THE INFLUENCE OF BRANCH DIAMETER ON VALUE RECOVERY FROM SAWLOGS
10.4 An alternative method of analysis
10.4.1 Conduct of the analysis in two phases
La investigación con su recogida de datos no basta para demostrar las cosas de una manera concluyente, pero permite plantear una seria reflexión que viene en apoyo del probable origen de algunos cultos desde la iglesia visigoda y, por tanto, de la dificultad en mantener el viejo axioma de que la iglesia no pervive durante la ocupación musulmana y que, en consecuencia, los cultos son reintroducidos por castellanos o aragoneses. Tal hipótesis no se puede sostener hoy y cada vez son mayores las evidencias que permiten replantear el tema.
Todas las evidencias de culto visigodo que vamos a exponer nos permiten de una manera razonable admitir que en la actual Región de Murcia los mozárabes existieron durante toda la época islámica.
Si estudiamos la toponimia, es curioso que en todas las montañas del noroeste de la región murciana, sólo quedan como topónimos de procedencia árabe, unos pocos nombres de castillos, lo que ha
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sido determinante para los estudiosos al aceptar que la existencia de población árabe debió de ser poco numerosa. Ya nos hemos referido a la repoblación de Villavieja-Calasparra.
La leyenda de la Cruz de Caravaca que circula desde los primeros tiempos de la reconquista no vemos que pueda explicarse más que como leyenda para conocer el origen de la reliquia de la Vera Cruz, que nadie ha traído y que estaba allí. Lo más verosímil precisamente es que estuviera allí desde tiempos visigodos, cosa nada de extrañar estando situado en las cercanías del obispado visigodo de Begastri55.
Igualmente, el culto a San Ginés de la Jara, atestiguado en época islámica, no tiene otro modo de explicación que aceptar que se remonta a tiempos visigodos, culto mantenido por eremitas cristianos. Si persiste tras la reconquista es prueba irrefutable que la obra se debe a la presencia de mozárabes.
En la ciudad de Yecla hay evidencias escritas que nos hablan de la existencia de una iglesia con culto cristiano en la dominación musulmana, y estas noticias son corroboradas cuando se realizan excavaciones arqueológicas en el Cerro del Castillo56.
Las propias fuentes árabes nos hablan de la existencia de comunidades cristianas en el caso de Cartagena y su comarca. Y es que no podía ser de otra forma. El Propio Pacto de Teodomiro lo deja bien explicito: <que no serán quemadas sus iglesias ni expoliados los objetos de culto que contienen; que no serán discriminados ni aborrecidos por sus creencias religiosas>57. Por tanto la tolerancia hacia los cristianos mostrada por los nuevos invasores, permite pensar en una vida tranquila de éstos, pacífica, y por tanto, al menos en los primeros momentos, de desarrollo y organización de los núcleos cristianos. Aunque se han escrito algunas cosas disparatadas, hay coincidencia general en admitir que la historia de la Región de Murcia bajo la dominación no se caracterizó por episodios similares de las revueltas internas de Al-Andalus, muy al contrario el clima de convivencia y tolerancia debió sobresalir por encima de todo. Una prueba más de todo esto es que, tras la capitulación del reino Hudita a Fernando III el Santo ante su heredero Alfonso X el Sabio en 1243 y la incorporación a Castilla en 1266, una vez pacificadas las revueltas, Murcia ha sido un ejemplo de convivencia entre cristianos, moriscos y judíos. Y este fenómeno de aculturación no puede explicarse de otra manera que no sea la continuidad de una vida de vecinos en tolerancia de largos siglos.
