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Methodology • Grounded Theory

C. What is the context of the policy being analysed?

Según la Oficina de Tutoría y Prevención Integral del Ministerio de Educación (2005) “la tutoría es entendida como una estrategia de acompañamiento y apoyo del docente tutor de carácter individual ofrecida a los tutorados como una actividad más de su formación académica, que le sirva de palanca para el cambio cualitativo y cuantitativo en el proceso de su formación profesional y personal”. (p. 76)

En la actualidad existe un fuerte consenso en torno a la idea de que la sociedad global ha producido profundos cambios en la configuración de la subjetividad de los jóvenes. La consideración de dichos cambios nos lleva a dejar de pensar estos períodos de la vida como categorías abstractas, recortadas de las circunstancias sociales, culturales y económicas de los sujetos y definidas de una vez para siempre. Por lo tanto, su

complejidad se hace evidente y merece ser considerada a la hora de analizar estrategias de intervención en el área de la Orientación Escolar.

La acción tutorial, en general, éste se ocupa de atender problemas pedagógicos conflictivos que guardan relación con la institución, con algunos grupos o con algunos estudiantes en particular. También la orientación vocacional puede ser un rol

eventualmente asignado a la figura del tutor.

En ese sentido, las tutorías podrían pensarse como roles cuya misión sea la de intervenir en las formaciones de subjetividad. La violencia escolar, el maltrato

institucional, la exclusión, la marginación, la expulsión del sistema, la competitividad, los problemas de comunicación entre los distintos actores son formadores de subjetividad.

Por su lado Pablo Arnaiz (1998:52) dice que:

La orientación vocacional aparece estrechamente relacionada con la orientación ocupacional. Mientras que la orientación vocacional se desarrolla a partir del

descubrimiento y el análisis reflexivo de la propia historia y la experiencia de vida, la orientación ocupacional resulta de trabajar con información pertinente respecto de roles, objetos, herramientas, técnicas y estrategias para efectivizar lo vocacional. (p. 43)

La misma fuente señala que la orientación es un proceso de ayuda técnica en el que se acompaña y orienta al adolescente para favorecer decisiones reflexivas, autónomas y críticas, dentro del contexto social. El desarrollo de una acción tutorial, demanda un buen conocimiento de los alumnos así como también poner en juego procesos de negociación y mediación que conforman instancias de cooperación. La acción tutorial supone una mejor calidad de la enseñanza tanto en la organización institucional de la escuela como en la tarea cotidiana del aula.

Urresti (2000), expresa al respecto:

Para que el profesor tutor pueda ejercer su función con eficacia tendrá que tener un pie bien afirmado en esta no siempre transparente cultura juvenil, cada vez más compleja, cambiante y sutil, en la que podrá articular estrategias de colaboración y recuperación con el ámbito escolar. Un profesor tutor que estuviera atento a las transformaciones del mundo cultural de los jóvenes, de sus ideas, de sus expectativas, de sus preferencias, de sus limitaciones y temores, en resumidas cuentas, de los imaginarios en los que construyen su experiencia histórica, tendrá más elementos para cumplir exitosamente con su misión. (p. 78)

El papel de la tutoría

La transmisión verbal de contenidos por parte del profesor no puede ser el método exclusivo de enseñanza. La posibilidad de disponer de una gran cantidad de información elimina las limitaciones espacio-temporales. Se trata de seleccionar o diseñar las

actividades adecuadas para facilitar la adquisición del conocimiento por parte del alumno y que posibiliten la práctica y desarrollo de las competencias profesionales especificadas en el programa. Además del aula tradicional, tendrán importancia otros espacios como bibliotecas, salas de estudio, seminarios, aulas de informática y multimedia, laboratorios, etc.

