3.3 Alternate Lock Configurations
3.3.4 Context-Based Configurations
Lo mismo que hace un médico, el analista social trata, primero, de definir una situación de partida (más o menos hipotética) sobre un problema de la sociedad; define el problema; lleva a cabo, después, un análisis del mismo; y establece, finalmente, las líneas metodológicas para formular con la mayor exactitud posible un diagnóstico concreto. Todo ello, con el fin de poner en práctica más adelante alguna solución o algún tratamiento terapéutico que resulte viable y satisfactorio.
Y trata también el analista social de activar permanentemente actuaciones preventivas y asistenciales que desemboquen en un buen diseño de los programas de acción más adecuados, y en el desarrollo y el fomento de los mejores itinerarios personalizados de integración socio-laboral (en nuestro caso) de las personas que componen los colectivos laboralmente desfavorecidos, en busca de soluciones permanentes y positivas.
Mucho más, cuando sabe que las tasas de exclusión social que sufren muchos de estos grupos de personas se elevan año a año e impiden a muchos ciudadanos una participación activa y permanente en el mercado laboral, lo que le obliga a tratar de encontrar soluciones estructurales (aunque sean urgentes deben tratar de ser definitivas; no de coyuntura) que se puedan poner en marcha de manera eficiente a corto y a medio plazo.
Entendiendo por exclusión social la situación de dificultad grave que padecen algunos grupos de personas, con características bien delimitadas, para integrarse de manera normal y permanente en la sociedad del bienestar.
Esta exclusión se manifiesta fundamentalmente en los ámbitos laborales, culturales y político-sociales; y se produce, según Berghman, a consecuencia de fallos graves:
• En el sistema democrático y legal (falla la integración ciudadana)
• En el mercado laboral (falla la integración económica)
• En el estado del bienestar (falla la integración social)
• Y en las redes primarias de solidaridad (falla la integración interpersonal)
O lo que es lo mismo, que si las instituciones del sistema social no son capaces de resolver ni de promover la integración interpersonal de los ciudadanos en el mercado laboral, sí están contribuyendo a que se activen efectos multiplicadores negativos que acarrean más tarde toda una serie de peligrosas consecuencias; y no solo desde el punto de vista económico, sino también desde otros puntos de vista, como el social, el psicológico o el afectivo: escasez de ingresos, dificultades de participación social, imposibilidad para la integración laboral activa digna, útil y reconocida, etc., por poner tan solo algunos ejemplos dignos de mención.
Como cada caso es particular e individualizado, de poco o de nada sirven en algunos de ellos los programas genéricos de los subsidios por desempleo, los de las pensiones no contributivas o los de los salarios sociales, concebidos más como redes de seguridad genéricas que como soluciones específicas, efectivas y concretas a medio y largo plazo. “Pan para hoy y hambre para mañana” (siguiendo al refranero) es muchas veces la fórmula con la que se desarrollan soluciones y programas totalmente inconexos entre sí, heterogéneos y descoordinados, que no valen en absoluto para resolver todos los problemas de los trabajadores más que de una manera general, que no termina siendo ni permanente, ni útil, ni digna, ni reconocida por la sociedad. Y que no ataca más que superficialmente el problema real, que es la falta de oportunidades de empleo razonable y permanente para un buen número de personas.
Y menos sirven aún en el caso de algunos de estos colectivos concretos, como es el de los Directivos y Ejecutivos españoles desempleados mayores de 50 años (grupo poco tipificado como colectivo desfavorecido, pero realmente en una situación laboral y social muy precaria y problemática), en el que un mero análisis deja bien patente la inutilidad de la aplicación de la mayoría de estas medidas antes citadas en este colectivo.
5.2. ¿Cómo podemos identificar, en principio, lo que es y lo que no es un colectivo desfavorecido desde el punto de vista laboral?
En principio, la filosofía general de la legislación europea en este sentido es que es necesario apoyar medidas de prevención y de lucha contra el desempleo, desarrollar los recursos humanos y fomentar su integración social en el medio laboral, con el fin de promover un alto nivel de empleo, la igualdad entre hombres y mujeres y un desarrollo sostenible real, basado no solo en los aspectos económicos, sino además en los sociales y en los medio-ambientales. Estas son las nuevas bases del Estado del Bienestar.
En términos generales, entonces, serían colectivos laborales desfavorecidos aquellos grupos de personas que no pudieran ser incluidos plenamente en estas buenas intenciones. Es decir, aquellos grupos de personas (susceptibles de ser clasificados según algunas características de similitud) que tienen en común (aunque con diferentes grados de gravedad relativa) una dificultad real y permanente (como grupo) para encontrar y mantener durante un tiempo prudencial un puesto de trabajo.
Es relativamente fácil realizar una lista (no exhaustiva) de estos colectivos:
a) Hay unos colectivos que podríamos llamar genéricos:
• Jóvenes • Mujeres • Mayores
b) Y hay otros colectivos que podríamos denominar más específicos:
• discapacitados físicos y psíquicos.
• excluidos por razones “étnicas”: gitanos, refugiados, personas no integradas y discrepantes en las áreas de los gobiernos nacionalistas regionales, etc.
• afectados por otros tipos de exclusión: drogadictos, enfermos de sida, reclusos y ex-reclusos, etc.
Dentro de cada uno de estos colectivos podemos encontrar además otros grupos aún más concretos. Pensemos, por ejemplo, dentro del colectivo Mujeres, en las Mujeres procedentes de Centros de Acogida; o, dentro del de Jóvenes, en los Jóvenes desempleados de larga duración. A estos casos, por su carácter más específico, se les debería prestar una atención mucho más individual (como grupo) y, por lo tanto, mucho más discriminada en cuanto a sus soluciones.
5.3. Los Ejecutivos y Directivos españoles desempleados de más de 50 años: un