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METHODS OF ASSESSING STEM STRAIGHTNESS AND BRANCH DIAMETER IN TREE BREEDING

3.3 Objective methods of measuring stem straightness

Retomando el hilo de lo desarrollado en el apartado introductorio de este mismo capítulo, es necesario actualizar los ensayos de Baudrillard, Lipovetsky y tantos otros. Ciertamente, el sistema capitalista es dúctil y maleable, adaptándose a las nuevas demandas, pero aún es más evidente que, a través de la rigidez de su imparable voracidad, también él modula y direcciona el campo donde se desarrolla.

Llegados a los 90, el sistema de mercado había sido capaz de satisfacer las necesidades de expresión de un individualismo centrado en una identidad cultural. Esta identidad- marca requería toda una parafernalia de objetos para ser enarbolada, y ya encaminaba toda su dinámica hacia el ideal de imagen. No obstante, dada la facilidad de acceso al objeto (materia prima y obra de mano barata), la saturación podía tenerse por seguro. Junto a los otros elementos (seducción, deflexión…), la dinámica producción-consumo, fue basculando la importancia del objeto hacia el mismo acto de producción-consumo. El foco de atención pasó a la experiencia, permitiendo, de esta manera, amplificar y diversificar las posibilidades del mercado. Hoy consumimos, y la producción va hacia el mismo camino, para experimentar. Una experiencia relacionada con la imagen narcisista y, justo por ello, una experiencia que busca, en cada acto, la sensación de omnipotencia y de placer. La sensación de omnipotencia, aunque la desarrollaremos más adelante, la resumimos aquí como la expresión, modulada su manifestación e intensidad por el sistema, de poder. A través del mercado, manifestamos nuestro poder. Un poder concretado en la posibilidad de manifestar y reflejar una imagen a través de la cual conseguir cierto reconocimiento. Por otra parte, esta sensación de placer que se concreta con una manifestación, busca emular lo orgásmico. Breve, intensa y transcendental. Una experiencia que permite, al sujeto que la experimenta,

desconectarse de su realidad y ser transportado a una fantasía de ensueño, poder, juventud y eternidad. Una experiencia efectuada y realizada a través de las sensaciones, de lo físico. Producimos para llegar a ser una imagen, consumimos para dejar de ser. Además, en el acto de consumo o producción, no sólo se busca hacer emerger las sensaciones relacionadas con el placer orgásmico o con las de la omnipotencia, también el acto es buscado y vivido como una posibilidad abierta para experimentar. Un campo fértil donde poder jugar, intercambiar o probar a desarrollar y vivir diferentes roles e identidades. Es aquí cuando se hace más evidente la polifonía de imágenes en baile y el aburrimiento por el mantenimiento de una identidad fija. En la movilización de nuestro deseo y de nosotros mismos, la parcelación y segmentación de nuestras vidas facilita que, en cada parcela, podamos vivir, pensar y actuar según lo marcado por las reglas del campo. Esta aparente libertad del mostrarnos y del experimentar es el anzuelo que alimenta nuestra movilización, permitiendo alimentar nuestra propia vanidad a través de la imagen y del consumo-producción.

Nuestra propia esfera privada ya no es una escena en la que se interpele una dramaturgia del sujeto atrapado tanto por sus objetos como por su imagen, nosotros ya no existimos como dramaturgo o como actor, sino como terminal de múltiples redes132.

                                                                                                               

4.4.3.3. Seducción.

Una lógica que sigue un camino, que ha impregnado todo y que al hacerlo, realiza una socialización suave, tolerante, dirigida a personalizar o psicologizar al individuo133.