En ese sentido, Monereo y Pozo (2003) señalan al respecto:

El estudiante ha de disponer de tiempo no sólo para buscar información, sino para pensar sobre ella y asimilarla. Tendrá que desarrollar las capacidades de liderazgo, de toma de decisiones, resolución de problemas, actitud crítica, habilidades interpersonales y

sociales, trabajo autónomo. (p. 45)

Por su parte, Tejedor y García-Valcárcel (2007) sostienen:

El profesor requerirá poner en funcionamiento sus propias competencias

profesionales como profesor, como organizador y planificador, como tutor, orientador de los alumnos, guía del proceso, líder de su grupo de alumnos, motivador y coordinador de actividades. Las conclusiones de algunas investigaciones () sobre estos temas pone de manifiesto que los profesores reconocen sus carencias en estrategias de motivación y comunicación con los alumnos, como puede apreciarse en la siguiente gráfica. (p. 56)

Los profesores sabemos que la motivación con que alumnos afrontan las actividades académicas dentro y fuera del aula es uno de los determinantes más importantes del aprendizaje.

Si un alumno está motivado se pone antes a la tarea, se concentra más en lo que hace, persiste más en la búsqueda de solución a los problemas con que se encuentra, y dedica más tiempo y esfuerzo en general que aquél que carece de la motivación adecuada. Éste último, bien porque no le interesa lo que ha de estudiar, bien porque no cree que sus esfuerzos le vayan a llevar a ninguna parte, tarda en ponerse a trabajar, se concentra menos, estudia de modo más superficial -con peores estrategias-, con menos frecuencia y con menor intensidad, y tiende a persistir menos en sus esfuerzos por superar las

dificultades con que se encuentra (). El papel de la tutoría puede encontrarse en este sentido, como una fuente de motivación para los alumnos. (p. 84)

Por su lado, Zabalza (2004) sostiene:

Uno de los factores que los alumnos consideran que más influye en la motivación por aprender y en el uso de las estrategias adecuadas es el grado y tipo de ayuda y

retroalimentación que reciben del profesor dentro y fuera de clase. La ayuda puede adoptar diversas formas: responder a preguntas, aclarar dificultades, crear condiciones de trabajo que obliguen a trabajar día a día dedicando tiempo a la tarea al tiempo que no se deja al alumno sólo ante las dificultades que puede encontrar, etc. Lo importante es que el alumno, aunque tenga que trabajar mucho, experimente que el profesor está dispuesto a dedicarle el tiempo que necesita, aunque de hecho en algún caso no llegue a él. (p. 48)

Una característica del trabajo en la universidad es la relativa frecuencia con que los alumnos han de hacer trabajos de tipo práctico -prácticas de laboratorio, trabajos de campo, pequeñas investigaciones, etc.-. Al asignar estos trabajos, los profesores podemos dar la opción de elegir entre varios tipos de trabajos; podemos plantear su realización en grupo para facilitar la complementariedad de esfuerzos y capacidades y podemos

acompañar la propuesta de trabajo de un guión más o menos específico que evite que los alumnos se queden atascados durante la realización de aquél. Los trabajos prácticos,

especialmente si se realizan en las condiciones señaladas, favorecen el aprendizaje, por lo que cabe esperar que su propuesta sea percibida por los alumnos como positivamente motivadora. Pero este proceso de aprendizaje necesita un seguimiento y apoyo, esa será una función básica de la tutoría.

Para Martínez y Esteban (2005):

La tarea del profesor en la nueva cultura del aprendizaje consiste en supervisar las experiencias de aprendizaje (Tejedor, 2005). El profesor deberá diseñar actividades y recursos educativos, diagnosticar los problemas de sus alumnos para poder orientarlos, guiar y apoyar tanto a alumnos individuales como a grupos, motivar y alentar la

implicación de los alumnos, etc. En definitiva, acompañarles en sus tareas académicas para que puedan conseguir el éxito. No debemos olvidar que si al profesor le va a costar asumir este modelo, a los alumnos también. (p. 76)

