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consequentiality, appropriateness and justification

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A la hora de conformar un nuevo gobierno autonómico, Eduardo Zaplana pudo aplicar con UV la estrategia de tensar al máximo las negociaciones, pues era consciente de que Lizondo no podría explicar a sus votantes que Lerma siguiera presidiendo la Generalitat. Esta estrategia se abriría con las declaraciones de Carlos Fabra rechazando un acuerdo con UV y de Zaplana alertando de que el PP podría gobernar en minoría. Lizondo se recluyó con cargos de UV para decidir si pactaría con el PP; con la vista puesta en el hecho de que aparte de la gobernabilidad de la

Generalitat tenían la llave de una treintena de ayuntamientos, pero también

condicionado por las varias veces que en la campaña electoral había asegurado que “Una cosa está clara: Joan Lerma no logrará la reelección con nuestros votos”. Mientras UV reflexionaba, Zaplana hábilmente ya expresaba públicamente que daría la presidencia de las Cortes Valencianas a Lizondo y comenzaba a barajar los cargos de su gobierno. Se filtraban nombres para el Consell y se daba por descontado que Rafael Blasco –que llevaba ya tiempo asesorando a Zaplana, después de los intentos

fracasados de hacer cuajar un partido propio- ocuparía un alto cargo, aunque de momento no fuera de conseller.

Pese a ser consciente de que habían caído en “el abrazo del oso” al coaligarse con el PP en 1991 en el Ayuntamiento de Valencia, los unionistas volverían a cometer el mismo error en 1995, presionados por los financiadores y por la necesidad de detentar parcelas de poder para dar empleo a muchos de sus militantes. Los unionistas enviaron una delegación a reunirse con el PPCV y condicionaron un pacto de gobierno con ellos a que el propio Aznar asumiera sus reivindicaciones. Zaplana contestó a UV al cabo de unos días afirmando que “El PP va a gobernar la

Comunidad con la colaboración de UV o sin ella”. El después cargo público del PPCV y

entonces diputado nacional de UV, José María Chiquillo, rechazó un gobierno de coalición con el PPCV; al igual que otros dirigentes de UV que veían el peligro de desaparición del partido al quedar diluido en el ejecutivo de Zaplana. Se reproduciría el mismo proceso ocurrido en el Ayuntamiento de Valencia. El viernes 16 de junio de 1995 se confirmó el pacto, anunciado desde Madrid por el secretario general del PP, Álvarez Cascos. Lizondo ocuparía la presidencia de las Cortes; Héctor Villalba sería el único conseller de UV ocupando la cartera de agricultura; se le concedería a UV la presidencia de RTVV y los unionistas recibirían, además, un senador autonómico, cargo que ocuparía el secretario general de UV, Vicente Ferrer. Pero este último declaraba que no estaba el pacto cerrado, que UV debería ocupar dos conselleries y que el día 17 se reuniría el Consell Nacional de UV para decidir. Las negociaciones entre ambas formaciones habían evidenciado la debilidad del partido de Lizondo, que de una posición de fuerza inicial se había plegado a la oferta del PPCV. Algunos dirigentes ya admitían en privado el incierto futuro de UV, y más después de la experiencia del Ayuntamiento de Valencia. El Consell Nacional de UV fue tenso y Héctor Villalba manifestó su negativa a ser conseller de Agricultura, pero sí interés por la presidencia de las Cortes, cargo al que no quería renunciar Lizondo. UV exigió al PPCV las conselleries de Educación y Cultura, y la negativa de los populares impidió un acuerdo, pero decidieron seguir negociando y suscribieron el 19 de junio un pacto de legislatura para dar estabilidad al futuro gobierno autonómico. Las Cortes Valencianas se constituirían el 20 de junio de 1995 y se pasaría a la elección de la Mesa, y el PP cumpliría con su promesa y se elegiría de presidente a Lizondo. El nuevo presidente de las Cortes, Vicente González Lizondo, llamaría a los portavoces y se fijaría el pleno para investir al nuevo president de la

Generalitat.

El 30 de junio tuvo lugar el debate de investidura y Zaplana, candidato único, prometió ética y respeto a los valencianos en su discurso 154, además de que se

comprometió a comenzar su mandato suprimiendo direcciones generales y asesores -la realidad será totalmente la contraria: se dispararán el número de cargos políticos y se crearán cientos de nuevos altos cargos-, exigiendo al Gobierno central la finalización de la autovía y del AVE, un plan hidrológico, y una reforma del sistema de financiación de las CCAA con mayor peso de la población –años más tarde firmaría con Aznar un nuevo sistema y no se tendría en cuenta este aspecto, lo que ha supuesto una pérdida de ingresos elevada para los valencianos-. Al esbozar las líneas maestras de su estrategia de gobierno habló de aprovechar la recuperación económica para poder crear empleo y situar a la valenciana “entre las

regiones de cabeza de la Europa del siglo XXI”. Un discurso de la modernidad que, en

fin, sería su mensaje clave en el futuro.

