, pp. 38-39.

8 Pablo de la Torriente. “No. 2 Pablo de la To-

rriente” en sus Cuentos Completos. La Habana, Cen- tro Cultural Pablo de la Torriente Brau, 1998, p. 41. (Es su prólogo a sus cuentos en el libro Batey.)

se tocaba toda la afilada inteligencia, toda la

serena perspicacia, toda la recia ternura de aquel gigante alborozado.9

Tener conocimiento de lo expuesto por Marinello es condición indispensable para comprender el discurso de quien la comicidad daba la impresión del simple juego o falta de profundidad. En palabras de Marinello: “Como ciertas frutas había madurado hacia dentro, pero la corteza se le mantenía lustrosa y sedienta. Muchos no pasaron de la corteza” (p. iv). Esa relación entre lo externo de la per- sonalidad de Pablo de la Torriente y lo interno de su pensamiento es anotada por Carlos

Rafael Rodríguez: “Pablo vital, no irreflexivo,

pero un hombre espontáneo, que no somete

la espontaneidad a la reflexión”.10 “Por eso, más aún que a sus escritos, al autor hay que buscarle la entraña por debajo de la sonrisa aparentemente fácil”.11 Intención de este texto es mostrar la entraña humanista en él de su personalidad, su pensamiento y su práctica revolucionaria en su integridad.

Fue Pablo de la Torriente un hombre ple- no de vitalidad, capaz de bromas o acciones inusitadas, pero quien a partir de 1930 dedica lo más fecundo de su vida a la práctica revolu- cionaria, no como simple acción, sino uniendo

acción a interpretación, reflexión y esclareci- miento de las condiciones de lucha, contra las

estructuras neocoloniales cubanas de los años treinta en que la penetración norteamericana era realidad desde lo económico hasta lo polí- tico.12 Fue el periodista dotado de un analítico sentido social y político sobre la base de una concepción marxista del mundo.

Después de su primera participación en una manifestación contra la dictadura de Ge- rardo Machado y de la cual sale herido, Pablo es detenido en 1931, conjuntamente con los principales dirigentes del Directorio Estu- diantil Universitario. En 1932, es detenido de nuevo. En 1933, en calidad de deportado, es trasladado al buque Cristóbal Colón que debía conducirlo a España. En realidad, logró pasar a Estados Unidos.

Al ser derrotado el régimen de Machado, regresa a Cuba. En 1935 marcha al exilio en Estados Unidos. Allí funda con Raúl Roa, Gustavo Aldereguía y otros la Organización Revolucionaria Cubana Antimperialista (orca). En 1936 marcha como corresponsal de guerra a España, donde combaten los republicanos contra los falangistas.

Junto a la práctica revolucionaria política, y como componente de ella en una creadora integración de diversas facetas, escribe ar- tículos para publicaciones periódicas nacio- nales y extranjeras. Nacen así, o de manera independiente a sus artículos, los libros que hoy conocemos junto a su epistolario: Batey (1930), 105 días preso (1931), La Isla de

9 Juan Marinello. “Pablo de la Torriente, héroe

de Cuba y de España” en Pablo de la Torriente Brau. Peleando con los milicianos. La Habana, Ediciones Nuevo Mundo, 1962, p. 11.

10 Carlos Rafael Rodríguez. “La imagen de Pablo

es la vida”. Bohemia, núm. 28, agosto de 1987, p. 45.

11 Fernando Martínez Heredia. “Presentación” en

Raysa Portal. Evocación de Pablo de la Torriente Brau. La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1997, p. 252.

12 “A partir de 1880 comienza la penetra ción

de fuertes capitales norteamericanos en la industria azucarera, en la minería (hierro, cromo y magnesio) y en la industria tabacalera, de tal modo que, en 1885, se estimaban en cincuenta millones de dólares las inversiones yanquis en la economía cubana” (Lio- nel Soto. La revolución del 33. La Habana, Editorial Pueblo y Educación, 1985 , p. 27, t. i).

los 500 asesinatos (1934), Presidio Modelo (1934), Realengo 18 (1934), Cartas y repor- tajes de España (1936). Este último es un conjunto de cartas y reportajes o crónicas que fueron publicados primeramente con el título Peleando con los milicianos. Quedó inconclusa al marchar a España su novela Aventuras del soldado desconocido cubano.

