2. LITERATURE REVIEW
2.6 Amalgamation of research topics and research gap
2.6.1 Conflict between knowledge sharing and information security
FILOSOFÍA Y THEOPHILÍA
Instalado de nuevo en Londres, en la embajada francesa sita en Salisbury Court, entre Fleet Street y el Támesis109, Bruno frecuentó los ambientes intelec-
108 En este sentido las posiciones de Rainolds serán objeto
del más feroz sarcasmo por parte de Bruno en los diálogos, en especial en la Expulsión de la bestia triunfante y sobre todo en la Cábala del caballo Pegaso. Véase Granada, Giordano Bruno y la reivindicación de la fi losofía, cit., cap. V («Erasmo y Bruno: de la Philosophia Christi a la Filosofía»).
109 Podemos aceptar este resultado de la investigación de
John Bossy. Véase su obra Giordano Bruno and the Embassy Affair, New Haven-Londres, 1991, pp. 10 ss. En cambio, por lo que se refi ere a su tesis básica, de un Bruno espía en la embajada francesa a sueldo del secretario de Estado Francis Walsingham, creemos deber reafi rmar lo que decíamos en la Introducción a De l’infi ni, BOEUC IV, pp. XIII-XVII. Solamente recordaremos que —independientemente de la simpatía de Bruno por Isabel de Inglaterra, por su política religiosa y en general de su valora- ción de la reina como monarca capaz de llevar a cabo una «nue- va alianza» entre poder y fi losofía sometiendo la religión a su función de instrumentum regni— el episodio «eucarístico» con que concluye el segundo diálogo en la primera versión de La cena (suprimido en la versión defi nitiva probablemente por indi- cación del mismo embajador francés; véase infra, Apéndice II, pp. 325-327 y nuestro artículo cit. supra nota 29) difícilmente
INTRODUCCIÓN LXXIX tuales londinenses, más gratos y afines a su pen- samiento: el ambiente, de la mano del embajador Michel de Castelnau, de la aristocracia cortesana, profundamente influida por la cultura renacentista italiana (poesía de inspiración petrarquesca y filoso- fía platonizante); probablemente también el am- biente y los círculos de la «ciencia londinense», abierta a los nuevos rumbos de la ciencia y en parti- cular de la cosmología y astronomía. Si en el primer permite pensar, dado su carácter de burla apenas encubierta del sacramento y en general del misterio de la redención cristiana, que Bruno pudiera ejercer simultáneamente de sacerdote con plenas funciones en la embajada y ser por tanto la misma perso- na que el «topo» Henri Fagot. El propio Bossy reconoce el ca- rácter «ofensivo» del pasaje (cfr. p. 149: «it is not plausible to suppose that he put in the drinking-scene as a piece of protecti- ve camoufl age: it was hardly less offensive to Catholic than to Protestant sensibilities about the eucharist, and he cannot have thought that it would do anything for his reputation as a Catho- lic priest. Indeed I should guess that one of his reasons for su- ppressing it, I imagine on Castelnau’s advice, was precisely that it did not»), pero no ve en ello ninguna difi cultad para su tesis: «while he [Bruno] was in Salisbury Court, he functioned as a priest and was, indeed, the embassy chaplain. He said mass, heard confessions and presumably administered other sacra- ments [...] performed such other rites (as those of Ash Wednes- day) as were called for», p. 79. Asimismo, la versión defi nitiva del diálogo segundo (véase infra, pp. 113-115) introduce un pa- saje bastante sarcástico sobre el sacramento de la penitencia que tampoco era muy compatible con la plena función sacerdotal que Bossy atribuye a Bruno. Sobre la valoración bruniana de Isabel de Inglaterra véase M. Á. Granada, Giordano Bruno. Uni- verso infi nito, union con Dios, perfección del hombre, cit., pp. 194- 196 y muy especialmente G. Sacerdoti, Sacrifi cio e sovranità. Teologia e politica nell’ Europa di Shakespeare e Bruno, Turín, 2002, caps. II-VI, así como nuestra Introducción a Des fureurs héroïques, 2.ª ed., BOEUC VII, pp. CXXVII-CXXXVI.