La acción tutorial supone el establecimiento de comunicación entre docentes y estudiantes, sobre cuestiones referidas a la conformación del dominio científico y al establecimiento de actitudes favorables hacia la búsqueda y placer del conocimiento científico. Según la University Teaching Development Centre (2007): “Esta función supone guiar los aprendizajes de los alumnos para el logro de los dominios previstos en el currículo y a la vez comprender las causas que provocan las dificultades de aprendizaje”. (p. 75)

Los principios didácticos básicos que deberían contemplarse en la tutoría son: preparar al sujeto para el aprendizaje autónomo pero acompañado, dar más importancia al manejo de herramientas de aprendizaje que a la acumulación de conocimientos, equilibrio de la relación exigencias-apoyo para el aprendizaje, disponibilidad de materiales didácticos que guíen el trabajo discente y hacer visible al alumno: su tiempo-esfuerzo, sus

Al respecto, Tapia (2001) sostiene que las funciones básicas que se han asignado a los tutores en el ámbito universitario pueden resumirse en las siguientes:

1) Romper el anonimato.

2) Informar sobre la institución y los estudios.

3) Orientar, aclarar aspectos curriculares (materias, estilo de trabajo) y atender cuestiones personales (desánimo, confusión sobre la carrera).

4) Apoyar en momentos especiales (principio de curso, fin de carrera, practicum). 5) Actuar como referente.

6) Seguimiento y control. (p. 64)

Por último, señalar que las expectativas que tienen los estudiantes ante la figura del tutor, según algunos trabajos realizados por Lázaro, (2004), destacan como cualidades personales del tutor:

La “afectividad” (46%), seguida de “autoridad-serenidad” (15%), “justicia” (13%) y “respeto” (12%). Esto implica que el profesor no sólo ha de poseer competencias

científicas, investigadoras y didácticas, sino también competencias en comunicación y relación empática. Esto último difícil de tener en cuenta en la selección del profesorado y hasta ahora poco apreciado en la formación de los docentes. (p. 46)

Tutoría y orientación vocacional

La tutoría que se realiza en las instituciones educativas tiene que ver con la orientación vocacional, entre otras funciones.

Para el Ministerio de Educación (2004):

Los procesos de orientación educativa tienen varios planos en su desarrollo dentro de los centros: un primer plano en el que se sitúan los propios profesores que, por el hecho de serlo, son orientadores; un segundo, en el que la función específica de tutoría de un grupo de alumnos la ejerce uno de sus profesores, y un tercero, donde la orientación es realizada

por profesionales específicos desde el departamento de orientación. Este indicador trata de poner de relieve, además de los criterios para la designación de los tutores, en que grado o medida se aplican o desempeñan en los centros algunas funciones asignadas a la tutoría y al departamento de orientación; se cuenta para ello con la percepción que sobre este tema tienen los directores de centros de educación secundaria obligatoria y los profesores del último curso de dicha etapa. (p. 5)

El mayor número de horas con los alumnos y la mayor experiencia de ciclo, son los dos criterios más importantes a la hora de designar al profesor tutor, con medias alrededor de 5 puntos en ambos casos; le sigue la continuidad de los profesores en el ciclo con una media cercana a 4,5 puntos. Por último, la jornada completa, la permanencia definitiva de la plaza en el centro, las preferencias del profesorado y la rotatividad son criterios menos tenidos en cuenta.

Analizando los datos comparativamente entre centros de diferente titularidad y diferente tamaño se presentan variaciones significativas, aunque hay que considerar que se mantienen las características de orden descritas. En los centros privados se da un grado medio de importancia mayor que en los públicos a la experiencia de ciclo y al mayor número de horas con los alumnos; aparecen menos diferencias en el resto de criterios en las dos redes de centros, aunque en la enseñanza pública se tiene más en cuenta la

rotatividad de los profesores y en la enseñanza privada la continuación del profesorado en el ciclo. Para asignar una tutoría en los centros grandes, se atiende más a las preferencias del profesorado, mientras que en los centros pequeños y medianos cuenta más ser profesor permanente en el centro.

