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i Pérdida de vigencia de la cualidad de la tarea social intergeneracíonal J

transmisión de ideales y valores: ....

a) religiosos, b) filosóficos, c) culturales, d) estéticos, e) políticos f) ético« v

morales, g) existencíales. ' r |

c¡cm “ 'nversi° n de, la deuda simbólica y culpa. (Los padres, frustrados en su n » n , sismo, dependen afectivam ente de sus hijos/as. El híjo/a enseña al padre El luí»/« no quiere parecerse al padre).

- El mundo adulto aparece como peligroso y no protector.

♦ ~ Transformacion de los roles y funciones paternos y maternos y de las mi»» sentaciones sociales sobre parentalidad:

™ i a) El ro1 Paterno tradicional relativo a encarnar la ley y a disponer su eje< ihHVI a ta a d rS n ktra ^ P6rdÍd° SU v¡9encia- b) El ro1 " « te m o d o s lln J S i i v Z ? 0S en la Vida dom éstica y fam iliar tiene que ... . conciliables enfre s ^ ^ para emal,a de nuevos roles fem eninos a veces diflcilitmn j

- Caída del fenóm eno de autoridad (abdicación y desfallecimiento). - Pérdida de ideales de género.

- Desapuntalamíento respecto del mundo del trabajo.

- Falla de la cadena de ideales del yo (ser adulto ya no es ideal). - Fracaso de la pareja matrimonial y la estructura fam iliar tradicional Estos ejes desde donde abordar la realidad de los adultos y adultas h. .y u miten diferenciar lo que Di Segni llama nuevos tipos de adultos, nacidos (IH tM i que la crisis del adulto clásico no produjo un paulatino avance a un modelo N democrático y maduro de adulto ni a una crianza más equilibrada de lo» nin.i« que sucedió fue que aparecieron nuevos tipos de adultos, con virtudes y .In 'tttf que tomaban lo que querían o podían de lo que se ofrecía como novedo-,n v |„ quedaba com o viejo para criar a sus hijos" (Di Segni, S „ ob. cit.: 59) S«iUfl< autora, siguiendo sus planteos expresados en el texto citado, podrían (liM io o ti ^ tu a im e n te tres grandes tipos de adultos/as6: a) los adultos/as

tradición

... M adultos/as adolescentes y c) los adultos/as inseguros/as.

A 9randes rasgos, y siguiendo sus planteos, encontram os que l<m

tradicionales no innovan o lo hacen lo menos posible debido a su fuerl«» i . .miM conservadora.

6 Como se verá las categorías propuestas son. en exceso esquemáticas si hlon I.. mu

S ra rtírM ir 8n rea"d.ad 10 que encontramos son diversas combinaciones de ellas. L., ,i„ m Mh| características que referimos es puntualmente la que propone Di Segni.

Despliegan un culto a la formalidad y a la rutina y se aferran a la idea de que mi >en qué hacer con su vida a la vez que repiten fuertemente el modelo adulto de •ais padres y se sienten culpables de expresar sentimientos negativos hacia ellos.

Respecto de sus hijos/as están casi siempre a contra-corriente. Algunos de sus inocamsmos de defensa están al servicio de la ilusión de congelar el tiempo de forma n ne9ar los cambios, regidos por un deseo de estabilidad perfecta. No desarrollan •u creatividad, en tanto apuestan a su capacidad de esfuerzo y responsabilidad jlnfondidos a ultranza como verdaderos valores. Disimulan bajo una fachada de piolijidad” las conductas que no consideran viables socialmente (homosexualidad ••■t u iones extra-matrimoniales, adicciones, etc.).

En cuanto a las relaciones de género, sostienen los roles tradicionales para Im ubres y mujeres. Pueden caer en el autoritarismo intentando sostener un modo * •• V I,Jn que no encuentra eco entre los jóvenes y otros adultos, corriendo el riesgo

H» ll.-gar al extremo de ejercer violencia familiar. Como aspecto positivo la autora •«Anln la posibilidad de proporcionar un marco claro y explícito a sus hijos/as.

LOS adultos/as adolescentes reniegan de ser adultos/as en tanto en su adoles-

mii.i desplegaron la rebelión y rompieron la brecha generacional. Se sienten em- ■iMtiiillcos/as de esta época. No aceptan ubicarse en un lugar diferente al de los/as

|‘ '*• Son aquellos y aquellas que recurren a gimnasias, dietas, modas juveniles •llMionta, forma de hablar, hábitos sociales, etc.); m uchos/as se orientan hacia PVlmlontos new age. Renuncian a la autoridad y renuncian de palabra al poder i" ln « jtrce n y, en general, tienen conflictos con las figuras de autoridad y con sus iIhim y madres a quienes desautorizan.

| flu x ió n caer en la demagogia de tratar a sus hijos/as como iguales. El grado l( lin /u a ocupar el rol adulto es variable, pudiendo encontrarse los siguientes

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‘ 0 Ponen algunos limites. Se hacen cargo de su responsabilidad econó­ mica. Establecen alguna organización familiar. Mantienen un vínculo de complicidad y comunicación fluida con los/as jóvenes.

ii) Se mimetizan con los/as adolescentes en la ropa, las costumbres, los gustos y el cuerpo.

