2.7 Introduction to Multigrid Procedures
2.7.1 Some basic ideas
m » „.En j S'? b,eVe Cap'tul° sól° e n d o n a re m o s algunos com ponentes de la di- i X S
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13 sm uaM * 1'a sabiendas que eslam os excluyendo J n fí T S e''olu,,''as' P™Pias da aa>e momento del ciclo vital, que hubiesen sido dignas de mención sin lugar a dudas., n a r p r / ! n Ón! T 0 de ‘3 V^ Z 3 eSCala Poblacional (envejecimiento dem ográfico) , nP ® 6n 61 trf nsc- so del Sl9 '° Pasado- En la actualidad la condición subjetiva en este momento evolutivo admite efectos que dan por resultado una interesante í te M riM a " h ¿ ? l eZ m3S dinámica y versátil la forma de transitar esta última se ha vivid J n n d f Un° S 3ñ° S S® S° ' ía repetir “se enveJece como se ha vivido podemos arriesgar el planteo de que tal afirmación es cada vez me nos vigente. Tampoco se puede hoy recurrir al modelo deficitario que imperó como paradigma para definir la vejez hasta no hace mucho.
nn ^ o Cj 0nenL0S ?qUÍ’. SÓI° para recordarl°. que el envejecim iento ha padecido un efecto de medicalizacion con el consiguiente efecto de control y poder sobre los cuerpos y los sujetos (sin que pretendamos desconocer la im portancia que tiene en cualquier época de la vida el derecho a la salud).
ciPn . í S ! n 7 dÍad0S de 13 déC3da del 60 del Si9l° pasad0 co™ enza a construirse científicamente una nueva mirada sobre esta etapa de la vida - a la que no escapa
i r i S i 09'3 - qUe P0ne enfasis en la importancia que tiene el m antenimiento de s o h r ^ . t m! n. C0 faPf !C,° n 3 13 jUbÍl3CÍÓn V 3 laS ne9ativas irr)ágenes sociales
h h* . gerontolo9 ia y psicogeriatria actuales han dem ostrado cómo a los dspectos de declive asociados a fenomenos biológicos, se le contraponen fenómenos psico-sociales que conllevan enriquecimiento y desarrollo.
El aumento de la expectativa de vida y todos los factores que lo provocan han determinado que emerjan dinamismos inéditos para el momento evolutivo de la vejez
r ^ b 9|ad° 3 C° n|StrUirCOleCtivamente nuevas modalidades de intercambios mtergeneracionales simbólicos, imaginarios, afectivos y materiales.
Es evidente en la literatura gerontológica a partir de los 60 un cambio de enfoque que propone para la vejez un estilo de vida positivo, autónomo, saludable activo in cluso impregnado de algunos componentes asociados culturalm ente a la juventud. . . ? er der S4 también el valor significante que ha adquirido el cuerpo en la sociedad occidental, transformándose prioritariamente en un medio que vehiculiza mandatos y valores esteticos y una herramienta para alcanzar placer individual en el marco de una lógica fuertemente hedonista y presentista. Esto hace que en sectores sociales que tienen los recursos materiales para ello, se apele a una parafernalia de disposHivos (quirurg'cos, cosméticos, deportivos, nutricionales, etc.) para intentar evi tar las señales de envejecim iento connotadas como despreciables y vergonzantes
Desde hace un tiempo ha venido transformándose el discurso acerca de la sexualidad y el erotismo en la vejez viendo estos aspectos como una posibilidad concreta y un derecho, incluso alentando a que tal ámbito de la experiencia human. \
siga vigente a esa altura de la vida. Aún asi parece que las representaciones quu circulan por el im aginario respecto de esta actividad siguen, muchas veces, cargadas de prejuicios, rechazo, descalificación, negación, invisibilidad, cuando no de un cierto prurito estético en especial por parte de las generaciones más jóvenes, o incluso la sexualidad en la vejez llega a ser interpretada como perversión.
Contribuye bastante a este respecto lo que Salvarezza traduce como “viejismo" (R. Butler lo acuñó como “ageism"), concepto que da cuenta de com ponentes este reotipados negativos adscriptos a la vejez como ser enfermedad, decrepitud física, apatía sexual y desinterés, trastornos del humor, deterioro intelectual, etc.
“Actualmente el erotismo en la vejez aparece marcado por un rasgo: el silencio, o bien por un discurso que pretende decir pero oculta, como ocurro en la charla médico-psicológica sobre la sexualidad de los mayores, tan fuerte mente deserotizada. O incluso aparece marcado por el chiste, que, desde un.i perspectiva freudiana, surge como síntoma de lo reprimido, lo cual reafirma ®l estigma antierótico que pesa sobre la vejez (lacob, R., 2006: 18).
Resulta todavía muy limitado el conocimiento de la sexualidad de los adultos/ as mayores y cómo se modifican estas actividades con el envejecim iento desde un;i perspectiva bio-psico-ambiental.
Al respecto resulta una referencia ineludible el estudio longitudinal realizado en la Universidad de Duke en Estados Unidos, iniciado en 1955 con 270 personas. Allí se constata un declive gradual de la sexualidad en parte asociado a viudez y deterioro pero no exclusivamente. Los resultados daban cuenta de que el interés sexual prom edialm ente se mantenía vigente en el sexo fem enino hasta los 60 años y en el masculino hasta los 70.
Otro estudio (Pfeiffer, E. y David, G.: 1972) arroja los siguientes resultados: dos de cada tres hom bres mayores de 65 años y uno de cada cinco hombres mayores de 80 eran sexualm ente activos. Para el caso de las mujeres: una de cada tres mayores de 60 mantenía interés sexual, pero sólo una de cada cinco mantenía relaciones.
