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La luz y el ímpetu de la pregunta inteligente se despliega metódicamente {197} en las matemáticas y la ciencia empírica. En el niño hay una admiración secreta que fluye apresuradamente en una cascada de preguntas, una vez que se ha desenredado el misterio del lenguaje. Demasiado pronto se pierde el control de las preguntas, y los cansados adultos se ven impulsados a usar con más frecuencia la frase salvavidas "Mira, niño: eso todavía no lo puedes comprender." El niño entendería todo de golpe, según él. No sospecha que existe una estrategia en la acumulación de chispazos inteligentes, que las respuestas para muchas preguntas dependen de las respuestas a otras preguntas todavía, ni sospecha que, muy frecuentemente, el advertir esas otras preguntas es algo que brota sólo de la intelección de que para responder preguntas interesantes tiene uno que empezar respondiendo otras muy poco interesantes. {174} Así, pues, es común a todos los hombres el espíritu mismo de inquisitividad que constituye la actitud científica. Pero en su estado innato carece de guía. Nuestras carreras intelectuales empiezan a brotar en el incesante '¿Qué?' y '¿Por qué?' de la niñez. Florecen sólo si estamos deseosos de aprender cómo aprender, u obligados a ello. Tales carreras fructifican sólo después del descubrimiento de que, si realmente hemos de dominar las respuestas, tenemos que encontrarlas por nosotros mismos de alguna manera.

Así como hay un inquirir espontáneo, así también se da una acumulación espontánea de chispazos inteligentes relacionados. Porque las preguntas no son un agregado de mónadas aisladas. En tanto que a cualquier pregunta la sigue un chispazo inteligente, uno sólo tiene que actuar, o hablar, o tal vez meramente pensar en base a dicho chispazo inteligente para que lo incompleto de él salga a la luz, y por eso genere una pregunta ulterior. En tanto que la pregunta ulterior es resuelta a su vez por la respuesta gratificante de un ulterior chispazo inteligente, una vez más el mismo proceso revelará otro aspecto de lo incompleto, para originar todavía más preguntas y más chispazos inteligentes. Tal es el proceso espontáneo del aprendizaje. Es una acumulación de intelecciones en la que cada acto sucesivo complementa la precisión y cubre las deficiencias de las que le precedieron. Así como el matemático avanza desde las imágenes a través de los chispazos inteligentes y formulaciones hasta los símbolos que estimulan más chispazos inteligentes, y así como el científico avanza desde los datos a través de los chispazos inteligentes y formulaciones hasta los experimentos que estimulan más chispazos inteligentes, así también el proceso espontáneo y autocorrectivo del aprendizaje es un ciclo en el que los chispazos inteligentes revelan sus defectos produciendo acciones, palabras o pensamientos y, a través de tal revelación, impulsan las preguntas ulteriores que llevan a chispazos inteligentes complementarios.

Tal aprendizaje no se da sin la enseñanza. Porque la enseñanza es la comunicación del chispazo inteligente. Libera las claves, las pistas señaladas que llevan al chispazo inteligente. Fija la atención para alejar aquellas imágenes distractivas que estorban el camino del chispazo inteligente. Plantea las preguntas ulteriores que revelan la necesidad {198} de más chispazos inteligentes para modificar y completar el inventario adquirido. Ha captado la estrategia de la inteligencia en desarrollo, y así empieza desde lo simple para avanzar hasta lo más complejo. Deliberada y explícitamente, hacen todo esto los maestros profesionales que conocen su trabajo. Pero el punto que quisiéramos señalar es que eso también lo hacen, aunque inconsciente e implícitamente, los padres con sus hijos, y los iguales entre sí. Hablar es un arte humano básico. Por él cada uno les comunica a otros lo que conoce y, al mismo tiempo, provoca aquellas contradicciones que orientan su atención hacia lo que ha pasado por alto. Igualmente, mucho más impresionante {175} que hablar es actuar. Los hechos suscitan nuestra admiración y nos mueven a la emulación. Vigilamos para ver cómo se hacen las cosas. Experimentamos para ver si lo podemos hacer nosotros mismos. Vigilamos de nuevo para descubrir los descuidos que acarrearon nuestros fracasos. De esta manera, los descubrimientos e invenciones de los individuos pasan a ser posesión de muchos, para ser

comprobados por su experiencia, para sufrir el escrutinio de sus preguntas ulteriores, para modificarse por sus mejoramientos. Por esas mismas arras, la colaboración espontánea de los individuos acarrea también el desarrollo comunal de la inteligencia en la familia, la tribu, la nación, la raza. Los hombres no sólo nacen con un impulso nato de preguntar y entender; nacen en una comunidad que posee un fondo común de respuestas probadas, y de dicho fondo cada uno puede sacar su porción variable, que se mide por su capacidad, sus intereses, y su energía. No sólo se despliega el proceso autocorrectivo del aprendizaje dentro de la conciencia privada del individuo; por la palabra y, todavía más, por el ejemplo, se efectúa una comunicación sostenida que a la vez esparce, prueba y mejora cada avance para hacer del logro de cada generación sucesiva el punto de arranque de la siguiente.

