366. Joaquín Cuadra: Nuestra situación era cada vez más difícil. La fuerza social de las masas que existía en ese pequeño terreno de operaciones empieza a agotarse. El que estaba dispuesto a luchar se había convertido en combatiente, ya no había de dónde extraer más recursos humanos. Estábamos al tope de la resistencia, desgastados, cansados, con escasa perspectiva por delante, ya que la situación en el resto del país no terminaba de definirse. Había que hacer algo. Fue entonces cuando se decide implementar el repliegue.
367. Días antes el comandante Humberto Ortega nos había planteado por radio la posibilidad de la retirada. Nosotros no la habíamos contemplado en ningún momento y nuestra reacción fue
rechazarla e insistir en la necesidad de recibir en la capital los refuerzos provenientes de los otros frentes de guerra.
368. Pero como este hecho no se producía, el repliegue se nos llegó a plantear como el único camino a seguir si no queríamos ser aplastados por el enemigo. Al planteamiento de Humberto agregamos una variante: no sólo el repliegue del FSLN sino dar a las masas la opción de replegarse con nosotros. No podíamos abandonar a la gente que durante tantos días había luchado con tanto valor y audacia. Lo que más nos costó fue convencer a los jefes militares de la imperiosa necesidad de adoptar esta medida.
369. Carlos Núñez: Se imponía la necesidad de ser suficientemente objetivos y realistas para asegurar la continuidad de la lucha. Debíamos garantizar la supervivencia de una fuerza que por estar combatiendo en la capital, es decir, en el corazón del enemigo, había acumulado una gran cantidad de experiencias, desde los combates defensivos, pasando por los combates casa por casa, hasta los combates ofensivos para expulsar al enemigo o aniquilarlo en movimiento. El propósito principal del repliegue era llegar con nuestras fuerzas a Masaya, consolidar así la zona suroriental, cortar la red de abastecimiento del enemigo y contribuir a un mayor fortalecimiento del Frente Sur, a sabiendas de que esta decisión tendría un costo político inmediato que sería muy explotado por Somoza.
370. Tomada la decisión había que implantarla, preparando cuidadosamente la retirada sin que nuestros planes llegaran a oídos del enemigo. Debíamos llevarnos las columnas regulares y milicianas, no dejar ningún tipo de armamento al enemigo, llevarnos con nosotros a la población civil que nos había acompañado hasta el final y a los heridos. Debíamos realizar la marcha a pie y
aprovechar las horas de la noche para no ser detectados.
371. De resultar exitoso el repliegue veíamos buenas posibilidades de convertir las fuerzas de la capital en una contundente fuerza móvil que, conformada como un batallón impregnado de la experiencia de diecinueve días de contienda, pudiera realizar grandes operaciones estratégicas para la lucha en su conjunto.
372. Fue muy difícil abandonar una trinchera de combate que tanta sangre había costado mantener. El corazón nos decía: “¡Quédense!” y la lógica más elemental, el deber asumido con la Dirección Nacional conjunta, con nuestro pueblo, con los militantes, nos decía: “¡Márchense!”.
373. Cada uno de los jefes después de recibir las instrucciones se marcha a su respectivo sector a preparar las condiciones para la retirada.
374. Este trabajo debe hacerse sin revelar al pueblo su objetivo, para evitar que la Guardia Nacional llegue a enterarse de la operación. De antemano ya se había enviado un baqueano para establecer la ruta por donde se desplazarían las fuerzas revolucionarias. El 21 de junio todo era actividad febril en los cuarteles, se preparaban las armas, se distribuían las dotaciones, se desarmaban las ciento cincuenta recuperadas, se distribuían las cargas para las bazucas RPG-2 y las municiones para las ametralladoras 30 y MG-42, se desmantelaba la radio y se impartían las instrucciones para la marcha. La organización del repliegue se hizo partiendo del cálculo de unas mil quinientas a dos mil personas, incluyendo a los heridos. Su forma de reorganización era la marcha clásica de la columna guerrillera: una vanguardia, un centro y una retaguardia.
375. El 27 de junio a las 6 de la tarde, cuando empieza a oscurecer, se inicia el repliegue. Para sorpresa nuestra la sola vanguardia contaba con alrededor de mil quinientas personas, el centro, donde yo iba, unas dos mil quinientas, y a la retaguardia unas dos mil.
376. Fue algo impresionante, seis mil personas avanzando en fila india hacia Masaya.
377. Al día siguiente la guardia de Managua, sin haberse percatado de nuestra retirada, inicia sus habituales acciones. Su reacción al darse cuenta de que habían luchado contra un fantasma fue de rabia, de impotencia, de furia destructora y, aun así, vacilaron en lanzarse a la ofensiva contenidos por algunos francotiradores.
378. Todo el día les tomó introducirse en la zona oriental, derribando previamente las barricadas de adoquines, los vehículos destruidos y las trincheras abiertas detrás de las barricadas.
¿Cómo logran implementar el repliegue de seis mil personas sin que la Guardia Nacional los
detecte?
379. Carlos Núñez: Para entender esto es necesario conocer: primero, que la decisión se toma a nivel de los mandos superiores, que una vez adoptada, la elaboración de planes y preparación de la organización del repliegue y de los mandos encargados de él eran de absoluto secreto; tercero, esta decisión fue informada con todas las recomendaciones rigurosas a los jefes de las distintas zonas o unidades de combate que se encontraban en el área principal, haciéndoles las debidas
recomendaciones de que a los combatientes se les debía preparar para iniciar una nueva operación sin revelarles los verdaderos propósitos de la misma, con la finalidad de evitar al máximo cualquier filtración. Sabíamos perfectamente que teníamos infiltrados en la zona y que había francotiradores. Cualquier movilización extra que pudieran observar podía traernos graves consecuencias. A esto hay que agregar el espíritu defensivo con que la guardia pasó, desde el primer momento, a la lucha; espíritu que le impedía aprovechar al máximo su abrumadora mayoría de fuerzas, su capacidad de recursos, su capacidad de maniobra.