Tutoría en área vocacional

La elección vocacional está estrechamente relacionada al desarrollo de la propia identidad. Las decisiones sobre ¿qué quiero ser? Y ¿qué quiero hacer? Se toman en función a la pregunta fundamental: ¿quién soy?, difícil de responder durante la adolescencia, por tratarse de una etapa en que la identidad está en proceso de

consolidación. A esto se suma que, en una realidad como la nuestra, el proceso de elección vocacional es particularmente complicado porque muchos estudiantes tienen urgencia de trabajar para subsistir, o no cuentan con los recursos mínimos para continuar su formación. Por ello, es crucial darle la importancia debida a esta área durante toda la educación

secundaria, sobre todo desde la tutoría, que es un espacio privilegiado para ayudar a reflexionar a los estudiantes sobre este proceso que viven. (p. 91)

En ese sentido, siguiendo con la misma fuente, nuestras intervenciones como tutores en el área vocacional deben favorecer en los estudiantes un proceso de conocimiento de sí mismos y del medio, que les permita tomar decisiones que los conduzcan a cumplir las metas de sus proyectos de vida, considerando los diversos aspectos de la elección vocacional.

La acción tutorial

Hacer referencia a la definición de acción tutorial se debe partir del concepto de orientación. Para Álvarez (2002):

La orientación es un proceso de ayuda continua a todas las personas, en todos sus aspectos, para el desarrollo humano a lo largo de toda la vida. Y el objetivo fundamental de la orientación es que los sujetos, individual o colectivamente, alcancen un rendimiento óptimo de sus capacidades, mejoren sus estados de ánimo y desarrollen planes de acción concretos para el logro de objetivos específicos. (p. 78)

Aplicado este principio en el campo educativo, para un buen desarrollo de este proceso se debe tener claro que lo importante es el alumnado, que es quién tiene que tomar

conciencia de su realidad y de su necesidad. En ese sentido, la orientadora o el orientador debe poner distancia, implicándose, pero asumiendo el rol de acompañante, y teniendo siempre claro que la objetividad no existe.

Partiendo de esto, la acción tutorial es el elemento dinamizador de la orientación en el proceso formativo académico, personal y profesional de los estudiantes. Para desarrollar la acción tutorial de forma efectiva se deben detectar y tener en cuenta una serie de

inconvenientes en la actitud de los estudiantes, como las barreras defensivas, la falta de compromiso, las expectativas alejadas de la realidad, o la actitud pasiva. Así mismo, hay que detectar y contar con aspectos positivos discentes, como la responsabilidad, la constancia, la confianza y la comunicación abierta.

Al respecto, Lázaro (2002) señala:

Dentro del ámbito universitario actual donde lo importante es saber dominar las fuentes de acceso al saber, conocer el uso de medios y recursos digitalizados o no, el tutor/a universitario es un profesor/a que investiga y acompaña al alumnado en su

acercamiento a la compleja realidad. La tutora o tutor facilita la integración discente en el contexto institucional, ofrece información personalizada sobre servicios a su alcance, y apoya la adaptación del alumnado a las nuevas metodologías. (p. 34)

Ahora bien, para todo ello es preciso contar con competencias suficientes, entendiendo la competencia como la capacidad o habilidad para realizar realmente una tarea en un contexto determinado. Se puede ser experto en muchos temas y ser capaz de aplicar técnicas determinadas para interrelacionar con el estudiante, sin embargo, hasta que no nos pongamos frente a frente y aplicando nuestra formación obtengamos respuestas no sabremos si somos realmente competentes para tutorizar adecuadamente. Siguiendo con Lázaro (2002):

Existen distintas categorías competenciales, con un gran abanico de habilidades, que van desde las más generales o transversales (sirven para cualquier aspecto de la orientación y la docencia), hasta las específicas (necesarias para la tutorización). Precisamente las capacidades y habilidades de comunicación adquieren protagonismo en cada una de las distintas categorías. (p. 40)

En consecuencia, la importancia de la comunicación como elemento de relación social no es discutible, y la importancia de la relación social en la orientación y la

tutorización también está más que aceptada. En ese sentido, lo importante es delimitar que necesita un tutor para que consigan resultados usando estrategias de comunicación.