■<) No han dejado de ser adolescentes. Arrastran crisis de identidad, voca- • lunales, laborales y afectivas más allá de los 40 años.

«#|in<!to positivo de los adultos/as adolescentes lo constituye la posibilidad nw»iar una bueoa com unicación y el reconocimiento de los derechos del niño

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» rtilliltos/as inseguros se preguntan constantemente qué es ser adulto/a. hH*w«in iln su lugar de adultos/as ni imitan a sus padres y madres, para lo F " MM

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consejos

de profesionales y libros

de

autoayuda buscando definir

Presentan fuertes contradicciones en relación a los/as jóvenes (oscilan de un extremo a otro) evidenciando fuertes conflictos referidos a su poder y autoridad Uno de los efectos de esta situación es que temen enojarse porque temen perder al amor de sus hijos/as, de todos modos su inseguridad genera violencia en sus hijos/ as jovenes y niños/as. Forman grupos familiares basados en un dudar permanente sobre qué hacer, variando mucho en las soluciones, aunque respecto de la relación entre los géneros tienden a igualar las responsabilidades de hombres y mujeres. Su aspecto más negativo es caer en parálisis y confusión ante la toma de decisiones y viven con un grado de estrés significativo. Como positivo se destaca que dudar le» permite pensar y repensar sus acciones, lo que facilita la adaptación a situaciones diferentes. Esta condición bien instrumentada permite transm itir a los/as jóvenes una capacidad crítica positiva.

Según nuestra perspectiva parece ser que las transform aciones en la subju- tividad adulta, producto del impacto de las variables socio-históricas en juego, han modificado este periodo de la vida en un trayecto m ulti-direccional más rico, ma;. complejo y más critico respecto de lo que les tocó vivir a generaciones anteriores Si acordamos con Freud que la salud tiene bastante que ver con la posibilidad do amar y trabajar, caemos en la cuenta de que estas dos categorías son cada vez má» difíciles de sostener en el mundo que hoy habitamos los adultos y adultas. En rela­ ción a lo anterior, nos encontramos como nunca antes jaqueados por nuevas forma» de organizar, adm inistrar y vivenciar el vínculo de pareja. Contamos con suficiente evidencia como para plantearnos que estamos asistiendo a un:

“(...) aumento de uniones consensúales; postergación de la edad para ca* sarse; pérdida de popularidad del casamiento civil, ni que hablar del religioso, y reemplazo por uniones de hecho, sin papeles, sobre la base del amor 'confluento (Giddens, A., 1992), contingente, con igualdad de los cónyuges en el dar y recibir amor y placer sexual: proliferación de bodas de novias embarazadas, de hijos ox* tramatrimoniales, de separaciones y divorcios, de parejas que eligieron no tenor hijos, de mujeres solteras que, en cambio, eligieron tenerlos y criarlos solas, do hogares formados por parejas homosexuales o por parejas heterosexuales qno adoptaron uno o dos hijos, de familias formadas por una madre y sus hijos,

sin

padre conviviente, de otras formadas por padres separados, que comparten lo

tenencia de sus hijos y conviven con ellos en sus respectivos domicilios la mii.nl de la semana, de hogares formados (muchos menos) por un padre y sus hijos

sin madre conviviente, de hogares 'ensamblados' o 'reconstituidos', de hogarol encabezados por mujeres que son las principales proveedoras económic.i-. de familias con hijos engendrados por fecundación asistida por una probeta en lugar de una cigüeña” (Wainerman, C., 2003: 12).

Estos contundentes datos nos llevan a incluir el fenóm eno de la ruptura d» pareja como un elemento significativo para com prender la adultez hoy. “La difusión de la práctica del divorcio en los sectores medios de la población, y de las segunda» o terceras uniones conyugales, implica un profundo cam bio de costumbres cuyo» correlatos vinculares requieren estudio y asistencia" (Meler, I., 1999b: 237). Veamo» la progresión que esto ha tenido en nuestro medio:

"En nuestro país el número de divorcios se ha multiplicado (...). La relación entre matrimonios y divorcios era en 1961 de 1 divorcio cada 12 matrimonios (8,3%), en los años 1975-1976-1977 la relación pasó a 1 divorcio cada 5,7 (17.54%) casamientos. Por último el promedio en los años 1989-1990-1991 la cifra de divorcios fue de 1 divorcio cada 2,8 casamientos (36%)" (Gil D v Núñez, S „ 2002: 49).