LXXX MIGUEL Á. GRANADA
caso el nombre que primero viene en mientes es el de Sir Philip Sidney (nombrado en La cena, p. 101 y a quien posteriormente dedicará Bruno el Spaccio y los Eroici furori), en el segundo, aparte de Matthew Gwinne (médico que tiene un cierto papel en La
cena; cfr. pp. 79 y 299), parece necesario introducir el
nombre de Thomas Digges, astrónomo y matemáti- co, autor —además de un tratado sobre la nova de 1572 en Casiopea: Alae seu scalae mathematicae (Londres, 1573), en el que ya se hacía profesión abier- ta de copernicanismo realista— de un opúsculo en inglés titulado A Perfit Description of the Caelestiall
Orbes according to the most aunciente doctrine of the Pythagoreans, latelye reuiued by Copernicus and by Geometricall Demonstrations approued (Londres,
1576), en el cual a la adopción de la cosmología co- pernicana de un Sol central y de una Tierra planeta- ria se sumaba la explícita afirmación de la extensión infinita «hacia arriba» de la esfera de las fijas en tan- to que sede de Dios, de los ángeles y de los bienaven- turados, puesto que «whose [de Dios] infinit power and maiesty such an infinit place surmountinge all other both in quantity and quality only is conue- niente»110. Es verdad que Bruno no menciona nunca
110 T. Digges, A Perfi t Description..., editado en F. R. John-
son y S. V. Larkey, «Thomas Digges, the Copernican System, and the Idea of the Infi nity of the Universe in 1576», The Hun- tington Library Bulletin, V, 1934, pp. 69-117 (el texto de Digges en pp. 79-95 y nuestra cita en p. 89 [hay traducción española: «Una perfecta descripción de las esferas celestes...», en N. Co- pérnico, T. Digges y G. Galilei, Opúsculos sobre el movimiento de la Tierra, trad. de A. Elena, Madrid, 1983, pp. 45-69: 61). Sobre Digges y Bruno véase M. Á. Granada, «Bruno, Digges, Palinge- nio: omogeneità ed eterogeneità nella concezione dell’ universo
INTRODUCCIÓN LXXXI el nombre de Digges (ni en los diálogos londinenses ni con posterioridad en su obra latina; también es verdad que sólo menciona a Ficino una sola vez en toda su obra, en un pasaje intrascendente del De mo-
nade de 1591), pero resulta difícil pensar que nunca
en Londres —ante la curiosidad que en los círculos aristocráticos suscitaba «su Copérnico y otras para- dojas de su nueva filosofía»111— se hubiera encon- trado personalmente con Digges o al menos se le hu- biera hecho conocer las posiciones cosmológicas de éste, aparentemente tan cercanas a las suyas, tanto más cuanto que A Perfit Description era una obra actual (había sido reeditada en 1578 y en el mismo 1583) y su autor, protestante bastante zelota, forma- ba parte del entorno de Robert Dudley, conde de Leicester, a quien dedicó el tratado de ingeniería mi- litar Stratioticos, publicado en 1578, y con quien Bruno se esforzaba por estrechar lazos112. Nosotros pensamos que es muy probable que en el elogio del Nolano de La cena (pp. 47-53) Bruno presente su propio copernicanismo infinitista con sus implica- ciones teológico-religiosas de carácter inmanentista y necesitarista (y con su dimensión epocal de reivin- dicación de la filosofía y «liberación» de la humani- infi nito», Rivista di storia della fi losofi a, 47, 1992, pp. 47-73; Granada, «Thomas Digges, Giordano Bruno e il copernicanesi- mo in Inghilterra», en M. Ciliberto y N. Mann, eds., Giordano Bruno 1583-1585. The English Experience/ L’esperienza inglese, cit., pp. 125-155.
111 Cena, p. 37. Son palabras que Bruno atribuye, por me-
diación de John Florio y Matthew Gwinne, a Fulke Greville, amigo de Sidney y anfi trión de la discusión en torno a Copérni- co narrada en el primer diálogo londinense.
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dad frente a las nefastas consecuencias morales del error aristotélico-cristiano) no sólo contra la falsa cosmología aristotélica, sino también contra la ver- sión diggesiana del copernicanismo, esto es, contra una inserción del copernicanismo en los viejos mol- des del platonismo cristiano de un Ficino y de un Palingenio, con su concepción jerarquizada de la cosmología y de la ontología, la consiguiente tras- cendencia de la divinidad y del Paraíso y la conser- vación de la escatología cristiana113.