Competencias necesarias para tutorizar

En la tutoría universitaria se actúa e interactúa, entre otros aspectos, sobre la

capacidad de extrapolación y de crítica, los métodos y actitudes ante el de estudio, la ayuda para organizar un plan de estudios, la detección de deficiencias, carencias y aciertos, y en dar acceso a las distintas fuentes de información.

En esa línea de ideas, los tipos de consulta que generalmente se trabajan en tutoría son de componente cognoscitivo, procedimental, emocional o temporal. Así mismo, los temas tratados en la tutoría individual son, básicamente, las dificultades académicas, las decisiones académicas, las problemáticas del desarrollo, las casuísticas especiales de los estudiantes y/o las problemáticas especiales. Existen muchos elementos que exigen al tutor universitario competencias que puede o no poseer.

Al respecto, Álvarez (2013) señala:

No es mejor tutor quien más información tiene, sino quien más recursos controla (enseñar versus orientar). Pero ¿todo docente puede ejercer la orientación y/o tutorización? En la enseñanza no universitaria existe una figura especializada en orientación que realiza las tareas específicas y orienta y ayuda al profesorado para desarrollar esta tarea: el

profesorado especialista en psicopedagogía. En la Universidad al tenerse pocos recursos, dificulta su labor tutorial y el desarrollo de competencias de orientación.

Formación del universitario para la acción tutorial

La universidad y el docente no solamente deben limitar sus funciones al desarrollo del conocimiento, sino abordar la formación de sus estudiantes en diversos campos, especialmente en la acción tutorial en el campo de la educación.

Al respecto, Rodríguez (2008) precisa:

Surge así la necesidad de cambio en el modelo de formación, que a partir de ahora deberá estar centrado fundamentalmente en el trabajo y en el aprendizaje del alumno y en el desarrollo de habilidades y competencias que le capaciten para el aprendizaje autónomo, continuo y comprometido. (p. 129)

A lo expuesto, Barbas et al. (2007), insisten en que “la acción tutorial en la universidad debe comenzar desde el inicio del curso e intentar que se convierta en una acción sistemática y coordinada entre todo el profesorado”. (p. 98)

Rué (2004), después de diversos estudios realizados recientemente desde el punto de vista del alumnado llega a la conclusión de que debemos:

Cambiar del modo magistral a un modo tutorial ya que el alumnado considera necesario desvincular las tutorías de la orientación para los exámenes para asignarles nuevos contenidos, en cuanto que es un espacio para orientar los aprendizajes y para asesorar sobre las futuras prácticas. (p. 51)

En esa línea de ideas, Michavila y García (2003), comparten lo señalado argumentan la necesidad de que la formación va más allá de la orientación de contenidos puramente académica:

Supone un cambio de paradigma en el proceso de enseñanza y aprendizaje, ya que de un sistema basado en la enseñanza del profesor pasamos a un sistema basado en el

aprendizaje del estudiante. Introduce transparencia en el sistema al establecer un contrato de facto entre profesor y alumno. (p. 34)

Para Del rincón (2005):

Constituye una apuesta por una formación integral que aborda tanto los contenidos científicos como las capacidades (y por tanto entiende a los estudiantes como profesionales y ciudadanos activos). En este sentido este hecho también tendrá una repercusión directa en la acción tutorial y en el trabajo del alumno. (p. 45)

Así mismo, es preciso tener en cuenta enfatizar la actividad autónoma de los estudiantes, que contarán con el apoyo del profesorado cuando lo necesiten. De aquí se desprende que este deberá planificar las posibilidades de trabajo: grado de autonomía, forma didáctica, acciones y contenidos tutoriales y responsables.

Dimensiones de la formación de estudiantes para tutoría

1° Acoger, asesorar y orientar al alumnado favoreciendo la autonomía de su

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