Chapter 6: Research methodology
6.2 The micro-context: The case study
6.2.2 Data collection
El empleo es uno de los factores con mayor relevancia en el proceso de desarrollo de los jóvenes. Contar con un empleo digno no solo provee de los ingresos monetarios necesarios para satisfacer ciertos aspectos ligados al bienestar, sino que constituye uno de los medios de afianzar, incrementar y consolidar el sentido de pertenencia de las personas, en la medida en que estas perciban que aportan al progreso colectivo y se sientan parte integrante de un sistema de aportes y retribuciones (CEPAL/OIJ, 2008, pág. 169). Aunado a ello, el acceso a numerosos sistemas de protección o de seguridad social está ligado a la posesión de un empleo formal. Es decir, la carencia de una fuente de empleo formal es un mecanismo de exclusión para ciertos sistemas de seguridad o protección social.
Por estas y otras razones, es menester contar con un trabajo digno, y es posible afirmar que esto es particularmente necesario en el caso de los jóvenes, ya que las características de su inserción en el mercado laboral repercuten directamente en su futuro. Por ello, resulta preocupante que el desempleo sea un fenómeno con alta incidencia entre la población juvenil.
Las estimaciones indican que la participación de los jóvenes en el empleo continuará descendiendo, como ha sido la tendencia en el último decenio: entre los años 2000 y 2009, la tasa de participación juvenil en la fuerza de trabajo pasó del 53,6% al 51,1%, y la reciente crisis económica develó la fragilidad de la situación de los jóvenes con respecto al empleo —77,7 millones de
jóvenes en el mundo con edades entre 15 y 24 años eran desempleados en 2010, lo que representa 4,2 millones jóvenes desempleados más que en el año previo a la crisis (2007) (OTI, 2011a). Asimismo, los jóvenes también tienen mayores probabilidades que la población adulta de ingresar al mercado laboral por medio de un empleo vulnerable (OTI, 2010).
En América Latina y el Caribe, la tasa de desempleo de los jóvenes del grupo de 15 a 24 años sufrió un incremento de 1,5 puntos porcentuales entre 2007 y 2009, para situarse en un 15,7%. En este sentido, la participación en la fuerza de trabajo se retrajo 0,5 puntos porcentuales en ese período para el mismo grupo poblacional, posicionándose en un 52,7% (OTI, 2011a).
Considerando solo a los países caribeños, a inicios de la década pasada, los jóvenes de 15 a 24 años conformaban entre el 40% y el 60% del contingente desempleado, a pesar de que representaban entre el 20% y el 30% de la fuerza de trabajo. Del mismo modo, las tasas de desempleo de ese grupo etario en algunos países de la subregión duplicaban o cuadruplicaban las registradas en la población adulta (Banco Mundial, 2003). Datos recientes indican que este escenario no ha sufrido variaciones significativas.
Por ejemplo, en Belice, la tasa de desempleo de jóvenes de 20 a 24 años en 2009 fue siete puntos porcentuales mayor al promedio nacional (13%) y con mayor incidencia en el caso de las mujeres: la tasa de desempleo de las jóvenes de 14 a 19 años es del 43% y la de los hombres de esas mismas edades es del 26%; para el grupo poblacional de 20 a 24 años, la tasa de desempleo de las mujeres asciende al 28% y la de sus contrapartes varones es del 16% (Gobierno de Belice/ CBD, 2010). En Granada, más de la mitad de las personas desempleadas (54%) son jóvenes (de 15 a 29 años) (CDB/KCL, 2009a). Una encuesta sobre condiciones de vida efectuada en Santa Lucía también identifica una alta concentración del desempleo en el grupo poblacional con edades comprendidas entre los 19 y los 35 años (CDB/KCL, 2007c). En el caso de Dominica, un 34% de las personas desempleadas tienen entre 15 y 24 años de edad (CDB/KCL, 2010a).