La seducción es un elemento que ha sido ampliamente descrito y analizado por Lipovestky134. Un elemento presente desde los inicios del Capitalismo. Sin embargo, sin

querer extendernos en su definición y caracterización, que compartimos con el filósofo francés, sí añadiremos que no se puede entender este elemento sin pensarlo como el ambiente que permite arropar la implacable y totalizadora dinámica del Capital, convirtiéndolo en un contexto que permite hacer posible la auto-realización, entendiendo ésta como aquella meta social promulgada por el sistema como la idónea y, en nuestro presente, lo veremos a continuación, el goce por la vida o por un narcisismo hedonista. La seducción es, entonces, la indispensable vaselina135, el marketing que

transforma una vida-fuerza de producción-consumo en una vida auto-movilizada hacia una auto-realización en consumo. La seducción es expresión y catalizador del bio-poder.

¿Y si todo funcionara con la seducción?

Es aquello a lo que no se puede dejar de responder, mientras que sí es posible no responder al deseo. Nos arrastra más allá de la ley del cambio, más allá de la equivalencia, en una puja que no puede tener fin. El desafío, la seducción, son lo que, mucho más allá de la teoría del placer, nos arrastran más allá del principio de realidad136.

                                                                                                               

133 LIPOVETSKY, G., La era del vacío: ensayos sobre el individualismo moderno. O. c. p. 22. 134 Ídem.

135La seducción aparece en signos vacíos, insolubles, arbitrarios, fortuitos, que pasan ligeramente de lado, que modifican el índice de refracción del espacio. BAUDRILLARD, J., El otro por sí mismo. O. c. p. 51.

4.4.3.4. Imagen.

La identidad se convierte en imagen y lo que emerge para sostenerla y plantear continuas estrategias de marketing es un narcisismo rampante. Y andamos aquí. Esto es todo lo que tenemos, lo que nos queda. Una proyección de nosotros, una imagen. Mediatizada, consumible, esporádica y volátil. Justamente por creer que es lo único que tenemos y, también, lo único que nos salva, desplazamos ingentes cantidades de tiempo y energía para sostenerla. Es la única estrategia que, de nuevo, tras las apariencias, luce como libertad, como opción de crecimiento, desarrollo personal y logro. Aquí radica la dificultad del cambio, ya que muestra, de manera fehaciente como la predicción de algunos situacionistas se ha hecho realidad: la alienación es total y se hace difícil poderla comparar con algún ámbito que permita denunciarlo. Nuestra libertad se ha convertido en una imagen.

Y, si de verdad la alienación se extiende tanto al tiempo de trabajo como al de ocio, existe el peligro de que se convierta en algo totalmente carente de sentido, ya que no hay nada con lo que compararla ni nada en relación a lo cual se pueda definir137.

Sin embargo:

Hay una verdad en el proceso de la alienación: nada de lo que se nos enajena cae en un circuito indiferente, en un mundo exterior, respecto del cual somos libres, no es que suframos únicamente nuestro haber por cada desposesión y que continuemos disponiendo siempre de nosotros mismos en nuestra esfera privada y permanezcamos intactos en el fondo de nuestro ser (…) La alienación va mucho más lejos. No

                                                                                                               

podemos sustraernos a la parte de nosotros que se nos escapa. El objeto (el alma, la sombra, el producto de nuestro trabajo) se venga. Todo aquello de lo que hemos sido despojados sigue estando ligado a nosotros pero negativamente, es decir, nos atormenta. Esa parte de nosotros, vendida y olvidada, aún forma parte de nosotros o, más precisamente, es la caricatura, el fantasma, el espectro, que nos persigue, nos prolonga y se venga138.

La imagen es, también, un elemento de nuestro presente que podríamos hacer extensible a momentos anteriores. No obstante ello, la finalidad y naturaleza de esta imagen ha cambiado. No se trata de una imagen proyectada por una identidad sólida que busque la aprobación social o el deslumbrar. La particularidad de esta imagen es que es sólo imagen, sólo pantalla y, como tal, no posee un centro coordinador al que rendir coherencia. Se trata, antes bien, de una imagen que funciona según parámetros móviles, hedonistas y externos, y que puede ser comprendida desplegando y actualizando el conocido mito de Narciso. Ser máquina es nuestro objetivo, nuestra proyección.