Ante otra falta de argumentos, parece que la razón principal para sostener la hipótesis de un proceso de rápida islamización hacia fines del siglo VIII, basado en una casi inexistencia cristiana58, es la falta de jerarquía eclesiástica para estos siglos de dominación musulmana. De una parte es verdad que es difícil probar documentalmente la existencia de obispos, por las escasas fuentes que poseemos, entre otras razones, como consecuencia de las posibles persecuciones islámicas que se produjeron si no en un primer momento, sí posteriormente con las invasiones almohades y almorávides. Pero es que la inexistencia de obispos en todos y cada uno de los lugares no prueba que las organizaciones cristianas no existieran y lo normal es que ante las dificultades en nombrar obispos, éstas se adaptasen a la nueva situación, designando al frente de ellas a otras figuras de la jerarquía cristiana como sacerdotes o presbíteros, que serían igualmente reconocidos por los musulmanes como autoridades cristianas a efectos jurídicos. Es pues demasiado categórico afirmar que donde no hay obispo no hay comunidad cristiana. Ya nos hemos referido anteriormente que el propio San Isidoro decía de los obispos y presbíteros que eran una misma cosa desde la Antigüedad; llamando a los presbíteros sacerdotes que aunque no están en la cumbre del pontificado sí pueden celebrar los misterios sagrados como los obispos59. En suma, que el problema de falta de suficientes obispos tuvo que ser resuelto de alguna manera por las comunidades mozárabes aquejadas de problemas mayores de difícil solución. Así no podemos echar en saco roto el planteamiento de la emigración hacia territorios cristianos que los mozárabes tuvieron que plantearse en cuanto las condiciones de vida se endurecían o la tentación de pasarse al islam por sus ventajosas condiciones de vida social. En cualquier caso, es evidente que la persecución almorávide de finales del siglo XI prueba la existencia de comunidades
55Sobre el tema, cf. GONZÁLEZ BLANCO, A., “La leyenda de la Cruz de Caravaca y la historia de la villa al filo del
comienzo de la Reconquista” en AnMurcia 9-10, 1993, p. 293/306, especialmente el apartado VI cuyo título es “El mensaje de la leyenda de la Cruz de Caravaca” p. 299/300.
56En la primera historia escrita de Yecla, Cosme Gil, se hace eco de la tradición de mozárabes y habla de la existencia de
escritura gótica en sus paredes para avalar en base a la tradición, la existencia de una ermita visigótica, cf. GIL PÉREZ de ORTEGA, C., op. cit., cap. 2, p. 6. La respuesta que se ofrece sin más es que ello es una conjetura sin fundamento. Cuando en el mismo paraje del Cerro del Castillo se constatan niveles arqueológicos visigodos de los siglos VI-VII d. C., se salda el tema planteando que..."éstos por el momento no son lo suficientemente significativos como para considerar la existencia de una población estable a partir de esos momentos y hasta el siglo XI". Es decir, se condena la hipótesis sabiendo que no es posible avanzar en las excavaciones por las especiales características del Cerro. Pero aquí tenemos la Arqueología en apoyo de la tradición. Y más pronto que tarde, se sabrá de la existencia de población visigoda, y de su relevancia.
57Cf. MOLINA LÓPEZ, E., La cora de Tudmir según al´Udri, Granada, 1972. La fuente de Al´Udri es la más antigua y la que
parece por tanto más fiable. Las otras dos fuentes, al-Himyari y la versión de al-Dabbi se traducen en términos similares a éstos, cf. LEVI PROVENÇAL, E., La Peninsule Iberique au Moyen Age d´aprés le Kitäb ar-rawd al-mi´tar… de Al Himyari, Leiden, 1938; CASSIRI, M., Bibliotheca Arábico-Hispana Escurialensis, Madrid, 1770.
58Creo que está demostrado de forma fehaciente todo lo contrario, la pujanza del cristianismo a todos los niveles y a lo
largo de todo el tiempo (lo que nos transmite el catálogo de evidencias arqueológicas cristianas que no para de ampliarse).
59Unde et apud veteres idem episcopi et presbyteri fuerunt, quia illud momen dignitatis est, hoc aetatis, puede leerse en
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mozárabes hasta esa fecha a pesar de las dificultades y por tanto de la resistencia hasta entonces de una u otra forma.
Hemos de reconocer lo poco que sabemos del proceso de islamización en nuestro territorio y de la política desarrollada por las nuevas autoridades cuando a fines del siglo VIII deja de hablarse de la Köra de Todmir. como bien dicen varios autores desconocemos los efectos de la influencia que la propia población autóctona debió ejercer sobre la musulmana, sobre todo, en los primeros momentos en que ésta era claramente minoritaria y de la adaptación de ésta a unos territorios y a unas costumbres cuya convivencia sufrió inevitablemente un proceso de aculturación (60). En estas condiciones es difícil plantear el aniquilamiento total de las ideas cristianas y la rápida islamización de la sociedad, aunque en todo caso hay que reconocer las dificultades del cristianismo en su afán de supervivencia y por tanto la debilidad que esta situación tuvo que comportar. Pero es que, en ocasiones, parecemos ciegos en la defensa numantina de algunas posiciones. Veamos, tomemos el ejemplo de la Virgen de la Arrixaca. Cuando llegan los conquistadores, el propio Alfonso X, constata la situación y así lo deja por escrito en su famosa Cántiga 169 a esta advocación: De cómo Santa María protegió una iglesia suya que está en la Arreixaca de Murcia, que los moros quisieron destruir y no lo consiguiero"61.