En Londres recibió Bruno la invitación de Sir Fulke Greville («caballero escudero real», según la primera redacción del diálogo primero de La cena; «escudero real», según la versión definitiva)114 de presentar y discutir su versión de Copérnico y en ge- neral su «paradójica nueva filosofía». La cena pre- senta por un lado, en el diálogo primero, la invita- ción como realizada por la mediación de dos amigos
113 Véase Granada, «Thomas Digges, Giordano Bruno e il
copernicanesimo in Inghilterra», cit., pp. 146 ss. Sobre la adhe- sión de Digges a las expectativas escatológicas de la Europa cris- tiana contemporánea, refutadas por Bruno, véase Granada, «Cálculos cronológicos, novedades cosmológicas y expectativas escatológicas en la Europa del siglo XVI», cit., pp. 398-404, 412 s.,
así como nuestra Introducción a Des fureurs héroïques, 2.ª ed., pp. XXX-XXXII. Volveremos más adelante en el curso de esta Introducción sobre estas importantísimas cuestiones. Para una alusión crítica tácita a Digges en el De immenso et innumerabili- bus de 1591 véase Granada, «Thomas Digges, Giordano Bruno e il copernicanesimo in Inghilterra», cit., pp. 143 s. y más recien- temente D. Tessicini, «“Attoniti... quia sic Stagyrita docebat”. Bruno in polemica con Digges», Bruniana & Campanelliana, V, 1999, pp. 521-526. Más adelante veremos otras posibles referen- cias a la Perfi t Description en el curso de La cena.
INTRODUCCIÓN LXXXIII de Bruno, John Florio y Matthew Gwinne, los cua- les «estando el Nolano en la residencia del ilustrísi- mo embajador de Francia [...] le dijeron lo mucho que esa persona deseaba hablar con él, especialmen- te por el deseo ardiente que tenía de conocer los ar- gumentos a favor del movimiento de la Tierra y otras paradojas que él sostenía firmemente, aña- diendo a ello que dicho caballero estaba muy deseo- so de conocer las ideas de Copérnico»115; por otro, en el comienzo del diálogo segundo, como realizada personalmente por el mismo Fulke Greville, el cual habría fijado la fecha de la reunión: «Entonces el se- ñor Fulke Greville le dijo: “Por favor, señor Nolano, hacedme saber las razones por las que pensáis que la Tierra se mueve” [...]. El miércoles próximo, dentro de ocho días, que será precisamente el miércoles de ceniza, estáis invitado junto con muchos nobles y doctos personajes, a fin de que después de comer se discuta de diversos y hermosos temas»116.
De acuerdo con este dato se ha estimado siempre que la reunión en casa de Greville tuvo lugar el miér- coles de ceniza de 1584, esto es, el 15 de febrero se- gún el nuevo calendario gregoriano implantado por bula pontifical en 1582. Recientemente, no obstante, John Bossy ha estimado razonablemente que Grevi- lle debió de realizar la invitación de acuerdo con el viejo calendario juliano todavía vigente en Inglate-
115 Cena, p. 299. La redacción defi nitiva (p. 37) es más vaga,
omitiendo la referencia a la embajada de Francia, de acuerdo con lo que parece ser uno de los rasgos de la revisión, tendente a difuminar la relación de la embajada con los acontecimientos narrados en la obra.
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rra, lo cual retrasa la fecha (teniendo en cuenta que el miércoles de ceniza era festividad móvil) al 4 de marzo (14 en el nuevo calendario)117. El lugar de la reunión y discusión era lógicamente la mansión de Fulke Greville (concretamente sus apartamentos en Whitehall) y a ese lugar ciertamente hace La cena trasladarse a Bruno en el diálogo segundo118.