Formó parte Pablo de la Torriente del llamado por Jorge Ibarra “periodo de forma- ción de la cultura nacional popular de 1920 a 1933”. Al respecto, al tratar de condensar una imagen del periodo, precisa reproducir un juicio de Jorge Ibarra:

La existencia del pueblo-nación tendía ob- jetivamente a la creación de una cultura nacional popular. Todo el acervo de vivencias, sentimientos, aspiraciones e ideas que surgían espontáneamente en el pueblo debía hallar cauce necesariamente en algún plano de la vida colectiva. Así fue apareciendo poco a poco, en las obras de los creadores más conscientes y preocupados de la cultura nacional, la impronta de las maneras de sentir y pensar del pueblo- nación. Debe destacarse que este proceso se condensa y aclara en la “década crítica de 1923-1933”.13

Este periodo, como etapa de formación de la cultura nacional popular en una sociedad clasista como la cubana, implicaba el surgi- miento de intelectuales representativos de la conciencia nacional popular dentro o no del marxismo. En toda esta complejidad contra- dictoria latinoamericana y cubana en especial, en los límites que impone una modernidad dependiente del desarrollo capitalista, en lo fundamental norteamericano, se incorpora a

la práctica revolucionaria Pablo de la Torriente Brau, quien asume en los años treinta de ma- nera radical la lucha por las transformaciones sociales, políticas y humanistas de que estaba urgida no sólo Cuba, sino América Latina en su totalidad.

Su pensamiento

En “Bosquejo histórico de América Latina”, perteneciente al libro Filosofía en América Latina, Pablo Guadarrama González explica el desarrollo del marxismo en América Latina en diferentes etapas.

Al primer periodo del marxismo en Amé- rica Latina, según Michael Löwy, pertenece la obra de Pablo de la Torriente. Atendiendo a la periodización de Pablo Guadarrama, la obra de Pablo de la Torriente se ubica en la segun- da y la tercera etapas a las que denomina Guadarrama “precursores” y “continuadores”, respectivamente. En los “precursores” destaca

a figuras como Luis Emilio Recabarren, Julio

Antonio Mella, José Carlos Mariátegui y Aní- bal Ponce (aunque lo sitúa entre los que se destacaron en los años treinta). Como “conti- nuadores” concibe el desarrollo del marxismo que va de los años treinta a los cincuenta. En la parte dedicada a los “precursores”, expone una particularidad del marxismo en Mella y José Carlos Mariátegui, válida en el caso de Pablo de la Torriente Brau: “Tanto en Mella como en el peruano José Carlos Mariátegui (1894-1930), el marxismo alcanza una mayor raigambre latinoamericana y fue utilizado como un verdadero instrumento crítico para la comprensión y transformación de la rea- lidad concreta y sus estructuras de manera original y auténtica”.14 Esta visión del proceder

13 Jorge Ibarra. Nación y cultura nacional. La

Habana, Editorial Letras Cubanas, p. 16.

14 Pablo Guadarrama González. “Bosquejo his-

marxista en correspondencia con las urgentes necesidades de sus circunstancias es atributo de la unidad entre práctica revolucionaria y pensamiento en Pablo de la Torriente, de acuerdo, por supuesto, con sus peculiaridades individuales.

Asumir el estudio de alguna de las facetas del pensamiento de Pablo de la Torriente en sus escritos es asistir a un proceder discursivo pleno de vitalidad, una vitalidad con un sentido social y político que va ganando en madurez desde los cuentos de Batey hasta sus cartas y crónicas de España. En el “Prólogo” a sus cuentos de Batey declara en forma humorís- tica lo que puede considerarse como principio y propósito de su obra narrativa:

Hay que reconocer también que el joven escritor señor Torriente se ha permitido, lo que no parece recomendado por muchas autoridades, envolver con el ropaje de su frondosidad imaginativa las ideas políticas, morales y sociales que sustenta, lo que únicamente queda disculpado por el hecho de ser sus cuentos, como él dice, “sus periódi- cos”, y por tanto, la tribuna desde donde puede exponer en forma bien moderada muchas de las cosas coléricas que a veces lo exaltan.15

Otra peculiaridad de su discurso es su riqueza temática en un mismo texto, a veces provo- cando en el lector una sensación de velocidad, de rapidez. Al respecto, puede leerse en sus Cartas y crónicas de España: “Pues bien, yo no te iba a hablar de esto, la culpa es de mi máquina de escribir que tiene una velocidad desaforada, a tono con la revolución, y sabe