Es decir, el propio rey nos está diciendo que a su llegada hay un culto cristiano mozárabe que pervive entre los musulmanes. Lo mismo ocurre cuando llega a Cartagena y se encuentra con el culto a la Virgen del Rosell, hace de esta imagen su estandarte para luchar contra los infieles y peligros del mar62. Si esto es así en Murcia y Cartagena, ¿qué razones hay para que no lo sea en Lorca, Aledo, Totana, Calasparra; en definitiva, en el resto del territorio regional?.
Además de los temas sobre los que proponemos reflexionar, hay otros que también son susceptible de ello. El gran peso de la tradición cristiana en la Región nos hablan de imágenes cuya antigüedad es muy remota como la Virgen de la Arrixaca en Murcia o la Virgen del Rosell en Cartagena de las que ya hemos hablado, las imágenes lorquinas de Nuestra Señora de las Huertas y de la Virgen del Alcázar , la Virgen de la Antigua de Monteagudo, la de la Peña en Canara, la Virgen de la Oliva, los santos médicos, la figura de San Lázaro puesta en relación a posibles lazaretos de la ciudad de Alhama, la existencia del culto a los santos visigodos San Antolín y San Ildefonso63, anteriores a la reconquista, todo ello, en suma nos habla de mozarabía. El propio nombre de María lo tenemos como hagiotopónimo en una de nuestras ciudades, la de Santomera que en mozárabe hay que interpretar como Santa María. Nombres de ciudades de raigambre mozárabe como Monteagudo, Sangonera, Tiñosa, o moriscas como Algezares, Beniaján, Beniel, Javalí, Zaraîche, Zeneta, etc. nos hablan de un pasado sobre el que hay que volver de manera continuada64. Y no tanto porque de ello se deduzca imperiosamente que el cristianismo ya existía anteriormente, como por la constatación de que estos cultos se pueden implantar gracias a la presencia de comunidades cristianas de fuerte raigambre. Los argumentos sobre los que proponemos la reflexión son los que exponemos a continuación.
La importancia de la Diócesis de Cartagena a nadie se le escapa dado el magnífico enclave mediterráneo de su puerto y las condiciones para el desarrollo de las ideas de la nueva religión, de tal manera que el papel jugado en la Cartaginense por el obispo metropolitano Liciniano, debió ser pionero, aunque el desarrollo se vería truncado por los acontecimientos políticos. De una parte, no podemos obviar el período de tiempo en que el territorio vivió a caballo del avance de las nuevas fuerzas políticas godas que, defensoras de las nuevas ideas arrianas se establecieron en el centro peninsular y de la puntual invasión de las fuerzas bizantinas que, en teoría, representaban a la iglesia ortodoxa combativa de estas herejías. Y esa situación viene marcada por esa invasión bizantina que se aprovecha de la situación e instaura entre nosotros la provincia de Spania. El hecho ha sido objeto de numerosos estudios y controversias y es difícil aventurar el estado de las gentes ante el hecho de sufrir la disyuntiva de sentirse presos de los acontecimientos, por un lado los godos que han creado en el resto del territorio una situación política y religiosa nueva y los bizantinos que aunque representan a priori el mundo romano conocido, no debieron estar lejos de la ambición de los elementos conquistadores. Entre estas dos situaciones la vida de la población debió estar regida por una enorme incertidumbre. Mientras que la iglesia en Toledo está inmersa en la disputa con el arrianismo y los problemas religiosos que ello comporta, se puede decir que los acontecimientos políticos van a decidir sobre esa situación de divorcio entre las diócesis de Toledo y la de Cartagena. Ya hemos dicho que la figura destacada de lo que denominaremos iglesia bizantina es la del metropolitano Liciniano. Por él podemos deducir que la situación social no era buena, analizada desde la perspectiva económica y religiosa. Sus cartas a las que ya nos hemos referido, son documentos de gran
60Prueba de ello son las migraciones mozárabes hacia nuestra zona levantina con motivo de la invasión almorávide que
hace suponer unas condiciones especiales en las que es posible la pervivencia de las ideas cristianas, cf. DE LAS CAGIGAS, Minorías étnico-religiosas de la Edad Media Española I, Los Mozárabes, Instituto de Estudios Africanos, 2 vol., Madrid, 1948; que habla de las migraciones de mozárabes a nuestras tierras bien huyendo del reformismo del rey cristiano primero y de la invasión almorávide después.
61 Trascripción literal de la Cántiga 169, en la versión castellana de las Cantigas que hizo el profesor Andrés Sobejano
Alcayna (sin publicar).
62Hace a la Virgen del Rosel patrona de la orden Militar de Santa María de España con sede en Cartagena. Posteriormente
le dedicaría otra de sus Cántigas. Ver el estudio de la advocación de la Virgen del Rosell.
