Sumado a los acontecimientos y fenómenos concretos derivados del conflicto armado, una de las formas más representativas en que se expresa el miedo en el marco de la guerra, es la cooptación de los espacios, la cual deviene de la capacidad que tiene esta emoción para filtrarse en todos los lugares, a través de diferentes medios. Al respecto, las narrativas de maestros y maestras sitúan dicha permeabilidad en tres coordenadas
GEOGRÁFICA ESFERA PÚBLICA ESFERA PRIVADA
D E SC R IPT O R
Indica espacios localizados geográficamente, como ciudades, municipios, corregimientos, entre otros.
Refiere aquellos
escenarios de
socialización en que transcurre la vida comunitaria, tales como calles, escuelas, parques, entre otros.
Señala aquellos lugares considerados
tradicionalmente
impenetrables. En este caso, se hacer referencia de manera específica a fincas y viviendas. C Ó D IG O S IN V IV O
Se siente miedo en Bahía cupica a pezar de considerarse un territorio de paz (CC1)
Tutunendo es un sitio turístico por eso hay
mucho intruso (EN2)
Había momentos que
estábamos en clase. Los profesores a escondidas dando la clase (EN2)
Salir a la calle y
encontrar a una persona tendida (EN2)
La niña le preguntó por qué si allí estaba la finca de su papá (CC2)
No temíamos por nuestra seguridad, que hasta se decía que dormíamos con la puerta abierta (GE2)
Matriz 3. Territorialidades del miedo
Las coordenadas del miedo se orientan hacia los municipios de Quibdó e Istmina, transitan el corregimiento de Tutunendo y desembocan en Bahía Cúpica (territorios en que habitan los docentes) No obstante, apuntan con mayor fuerza y determinación hacia aquellos
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espacios comunes en que transcurre la vida comunitaria, hasta adentrarse en aquellos que representan la intimidad de los sujetos.
Uno de los lugares cooptados por el miedo en el marco de la guerra es la carretera. Aunque tradicionalmente eran concebidas por los miembros del departamento como zonas de encuentro turístico para la comercialización de productos típicos de la región, se convierten en campo de batalla al simbolizar para los actores armados la vía de acceso y apropiación de los territorios: “toda la carretera era poblada, jumm vea, usted iba y conseguía frutas por todo lado. La gente salía a vender los fines de semana (…) la gente se retiró cuando comenzaron los combates en la carretera por miedo a que los mataran…” (EN1)
Desplazarse por estas vías, no sólo representaba el peligro inminente a la muerte en medio de los combates, sino también, la posibilidad de ser detenido por los combatientes “la
sosobra que alguien me va parar en la carretera…” (GE1) Las carreteras, como espacios de disputa armada, movilizan el miedo entre los habitantes, paralizando su accionar cotidiano. Así, aquellas rutas que eran comúnmente transitadas por chocoanos y turistas, constituyéndose en espacios de encuentro social y productividad económica, se transforman en trayectos desolados por los horres del conflicto armado.
Además de las carreteras, las calles de las poblaciones fueron epicentro de las confrontaciones armadas. De allí el temor a transitar las mismas en medio de la noche o ante la ausencia de luz eléctrica en el territorio, señalado de manera reiterada por parte de los docentes. El miedo se hace aún más confuso y disímil en medio de la oscuridad. Se desconoce la dirección de los disparos y la proveniencia de las maquinarias de la guerra. Se hace inevitable tropezar con los rastros de la destrucción:
“…La energía anteriormente era bastante mala, el día en que se iba la energía, ese día todos dormíamos prácticamente en una misma cama del miedo, porque usted sabe que es que uno nunca ha estado acostumbrado, a salir a la calle y encontrar a una persona tendida en la calle (…) salimos todos a ver el policía muerto, porque
91 eso fue, el miedo de escuchar disparos toda la noche (...) esos días nadie salía a la calle…” (EN1)
La magnitud que adquiere el miedo ante el sonido de los disparos y la presencia de cuerpos sin vida en medio de las calles, se traduce en figuras como “dormíamos prácticamente en una misma cama”. Con ellas, se busca expresar la inseguridad y desconfianza experimentadas en el territorio. No obstante, dicho estado de terror, también da lugar a narrativas aspiracionales, las cuales demandan la posibilidad de caminar sin tener “… la oportunidad del miedo: me van a matar, me van a secuestrar, me van a hacer esto…” (CT2)
Junto a las carreteras y las calles, los maestros y maestras enuncian la forma en que el miedo generado por la violencia afectó los entornos de aprendizaje y socialización de niños y niñas. De esta forma, refieren la cooptación de los parques, ríos y las mismas escuelas en medio de las confrontaciones bélicas. Lo anterior, a partir de la evocación de tiempos pasados “como te añoro, querida ciudad donde nací, crecí y me forme (…) donde los niños jugábamos en la calle los diferentes juegos tradicionales, sin ninguna clase de temor”
(GE2) y la añoranza de nuevos futuros “…quiero que haya paz en los hogares, en las
calles, en el campo, que los niños puedan jugar libremente…” (FN1)
Como ha sido presentado, el miedo en el marco del conflicto armado se apodera de los escenarios que tradicionalmente eran concebidos de esparcimiento y encuentro con los otros. No obstante, los artificios del mal fortalecen su capacidad para filtrarse por cualquier lugar y medio, lo que deviene en el dominio ampliado del territorio. Esta es la forma en que las aeronaves de guerra expanden su poder del cielo a la tierra, infundiendo el terror entre los habitantes del departamento: “allí iniciamos a escuchar los grandes helicópteros, tan cerquita de las escuelas y las casas, la gente ya comenzó a tener nervios, a tener zozobra…” (EN1)
El miedo adquiere un carácter omnipresente, en ocasiones invasivo. Por ello, expresiones como aquella que da apertura a este acápite “en esa época se podía tener la puerta abierta
92 sin temer” y “se decía que dormíamos con la puerta abierta”, develan la capacidad que adquiere esta emoción en el marco del conflicto armado, para cooptar los rincones más íntimos y preciados de los sujetos.
Enunciados como “cerrar las puertas”, “encerrarse” y “abandonar”, dan cuenta del quebrantamiento de las prácticas cotidianas de los sujetos en el marco de la guerra. Tener que cerrar las puertas de la vivienda por razones de seguridad, cuando tradicionalmente las casas del territorio han sido consideradas lugares abiertos, así como esconderse o huir en medio de los combates -dependiendo su magnitud-, pone en evidencia el sentimiento de impotencia que deviene al miedo de perder aquello que es considerado “propio”:
“…Siento un fuuuerte estallido: ¡Tumm! Todo se estremeció, vea todo se estremeció tanto que nos cogimos a san, así de esta manera. Y cuando escuchamos el tubo, dije: "-Dios mío-" ¿pero la casa venirse a caer ahora que nosotros llegamos?, yo creí que era que se había caído la casa (…) Llegó el chorro y la gente ya no sabe para dónde van a coger (…) hubo lugar estratégico en medio de dos fabricaciones”
(EN1)
Carreteras desoladas, calles baldías, tiendas y escuelas marcadas con los lemas de la violencia, hogares de puertas cerradas y un cielo oscurecido por las bombas y las armas, simbolizan el estado de terror de un departamento herido por el conflicto armado.
1.3. Alerta ante el peligro: llegaba la bola, ahí hace que hirieron a tales personas