Esta situación está haciendo tam balear los pilares de la adultez tradicional de mano de las transform aciones en los roles familiares y en las relaciones entre los géneros y las generaciones. El ejercicio de la parentalídad se encuentra directamente •hgnrzado a tales elementos. En un trabajo anterior mencionábamos algunas de t ilf is nuevas problemáticas de la siguiente manera:

Son muchas las paradojas que amenazan a los padres hoy, varios términos del clásico conflicto generacional se han alterado sustancialmente: la deuda simbólica se ha invertido, hoy somos los padres los que necesitamos (tal co­ mo postuló E. Erikson para pensar la adolescencia) una moratoria psicosocial para dar cuenta de qué hemos hecho con el mundo (prácticamente en vias de extinción) que entregamos a nuestros hijos/as: somos los adultos/as quienes aprendemos de los/as jóvenes frente al vértigo tecnológico que inunda nuestra cotidianidad con aparatos, máquinas, etc. en esta cultura del zapping y del video­ clip: bajo la presión del imperativo de la cultura juvenil, la adolescentización y el terror a la vejez, ser adulto/a ya no es ideal ni modelo, los padres quieren parecerse a sus hijos/as" (Amorin, D., 2003a: 118).

I Jado que al parecer los/as jóvenes ya no portan el estandarte de la rebelión w Mullidos al vacio, la incertidumbre y la falta de una visión clara acerca de los

"i y l.i autoridad, son los adultos/as quienes “por momentos, como esta depen­ dí Im do los nuevos valores les produce fastidio, también se ‘rebelan’ contra ellos y - • imbuten diciendo que la juventud actual está perdida, descontrolada y violenta” H f , A,, 2001: 357).

Iodos estos cambios nos enfrentan a nuevas interrogantes: "¿En qué medida M c t posible al padre no renegar de su investidura pero dando nuevos destinos a |nlni, ya no utilizándolo como báculo de dominación y sometimiento, sino como pitln iln creatividad e innovación constructiva?” (Amorín, D., 2003a: 118).

í ¡ I fi (|iió medida le será posible a la madre ejercer sus funciones narcisizantes ■Millnnncia afectiva y sensibilidad receptiva cuando tiene que vérselas con nue-

M»"' quo Iradicionalmente se adscribían al varón y parecían proscriptos para el jpin («'ilumino?

I I «iiiuinlublemente, con esta tendencia -sostenida desde el hedonismo y la cultu- P I* simulación y lo lig h t- a evitar tomar contacto con el espesor de las vivencias

f " ... . en un Jue9 ° de esquives que escamotean al sujeto su protagonismo I W iii'!«. si mismo/a, muchos adultos y adultas buscan elim inar sus emociones ■ H *n ln n como malestar.

|i M i i|uu podemos ver un efecto de medicalización con su corolario de pres­ an •»iHillr.amentosa frente a la vida adulta, realidad a la que nuestro país no

AiImidAs, este fenómeno no es inocuo ni para los adultos/as ni para los/as

jóvenes, generando efectos intergeneracionales complejos en tanto “los hipnóticos, junto con el alcohol y los fármacos ansioliticos constituyen la faceta socialmento aceptada y el modelo identificatorio de automedicación que los jóvenes toman do sus padres al utilizar sustancias psicoactivas" (Ortiz, A., ob. cit.: 362).

Por supuesto que la adicción y el consumo entre los/as jóvenes responde |i múltiples fenómenos, pero parece muy válida la afirmación anterior como forma do acercarnos a la complicidad y sobre-implicación de los adultos/as al respecto.

Son muchos los planos en que:

“(...) los mayores hemos dejado de ser modelos de experiencia o saber; en ol seno de una sociedad que tiene escasos horizontes para su realización personal, los jóvenes no renuncian al am or ni al sexo com partido, aun cuando tam poco so muestran dispuestos a aceptar los ocultamientos y las distorsiones del am or formal del matrimonio. Incluso cuando aspiran al casamiento, trasladan a la experiencia do éste los valores de las relaciones espontáneas y elegidas” (Galende, E., 2001: 19).

En esta época donde todo parece estar en cambio permanente y teñida por la incertidumbre, nos toca - a los adultos y adultas de este inefable siglo X X I- ol desafio de colum piarnos en la tensión inevitable entre pasado y futuro, juventud y vejez, hijos/as y padres, poder y deslegitimación, tradición e innovación, certezas y perplejidades, rebelión y sumisión, desamparo y continencia, sueños y desencanto, autoridad y abdicación, miedo y arrogancia omnipotente, ilusión y desesperanza Esperemos que los/as jóvenes de hoy sean capaces de construirse una adultez menos amenazada.

La crisis evolutiva más paradigmática de la adultez media es la llamada “crisis de la mitad de la vida” , que nosotros preferimos denom inar “crisis de la adulto/ media"7.

7 Para un detallado análisis a este respecto para el caso de los varones, sugerimos consultai

el libro Adultez y mascuUnidad. La crisis después de los 40, do David Amorin editado en el año 2007 por Psicolibros-was/a/a.