Chapter 2: Bilingualism and bilingual education
2.2 The many faces of bilingual education
2.2.3 Content-Based Instruction
se concentra sobre todo en los trabajadores de ingresos y niveles educativos inferiores. Estas dos señales se combinan en la base de un proceso de ensanchamiento de brechas entre quintiles superiores e inferiores que se ha acentuado y que, aunque afecta a ambos sexos, tiene una mayor incidencia entre las mujeres.
Como puede observarse en el gráfico III.10, la estratificación del empleo en sectores de baja productividad aumentó tanto entre los hombres como entre las mujeres, incrementándose la distancia entre quintiles de más y menos ingresos. En 1990 los diferenciales de informalidad entre los hombres trabajadores de los quintiles 1 y 5 eran de cerca de 27 puntos porcentuales. Veinte años después, esa distancia es cuatro puntos porcentuales mayor. Entre las mujeres la variación es similar, pero la desigualdad llega a niveles mucho más preocupantes (45 puntos en 1990 y 49 en 2009).
El análisis presentado hasta aquí muestra la importancia de explorar las bases laborales de la desigualdad. Pero, como se señaló al inicio del capítulo, detrás de las tendencias antes reseñadas se esconde otra clave que está operando en la rigidez distributiva de la región: la línea divisoria entre empleo en sectores de baja productividad y de media y alta productividad está atravesada por otra línea, la que divide a hombres y mujeres.
Un dato que vale la pena recordar es que, en la actualidad, la proporción de mujeres ocupadas en sectores de baja productividad es del 52,5%, frente al 44,1% entre los hombres, lo que refleja una distancia entre ambos sexos que, lejos de disminuir, se ha acentuado levemente en las últimas dos décadas. El descenso de la informalidad benefició claramente más a los hombres que a las mujeres.
El otro dato que es preciso reafirmar es que el empleo informal está muy estratificado y, como se adelantó antes,
Gráfico III.10
AMÉRICA LATINA (17 PAÍSES): POBLACIÓN URBANA OCUPADA EN SECTORES DE BAJA PRODUCTIVIDAD a, POR SEXO
Y QUINTILES DE INGRESO, PROMEDIO PONDERADO, ALREDEDOR DE 1990, 2000 Y 2009 (En porcentajes)
Quintil I Quintil II Quintil III Quintil IV Quintil V
0 10 20 30 40 50 60 70 80 90 1990 b 2000 c 2009 d 0 10 20 30 40 50 60 70 80 90 1990 b 2000 c 2009 d A. Hombres B. Mujeres
Fuente: Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) sobre la base de tabulaciones especiales de las encuestas de hogares de los respectivos países. No se incluyen datos de Colombia.
a El sector de baja productividad incluye a ocupados en microempresas (establecimientos que dan empleo a un máximo de cinco personas), empleo doméstico y trabajadores independientes no calificados, entre los que se encuentran trabajadores por cuenta propia y familiares no remunerados sin calificación profesional o técnica.
b Los datos de Guatemala, Bolivia (República Bolivariana de) y México corresponden a 1989, los de Panamá a 1991, los de Nicaragua a 1993 y los de El Salvador a 1995. c Los datos de la Argentina, Bolivia (Estado Plurinacional de), el Brasil, Costa Rica, el Ecuador, El Salvador, Honduras, Panamá, el Perú, el Uruguay y Venezuela (República Bolivariana
de) corresponden a 1999, los de Nicaragua a 2001 y los de la República Dominicana a 2002.
d Los datos de Nicaragua corresponden a 2005, los de Guatemala a 2006, los de Bolivia (Estado Plurinacional de) y Honduras a 2007, los de México y Venezuela (República Bolivariana de) a 2008. Los datos de la Argentina corresponden al Gran Buenos Aires, los de Bolivia (Estado Plurinacional de) a ocho ciudades principales y El Alto, los del Paraguay a Asunción y Departamento Central, y los de Venezuela (República Bolivariana de) al total nacional.
Como resultado de esta evolución, el 82% de las mujeres ocupadas del 20% más pobre de la población trabajan actualmente en sectores de baja productividad, una proporción que en el quintil de mayores ingresos se reduce a cerca del 33%. La distancia entre las ocupadas de los quintiles 1 y 5 alcanzó en 2009 su valor máximo.
Estas tendencias se reflejan en niveles muy altos de concentración de ingresos laborales entre las ocupadas de sectores de baja productividad, con un índice de Gini que entre 1990 y 2009 aumentó dos puntos (de 0,55 a 0,57). Este dato contrasta con el índice de Gini de ingresos laborales de los hombres que trabajan en el mismo sector, que no solo es menor, sino que además descendió entre 1990 y 2009 (véase el gráfico III.11). Por otro lado, si bien la concentración de los ingresos por trabajo entre las ocupadas en el sector formal es más baja que la de los hombres ocupados en el mismo sector, el índice de Gini de las primeras se incrementó más cuando aumentó la desigualdad (año 2000), pero luego se redujo menos en la última medición disponible. En definitiva, fue más elástico a la etapa baja del ciclo económico, pero menos a la etapa de crecimiento.