Desde un preguntar espontáneo, b desde la acumulación espontánea de chispazos inteligentes relacionados, y desde la colaboración espontánea de la comunicación, nos hemos encaminado hacia la noción del sentido común como un desarrollo intelectual. Muy naturalmente surgirá la pregunta por el inventario preciso de este almacén público. ¿Cómo define sus términos? ¿Cuáles son sus postulados? ¿Cuáles son las conclusiones que infiere de las premisas? Si bien la pregunta es bastante obvia, la respuesta es más difícil. Porque la respuesta descansa en uno de esos raros chispazos inteligentes que captan meramente el supuesto falso de la pregunta. Las definiciones, los postulados, y las inferencias son la formulación del conocimiento general. No miran lo particular sino lo universal, no lo concreto sino lo abstracto. El sentido común, diversamente de las ciencias, es una especialización de la inteligencia en lo particular y {199} en lo concreto. Es común sin ser general, porque consiste en un grupo de chispazos inteligentes que queda incompleto, hasta que se le añade al menos un chispazo inteligente más sobre la situación presente; y una vez que ha pasado dicha situación, ya no es relevante el chispazo inteligente añadido, así que el sentido común inmediatamente regresa a su estado normal de estar incompleto. Así, puede parecer que el sentido común arguye con la analogía, pero sus analogías desafían la formulación lógica. La analogía que el lógico puede examinar es meramente una instancia de la premisa heurística que dice que los semejantes se entienden de manera semejante. Puede dar un argumento válido, sólo si las dos situaciones {176} concretas no tienen ninguna desemejanza significativa. Pero el sentido común, porque no tiene que ser articulado, puede operar directamente desde sus chispazos inteligentes acumulados. Correspondiendo a la semejanza de la situación, él puede recurrir a un grupo incompleto de chispazos inteligentes. Correspondiendo a las diferencias significativas de las situaciones, él puede añadir los chispazos inteligentes diferentes que son pertinentes para cada una. Igualmente, el sentido común puede parecer que generaliza. Pero una generalización propuesta por el sentido común tiene una significación muy diferente de una generalización propuesta por la ciencia. La generalización científica pretende ofrecer una premisa de la que puedan sacarse deducciones correctas. Pero no se pretende que las generalizaciones hechas por el sentido común sean premisas para las deducciones. Más bien comunicará unos indicadores que de ordinario será bueno tener presentes. Los proverbios son mucho más antiguos que los principios y, como las reglas de gramática, no pierden su validez por sus numerosas excepciones. Porque no pretenden expresar el grupo redondeado de chispazos inteligentes del científico que o bien valen en todas las ocasiones o no valen en ninguna, sino que pretenden expresar el grupo incompleto de chispazos inteligentes al que se acude en cada ocasión concreta, pero que llega a ser inmediatamente relevante sólo hasta que un vistazo en torno ha dado como resultado los chispazos inteligentes adicionales necesarios. ¡Mira antes de saltar!

El sentido común no sólo difiere de la lógica y de la ciencia en la significación que les atribuye a las analogías y generalizaciones. En todas sus expresiones opera desde un punto de vista distintivo, y persigue un ideal propio. Las suposiciones heurísticas de la ciencia anticipan la determinación de unas naturalezas que siempre actúan de la misma manera bajo circunstancias semejantes e, igualmente, la determinación de las normas ideales de probabilidad desde las que los eventos divergen sólo de manera asistemática. Aunque el científico se dé cuenta de que alcanzará dichas determinaciones sólo mediante una serie de aproximaciones, con todo, él también conoce que las determinaciones aun aproximadas deben tener las propiedades lógicas de la verdad abstracta. Los términos, pues, deben definirse de manera no ambigua, y deben emplearse siempre exactamente con dicha significación no ambiguo. Los postulados deben establecerse; {200} sus presuposiciones deben examinarse; sus implicaciones deben explorarse. Automáticamente resulta un lenguaje técnico y un modo formal de hablar. No sólo se ve impelido uno a decir lo que uno quiere expresar, y querer expresar lo que uno dice, sino que la correspondencia que se da entre la palabra y la significación tiene la simplicidad exacta de expresiones primitivas tales como "Este es un gato."