Un estudio en nuestro medio con personas mayores de 65 años -e n el que participamos pero no en el componente que vamos a re se ñ a r- muestra lo siguiente (citamos en extenso):
“Un primer elemento común a los sujetos entrevistados consiste en lo que presentan como una formación extremadamente rígida sobre la sexualidad Esto es principalmente manifestado por las mujeres, sin embargo es también confirmado por los varones entrevistados. En todo caso las diferencias que so
encuentran en relación a este punto consisten justamente en uno de los efectos de la mencionada rigidez. La condición de activo del varón y de pasiva de la mujer en el plano de la sexualidad, entre otros, es lo que encontramos plasmado en estas diferencias entre el discurso femenino y masculino. Comencemos por
el discurso femenino, en donde se puede apreciar aún el efecto inhibitorio de la vergüenza. (...)
El modelo de masculino = activo y femenino = pasivo tiene su expresión en el hecho de que los varones no denuncien la carencia de información que sufrieron en las primeras etapas de su vida. Sin embargo, la conciencia sobre la pobreza en la información y formación en la temática de la sexualidad no está del todo ausente del discurso masculino. (...)
La valoración de la vida sexual tiene un corte altamente significativo por género. Entre los varones entrevistados todos manifiestan haber vivido perio dos en los que la sexualidad representó una fuente importante de satisfacción personal. Esto, como veremos, no se da de la misma manera entre las mujeres entrevistadas. (...)
Son diferentes los elementos recogidos entre las entrevistadas. Principal mente entre las mujeres de NSEB1 se encuentran manifestaciones en el sentido de una vida sexual poco satisfactoria a lo largo de toda la vida. (...)
Uno de los elementos que queda asociado al no disfrute de la sexualidad es su ligazón con la reproducción. (...)
Entre las mujeres de NSEA2, sin embargo, sí se registran las manifestaciones respecto a una vida sexual positivamente valorada. (...)
El hecho de que las mujeres se discriminen en función del NSE al momen to de valorar o transmitir su registro de satisfacción respecto a su vida sexual podría estar hablando de diferencias en las posibilidades de acceso al placer, de distintos posicionamientos ante el registro de las experiencias sensuales del propio cuerpo de acuerdo a la extracción y posición social de las mujeres de la generación que nos ocupa. Otro aspecto que puede estar incidiendo en esta diferencia que consideramos de alta significación, tendría que ver con una mayor asunción de la deseabilidad social de una 'buena sexualidad' por parte de las mujeres de un nivel socioeconómico más elevado con consiguiente mayor y más rápido acceso a informaciones y discusiones sobre la sexualidad. Este último aspecto sería consistente con lo hallado respecto a los discursos algo más conservadores respecto a la sexualidad por parte de las mujeres de NSEB.
La vida sexual actual de los entrevistados es descripta predominantemente en términos negativos. Las mujeres hablan de una vida sexual prácticamente nula. Para considerar este aspecto debe tenerse en cuenta que las entrevistadas son en su gran mayoría mujeres sin pareja por distintos motivos. (...)
Sin embargo, se aprecia claramente que esta inexistencia de la práctica sexual no es traída en forma necesariamente negativa. Esto es consistente con la valoración de las experiencias sexuales en etapas previas. Incluso, se llega a referir cierta molestia por parte de algunas entrevistadas con lo que ellas perciben como una cruzada a favor del ejercicio de algo que ellas no quieren incorporar. (...)
Nivel socio económico bajo. (D. A.) Nivel socio económico alto. (D. A.)
También será entre las mujeres de NSEA que encontraremos, aunque cm forma poco abundante entre nuestras entrevistadas, un registro femenino pl.i centero de la sexualidad actual, consistentemente con lo hallado respecto a In valoración de la vida sexual pasada. (...)
En los hombres también predomina una valoración más negativa de Iji
sexualidad actual respecto a la pasada. Sin embargo son pocos los casos en lo» que manifiestan la inexistencia de una vida sexual. A diferencia de las mujeren, ellos ven estos cambios en la sexualidad como un proceso que les es propio, incluso llegándose a adjudicar el papel exclusivo en la mencionada evolución De nuevo parecería que estamos ante otra expresión del mandato por un rol activo en la sexualidad en oposición a una pasividad adjudicada a las mujeres" (Berriel, F.; Paredes, M. y Pérez, R. 2006).
El estudio al que aludimos reviste gran significación e importancia dado quo, incluso en países calificados como desarrollados, poco se sabe sobre la sexualidad de los ancianos/as, en especial respecto a la condición subjetiva desde donde so vivencia esta particular área de la experiencia humana. El envejecimiento poblacion.il ha corrido más rápido que los proyectos de investigación a este respecto.
En la actualidad se cuenta con un evidente desarrollo en la industria de los fármacos y tecnologías diversas para tratar los problemas sexuales en los adulto» mayores. Esto se debe a que la industria médico-farmacéutica ha logrado incrementar la demanda de servicios relacionados con la salud sexual, en especial en relación .ii trastorno de la disfunción eréctil.
Sin perjuicio de los resultados que vienen mostrando las incipientes investiga ciones sobre sexualidad en la vejez, pesan aún hoy considerables prejuicios acerco de este aspecto en dicha etapa de la vida. Quedan así asociados vejez y ausenci.i de actividad sexual. Sin embargo, desde una perspectiva lúcida, debemos admiln que el mantenim iento de la sensualidad, erotismo y sexualidad luego d é la etap.i adulta constituye una verdadera fuente de bienestar y promoción de salud tanto mental como física.