Hemos de señalar, no obstante, que Yates y Gos- selin-Lerner han sido siempre de la opinión —apo- yándose en la declaración de Bruno en 1592 con ocasión del proceso veneciano119 y de acuerdo con su tendencia a ver en La cena no sólo una discusión real en torno a la cena eucarística por mediación de la metáfora copernicana, sino la celebración misma del sacramento en el marco de la misa católica— de que la reunión, que ellos tienen por efectiva e histó-
rica, tuvo lugar en la embajada francesa120. Pode- mos, sin embargo, teniendo en cuenta la real dimen- sión del copernicanismo bruniano y la real opinión
117 Véase Giordano Bruno and the Embassy Affair, cit., pp. 43
ss. Como se sabe, el calendario gregoriano no fue adoptado por Inglaterra hasta el siglo XVIII. No es, pues, una simple conjetura
de Bossy, sino prácticamente una certeza.
118 Cena, pp. 79 y 119; cfr. 323-325 (primera redacción). 119 Véase la Quinta deposición de Bruno (Venecia, 3 de junio
de 1592; Doc. 15) en G. Bruno, Documents I. Le procès, Intro- ducción y texto de L. Firpo, Traducción y notas de A.-Ph. Se- gonds, París, 2000, p. 117: «perché questa disputta io feci in In- ghilterra in una cena che si fece il giorno delle Ceneri, con alcuni medici, in casa dell’ ambasciator di Francia, dove io stava, io intitolai questi dialoghi La cena delle Cenere».
120 Véase Yates, Giordano Bruno and the Hermetic Tradition,
cit., p. 254; para Gosselin-Lerner, véase su traducción, The Ash Wednesday Supper, cit., p. 56, nota 43 y Gosselin, «“Doctor” Bruno’s Solar Medicine», cit., pp. 212 y 219.
INTRODUCCIÓN LXXXV de Bruno en torno al sacrificio eucarístico, conside- rar que no hay motivo para cuestionar la narración bruniana. Tampoco lo hay para aceptar la reciente sugerencia de Bossy, en el marco de su tesis del Bru- no sacerdote católico full time en la embajada fran- cesa, de que el debate —de haberse producido— tuvo lugar en la embajada, donde Bruno habría celebra- do en calidad de sacerdote el rito del memento pro- pio de la festividad del miércoles de ceniza121.
En cualquier caso, parece que no hay motivo para dudar de que el debate copernicano tuvo lugar y se celebró en la residencia de Fulke Greville. No nos parece muy probable que Bruno ambientara una discusión tan delicada y conflictiva como la que re- lata la obra, con unos antecedentes inmediatos ade- más tan polémicos como los descritos en el diálogo segundo, en la residencia de un noble inglés, si todo ello no respondía a una celebración real en dicho lu- gar. Pensamos por ello que no hay motivo para du- dar de la celebración de un debate en torno a Copér- nico en la residencia de Greville en la tarde del miércoles de ceniza de 1584 (seguramente el 4 de marzo según el calendario juliano / 14 de marzo se- gún el nuevo calendario gregoriano, recientemente promulgado en 1582). Otra cosa es en qué medida en la narración del debate copernicano (que tiene lu-
121 Véase Bossy, Giordano Bruno and the Embassy Affair,
cit., pp. 107 y 172. Aceptando que un debate en la embajada se- ría lo más verosímil de toda la historia, Bossy parece inclinarse, con algunas oscilaciones, hacia el carácter fi cticio de toda la obra: «the whole sequence of events takes roughly three weeks, from about Sexagesima Sunday to about the second Sunday in Lent. All these events, including the last, are fi ctional», p. 43.
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gar en los diálogos tercero y cuarto de La cena) Bru- no altera el curso real del mismo, incorporando por ejemplo motivos procedentes de la reciente experien- cia oxoniense: bien temas puntuales, como, por ejem- plo, el lugar concedido al alma inteligente como principio del movimiento; bien la figura misma de los antagonistas en la forma de «doctores oxonien- ses» partidarios de la cosmología geocentrista. La caracterización de éstos, con su completo antagonis- mo con respecto a Bruno, tiene mucho de literario y artificial, desde su asimilación al «pedantismo» de Prudencio en una materialización de la convergencia de la «filosofía vulgar» o pseudofilosofía aristotélica con el verbalismo y retoricismo del humanismo, por oposición al planteamiento intelectualista y estricta- mente filosófico del Nolano, hasta la visualización de dicho antagonismo en la forma de la apariencia suntuosa de los doctores oxonienses (con su ostento- sa vestimenta académica y sus joyas respectivas: los muchos anillos de Nundinio y el collar de oro de Torcuato), opuesta a la sencilla y descuidada indu- mentaria de Bruno: «Ese individuo [Torcuato] [...] tras haber contemplado su cadena de oro [...] y ha- ber mirado a continuación el pecho del Nolano don- de habría podido faltar más bien algún botón»122. Obviamente, Bruno expresa en la contraposición que de sí mismo hace con los doctores oxonienses la
122 Cena, pp. 203-205. Cfr. la presentación de los dos docto-
res oxonienses en la obertura de la obra: «Hombres selectos, de larga toga, ataviados de terciopelo. Uno de ellos llevaba al cuello dos cadenas de oro luciente y el otro, ¡por Dios!, con aquella preciosa mano en la que había doce anillos en dos dedos, pare- cía un riquísimo joyero», pp. 27-29.