El sentido común, por otra parte, nunca aspira al conocimiento universalmente válido, y nunca intenta la comunicación exhaustiva. Su interés {177} se centra en lo concreto y lo particular. Su función es dominar cada situación conforme se presenta. Su procedimiento es alcanzar un grupo incompleto de chispazos inteligentes que ha de completarse sólo añadiendo en cada ocasión los chispazos inteligentes ulteriores que se revelan al escudriñar la ocasión. Sería un error para el sentido común el intentar formular su grupo incompleto de chispazos inteligentes en definiciones y postulados, e intentara desarrollar sus presuposiciones e implicaciones. Porque el grupo incompleto no es ni el entender de ninguna situación concreta ni el de ninguna verdad general. Igualmente, sería un error para el sentido común el intentar una formulación sistemática de su grupo completo de chispazos inteligentes para un caso particular; porque toda formulación sistemática contempla lo universal, y toda situación concreta es particular.

está de acuerdo en que se debe decir lo que uno significa y en que se signifique lo que se diga. Pero la correspondencia entre decir y significar es a la vez sutil y fluida. Como dice el proverbio, un guiño es tan bueno como una inclinación de cabeza. Porque el sentido común no sólo dice lo que significa; se lo dice a alguien; empieza explorando la inteligencia del otro individuo; avanza determinando qué otros chispazos inteligentes tienen que comunicársele; arremete con la comunicación no como un ejercicio de lógica formal, sino como una obra de arte; y tiene a su disposición no sólo todos los recursos del lenguaje, sino también el apoyo de la modulación del tono y la variación del volumen, la elocuencia de la expresión del rostro, el énfasis de los gestos, la efectividad de las pausas, la sugerencia de las preguntas, la significatividad de las omisiones. De esto se sigue que el único intérprete de las expresiones del sentido común sea el mismo sentido común. Porque la relación entre el decir y el significar es la relación entre las presentaciones sensibles y la captación intelectual, y si tal relación puede ser tan simple y exacta como en la afirmación "Este es un gato" también puede requerir toda la delicadeza y sutileza, toda la rapidez y efectividad con la que una inteligencia encarnada puede comunicar a otra su captación, captando lo que el otro tiene todavía que captar y qué acto, sonido o signo {201} lo haría captarlo. Tal procedimiento, claramente, es lógico, si se entiende por 'lógico' lo 'inteligente y razonable'. Con igual claridad, tal procedimiento es no lógico si por lógico se entiende la conformidad con un grupo de reglas generales válidas en todos los casos de una serie definida; porque ningún grupo de reglas generales puede mantener el paso de los recursos de la inteligencia en sus adaptaciones a las posibilidades y exigencias de las tareas concretas de la autocomunicación.

Así como la expresión elíptica del sentido común tiene un fundamento más profundo {178} que muchos lógicos y prácticamente todos los dedicados a la controversia han logrado alcanzar, así también el plano de la realidad contemplado por el sentido común es muy distinto del plano que exploran las ciencias. Se ha dicho que el avance de la ciencia va desde la descripción hasta la explicación, desde las cosas en cuanto relacionadas con nuestros sentidos a través de las mediciones hasta las cosas en cuanto relacionadas entre sí. Es claro que el sentido común no se interesa en las relaciones de las cosas entre sí, y que no emplea los términos técnicos que inventan los científicos para expresar esas relaciones. Con todo, esta diferencia obvia no da ninguna premisa para inferir que el objeto de la descripción científica sea el mismo que el objeto de la comunicación del sentido común. Es bastante verdadero que ambos tipos de expresiones manejan unas cosas c en cuanto relacionadas con nuestros sentidos. Pero también es verdadero que lo hacen desde puntos de vista diferentes y con fines diferentes. La descripción científica es el trabajo de un observador científico entrenado. Ella satisface la demanda del lógico de una articulación completa y una afirmación exhaustiva. Revela el sello de la anticipación que el científico tiene de la obtención de los conjugados puros que expresan las relaciones de las cosas entre sí. Porque aunque la descripción científica maneja las cosas en cuanto relacionadas con nuestros sentidos, lo hace con el propósito ulterior y bajo la guía de un método que lo impele a su realización.