A la postre Zaplana sería elegido con los votos de los populares y de los unionistas y pasaría a administrar un presupuesto de más de 800.000 millones de pesetas, con unas competencias que el propio Zaplana en su discurso había calificado de modélicas. Su toma de posesión se fijó para el martes 4 de julio; por lo que se intensificaron las negociaciones entre PPCV y UV para formar el Consell. El sábado 1 de julio se hizo público que UV aceptaba la oferta del PPCV y entraría a formar parte del gobierno ocupando la conselleria de Agricultura y Medio Ambiente la diputada regionalista María Ángeles Ramon-Llin –que dimitiría de diputada para dar paso a Rafael Ferraro, los dos actualmente militantes y cargos del PP- y que sería senador territorial el secretario general de UV, Vicente Ferrer. Se filtraron además posibles nombres de consellers y otros altos cargos, revelándose también que Rafael Blasco ocuparía una dirección general y su mujer, Consuelo Císcar, la dirección del Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM).

UV demandó nuevas cuotas de poder para que fueran nombrados para diversos cargos militantes regionalistas y se volvieron a reanudar las conversaciones, que se rompieron de nuevo al mediodía del día 3 de julio y se reemprendieron por la noche, ya a contrarreloj. Se había firmado un pacto de estabilidad, pero el PPCV quería evitar sobresaltos futuros, y demandaba corresponsabilidad en el gobierno. El acuerdo llegó con la firma del llamado “pacto del pollo”, hecho posible por la intervención directa de Federico Félix, propietario de un matadero de pollos y presidente de la Federación Empresarial de Agroalimentación de la Comunidad Valenciana (FEDACOVA) y de la Asociación Valenciana de Empresarios (AVE), así como de José María Jiménez de Laiglesia, presidente de la Confederación Empresarial Valenciana (CEV). Éstos lograron sentar a las siete de la tarde del 3 de julio en la sede de FEDACOVA al popular José Luis Olivas y al regionalista Filiberto Crespo, terciando para evitar la ruptura, con exclamaciones atribuidas a Félix como “Ja está bé de fer el carabassa”.

De madrugada, y en lugar distinto, sentaron a Zaplana y Lizondo, llegando De Laiglesia a redactar en persona un borrador del acuerdo. Los empresarios físicamente actuaban para sentar al que hacia amago de marcharse, sin intervenir en el fondo. Pasadas las tres de la madrugada consiguieron que Zaplana y Lizondo llegaran a un acuerdo. Una muestra de la forma de pensar del empresario Federico Félix y que define su forma de actuar son unas declaraciones en las que expresaba lo siguiente: “ .. el empresario debe estar al lado del poder político para influir en sus

decisiones, ya que las decisiones políticas buenas, son buenas para el conjunto de la sociedad”155. De resultas del “pacto del pollo” UV se comprometería a votar a favor

de los presupuestos de la Generalitat en los próximos cuatro años, y Zaplana eludiría la polémica de la lengua introduciendo apenas la “posibilidad” de realizar un congreso sobre el tema, pese a la insistencia de los regionalistas. El 5 de julio se firmaría el pacto de gobierno ante la prensa.

Tras él, y por mucho que intentó rivalizar en protagonismo con Zaplana en su papel de presidente de las Cortes Valencianas, Lizondo fue perdiendo proyección pública. La presidencia de las Cortes no permitía inaugurar ni presidir la apertura de congresos, y llevaba acarreada una serie de tareas formales sin trascendencia pública. La fagocitación de UV –partido fundado en agosto de 1982 por, entre otros, Vicente González Lizondo y el último alcalde franquista de Valencia, Miguel Ramón Izquierdo- continuará, y la maquinaria del PPCV irá realizando perfectamente esa labor hasta quedar privado de cuadros y reducido a la condición de partido extraparlamentario. Así lo describía Josep Torrent156:

“Todavía no han colocado en la sede de Unión Valenciana el cartel de ‘cerrado por traspaso al PP’, pero debe estar al caer. Es sólo una cuestión de tiempo. De muy poco tiempo, por otra parte […] No hace falta extenderse sobre las mil y una cesiones programáticas e ideológicas que UV hará a cambio de un plato de lentejas. Bastará con esperar y ver cómo el paso del tiempo y la acción del PP ponen fin a ese episodio de la política que todavía se llama Unión Valenciana. Decía Lizondo que tenía ‘la llave’. Cierto, la llave con que cerrará la sede de la avenida Giorgeta para entregársela a continuación a Zaplana. La verdad es que podía haberlo hecho de una manera más elegante. Una lástima”

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