380. En relación con el repliegue en concreto nos ayudó mucho el que si bien las tropas somocistas lograron penetrar en algunos puntos de la zona principal de combate, su mismo espíritu defensivo los llevaba a retirarse por las noches y regresar al día siguiente, en una especie de rutina, a tomar
nuevamente las posiciones ganadas el día anterior. Esto permitió implementar el repliegue de noche y tener la posibilidad de retirarnos de la zona sin encontrarnos con la Guardia Nacional en nuestro camino.
381. El repliegue sólo es detectado a partir de la primera emboscada que la vanguardia coloca a una patrulla enemiga y como esa detección se produce demasiado tarde no puede impedir que el repliegue táctico se consume de acuerdo a todos los planes previstos.
¿Qué hicieron para evitar ser masacrados por los bombardeos aéreos cuando el día los cogió a
mitad de camino hacia Masaya?
382. Carlos Núñez: Ya te decía que en el repliegue se usó una forma de organización parecida a la que utilizaban las columnas guerrilleras: una vanguardia, un centro y una retaguardia. Después de la emboscada que la vanguardia tiende a una patrulla de la guardia, su jefe logra comunicarse con sus mandos e informar de la situación que se experimenta. La vanguardia es detectada a la altura de una población que se llama Veracruz y allí es ametrallada desde el aire y bombardeada por aviones Push and Pull, T-23 y por helicópteros, es bajo este fuego de metralla que logra llegar a Masaya por distintos puntos.
383. Esto permitió que el centro adoptara las medidas pertinentes para evitar que las tropas a nuestro mando estuvieran expuestas a la masacre.
384. Se orientó buscar lugares de tupido follaje, donde existía vegetación grande o árboles para pasar el día, sabedores que desde el aire es prácticamente imposible que los aviones detecten una columna que está desmovilizada y oculta. Este fue el factor principal que permitió asegurar que las tropas del centro no fueran bombardeadas ni masacradas. Gracias a la estricta disciplina mantenida por todos los compañeros pudo reanudarse en la tarde del 28 de junio la caminata hacia Masaya y entrar victoriosos a esa ciudad el 29 de madrugada y sin ninguna baja.
385. Esta experiencia es sumamente importante y deja las siguientes enseñanzas: es posible lograr desplazarse sin que la aviación detecte el movimiento si existe una gran disciplina, si la vegetación del lugar es suficientemente alta para ocultarse del enemigo y si se escoge el momento oportuno para reanudar la marcha, cuando la aviación ha perdido la visibilidad.
386. Joaquín Cuadra: En el caso de la vanguardia, al aparecer los aviones la gente se distribuye desordenadamente en pequeños grupos. Algunos se tienden bajo los árboles, otros continúan avanzando. Lo que nos salvó fue la gran cantidad de objetivos presentada al enemigo: por todos los caminos, por todos los vallecitos iban grupos de ochenta, de sesenta gentes avanzando.
387. En total sólo tuvimos veinticinco bajas por ataque aéreo entre seis mil personas, todas de la población civil. Finalmente llegamos a Masaya. Creo que lo que determinó el éxito de la operación fue la capacidad de autoorganización que tuvo cada uno de esos grupos. Cada uno de ellos formó su propia vanguardia, su centro y su retaguardia. En ese momento ya contábamos con ochocientos hombres armados, además de las tropas milicianas compuestas por miles de hombres.
388. A los pocos días después de nuestra llegada a Masaya ocho pelotones de nuestros combatientes selectos conforman un batallón que posteriormente se denominará Rolando Orozco. Esa fuerza toma la ciudad de Jinotepe, neutraliza la contraofensiva del enemigo en Masaya y realiza la toma de Granada. El repliegue se convierte así en una victoria rotunda.
389. Carlos Núñez: El repliegue de Managua nos enseñó que en materia militar muchas veces es mejor dar un paso táctico que aparentemente aparezca ante el enemigo como una derrota, para asestarle luego golpes estratégicos, es decir, dar un paso atrás para avanzar tres hacia adelante. 390. Otra lección es que si se saben aprovechar las debilidades del enemigo es posible movilizar en corto tiempo a grandes fuerzas hacia determinados puntos. Por otra parte, comprobamos una vez más que la audacia revolucionaria es un factor muy desmoralizante para la guardia y que la calidad
del mando político-militar es determinante para conseguir la victoria, pues no sólo concentra en sus manos la conducción de las acciones armadas sino que es el centro generador del orden, la
confianza y la unidad de las fuerzas combatientes.
Por lo visto ustedes no tenían un plan de emergencia en el caso de que fallara la insurrección en
Managua...
391. Joaquín Cuadra: No, no lo teníamos. El repliegue surge producido por la situación misma. Esta deficiencia fue producto, en parte, de nuestra inmadurez y, en parte, producto de que no teníamos tiempo para pensar en alternativas negativas. El ritmo de los acontecimientos iba tan rápido, sentías que la casa se te venía encima, que estabas viviendo una oportunidad única, que quizás no se iba a repetir. Ni siquiera en octubre del 77 se pensó en una posible derrota. El punto de reunión de todo el mundo era Managua, nuestro objetivo final. En septiembre del 78 sólo se establecieron esos puntos de contacto de los que te hablé.