Aquí se sostiene que este aumento y la mayor rigidez en la concentración del ingreso laboral de las mujeres se explican en parte por las múltiples aristas —combinadas en forma superpuesta— con que la desigualdad de género atraviesa la articulación entre mercados laborales y familias.
Gráfico III.11
AMÉRICA LATINA (17 PAÍSES): ÍNDICES DE GINI DE LOS INGRESOS LABORALES DE LOS OCUPADOS, POR SEXO
Y PRODUCTIVIDAD aDEL SECTOR DE ACTIVIDAD,
PROMEDIO SIMPLE, ALREDEDOR DE 1990, 2000 Y 2009 (En valores del índice de Gini)
0,56 0,54 0,54 0,46 0,49 0,45 0,55 0,57 0,57 0,40 0,44 0,42 0,30 0,35 0,40 0,45 0,50 0,55 0,60 1990 b 2000 c 2009 d
Hombres que trabajan en sectores de baja productividad Hombres que trabajan en sectores de productividad media y alta Mujeres que trabajan en sectores de baja productividad Mujeres que trabajan en sectores de productividad media y alta Fuente: Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), sobre la base
de tabulaciones especiales de encuestas de hogares de los respectivos países. a No se incluyen datos de Colombia.
b Los datos de Guatemala, Bolivia (Estado Plurinacional de) y México corresponden a 1989; los de Panamá a 1991; los Nicaragua a 1993, los de El Salvador a 1995. c Los datos de la Argentina, Bolivia (Estado Plurinacional de), el Brasil, Costa Rica, el
Ecuador, El Salvador, Honduras, Panamá, el Perú, el Uruguay y Venezuela (República Bolivariana de) corresponden a 1999, los de Nicaragua a 2001 y los de la República Dominicana a 2002.
d Los datos de Nicaragua corresponden a 2005, los de Guatemala a 2006, los de Bolivia (Estado Plurinacional de) y Honduras a 2007, los de México y Venezuela (República Bolivariana de) a 2008. Los datos de la Argentina corresponden al Gran Buenos Aires; los de Bolivia (Estado Plurinacional de) a ocho ciudades principales y El Alto; los del Paraguay a Asunción y Departamento Central; los de Venezuela (República Bolivariana de) al total nacional.
En efecto, la presión que ejerce sobre los hogares la carga de cuidados sigue una pauta muy regresiva, porque continúa recayendo básicamente sobre las distintas modalidades y recursos (económicos y familiares) con que los hogares cuentan para resolverla. Como ya se analizó
en la edición 2009 del Panorama social, la demanda de
cuidado opera como una severa restricción en los niveles de participación laboral y ocupación de las mujeres de los sectores más vulnerables (CEPAL, 2010b). En los sectores intermedios, la disminución de la tasa de fertilidad o el recurso a redes familiares o sociales para el cuidado de los dependientes se convierten en estrategias de adaptación muy frecuentes. En los sectores altos, la demanda de cuidado puede satisfacerse a través de apoyos familiares o de la contratación en el mercado de servicios para el cuidado en el hogar o fuera de este (CEPAL, 2010b). Es más, la edad de los niños que viven en el hogar parece no generar apenas diferencias en el empleo en los sectores
de mayores ingresos, condiciona el de las mujeres en los sectores intermedios y, claramente, empieza a operar como un serio obstáculo entre las mujeres más pobres (CEPAL, 2010b) (véase el gráfico III.12).
Pero la pauta varía cuando se observa la distribución del empleo en sectores de baja productividad: no opera en el estrato de menos ingresos y sí parece incidir entre las mujeres ocupadas en el sector informal de los quintiles superiores. En efecto, como revela el gráfico III.12.B, en el quintil de menores ingresos la ocupación en sectores de baja productividad entre mujeres que viven en hogares con niños pequeños es incluso levemente superior a la de aquellas que viven en hogares con menores de entre 6 y 14 años (46% y 43%). Pero esta tendencia cambia significativamente a partir del quintil 2, donde la presencia de carga de cuidado de niños más pequeños vuelve a operar como un factor restrictivo para el empleo, incluso el de baja productividad.