INTRODUCCIÓN LXXXVII oposición estructural e histórica entre la verdadera filosofía (ejercicio del intelecto) y la falsa filosofía o pedantismo (verbalismo y sensualismo que han su- plantado en el ciclo histórico aristotélico-cristiano a la auténtica filosofía, la cual retorna por medio de la restauración copernicana del movimiento de la Tierra), caracterizando a ambos extremos como si-
lenos: a la pseudofilosofía o pedantismo como sile- nos invertidos (los «sileni praeposteri» de que habla-
ba Erasmo en el adagio Silenos de Alcibíades) de lujosa apariencia y vaciedad interna —auténticos «muertos en vida» porque en ellos lo que propia- mente define al hombre, el intelecto, está inacti- vo123—; a la filosofía (Bruno Nolano mismo) como «sileno auténtico» de apariencia carente de valor e incluso voluntariamente descuidada, pero conte- niendo en su interior el oro de la sabiduría o la «luz del intelecto» activo y despierto. No cabe duda, en efecto, de que Bruno se presenta a sí mismo como encarnación de la Filosofía (que vive en el intelecto, pudiendo tolerar la falta de un botón en su indu- mentaria externa), a través de su tácita equiparación con Sócrates, a quien Platón había hecho ejemplo vivo de la Filosofía, en diálogos como El banquete y el Teeteto, precisamente a través de su caracteriza- ción como «sileno [auténtico]»124.
123 Véase Cena, pp. 59, 75, 203, 217-219.
124 Vale la pena señalar que en la famosa carta de Giovanni
Pico a Ermolao Barbaro de junio de 1485 hallamos una referen- cia a Sócrates como sileno en los siguientes términos: «[...] ac si quem in Socrate de moribus docente offendat, aut laxus calceus, aut toga dissidens et sectum prave stomachetur ob unguem», I. Picus Mirandulanus, Opera omnia, Basilea, 1572, p. 355; cursiva
LXXXVIII MIGUEL Á. GRANADA
El debate en torno a Copérnico es narrado en La
cena por el propio Bruno, a través de su alter ego
Teófilo125, en el seno de una conversación que en cin- co días sucesivos mantiene con otros tres personajes, entre ellos el pedante Prudencio, que da pie a nuevas contraposiciones entre la auténtica filosofía (Bruno) y su subversión silénica en la cultura contemporá- nea. Estas conversaciones constituyen sin duda una ficción, aunque pueden recoger acaso motivos de conversaciones tenidas por Bruno. Si Bruno no ex- plicita el lugar de las mismas126, es en cambio bas- tante cuidadoso a la hora de determinar su relación cronológica con el encuentro en casa de Fulke Gre- ville: «Entonces, para empezar y narrar el asunto desde el principio —dice Teófilo en el primer diálo- nuestra [«no de otro modo que si a alguien oyendo a Sócrates di- sertar sobre las costumbres, le disgusta el calzado mal ajustado, o la toga caída, o las uñas mal cortadas», trad. de L. Martínez Gómez en Pico de la Mirandola, De la dignidad del hombre, con dos apéndices: Carta a Hermolao Barbaro y Del ente y el uno, Madrid, 1984, p. 150]. Es tentador ver en la falta de un botón en la indumentaria de Bruno la adaptación a la vestimenta de la época de la «toga dissidens» que Pico —inspirándose en Horacio