El sentido común, por otra parte, no tiene inclinaciones teóricas. Se queda totalmente dentro del mundo familiar de las cosas para nosotros. Las preguntas ulteriores, por las que acumula chispazos inteligentes, están limitadas por los intereses y preocupaciones de la vida humana, por la realización exitosa de las tareas diarias, por el descubrimiento de unas soluciones inmediatas que funcionen. En realidad, la regla suprema del sentido común es restringir las preguntas ulteriores a los dominios de lo concreto y particular, lo inmediato y lo práctico. Avanzar en el sentido común es restringir el impulso omnívoro de la inteligencia inquisitiva, y hacer a un lado como irrelevante, si no es que tonta, cualquier pregunta cuya respuesta no implique una diferencia inmediata palpable. Así como el científico levanta su airada protesta en contra de que en su campo se introduzcan {202} unas preguntas metafísicas que no satisfagan su regla de selección, así el hombre del solo sentido común está siempre en guardia contra todas las teorías, preguntándole siempre cortésmente a quien le propone sus ideas, qué diferencia acarrearían, y si la respuesta es menos vivaz y menos rápida que un anuncio comercial, entonces únicamente se interesará en pensar una excusa para librarse del individuo. Después de todo, los hombres del sentido común están ocupados. Tienen que hacer el trabajo del mundo.

{179} Con todo, ¿cómo puede hacerse inteligente o eficientemente el trabajo del mundo, si lo hacen hombres del sentido común que nunca se molestaron ni un minuto en el método científico? Pienso que esta pregunta puede responderse si empezamos con otra<. ¿Por qué los científicos necesitan un método científico? ¿Por qué tales hombres inteligentes deben embromarse con la parafernalia de los laboratorios y los tediosos libros de bibliotecas especializadas? ¿Por qué deben ejercitarse en la observación y la lógica? ¿Por qué han de estar atados por unos términos técnicos abstrusos y un razonamiento abstracto? Claramente es porque su inquirir se sale desde lo familiar hasta lo no familiar, desde lo obvio hasta lo recóndito. Ellos tienen que atender a las cosas en cuanto relacionadas con nosotros de tal suerte que conduzcan hasta las cosas en cuanto relacionadas entre sí. Cuando alcanzan las relaciones universales de las cosas entre sí, están esforzándose más allá del rango innato del chispazo inteligente en las presentaciones sensibles, y necesitan las muletas del método para fijar su mirada en aquellas cosas que no son ni datos sensibles, ni concretos, ni particulares.

Por otra parte el sentido común no tiene tales aspiraciones. Se apega a lo inmediato y lo práctico, lo concreto y lo particular. Se queda dentro del mundo familiar de las cosas para nosotros. Son superfluos los cohetes y las plataformas espaciales si uno pretende quedarse en la tierra. Así también es superfluo el método científico para realizar las tareas del sentido común. Como las ciencias, el sentido común es una acumulación de intelecciones relacionadas de los datos de la experiencia. Como las ciencias, él es el fruto de una amplia colaboración. Como las ciencias, ha sido probado por sus resultados prácticos. Con todo, hay una diferencia profunda. Porque las

ciencias tienen aspiraciones teóricas, y el sentido común no tiene ninguna. Las ciencias hablarán con precisión y con validez universal, mientras que el sentido común les hablará sólo a las personas y sólo acerca de lo concreto y particular. Las ciencias necesitan métodos para alcanzar sus objetos abstractos y universales; pero los científicos necesitan al sentido común para aplicar apropiadamente los métodos para ejecutar las tareas concretas de las investigaciones particulares, así como los lógicos necesitan al sentido común si han de captar lo que es significado en cada acto concreto de la expresión humana. Se ha argumentado que existe una complementariedad entre las investigaciones clásicas y estadísticas; {203} tal vez ahora sea evidente que la totalidad de la ciencia, con la lógica insertada dentro, es un desarrollo de la inteligencia que es complementario del desarrollo llamado sentido común. La elección racional no se da entre la ciencia y el sentido común; es una elección de ambos, de la ciencia para que domine lo universal, y del sentido común para que maneje lo particular.

{180} Quedan por mencionarse las diferenciaciones del sentido común. d Mucho más que las ciencias, el sentido común se divide en sectores especializados. Para cada diferencia geográfica, para cada diferencia de ocupación, para cada diferencia de convenciones sociales, hay una variación apropiada del sentido común. En un lugar dado, en un trabajo dado, entre un grupo dado de gente, puede un hombre estar con tranquilidad inteligente en cada situación en la que se le invite a hablar o actuar. El siempre sabrá de qué se trata, qué es lo correcto que diga, qué necesita hacerse, cómo comportarse. Su experiencia lo ha conducido a través del ciclo de eventualidades que ocurren en su medio. Su inteligencia siempre ha estado alerta. Ha cometido errores, y ha aprendido a no cometerlos dos veces. Ha desarrollado esa agudeza que nota qué movimientos se alejan de la rutina familiar, qué postura toman antes de embarcarse

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