Gráfico III.12
AMÉRICA LATINA (14 PAÍSES): EMPLEO DE MUJERES DE 15 A 49 AÑOS, POR QUINTILES DE INGRESO Y EDAD DE MENORES
EN EL HOGAR, PROMEDIO PONDERADO, ALREDEDOR DE 2009 a
(En porcentajes)
Quintil I Quintil II Quintil III Quintil IV Quintil V Quintil I Quintil II Quintil III Quintil IV Quintil V Con niños menores de 5 años en el hogar Con niños y adolescentes de 6 a 14 años en el hogar
A. Todos los sectores B. Mujeres urbanas ocupadas en sectores
de baja productividad b 10 20 30 40 50 60 70 80 10 20 30 40 50 60 70 80
Fuente: Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) sobre la base de tabulaciones especiales de las encuestas de hogares de los respectivos países. No se incluyen los datos de Guatemala, el Perú, la República Dominicana ni El Salvador.
a Los datos de Bolivia (Estado Plurinacional de) corresponden a 2007, los de México y Venezuela (República Bolivariana de) a 2008, los de la Argentina corresponden al Gran Buenos Aires, los de Bolivia (Estado Plurinacional de) a ocho ciudades principales y El Alto, los del Ecuador a áreas urbanas, los del Paraguay a Asunción y Departamento Central, los del Uruguay a áreas urbanas, los de Venezuela (República Bolivariana de) al total nacional.
b El sector de baja productividad incluye a ocupados en microempresas (establecimientos que dan empleo a un máximo de cinco personas), empleo doméstico y trabajadores independientes no calificados, entre los que se encuentran trabajadores por cuenta propia y familiares no remunerados sin calificación profesional o técnica.
Esto podría revelar que la presencia de menores de 5 años suele ser un obstáculo para la inserción al empleo, pero en los quintiles inferiores operaría en sentido inverso, empujando a las mujeres de menores ingresos a insertarse en el empleo informal (OIT/PNUD, 2009). Es posible que el empleo informal ofrezca, en principio, ciertas facilidades para la conciliación de la vida laboral y doméstica, tanto en términos de tiempos y horarios como de movilidad (OIT/PNUD, 2009). Pero es básicamente la inexistencia de facilidades y servicios públicos y, en particular, de sistemas públicos de cuidados tanto para niños como para adultos mayores y personas con discapacidad, lo que claramente opera en los sesgos que se advierten. Estas tareas, que
recaen fundamentalmente sobre las mujeres, sobre todo en las de menores ingresos, convierten la informalidad y las ocupaciones de baja productividad en las únicas alternativas de empleo viables en estos sectores.
La rigidez de este mecanismo se pone en evidencia al observarse la evolución de este dato en el mediano plazo. Como se refleja en el gráfico III.13, los niveles de empleo informal entre mujeres de bajos ingresos con niños pequeños prácticamente no se han modificado en los últimos 20 años, en contraste con un notorio descenso registrado en los sectores intermedios (un 10% menos entre 1990 y 2009) y, sobre todo, en los sectores altos (un 20% de reducción durante el período).
Gráfico III.13
AMÉRICA LATINA (13 PAÍSES): VARIACIÓN DEL EMPLEO EN SECTORES DE BAJA PRODUCTIVIDAD a ENTRE MUJERES
EN HOGARES CON NIÑOS DE 0 A 5 AÑOS, POR QUINTILES DE INGRESO, PROMEDIO PONDERADO, ALREDEDOR DE 1990, 2000 Y 2009
(En porcentajes de variación)
70 75 80 85 90 95 100 105 1990 b 2000 c 2009 d
Quintil I Quintil III Quintil V
Fuente: Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), sobre la base de tabulaciones especiales de encuestas de hogares de los respectivos países. No se incluyen los datos de Colombia, Guatemala, el Perú, la República Dominicana ni El Salvador.
a El sector de baja productividad incluye a ocupados en microempresas (establecimientos que dan empleo a un máximo de cinco personas), empleo doméstico y trabajadores independientes no calificados, entre los que se encuentran trabajadores por cuenta propia y familiares no remunerados sin calificación profesional o técnica.
b Los datos de Bolivia (Estado Plurinacional de) y México corresponden a 1989, y los de Colombia y Panamá a 1991.
c Los datos de la Argentina, Bolivia (Estado Plurinacional de), el Brasil, Colombia, Costa Rica, el Ecuador, el Uruguay y Venezuela (República Bolivariana de) corresponden a 1999, y los de Nicaragua a 2001.
d Los datos de Bolivia (Estado Plurinacional de) corresponden a 2007, los de México y Venezuela (República Bolivariana de) a 2008, los de la Argentina corresponden al Gran Buenos Aires, los de Bolivia (Estado Plurinacional de) a ocho ciudades principales y El Alto, los del Ecuador a áreas urbanas, los del Paraguay a Asunción y Departamento Central, los del Uruguay a áreas urbanas y los de Venezuela (República Bolivariana de) al total nacional.