Cuadro VI.6
EL CARIBE (8 PAÍSES Y TERRITORIOS): JÓVENES DE 15 A 24 AÑOS DESEMPLEADOS
(En porcentajes)
País o territorio Año Porcentaje
Bahamas 2008 33,2 Barbados 2003 33,7 Islas Caimán 2008 26,9 Guadalupe 2006 16,4 Jamaica 2008 37,2 Martinica 2008 19,0 Santa Lucía 2004 40,0 Trinidad y Tabago 2008 42,0
Fuente: Organización Internacional del Trabajo (OIT), base de datos LABORSTA Internet [en línea] http://laborsta.ilo.org/.
Los datos de la Organización Internacional del Trabajo muestran un panorama similar en otros países caribeños. Los jóvenes de 15 a 24 años representan alrededor del 31% del total de las personas desempleadas, destacándose Guadalupe y Martinica por situarse varios puntos porcentuales por debajo de la media, y Santa Lucía y Trinidad y Tabago por tener los porcentajes más altos de esa selección de países. No obstante, si se extiende la cohorte de edad estableciendo un rango de 15 a 29 años, los porcentajes de jóvenes sin empleo respecto del total de
desempleados aumentan en varios casos. De este modo, Martinica alcanza un porcentaje del 29% y Trinidad y Tabago se ubica cerca del 57% (OIT, 2011b).
La situación de elevados niveles de desempleo entre los jóvenes del Caribe no solo constituye un desperdicio del bono demográfico y de la ventana de oportunidades que la tendencia demográfica brinda a los países de la subregión, al tener altas proporciones de personas económicamente activas, además, lo que es más importante aún, la incapacidad de crear las condiciones para la inserción de los jóvenes en trabajos dignos disminuye las oportunidades de estos, limitando su desarrollo presente y futuro y exacerbando en varios casos los niveles de desigualdad y pobreza. Por ejemplo, en Antigua y Barbuda, el 80% de los varones desempleados de 25 a 29 años viven en condiciones precarias, con menos de 2,51 dólares al día (a nivel general, el 30,6% del total de la población desempleada en ese país vive con un monto menor) (CDB/KCL, 2007a).
Otro aspecto a analizar sobre el empleo juvenil es la sobrerrepresentación que tienen los jóvenes de los quintiles de consumos inferiores en la conformación de la fuerza de trabajo con respecto a sus pares de los quintiles altos y el cambio que se da en esta tendencia en las edades adultas. Por ejemplo, en Saint Kitts y Nevis, del total de jóvenes que trabajan, el 21,2% proviene del primer quintil y el 15,2% del último quintil. Si se considera al total de la población con 30 años de edad o más que forma parte de la fuerza laboral se obtiene que el 12,5% pertenece al primer quintil y el 27,4% al quinto quintil. En Antigua y Barbuda, si bien los porcentajes de jóvenes de 15 a 29 años de edad de los quintiles inferior y superior que forman parte de la fuerza de trabajo con relación al total de personas de esas edades que trabajan son similares (un 17% y un 15,5%, respectivamente), si se considera a las personas mayores (30 a 64 años) que trabajan, la brecha entre los porcentajes se amplía: un 13,5% para el primer quintil y un 30% para el quinto quintil respecto del total de adultos que forman parte de la fuerza laboral. En Granada, los jóvenes con edades comprendidas entre los 15 y los 24 años de niveles socioeconómicos bajos tienen mayor probabilidad de ser parte de la fuerza laboral que los jóvenes con esas mismas edades de grupos socioeconómicos altos (CDB/KCL, 2007a, 2009a, 2009b). Aparte de los elevados costos de oportunidad de la educación para los jóvenes de hogares con bajos ingresos que estos datos hacen suponer, también son preocupantes las potenciales limitantes que enfrentarán en su futuro laboral. Su temprana inserción en el mercado de trabajo puede inhibir la adquisición y el desarrollo de los conocimientos necesarios para acceder a empleos más productivos durante el período de adultez, privarlos del desarrollo de sus capacidades y exponerlos a mayores niveles de vulnerabilidad a lo largo de la vida laboral.