63San Ildefonso de Toledo será una figura importante en la iglesia visigoda y en la corte toledana.
64Ver los trabajos ya clásicos de POCKLINGTON, R., Estudios toponímicos en torno a los orígenes del Reino de Murcia,
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valor en este sentido, que nos hablan de un auténtico metropolitano preocupado por los problemas de la iglesia y de la sociedad del momento y la prueba máxima de ello es su propio viaje a Constantinopla, capital del imperio donde se produjo su controvertida muerte que da lugar a numerosas conjeturas imposibles de conocer. Porque es evidente que se produce una falta de relación real con el resto del territorio eclesiástico que hace que la propia iglesia se encuentre dividida en dos al igual que la situación política en la que la provincia de Spania se verá asediada hasta su conquista en el primer tercio del siglo VII.
Esta situación explica que tras la expulsión bizantina se produzca de facto la primacía de la sede Toledana frente a la de Cartagena y que el tema de fondo no fuera otro que la lucha por la metropolitaneidad de las diócesis, resuelto políticamente con el famoso decreto de Gundemaro65.
El desarrollo de la iglesia visigoda es un hecho y si en el plano político y social destaca la figura del comes Teodomiro al frente de la provincia de Aurariola, desde el plano religioso el protagonismo se lo lleva la Diócesis de Begastri que nos habla de una importante comunidad cristiana a saber por sus evidencias arqueológicas e inscripciones epigráficas. Pero el catálogo de evidencias cristianas no disminuye para el resto de la iglesia regional en este período66.
A partir de este momento podemos decir que la unidad de la iglesia visigoda en el territorio es incuestionable, como lo demuestra el hecho de la regularidad con la que todos los obispos acuden a los sínodos toledanos.67
Y hay que introducir el tema de los “cuatro santos cartageneros” que emigrados fuera de sus tierras68 van a sobresalir como figuras de la Iglesia y sobre los cuales hay una tesis doctoral en marcha. De ser unos santos locales de extraordinario valor, aparecerán en los calendarios locales hasta época muy tardía como sabemos. No obstante, la memoria de esa familia cristiana ha quedado impresa en la toponimia de la ciudad de Cartagena.
En cuanto al posible culto a la Virgen del Rosell tenemos que apoyarnos en la tradición pues casi toda documentación escrita ha desaparecido. Una apoyatura importante la tenemos en el hecho de que la primigenia imagen que todavía se conserva es de indudable talla bizantina69.
Todas las referencias a su culto se refieren a ella probablemente como uno de los cultos más antiguos a María en la Región. Sirva a modo de ejemplo el siguiente documento: …cuya aparición querida es
de años tan antiguos y aún de algunos siglos que han borrado y perdido los papeles de las circunstancias de su aparición, pero no su feliz memoria, pues ésta se ha conservado siempre en sus nobles corazones, siendo heredada de unos ancianos a otros y de padres a hijos. Tiénese pues, por tradición antiquísima y constante, haber venido esta celestial imagen sobre las aguas del mar y haberse parado en dicho puerto….70.
Las gentes de Cartagena guardan también la memoria de San Férreolo, otro santo del siglo VI como lo prueba el hecho de la existencia de una antigua ermita dedicada a su culto y que hoy se encuentra prácticamente desaparecida.
La figura de San Ginés de la Jara hay que vincularla de manera indudable, con el culto que se establece en las proximidades de la costa cartagenera en tiempos de la iglesia visigoda. Los datos que conocemos así parecen plantearlo desde varias perspectivas.
En primer lugar hay que decir que el centro del posible culto es un lugar sacro ya desde la antigüedad. El paraje relacionado con la minería y con asentamientos prehistóricos probablemente tuvo cultos relacionados tanto con la rica e importante actividad minera como con sus continuos moradores. El denominado Cabezo de San Ginés tuvo como topónimo el de Monte Miral y en sus distintos estudios, sobresale la conclusión de que en él pudo existir un antiguo lararium romano71 en donde obviamente existía un culto a los dioses lares. El ascetismo y la posible existencia de monjes en tiempos de la iglesia de los períodos bizantino y visigodo, tienen en este marco un lugar extraordinario donde desarrollar su vida
65Sobre el tema, bibliografía y análisis, véase GÓMEZ VILLA, A., Presencia arqueológica del…op. cit. p. 71/73.
66De manera que además de la existencia de las comunidades cristianas en torno a los núcleos de Algezares, la Alcudia, El
Monastil, el Tolmo, la Almagra; aparecen numerosos restos de simbología cristiana en forma de fragmentos de